Fascículo #1
Creador@s somos tod@s

El sonero mayor Ismael Rivera, el incomprendido

William Colmenares

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 Canción Las Caras Lindas (MP3)

Su ausencia nos deja un vacío y una nostalgia llena de Bomba y Plena. Su presencia es tiempo presente en el Caribe. La magia de su voz nos convoca a la identidad latinoamericana, a la alegría de vivir entre palmeras y sol, tabaco y ron, tambor y ecua-jey.

Era, es, Ismael Rivera, Maelo, El Sonero Mayor. Nació el 5 de octubre de 1931, en Santurce, Puerto Rico. Hijo de Margarita Rivera, “ Doña Margot ”, Ismael era el segundo de 6 hermanos. Al divorcio de sus padres, y la muerte de su hermano mayor, Maelo pasa a ocupar el puesto del “ Hombre de la Casa”, y junto a su madre, el eje ductor de la dinámica familiar.

Familia pobre y negra, en una sociedad clasista y racista, Maelo conoció desde temprana edad la dureza de labrarse una vida digna para él y los suyos. Compartía sus estudios de primaria con el trabajo de albañil.

De igual manera aprendía junto a su madre y su abuela la música que alimentaba y templaba el espíritu del futuro sonero. Doña Margot era cantante de Bomba y Plena, Géneros fundamentales en el folklore Puertoriqueño. Cuentan que el niño Maelo participaba con su madre en las fiestas del barrio, constituyendo este evento una impronta definitiva en la estructuración de su personalidad.

Maelo no le perdió tiempo a su madre y mentora; Escuchaba música tradicional de Puerto Rico, aprendía y preguntaba, al tiempo que formaba su propia orquesta con latas de leche, ollas y peroles, que percutía con cuchillo y tenedor.

Entendiendo que el proceso de socialización es aquel que permite la incorporación de normas y pautas de comportamiento social, basado en las experiencias primarias en los primeros años de la vida, la de Maelo tuvo mucha privación y pobreza, pero también mucha alegría ritmo y sabor.

Maelo adolescente continuaba al frente de su familia, trabajando en la albañilería junto a su abuelo. Sin embargo los ritmos de tambores y barriles, que venían de la playa y el malecón, pasaban de sus tímpanos a su corazón de negro cimarrón. De vez en cuando se escapaba del trabajo, directo a rumba callejera, donde tocaba el bongó y cantaba, y además redondeaba el presupuesto familiar.

En esas andanzas de juventud y jolgorio, el destino inexorable cumple su cometido. Conoce a quien sería su orientador y compadre de toda la vida: Rafael Cortijo.

¡Dios los crías y ellos se juntan!

Maelo y Cortijo, adolescentes, irreverentes, iconoclastas, se juntaron en una dupla mágica e insuperable. Compartían toques de aficionados, en el barrio, en las esquinas, haciendo perder la calma a los vecinos de la Calle Calma…

De tanto andar las esquinas, acuden a la invitación de Lito Peña, para formar parte de la Orquesta Panamericana, donde se inician profesionalmente, Cortijo timbalero, Maelo Cantante. (Cortijo lo orienta y lo convence que es mejor cantante que bongosero).

Poco tiempo después, y por consejos de Bobby Capó y Miguelito Valdez, Rafael Cortijo decide formar su propia orquesta: Cortijo y su Combo, con su cantante estelar: Ismael Rivera. En ese tiempo Maelo y Cortijo, compartían sus actuaciones con las dos orquestas, para finalmente amanecer en El Bambú, plenos y poseídos por la Rumba.

Todo en la vida tiene su tiempo y su momento, y en el año 1954, Ismael Rivera lanza al mercado, simultáneamente, dos piezas, dos Plenas de antología: EL BOMBON DE ELENA, con Cortijo y su Combo, y EL CHARLATAN con La Orquesta Panamericana.

Fue el inicio de una carrera musical marcada por el éxito y la aceptación popular incondicional. Desde entonces, esa propuesta, ese ritmo endemoniado, permanece intacto en el alma del pueblo latinoamericano, que lo adoptó como propio y bandera a la hora del jolgorio, y la alegría para echar un pie.

Una Banda de 9 negritos, le prendieron candela al caribe, quizás muy formal y estereotipado, en ese momento. Frente a un formato de BIG BAND, donde los músicos tocaban sentados y con partitura, emerge Cortijo y su Combo, rompiendo esquemas, desarreglando los arreglos, tocando de pie e incorporando la coreografía a sus presentaciones. De inmediato el público se sintió identificado con sus músicos, que interpretaban lo que queremos escuchar, porque forma parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra manera caribeña de ser y de concebir la vida.

Fueron 8 años de éxito, que los llevó a giras nacionales e internacionales, tuteándose con los grandes de la época. En los Estados Unidos, en El Palladium, alternaron con Tito Puente y Tito Rodríguez, amos y señores del ritmo.

Cuentan las crónicas, que en esas presentaciones, fue tal la convocatoria, que el público rebasaba la capacidad del local, poniendo en peligro la seguridad de los asistentes. El dueño del local Mr Hyman, le dijo a Cortijo éstas palabras: “ Cortijo, no more pachanga, please”

Más de 14 discos grabados, un programa diario en la televisión de Puerto Rico durante 5 años, y hasta filmación de películas para productores extranjeros llevaron a éstos compadres de la vida al cenit del éxito.

La introducción de Rafael Ithier en el piano, Cortijo en el timbal, Roberto Roena en el bongó, Martín Quiñónez en las congas, Eddie Pérez en el saxofón (la voz “ femenina” de los coros), y el inquieto sonero Ismael Rivera, arrollando los solos y los coros, eran motivo suficiente para amanecer al ritmo de Bomba y Plena, tabaco y ron. Máquino Landera, El negro bembón, Las ingratitudes, Alegría y Bomba, Quítate de la vía perico, y pare usted de contar...

Fueron 8 años de éxito contundente. Su música se escuchaba y bailaba en el Caribe y América Latina. Llegó un momento en que tanto éxito se convertiría en un arma de doble filo. Eran prácticamente dos muchachos inexpertos e inmaduros frente a la vorágine y la bohemia, entregados en cuerpo y alma a la rumba, mas que vivir de ella, vivían para ella.

En 1962, al regreso de una gira por Venezuela y Panamá, los compadres de la vida son detenidos en Puerto Rico por tenencia y consumo de sustancia psicoactivas. Fue más el espectáculo publicitario y político, que la falta cometida.

Fueron sometidos al escarnio público, considerados un mal ejemplo para la juventud, y condenados a 5 años de prisión.

La sociedad clasista y racista, se erige como juez. No podía perdonarle a dos negritos pleneros, tanta irreverencia, tanto orgullo de ser latino, de ser voceros auténticos de un pueblo que clama justicia e independencia.

Fue casi una procesión por diferentes cárceles de Puerto Rico y de Estados Unidos. Maelo luchaba a brazo partido por conservar su dignidad y el orgullo de su negritud. En éste periplo compuso una que otra pieza, ya fuera una rumba, un bolero, una guaracha, un guaguancó. Total, él traía de todo.

La prueba de fuego: Las Tumbas, en Kentucky, se encuentra ésta cárcel, y debe su nombre al hecho de que parte de su estructura se encuentra por debajo de nivel del suelo, de modo que, la ventilación e iluminación son artificiales. Mayor humillación, imposible.

Respecto a éste hecho, es que Bobby Capó, le escribe a Maelo, LAS TUMBAS, pieza fundamental en su discografía, y patrimonio del caribe.

Tras 43 meses de prisión, recobran la bonita libertad, y el panorama no podía ser más desolador.

El Combo de Cortijo disuelto, Rafael Ithier fundó El Gran Combo de Puerto Rico. Cortijo intenta, infructuosamente, reagrupar su gente. Completamente aislados, las disqueras no los graban, los empresarios no los contratan, los bailes no convocan. Segregados por todos, menos por su pueblo.

Ismael busca oxígeno en Nueva York, aunque hubiese preferido su lindo Borinquen. Al comienzo de la década de los 70 la Fania monopoliza el mercado de la música latina. Maelo necesita libertad e independencia para expresar sus emociones. Su pueblo espera.

Ante ésta realidad, Ismael busca la referencia musical del son montuno, y otros ritmos del caribe, sin olvidar la bomba y la plena. Se rodea de nuevos músicos: Javier Vásquez, Mario Hernández, Carlos “Patato “ Valdez, Sammy Ayala, su eterno compañero. Adalberto Santiago, Héctor Lavoe, Rubén Blades, en los coros. Con semejante “trabuco” el éxito estaba garantizado.

Ismael, como el ave Fénix, lanza su nueva orquesta: LOS CACHIMBOS.

En éste nuevo formato, Maelo se nos muestra más maduro y reflexivo. La temática va más dirigida a lo social, a la nacionalidad puertorriqueña, al campo, las playas y su gente.

Compositores fundamentales como, Catalino “ Tite “ Curet Alonso, Rafael Hernández, Bobby Capó, Henry Williams le regalan sus temas. Lo demás es historia conocida. Al sol de hoy, no hay baile donde no se escuchen Las Tumbas, El Nazareno, De todas maneras Rosas, Las Caras Lindas, ¡ Y que lindas¡

En ésta etapa de su vida hay un hecho trascendental en la vida de Ismael Rivera, y es su encuentro con El Nazareno, el Cristo Negro de Portobelo de Panamá.

Estando Maelo muy enfermo y decaído en Panamá, un amigo le recomienda visitar al Nazareno, y fue tal la emoción de ese encuentro, que Ismael, todos los 21 de octubre, iba a Panamá, para cargar a su Cristo, como pago de promesa y como un acto de fe.

Este hecho, puede ser interpretado, como una forma de Ismael de reconciliarse con la vida, buscando un asidero que le permita superar su problemática personal, de un camino que no tiene retorno…

A 69 años de su nacimiento, y 13 de su muerte (13 de mayo de 1987), Ismael Rivera es el Sonero Mayor, tal cual lo bautizara el mismísimo Benny More, quienes, junto a Miguelito Cuní, forman la trilogía de Soneros Mayores del caribe.

Maelo, logró armonizar perfectamente su manera de pensar, de sentir y de actuar. Era una persona absolutamente transparente y auténtica.

Conociendo desde su infancia, la manera de pensar, sentir y actuar de su pueblo, del cual forma parte, y del cual llega a asumir posiciones de liderazgo, Ismael establece un canal de comunicación permanente, a través de códigos semióticos comunes. Por eso, cada vez que su privilegiada garganta entonaba un son, somos nosotros los que cantamos con él.

Desde la óptica de la psicología y el psicoanálisis, los mecanismos de IDENTIFICACIÓN y PROYECCIÓN, que mediaron la relación de Maelo y su pueblo, explican su permanencia en el inconsciente colectivo del Caribe y Latinoamérica.

Mediante la identificación, nos aproximamos a lo que se nos parece a nosotros mismos. En la proyección colocamos en el otro, los pensamientos y emociones que nos pertenecen. En éste sentido la comunión entre Ismael y su gente fue más que perfecta. Esto podría explicar, como hoy, a 13 años de ausencia, Maelo se pasea señorial por todo el caribe, a ritmo de bomba y plena, son montuno y guaguancó, con mucha alegría, en ocasiones tristeza y rabia, con mucho orgullo y dignidad, de sentirnos pertenecientes al pueblo y sentimiento Caribeño. Maelo, siempre nos convoca a la Profesión Esperanza de un futuro mejor, lleno de dicha y de libertad.

Latinoamérica y El Caribe han parido seres de excepción, que de solo nombrarlos se genera un torbellino de emoción, que nos conduce a la convicción y el sentido de pertenencia de la raza caribe. Benny Moré, Héctor Lavoe, Julio Jaramillo, Daniel Santos, entre otros, están presentes.

En conclusión, podríamos afirmar que:

  1. Ismael Rivera es El Sonero Mayor.
  2. Mas allá de la relación materno-filial, la presencia de Margarita Rivera, constituye una impronta definitiva en la estructuración de la personalidad de Ismael Rivera
  3. Su carácter irreverente, indoblegable, y auténtico está presente a lo largo de su vida.
  4. Ismael Rivera, supo interpretar cabalmente, los pensamientos y emociones de su pueblo.
  5. La comunicación, e identificación- proyección, con su gente, es una constante.
  6. Su presencia, es tiempo presente, que convoca a la unidad Latinoamericana.

Biografía

  1. Ismael Rivera, El Sonero Mayor. Pagano César. Ediciones Antropos. Bogotá. 1993.
  2. Ismael Rivera: El Sonero Mayor. Figueroa Rafael.1992.
  3. El Libro de la Salsa. Rondón Cesar Miguel. Editorial Arte. 1980.
  4. Bailando en la Casa del Trompo. Rodríguez Lil. Foro Americana de Ediciones. 1997.
  5. Música del Caribe. Arteaga José. 1994. Editorial Voluntad. SA.
  6. Sonido Urbano. Borges Edgar. Editorial Trópicos. 1992.
  7. El Entierro de Cortijo. Rodríguez Juliá Edgardo.
  8. Africamérica. Revista de la Fundación Africamérica. Año II. N 3. Pag 25.9
  9. Arqueo Hemerográfico.

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William Colmenares es médico psiquiatra