Fascículo #113
Personaje

Cecilio Acosta: Hombre de Ley y Poesía

Luciana McNamara/ ENcontrARTE

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Don Cecilio Acosta

Comenzando el siglo XIX, en su segundo decenio, nace el filósofo progresista y pensador Don Cecilio Acosta, un 1 de Febrero de 1818 en el pueblo de San Diego de los Altos cercano a Caracas. Este conocido jurista y también poeta venezolano, viene al mundo en un momento particularmente avivado por los grandes cambios que venían sucediendo, no sólo en su país natal, Venezuela, sino también en el resto del planeta. Los aires de progreso estaban rompiendo las barreras del tradicionalismo y las viejas costumbres. Ahora nuevas corrientes se abrían paso por entre los vetustos y empolvados pensamientos que venían arrastrándose desde el oscurantismo. El siglo XIX fue el principio de una gran explosión tecnológica que cambió de forma vertiginosa la vida humana para siempre. Con la invención de la máquina de vapor por Papin y Savery hacia finales del siglo XVI, y el posterior perfeccionamiento hecho por James Watt en 1769, se comenzaba a encaminar un nuevo rumbo para la humanidad. La máquina de vapor se aplicó en seguida a industrias como la marítima y la textil, acrecentando el factor productivo y por ende, grandes migraciones en busca de trabajo y comodidad de vida. Después llegó en 1800 la pila eléctrica de Alessandro Volta, luego el telégrafo de Samuel Morse en 1813 y la locomotora, inventada por George Stephenson en 1814.

Libertador Simón Bolivar
Ya el mundo se estaba pareciendo menos al que otrora existía. Las nuevas ideologías trastocaban paradigmas y, al igual que los seres humanos, las uniones de distintos polos del planeta se multiplicaban por mil con sus posteriores separaciones, sus hijos deambulantes, el hambre y la desestabilización social producto de deformes políticas económicas arrasadoras de justicia y de humanidad. Todo llamaba al “progreso”: al peligroso progreso del que hoy somos víctimas. Pero, para ese momento, formar parte de esos cambios estructurales era más que un deseo. Significaba salir del retraso y de la barbarie; abrirse al mundo de la iluminación; significaba la emancipación de los pueblos que yacían bajo la sombra del sistema-mundo colonial. Es por ello que en Venezuela la guerra de la independencia era el estandarte del momento. En todo el territorio nacional se libraban cientas de sangrientas y crueles batallas con el fin de lograr la autonomía nacional influenciadas por los movimientos emancipadores y las consignas de la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad. Ya para 1815 habían transcurrido la Primera y la Segunda República. El General Simón Bolívar había esparcido la semilla bolivariana sobre territorios suramericanos, en lo que actualmente es Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela. La idea de unificación de la Gran Colombia estaba ya en puerta y el grito de independencia era ya un hecho.

En medio de todo aquello transcurre la infancia de Cecilio Acosta, en una vivienda humilde de la capital mirandina denominada por él “La casita blanca”, donde actualmente funciona el Museo Cecilio Acosta en el que se pueden apreciar objetos y documentos del conocido maestro y escritor. Antes de entrar en la adolescencia fallece su padre Ignacio Acosta en 1928, y su madre, Doña Juana Margarita Revete Martínez pasa a ser el centro del hogar. Sin embargo, le es muy difícil educar sola a todos sus hijos por lo que, cuando el pequeño Cecilio cumple los trece años le es encargada su educación al Presbítero de la zona, Mariano Fernández Fortique (1790-1866), notable orador y hombre de letras quien llegaría a ser Obispo de Guayana en 1842. Con él comienza a conocer el mundo. Adquiere conocimientos de teología, religión, historia sagrada y latín. Lee a reconocidos teólogos, pensadores y poetas de la Iglesia como Santo Tomás, Fray Luís de León, Santa Teresa de Jesús y Fray Luís de Granada. La relación entre Fortique y la familia Acosta-Reverte se hace más estrecha y es por sugerencia de aquel que la familia se muda a Caracas, ciudad en la que vivió Don Cecilio hasta último momento.

Notablemente influido por su mentor, el joven se encamina hacia un mundo espiritual ingresando, en 1831, al Seminario Tridentino de Santa Rosa en Caracas donde inicia la carrera sacerdotal. Pero llegando alrededor de los veinte años, después de haber obtenido el título de Bachiller en filosofía en 1838, Cecilio es preso de una profunda crisis vocacional que lo hace abandonar la senda religiosa –el mismo año en que su mentor deja el seminario para irse a Guayana-, e ingresa en 1939 a la “Academia de Matemáticas”, un instituto de corte militar fundado por Juan Manuel Cajigal (1803-1856) quien, en un informe final, destaca entre los alumnos no militares de la Academia el nombre de Cecilio Acosta como alumno sobresaliente. Demostraba así Cecilio que su pasión no descansaba en la religión, sino la aprehensión de la realidad y de la sociedad actual en la cual vivía. En esa oportunidad obtiene el diploma de Agrimensor en 1840 y procede a inscribirse en la Universidad Central para seguir sus estudios, solo que la austeridad en la que vivía su familia era tan tremenda que tuvo que solicitar ayuda en el gobierno para poder continuar.

Ya para ese momento se vislumbraba en el joven Cecilio los matices de una personalidad que amaba la justicia y la libertad. Era un hombre inteligente y sumamente sensible, admirador del progreso y las nuevas tendencias de pensamiento. En septiembre de ese año, en 1840, ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela en Caracas y consigue el título de Abogado de la República a pesar de su paupérrima condición económica y su frágil estado de salud, en el año 1848.

Los 8 años que pasó como estudiante fueron para él muy activos en el campo intelectual. Dos años antes de graduarse, en 1846, empieza a escribir notables artículos publicados en periódicos caraqueños o en "el libro del pueblo", como él los llamaba. Fue columnista de “La Época” y “El Federalista”, redactor de “El Centinela de la Patria” y más tarde escribió en “La Tribuna Liberal”. En los artículos de prensa se publicó la mayor parte de su obra. En ellos debatía sobre la tensa situación del país dividido entre conservadores y liberales. Sus textos denotaban una clara tendencia de pensamiento humanista y liberal y en ellos, trataba de exponer aquellos temas que a su parecer eran claves para el correcto desarrollo del país siempre vistos desde una sólida concepción teológica. Su interés se centraba en la industria, la propiedad, la inmigración, la electricidad, la imprenta, el vapor, el telégrafo, así como en trabajos de síntesis histórica y discernimiento jurídico elaborados bajo el prisma de un profundo análisis sobre el progreso y la civilización, incluyendo ciertas recomendaciones para que Venezuela pudiera alcanzar tales estados.

El nacimiento del partido liberal se inició con la aparición del periódico ''El Venezolano'' cuyo primer número se publicó el 24 de agosto de 1840, bajo el lema de mas quiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila. Antonio Leocadio Guzmán inició en esa forma la insurgencia contra el 'pacífico' y aplastante dominio de la oligarquía.

Acosta nunca ejerció como abogado litigante. Sus actividades se relacionaron siempre con el trabajo intelectual. Es así que se desempeñó en algunos cargos públicos que, aunque escasos, le permitieron internarse en sus ideas y fortalecer sus conocimientos. Apenas obtuvo el título de abogado fue nombrado secretario de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central en 1848. Posteriormente, Titular de la Cátedra de Legislación Universal, Civil y Criminal, y Profesor de Economía Política a partir de 1853. Al año sale publicado Funerales del señor doctor José Manuel Mosquera (1854); y dos años después publica uno de sus trabajos más reconocidos: un contundente ensayo sobre la educación llamado Cosas sabidas y cosas por saberse (1856). Cecilio Acosta se había convertido en una poderosa influencia moral para las nuevas generaciones por su capacidad de observar la realidad desde una formación católica ortodoxa, podría decirse, pero aplicándoles la teoría liberal. Temas que iban desde la noción de libertad, el respeto a los derechos individuales, los cuales no debían ser tocados por el Estado y el derecho de asociación, hasta el confinamiento del estado a las normas jurídicas y la defensa de la propiedad privada eran trabajados por el jurista. Por ello su pensamiento se constituyó en un puente entre el liberalismo y el positivismo que comenzaba hacer impacto en las élites intelectuales del país intentando, por encima de todo, conservar la tradición humanista.

En 1872 fue designado Miembro de la Comisión Codificadora por el General Antonio Guzmán Blanco. Pero Cecilio Acosta se mantuvo siempre fiel a sus convicciones y a su condición honesta y hasta ingenua. Acosta vivió apartado de compromisos burocráticos y tentaciones capitalistas, ganando con ello, como escribe Sambrano Urdaneta, independencia de criterio y tiempo para el estudio y la meditación. “Por ello no se frustró como hombre de ideas, cosa que sí sucedió a su contemporáneo Juan Vicente González. Acosta prefirió el marginamiento. Fue esta actitud la que permitió entregarse de lleno al análisis de los problemas del país. Su alejamiento de la arena política le permitió ser uno de los pocos que en el siglo XIX trataron de exponer ideas sin personalizarlas. Lo esencial, lo trascendente, dentro de los escritos de Acosta lo constituye su pensamiento político social. Su obra literaria no está a la altura de su labor como pensador” 1. Su total entrega hacia los estudios y empecinado interés hacia la vida intelectual, provoca que la pobreza continúe acompañándolo durante todos esos años. En 1876 le escribe a su hermano Pablo: "Estoy muy pobre. No tengo ni para pagar esta carta para Ospino, que pondrá en la estafeta…". Y a pesar de la casi indigencia Acosta continúa publicando. Entre 1850 y 1860 sale a la palestra los ensayos sobre la Inmigración, Juicio sobre la organización del Estado Bolívar, Caridad o los frutos de la cooperación de todos e Influencia del elemento histórico-político en la literatura dramática y en la novela.

Ilustración de Francisco Maduro

"Enséñese lo que se entienda, enséñese, lo que sea útil, enséñese a todos; y eso es todo. ¿Qué gana el que pasa años y años estudiando lo que después ha de olvidar, porque si es en el comercio no lo admiten, si es en las fábricas tampoco, sino quedarse como viejo rabino entre cristianos? ¿Hasta cuando se ha de preferir el Nebrija, que da hambre, a la cartilla de las artes, que da pan, y las abstracciones del colegio a las realidades del taller?" Cecilio Acosta

La penuria económica se acrecentó cuando, en 1878 Acosta se enemista con el presidente de turno Antonio Guzmán Blanco. Realmente fue una de las pocas veces que éste ingresaba al foro político de esa manera. La primera vez fue en un debate público, en 1857 con Ildefonso Riera Aguinagalde, sosteniendo una intensa polémica sobre la doctrina liberal y la utilización o no de la violencia. Con Guzmán Blanco ocurre cuando éste entrega el poder a Francisco Linares Alcántara en 1877 y se ausenta del país. A los pocos días un movimiento antiguzmancista se puso en marcha capitaneado desde la prensa por el fundador de La Tribuna Liberal Nicanor Bolet Peraza. Cecilio Acosta participa sutilmente en la intentona de congelar la influencia del dictador, pero es tildado de “servil” por Antonio Leocadio Guzmán y para defenderse, publica un ponzoñoso escrito por el cual sin quererlo, se ve involucrado de lleno en el bando antiguzmancista. Es así que, cuando Linares Alcántara es asesinado y Guzmán Blanco retorna al poder, Acosta, en su condición de opositor, permaneció en la absoluta miseria viviendo sus últimos años a duras penas en su casita de Santa Rosalía, quien fuera visitada por varios de sus ex alumnos y contemporáneos, convertidos luego en fervientes admiradores de su obra como lo fueron Lisandro Alvarado, científico humanista, Cesar Zumeta, Luís López Méndez, José Gil Fortoul (a pesar de sus tendencias positivistas); y por el prócer de Cuba José Martí a su paso por Caracas en 1881 pocos días antes de su muerte.

Revista Venezolana 1881

Es así que el viernes 8 de julio de 1881 fallece de Velásquez a Santa Rosalía, en el Centro de Caracas, Cecilio Acosta, tan pobre, que hubo necesidad de apelar a la caridad de sus amigos para costear los gastos del entierro. Moría en la indigencia el hombre que había formado parte junto a Juan Vicente González, Fermín Toro y Rafael María Baralt de la generación intelectual de la Independencia y la República; un hombre clave en la formación de las nuevas generaciones de intelectuales y científicos de Venezuela; y el hombre que mereció un respetuoso elogio del gran pensador y libertador cubano José Martí cuando publica en el segundo número de la Revista Venezolana una elegía a su nombre que inicia de esta manera:

“Ya está hueca, y sin lumbre, aquella cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa; y mudos aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda; y yerta, junto a la pared del ataúd, aquella mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde. Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres: se le dará gozo con serlo”.

Los restos de Cecilio Acosta reposan en el Panteón Nacional desde el 5 de julio de 1937. Su obra se mantuvo dispersa y no es hasta 1908 que se intenta una primera recopilación de sus obras en una edición con prólogo de José Martí. Pero es sólo a partir de 1940 que se procede a la divulgación de su pensamiento por medio de antologías y luego, 1981, la Fundación La Casa de Bello preparó la edición de sus Obras Completas.

Fuentes:

R. J. Lovera De-Sola, Maria Teresa Ogliastri, (1983) Vidas Venezolanas. Colección Ameritextos. Editorial Alfadil. Caracas Venezuela

RODRÍGUEZ, Antonio José. Vida ejemplar de Cecilio Acosta. Caracas: Ministerio de Educación, 1985

CORONA CHUECOS, Teodoro. Un venezolano integérrimo. Ensayo sobre Don Cecilio Acosta 8 de julio de 1.985 [on line] en: http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/en_c_acosta.html

http://www.efemeridesvenezolanas.com/html/acosta.htm

http://www.elbrollo.com/conversaci-n-general/255752-cecilio-acosta-series-biografias-venezuela.html

http://www.fundacionempresaspolar.org/nosotros/nosohist.html

http://www.investigacionrevista.org/vol11/artv1101.html


 

1 R. J. Lovera De-Sola, Maria Teresa Ogliastri, (1983) Vidas Venezolanas. Colección Ameritextos. Editorial Alfadil. Caracas Venezuela

Comentarios

JESUS CONTRERAS

Mérida-Venezuela

En mi condición de Maestro Rural, la vida y obra de este Insigne Venezolano me ha marcado para emprender la Magna Misón Revolucionaria como Educador. Vale la pena estudir y vivir su obra.

24 de agosto de 2009

José Andrés Urbáez Pino

Valencia Venezuela

Don Cecilio Acosta fue un hombre q trabajó para que mejorara nuestra sociedad y se implantaran importantes valores humanos, que el sintió desde aquel momento q ya se estaban esfumando, como de hecho pasó. Esta biografía es necesaria para que vuelva a surgir el pensameinto de este ilustre caballero venezolano. Muchas Gracias

22 de agosto de 2009

ricardo

inglaterra

sencillamente me parece muy bueno el escrito sobre el maestro cecilio acosta un ilustre venezolano..gracias.

21 de agosto de 2009