Fascículo #114
Entrevista

Entrevista del quincenario

Presidente Fundación Orquesta Juvenil e Infantil del estado Aragua

Maestro Henry Crespo: “La voluntad de no detenerse rinde frutos”

Akaida Libertad Orozco Díaz/ENcontrARTE

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El proyecto de creación de un sistema nacional de orquestas sinfónicas se viene gestando desde la segunda mitad de la década de los setenta. En 1979, de la mano del maestro José Antonio Abreu, finalmente se constituyó la Fundación del Estado para la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela según decreto presidencial. No obstante, fue en 1996 cuando se creó la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), como la conocemos hoy en día. La Fundación consta de diversos Centros de Formación, dentro de los que se pueden contar 180 Núcleos orquestales y corales que albergan 350 mil estudiantes, las Academias Latinoamericanas para el estudio de Clarinete, Flauta, Contrabajo, Piano, Violín y Violoncello, el Centro de Acción Social por la Música, el Conservatorio de Música Simón Bolívar, los Centros Académicos de Lutería y el Centro Académico Infantil de Montalbán. El Sistema cobija 8 agrupaciones: la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, las orquestas Sinfónicas Penitenciarias, el Coro de las Manos Blancas, la Banda Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, el Ensamble de Metales de Venezuela, la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas, el Simón Bolívar Big-Band Jazz y la Orquesta Sinfónica de Juventudes Francisco de Miranda. La FESNOJIV está adscrita a la Vicepresidencia de la República Bolivariana de Venezuela por el beneficio que brinda a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en el aspecto individual, así como por el impacto que genera en la familia, en la comunidad y, por consecuencia, en la sociedad toda.

Un sistema musicalmente orquestado

A.O: ¿Cómo nació el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles?
H.C:
José Antonio Abreu inició su proyecto, que hoy en día es la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), en la ciudad de Caracas pero paralelamente también lo inició en Maracay. Abreu trabajaba en un conservatorio en Maracay y se reunía con músicos muy importantes en el estado Aragua donde él junto con personalidades como Oswaldo Guevara, Igor Lanz y mucha gente que estaba involucrada en la música en ese momento en el conservatorio de música, acogió la idea de José Antonio de trabajar con orquestas jóvenes, orquestas que no existían. Solamente teníamos la Orquesta Sinfónica de Venezuela en el país, no había más nada. Las oportunidades de desarrollo musical eran muy limitadas pero estábamos en el momento justo. Ahí es cuando a José Antonio Abreu, hace 35 años, se le ocurre hacer un trabajo con los niños y justamente comenzó en Maracay e invirtió mucho tiempo con los niños que estaban estudiando en el conservatorio allá y en la Escuela de Música José Ángel Lamas aquí en Caracas. Esos dos grupos que él  formó paralelamente los unió luego para establecer lo que sería la Orquesta Simón Bolívar.

En muy poco tiempo Abreu también comenzó a hacer trabajos con otro estado importante, Lara, que se sumó al triángulo de desarrollo. Entonces, Lara, Aragua y Caracas eran el epicentro de todo lo que él estaba gestando. En aquel momento, por supuesto, no se contaba con recursos del Estado en su totalidad. Los padres y madres de esos niños estaban involucrados y apoyaban la visión que José Antonio tenía pero poco a poco el Estado fue entendiendo que la necesidad de formación académica en una de las bellas artes, en este caso la música, era importante para el desarrollo del país y era necesaria para complementar las demás artes que se estaban gestando. Entonces comenzó a recibir aportes importantes por parte del Estado y el Sistema creció rápidamente; era un atractivo muy grande ofrecerle un instrumento a un niño sin que tuviera la necesidad de comprarlo para incorporarse al Sistema. Si el niño viene con o sin condiciones musicales ya no importa, lo importante es que el niño está involucrándose en una actividad que va a permitirle transformar su vida.

A.O: ¿Cuántos niños hay actualmente en el Sistema de Orquestas a nivel nacional?

H.C: A nivel nacional, a lo largo de la historia, han pasado por el Sistema más de 240 mil niños y jóvenes. Actualmente todo el país está prácticamente repleto de orquestas, desde Caicara del Orinoco hasta el Amazonas.

A.O: ¿Cuántos núcleos hay?

H.C: Hay 164 núcleos aproximadamente en todo el país, en cada uno de los estados. Hay unos estados que tienen más núcleos que otros, por ejemplo, el estado Sucre tiene más de 20 núcleos porque Sucre es un estado muy grande. Por supuesto toda la zona del oriente está involucrada, el occidente también. En Mérida, en Táchira, incluso en las zonas que están más retiradas de las ciudades, existen núcleos conformados, de manera que los niños no tienen la necesidad de ir hasta la ciudad para estudiar música y ser partes de una orquesta. El Sistema ha llegado a sus hogares. Lo bueno del Sistema es que justamente ha penetrado las regiones, no se ha quedado en el casco de las ciudades, ha penetrado las barriadas, ha penetrado los lugares más apartados.

En Maracay yo tuve la oportunidad de trabajar dos años en el vertedero de basura de San Vicente, ¡dentro del vertedero! Yo iba hasta adentro del vertedero, había una casita pequeñita y los niños que hacían vida allí, que buscaban cosas en la basura para vender, que vivían ahí con sus padres, primos, tíos, amigos, y que obviamente no estaban estudiando, esos niños llegaron a ver clases de música conmigo. En ese momento convencimos al gobierno municipal de Aragua de que construyeran una sede digna donde pudiéramos enseñarle a los niños y crear la orquesta de San Vicente, un barrio marginado y apartado. Hicimos un profundo trabajo social; esos niños nunca salían de su barriada, nunca habían ido al Centro de Maracay.  Este fue un caso especial. Lo más hermoso es que se construyó una sede especialísima con un anfiteatro además. En 2008 se hizo la inauguración y José Antonio Abreu  fue con nosotros, junto con el Alcalde y otras personalidades del gobierno, que es un gobierno revolucionario que apoya la gestión. Ahora ese núcleo existe, está allí apenas comenzando a surgir pero ya tiene 300 niños con uniformes y con toda la ayuda social que necesitan. Cuentan con profesionales especializados que los atienden, que los ayudan con sus problemas de conducta, porque tienen problemas de todo tipo que nosotros desde la formación  musical no podemos atender en su totalidad. Igualmente el profesor de música se convierte en su maestro, en el padre, en el que escucha los problemas de los chamos y a veces no tiene los recursos para hacer todo eso. Necesitamos la ayuda profesional, tenemos convenios con gente de las universidades, de la Escuela de Psicología, de las áreas sociales, para que ellos nos ayuden dentro del Sistema de Orquestas.

A.O: Es interesante el hecho de que el Sistema le ofrezca los instrumentos al niño o al joven... ¿Cómo hacen con la demanda y con la selección de los instrumentos? ¿Y si un chamo quiere tocar el piano?

H.C: Bueno, nosotros trabajamos con un sistema de orquesta sinfónica, hay instrumentos solistas, pero nos enfocamos en los instrumentos orquestales. Sin embargo, desde hace tres años, hemos expandido el abanico porque también estamos trabajando el desarrollo de nuestros valores musicales, es decir, todo lo que tiene que ver con la música popular venezolana y eso está relacionado con la conformación de orquestas típicas, ensambles de música para la enseñanza de la música venezolana. El gobierno venezolano ha logrado entender cada vez más que el Sistema ha sido importante para el desarrollo del país a nivel intelectual, social, espiritual, y este gobierno en especial ha hecho una inversión gigantesca en el Sistema de Orquestas porque le ha brindado el soporte económico necesario para que mayor cantidad de docentes puedan involucrarse en la enseñanza de la música en esos lugares apartados donde no hay profesores. Es decir, hay que enviar docentes a esos lugares apartados y el Estado venezolano es el que financia todo a través de un presupuesto asignado. Hoy en día el apoyo se ha hecho más latente, es posible contratar a más docentes, comprar bienes inmuebles como instrumentos, computadoras, atriles, sillas, pero además hay sectores y organismos nacionales e internacionales que nos apoyan fuertemente. También contamos con las alcaldías y los gobiernos regionales que han hecho inversiones importantes para comprar más instrumentos. Así tratamos de abarcar la mayor población de niños posible.

A.O: ¿En qué parte del proceso de aprendizaje musical se le da un instrumento al niño? ¿Tiene que pasar a un nivel determinado?

H.C: No, en el Sistema no se esperan niveles. En el Sistema apenas se tengan los instrumentos se entregan, ya sea que el niño tenga con uno, dos o tres años de edad. Trabajamos con estimulación temprana hacia la música. El problema es que la demanda ahora es mayor y la cantidad de población que tenemos es superior a la cantidad de instrumentos que incluso puede tener el país, además que los instrumentos se van deteriorando y es necesario renovarlos. Los viejos instrumentos que podrían pasar a manos de los chamos nuevos ya no están en condiciones óptimas, entonces tenemos que comprar muchos más. Aún así, tratamos que todo el mundo pueda tener la oportunidad porque el Sistema busca acabar con la pobreza, creemos profundamente en eso. Nuestra ideología y filosofía central es que la música es una herramienta eficaz contra la pobreza espiritual. En un equipo de fútbol, por ejemplo, sólo pueden participar 11 personas, en cambio en una orquesta tú puedes meter 300 muchachos, 500... ¡puedes armar una orquesta de mil chamos! Es una cosa abismal, emocional, llena de pasiones, de convivencia. Ahí la cuestión no es que se disputen un balón sino que construyan una melodía, que trabajen juntos en armonía para crear una melodía, un conjunto musical que finalmente sea agradable para ellos y para el público.

A.O: ¿Qué representa simbólicamente el Sistema Nacional de Orquestas para los venezolanos?

H.C: La orquesta se ha convertido en un icono, en un modelo de país, porque se ha demostrado que la voluntad de no detenerse rinde frutos. Se ha demostrado que la música une demasiado y es un estímulo para que la gente quiera comprometerse. Aún entendiendo que hay problemas de infraestructura terribles en muchos núcleos la gente espera, la gente se quiere involucrar, quiere participar de esto. Y cada vez son más, sólo en Maracay tengo más de 2 mil 300 muchachos en el edificio, un edificio que hace nueve años cuando comencé mi gestión gerencial solamente tenía 200. Y quizás no todos están recibiendo la mejor educación o la mejor formación académica musical, pero están ahí y el mismo sistema, la misma música los va llevando. Es un mundo rotatorio muy complejo, es como una burbuja que va levantando a cada chamo. Gustavo Dudamel es producto de esto, él entró al Sistema como cualquier otro niño. Son miles, millones de chamos que tenemos en el país con el talento que posee Gustavo.

A.O: Pero son muchos los factores que intervienen en el proceso de hacerse famoso y reconocido, quizás es una mezcla de talento, de aprovechar las oportunidades, de contar con el apoyo de la gente adecuada...

H.C: Hay muchos factores en este Sistema que nos dan razones de por qué unos llegan más lejos que otros teniendo los mismos niveles musicales, intelectuales y espirituales, son cosas que no se pueden explicar. Lo real es que hay miles de dudameles aquí, hay mucho talento en todo el país y lo sabemos porque en Venezuela las posibilidades son mayores, porque en cada rincón del país hay un lugar donde el que quiera puede incursionar en el mundo de la música. Países como Ecuador, Argentina, México o Brasil que aparentan estar más desarrollados que nosotros no ofrecen tantas posibilidades. Los venezolanos vamos a Suramérica a trabajar y a desarrollar nuestro  modelo allá. Ellos tienen sus modelos de orquestas pero son modelos pequeños, nunca con los alcances del modelo venezolano. Nuestros maestros viajan a todas esas partes, no solamente a Suramérica sino también Europa, a Escocia Alemania... En todos esos países desarrollados con más de 500 años de vida musical y artística están intentando ahora desarrollar el modelo que tenemos nosotros aquí. Simón Rattle, director de orquesta inglés, llegó a decir que si algo interesante estaba pasando con la música en el mundo estaba pasando en Venezuela. Esos maestros vienen para acá gratis, los mejores músicos del planeta están viniendo para acá. Ya no tendremos la necesidad de ir a Europa a hacer una especialidad musical o técnica, ya no. Aquí tenemos músicos que se han formado aquí y han ido a estudiar a Francia, Alemania sólo para enriquecerse porque son tan grandes músicos como los que nacen y estudian allá. Nosotros acabamos con el mundo elitesco de la música con nuestro Sistema venezolano. No queremos que unos cuantos sean los que disfruten y tengan la oportunidad de apreciación de ese arte. 

En ese sentido, Gustavo Dudamel se ha convertido en un hombre de masas y estamos ayudando a transformar el país. No queremos que todo el mundo sea músico en el país, pero sí que tengan algún vínculo con la música. Claro que necesitamos abogados, médicos, ingenieros, matemáticos, sólo que si alguien siente la necesidad o quiere aprender un arte, cualquiera que sea, se le deben dar las oportunidades para que lo haga. Si eso sucede estoy seguro de que la sensibilidad humanística social que nos vincula a unos con otros será mayor, más rica y más interesante.

El mundo de la música

A.O: ¿Qué recuerda de sus inicios en la música?

H.C: Nací en un pueblo que se llama El Consejo, en el estado Aragua, cerca de La Victoria. Mi incursión en la música comenzó desde muy temprana edad pero en esa época era muy difícil conseguir una escuela de música o un conservatorio, sólo existían en la ciudad de Maracay, pero en La Victoria o en cualquier municipio del estado no encontrabas sino rudimentarias y pequeñas escuelas de música donde enseñaban a cantar y un poco a tocar el Cuatro. El Consejo era uno de esos municipios que sufría esa pobreza en el desarrollo de las artes y la cultura en general. Yo desde pequeño, al parecer, tenía talento e inclinación hacia la música y facilidad para ejecutarla pero por supuesto no pude estudiarla formalmente sino hasta los quince años de edad cuando conocí a un señor que tocaba su Clarinete en la calle  acompañado de un guitarrista. Ellos estaban compartiendo como amigos ahí, en la calle, yo me acerqué y me puse a cantar con ellos porque me gustaba estar donde había música o alguna agrupación, entonces el señor se dio cuenta de mi inclinación musical y me ofreció ver clases de música con él en su casa. Varios meses después pude contactarlo a través de mis padres y así comencé mis clases de música.

A.O: ¿En qué consistían las clases que le impartía este maestro?

H.C: Comenzamos con clases de Teoría y Solfeo, luego escogí el Clarinete como instrumento y fue la carrera que desarrollé después. Posteriormente estuve en varias bandas militares del país y cuando salí de baja de mi formación musical dentro de las bandas incursioné en el sistema de orquestas juveniles; en ese momento tenía aproximadamente 18 años. Con la orquesta juvenil descubro que el trabajo musical y la formación para altos niveles eran muy fuertes, de manera que decidí dedicarme exclusivamente a la música e irme a un conservatorio en Caracas, el conservatorio Simón Bolívar ubicado en El Paraíso. Posteriormente, recibo el apoyo de la Fundación Vollmer, ellos se convierten en los patrocinantes de mi carrera y me envían a varios países junto con el gobierno de Aragua de ese momento para perfeccionar mis estudios. Finalmente, me radiqué en Bélgica para hacer una especialización en Clarinete; allí estuve 3 ó 4 años. Después me gradué en el conservatorio aquí en Venezuela.

A.O: ¿No quiso quedarse trabajando en Bélgica?

H.C: En Bélgica me ofrecieron trabajo pero  no quise aceptar porque yo quería estar en mi país para hacer un trabajo musical aquí. Tenía un par de años en Maracay, luego de mi regreso de Bélgica, cuando el maestro José Antonio Abreu me pide que me encargue de la gerencia del Sistema de Orquestas en Aragua, de manera que comienzo a hacer gestiones de tipo administrativas alejadas totalmente del mundo musical y bohemio que venía desarrollando como artista pero que era necesario porque afrontábamos una situación difícil en Aragua ya que sólo existía una orquesta pequeñita de 13 niños perteneciente al sistema ubicada en la ciudad de La Victoria y en Cagua teníamos sólo 3 niños; esa sede y la de San Sebastián las tuvimos que cerrar en ese momento.

A.O: ¿Cuánto tiempo tiene encargado del Sistema de Orquestas en Aragua? ¿Qué se ha propuesto con su labor?

H.C: Hoy en día, ya tengo nueve años de trabajo de formación en Aragua. Ahora se ha expandido el Sistema, ha crecido y tenemos orquestas en casi todos los municipios del estado con más de trescientos muchachos en total, más de veinte muchachos por cada municipio. Cada año estamos creando de dos a tres núcleos nuevos y estamos tratando de que cada municipio del estado tenga por lo menos un núcleo del Sistema. Esto, a razón de que los niños del sur de Aragua, los niños de Ocumare de la Costa, los niños de Choroní, los niños apartados del Centro de Maracay -los que están como estaba yo cuando era niño y vivía en El Consejo-, todos tengan su propia orquesta, su propio Sistema que les brinde la oportunidad de incursionar en la música y obtener un instrumento que los va a ayudar a transformar su vida.

A.O: ¿Cómo ha manejado su carrera artística a la par de la gerencia cultural?

H.C: Todavía sigo ejecutando el clarinete. Soy solista de clarinete con diferentes orquestas, además estoy dedicado a la dirección de orquestas y soy pianista también. Tengo varias facetas pero la música es la que predomina pues la parte administrativa y gerencial son sólo una parte necesaria que realizo con la intención de que haya mayor participación e inclusión de los niños en la música. Los niños de ahora no deberían tener los problemas que yo tuve en mi época, de eso se encarga el sistema nacional de orquestas. El Sistema tiene la cualidad de que no posee un conservatorio de música que obliga a cursar tres años obligatorios de solfeo, de lenguaje musical para después comenzar a estudiar un instrumento. El Sistema Nacional de Orquestas está diseñado para  que un niño desde los tres años pueda recibir un violín en sus manos y paralelamente pueda recibir clases con un profesor que le va a instruir sobre el manejo técnico del instrumento y otro que le va a enseñar el lenguaje musical para la ejecución del instrumento. A su vez se suma a la orquesta de niños de su edad y así termina de completar todo el ciclo de aprendizaje  para su desarrollo artístico. ¿Qué permite este método? Permite que desde el punto de vista artístico y técnico el niño sea más rápido en su proceso de aprendizaje, permite además que el niño reciba estímulos distintos porque si está encerrado en un salón de clases con un solo profesor durante años es muy diferente a si está compartiendo con un colectivo de iguales y al mismo tiempo comienza a entender lo que es el orden, la disciplina y la comunicación entre compañeros.

La música es ese factor de unidad que va haciendo ciertas transformaciones en el espíritu  y que no podemos explicar porque la música tiene esa cualidad casi espiritual por la que el niño se ve afectado emocional e intelectualmente. La música nos insta a poner de manifiesto el desarrollo del intelecto. Esta cualidad del Sistema Nacional de Orquestas venezolano la ha hecho merecedora en el mundo de un lugar privilegiado. Se ha cambiado el paradigma que existía de enseñanza de la música porque en casi todos los países se enseñaba bajo el concepto tradicional de que los alumnos deben estudiar largos años en un conservatorio y mucho pero mucho después puedes tocar en orquesta. En Europa, por ejemplo es así, e incluso debes pagar para hacer la práctica orquestal. Aquí en Venezuela los niños desde los tres años comienzan a hacer práctica orquestal.

La música universal

A.O: Es interesante la simbiosis y la conexión que se genera entre la orquesta y la comunidad, se crea un sentido de pertenencia no sólo hacia las artes musicales sino hacia nuestro territorio, hacia nuestros valores humanos y hacia nuestra música. ¿Cómo se construye ese sentido de identidad y de pertenencia a partir de la música?

H.C: Lo estamos construyendo... como te decía antes, yo hubiese podido quedarme trabajando en Europa pero quise venir a trabajar en mi patria. Aquí hay muchos chicos que se están formando y desarrollando artísticamente en Venezuela pero todavía siguen viendo el modelo europeo y estadounidense como el ideal a seguir. Sin embargo, desde la cabeza de José Antonio Abreu hasta los que trabajamos con él hacemos hincapié en lo valioso de nuestro Sistema, impulsamos nuestros valores y tratamos de hacer entender a todo el colectivo que no hay mayor riqueza o belleza, no hay mayor sentido de la vida que el desarrollo de la patria que te vio nacer, la patria que te dio  todo lo que tienes. La patria nuestra se debe transformar en un modelo a seguir en lo que se refiere a su desarrollo humanístico y social. Con ese buen vivir y compartir lo nuestro no vamos a querer salir de nuestro país sino que otros se van a querer venir a vivir para acá. En Venezuela tenemos Academias Latinoamericanas de Chelo, de Clarinete, de Corno, etcétera, tenemos alumnos de toda Latinoamérica estudiado aquí, ya no están viendo a Europa como su sueño sino que están viniendo a Venezuela. Eso nos permite ganar un estandarte que va marcando pauta en la comunidad mundial.

Sabemos que la música no lo es todo, la música sólo es un aspecto de la vida, la vida del ser humano es mucho más compleja, la vida del ser humano es merecedora de mayores cosas que complementan la música. La música es sólo una herramienta pero estamos realmente convencidos de que la música ayuda tanto al ser humano, al desarrollo del ser, que cuando el ser humano se va transformando el país también se va transformando. Es obligante, la música te obliga a ser más pensante, a leer más, a tener más conocimiento político del país. Esto no quiere decir que todos los chamos del Sistema lo vean con claridad porque esto no se ve tan rápido, hay que esperar que pasen los años, que haya madurez. La música no es una religión que va a santificar a las personas y tampoco el Sistema es una iglesia donde todos están para ser santificados y vivir como tales, sólo es un lugar de encuentro armonioso y de compartir desde lo humano, de hermandad, donde tú sientes la competencia pero sientes cómo vas avanzando.

A.O: Usted habla de la música universal y pienso que los músicos académicos todavía tienen una visión un tanto eurocentrista de la música. Aún se siguen tocando melodías de hace doscientos años y de compositores que no son nuestros compositores. ¿Entonces dónde está realmente lo universal de esa música? Claro, en cierta forma nos conectamos con esa música porque la sentimos, es una música hermosa, pero realmente no son nuestros sonidos, no son nuestras melodías. Es decir, aún se sigue pensando en ‘culturizar' a las masas con esa música universal...

H.C: Todavía seguimos leyendo a Shakespeare y todavía seguimos leyendo todos los clásicos. Las obras de arte del romanticismo, del barroco, de artistas como Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, todavía las seguimos estudiando, se sigue indagando sobre los artistas de esa época. En Latinoamérica también pasaban grandes cosas con nuestras artes y también se siguen estudiando estos artistas, pero no todas las personas estudian eso, no todos están obligados a escuhar esa música y no todo el mundo está obligado a leer a Shakespeare. Son muy pocos los que leen Shakespeare, no a todo el mundo le gusta. Cada día se escriben millones y millones de libros, la gente está comprando cada vez  más libros pero se siguen leyendo los clásicos.

Si hablamos de lo universal, hablamos de algo que nos pertenece a todos, es decir, lo que tú hagas aquí no repercute sólo en tu país sino que trasciende a todo el mundo. Ese valor nace dentro de tu país, le pertenece al país, pero le pertenece al mundo también en la medida en que pasan los años.

A.O: Y no sólo pasa con la música sino con otras bellas artes. Se ha dicho también que el ballet es la danza universal, por ejemplo, cosa que es completamente falsa... 

H.C: Pero cuando tú dejas de etiquetar la palabra ‘ballet' con movimientos que en una época tuvieron cierto estilo y que en otra época tuvieron otro y ves los movimientos que hacen los indígenas, te das cuenta que son simplemente movimientos universales, lo demás son simplemente etiquetas. Son etiquetas que dicen que algo es clásico o romántico, pero que en el fondo es simplemente pintura, simplemente palabras que escriben un libro, simplemente movimientos. Una melodía de Mozart es una melodía eterna, no va a morir nunca, es decir, su belleza espiritual no va a morir porque no lo escuchemos. La melodía está allí, así como las bellas prosas que se han escrito. Si un compositor venezolano escribe una obra, una composición contemporánea con  elementos de la actualidad y un indígena no la escucha por eso no deja de ser una belleza ni una  obra de arte, va a estar allí.

Por otro lado, en el desarrollo del conocimiento intelectual humano es necesario el estudio de las formas antiguas, porque de ahí vienen las raíces, no de Europa sino las raíces universales. Estamos borrando las fronteras, ya no podemos hablar de Venezuela, estamos en un mundo donde todos nos complementamos, lo que tu hagas aquí o lo que hizo cualquiera de nuestros insignes artistas o libertadores repercute en los valores universales. Si el reggaeton existe como un modelo de música que los jóvenes están empleando, o si el rock es un modelo transcultural inevitable, yo rompo la barrera de las etiquetas y veo el universo de los sonidos, el universo de los colores, el universo de las palabras y el universo del movimiento precisamente como lo que son: movimientos, palabras, colores y sonidos. Que si fueron de una época, que si son actuales o no, eso no importa porque al fin y al cabo a unos gustaran y a otros no, nunca alcanzará a todas las masas en su totalidad.

A.O: Cuénteme acerca de los proyectos de cooperación que tienen con otros países e instituciones.

H.C: Tenemos convenios firmados con la UNESCO, la OEA, ONU, empresas privadas, Banco del Caribe, Banesco, instituciones gubernamentales de todo tipo. Trabajamos para el desarrollo del Estado con el presupuesto del Estado y con ayuda de otros organismos que nos fortalecen.  

A.O: ¿Me podría señalar algunos proyectos concretos?

H.C: Se acaba de crear algo interesante que son las Orquestas Juveniles del Sur. Países como Chile, Argentina, México, Brasil, Perú y Ecuador acaban de hacer una inversión gigantesca para el desarrollo de los modelos de orquestas juveniles, sobre todo para los países más pobres. La Orquesta del Sur aglomera una selección de los muchachos más aventajados de esos países. También existe un proyecto gigantesco que Escocia acaba de firmar con José Antonio Abreu y que también se está haciendo en Italia, el proyecto consiste en desarrollar el nuestro sistema musical en la mayor cantidad de estancias posibles. Como te dije antes, lo más importante de esta propuesta es que es una herramienta para progresar y salir de la pobreza en todos los sentidos.

A.O: ¿Alguna reflexión final?

H.C: Bueno, algo importante que hay que resaltar es que el fenómeno orquestal es un fenómeno de vida. Es increíble la cantidad de jóvenes que han salido de la pobreza a través de esto. El proyecto de estado como tal es generoso en este sentido, ofrece alternativas, ofrece luz, ofrece caminos. Las demás artes también necesitan que nuestro país desarrolle el fenómeno de las bellas artes en todos sus géneros. Yo creo que hace falta el sistema nacional de todas las artes, porque el país es el país, y todo el mundo tiene derecho a tener la mayor cantidad de conocimientos posible para desarrollarse como ser humano. Mientras más conocimientos se tengan mayor riqueza tendrá esa persona, mayor madurez, más experiencia.

A.O: ¿Y las artes populares donde quedan?

H.C: No se están desechando, todo lo contrario, hay complementar en un todo, es profundizar eso. ¿Por qué excluir? Nosotros estamos tratando de romper con eso. Si trabajamos la música académica no quiere decir que el joropo deje de ser un lenguaje universal dentro de la música. Cuesta mucho pero es que apenas estamos comenzando,   tenemos escasamente de 10 a 15 años trabajando eso. Y ahorita, desde hace sólo 5 años para acá, es cuando más hincapié se ha hecho en el país sobre estos temas porque hay personas interesadas como tú que tienen esa preocupación y observan que todavía está pasando eso. Hay que hacer presión y poner de manifiesto esta otra visión. También debemos entender que estamos jóvenes en el desarrollo de este nuevo modelo de país, de este nuevo modelo de asumir nuestros valores como uno solo. Debemos entender que la música clásica no es una música elitesca, que el ballet clásico no es una danza elitesca y que asistir al teatro no es para unos pocos.

Comentarios

elkin ramiro castellanos gamarra

caracas venezuela

hola soy sandra quiero hablarte contestame.

29 de septiembre de 2009

elkin ramiro castellanos gamarra

caracas venezuela

hola soy sandra quiero hablarte contestame.

29 de septiembre de 2009

Ernesto N

Venezuela

Maestro... hace dias el Gorila que gobierna Cagua prometio seguir con el proyecto que usted venia realizando con el alcalde Carlos Leon, van mas de cinco meses y las instalaciones donde funcionaria el nucleo están siendo negociadas con el liceo San Jose de Cagua. Lamentablemente ustes no cuenta con el apoyo del gobierno municipal, pero no olvide que hay un pueblo dispueto a todo por llevar ese proyecto. El que tenga ojos que vea y el que tenga oidos que escuche el silencio de quines odian el proceso revolucionario,

28 de septiembre de 2009

Solangel Díaz

Estado Vargas

Hermosa y extraordinaria la creación de la FESNOJIV. Aunque la orquesta es un legado de la colonia, debería llevar el mensaje de lo venezolano. La expresión musical se produce en momentos históricos y contextos culturales concretos. Los sonidos son mucho más que sonidos. La forma como estos se componen e instrumentalizan para crearlos expresan una forma de ser, ver y sentir del ser dentro de una cultura. Por eso existe diversidad. ¿Por qué promover especialmente la llamada música universal? ¿Por qué no promover más la producción musical autóctona y marcar esa diversidad más que homogeneizar con hermosas producciones universales? No se trata sólo de la belleza de la música sino también de toda la riqueza y complejidad que por medio de ella muestra la diversidad cultural y creativa humana. La música podría ser embajadora cultural al difundir y promover las ricas creaciones de lo venezolano en lugar de las "culturas universales". ¿Por qué primero los otros; y nosotros cuándo?

06 de septiembre de 2009