Entrevista del quincenario
Ganador Premio Internacional de Investigación sobre Emancipación del CELARG
Félix Enrique López: "Los países más explotados, más pobres han reaccionado primero ante la historia"
Akaida Libertad Orozco / ENcontrARTE
Félix E. López nació en Camagüey, Cuba, en 1966. Es periodista egresado de la Universidad de La Habana, ejerciendo la profesión desde 1987. Ha escrito en publicaciones cubanas Verde Olivo, Juventud Rebelde, El Caimán Barbudo, Somos Jóvenes y el diario Granma. Es autor de varios libros entre los cuales destacan Emigración: Pronósticos del Tiempo, Cantores de la rosa y de la espina, Resurrección en el Himalaya, La escuela que diseña el futuro, y Honduras: golpe y experimento imperial. López también se ha desempeñado como docente en el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) de La Habana y en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Formó parte del equipo realizador de los documentales Presidente Pueblo (Caracas, 2006) y El horizonte según el Ché (América Latina, 2007). Ha recibido los premios de periodismo \"Abril\", \"26 de Julio\" y el internacional \"Jorge Ricardo Masetti\". Entre 2005 y 2009 trabajó como editor de la revista latinoamericana Patria Grande publicada en Caracas, Venezuela. Así mismo, trabajó como documentalista durante los últimos años en el canal Telesur con sede en Caracas y fungió como asesor comunicacional en distintos ministerios del gobierno venezolano.
Akaida Orozco: En la I Edición del Premio Internacional de Investigación sobre la Emancipación organizada por el CELARG, el jurado le otorgó por unanimidad el galardón ganador por su obra Dos siglos de mitos mal curados, por \"su capacidad de dar cuenta de la genealogía y desarrollo del proceso de dominación/emancipación, bajo las diferentes vertientes coloniales y neocoloniales que han caracterizado la historia latinoamericana en los últimos quinientos años\". Cuénteme brevemente de qué va su libro.

Félix E. López: La historia es tan larga como los doscientos años que estamos celebrando. La tesis de Dos siglos de mitos mal curados se basa en que los latinoamericanos no tenemos nada que celebrar en estas fechas y me baso en eso a partir de que la historia oficial enmarcó una línea de arrancada para esa celebración en la que los historiadores siempre han sostenido que nuestras luchas de emancipación comenzaron en 1809-1810 con unas Juntas de Gobierno que se fueron dando en casi todos nuestros países y resulta que éstas eran unas Juntas muy atípicas porque todas juraron fidelidad a la corona y al rey de España y siempre me pareció que era maniobra para separarse del dominio colonial que estaba en crisis por la guerra entre España y Francia y así labrar su propio camino. Quienes escribieron la historia se hicieron eco de esas Juntas y olvidaron todas las luchas anteriores por la emancipación de la América Latina que habían comenzado tres décadas antes. Cuando los colonizadores llegaron acá no encontraron a los indígenas sentados de brazos cruzados o huyendo hacia el monte, yo pienso que siempre hubo enfrentamiento y resistencia a la colonización. Las manifestaciones de luchas e hitos como tal empezaron a aparecer con Tupác Amarú en el Cuzco en el Virreinato del Perú, con Tupác Hatari en Potosí, Bolivia, el alzamiento de los comuneros en Paraguay, el alzamiento de los comuneros de la Nueva Granada en Colombia, todos estos acontecimientos la historiografía oficial lo ocultó. Cuando todos los países, en el siglo XIX, comenzaron a elegir las estatuas de sus héroes y precursores todos estos personajes fueron olvidados a ninguno se le nombró héroe nacional, a ninguno se le hizo ni una estatua. Eso me parece injusto, demerita lo que en realidad hizo el pueblo y esos sí eran mestizos, mulatos, indios que se habían rebelado contra el dominio colonial español y no una oligarquía que formaba parte de unas Juntas que pensaban si nos separamos de España qué irá a hacer España.
Esa es la tesis de mi libro desde el inicio hasta el epílogo. Yo nunca pensé que fuera a ganar este concurso porque es como que yo me aparezco en tu fiesta diciendo que tu fiesta no debe celebrarse y lo menos que podrías hacer es sacarme de la fiesta. Sin embargo parece que el jurado estaba pensado lo mismo que yo porque decidió que Dos siglos de mitos mal curados sería el libro premiado.
A.O: ¿Cuáles fueron las fuentes documentales que sustentaron su investigación?
F.L: Inicialmente este era un largo trabajo de cronología, me dediqué a buscar cuáles habían sido en los últimos doscientos años y un poquito más atrás, los mitos fundamentales que la historia oficial nos había enmarcado como principales, como por ejemplo la raíz fundacional de nuestra historia. Esa cronología la desarrollé hasta el 2009, cuando terminé el libro y lo envié a concurso. Hasta ese momento busqué toda la información que me podría contrarrestar esa historia que no está en los libros pero que está en los pueblos. Desde 1997 hasta 2007-2008 recorrí toda América Latina haciendo una serie de documentales para Telesur y eso me permitió entrar en contacto con las bases populares de los lugares más inimaginados. Por donde quiera que uno pasa la gente tiene una historia que contar, algunas veces historias que se transmitieron de generación en generación, algunas veces fabuladas pero ese es el realismo mágico latinoamericano, nos vamos contando cosas y cosas hasta que realmente nos las creemos.
Por ejemplo, te cuento una pequeña historia. Llego a una mina en el Paraguay y me cuentan que allí en el cerro Corá fue donde se dio una de las jornadas más importantes de la guerra de la Triple Alianza, ahí murió el general Solano López -aquí en Caracas hay una calle con su nombre, por cierto-. Y pasó una cosa impresionante, en esa guerra se enfrentó el ejército de Solano López que eran unos cinco mil hombres contra unos treinta mil soldados realistas y por supuesto aquellos fueron masacrados. Las mujeres del lugar cuando vieron que el todo el ejército había muerto, que sus hombres habían sido masacrados decidieron tomar las armas y pelear junto a sus hijos. Disfrazaron a los niños de hombres, les pintaron barbas, niños entre siete y quince años, eran unos bebés, y se enfrentaron a los realistas y por supuesto también fueron masacrados. Ahí murieron más de tres mil niños. Esa es una historia que ni tú ni yo aprendimos en la escuela. Allá la gente lo cuenta todavía con dolor y han pasado siglos, incluso te dicen que a veces sienten los gritos de dolor y los cañonazos de la batalla. Entonces por qué no rescatar eso, por qué no contarle estas historias a nuestros hijos. Y como esta hay muchas historias más. Por qué Bolivia no tiene mar, porque antes tenía su mar, busquemos entonces en la historia qué sucedió. Hay una historia muy linda de Eduardo Galeano cuando recibe el premio Casa de las Américas, su discurso no fue sobre el libro con el que había ganado sino que contó la historia de un niño boliviano que quiso que su padre de regalo de reyes lo llevara a conocer el mar porque nunca lo había visto. Caminaron, atravesaron el país entero como pudieron, eran una familia muy pobre, y finalmente llegaron al mar. El padre le dice al niño, bueno aquí está tu regalo, y el niño no tuvo otra cosa que decirle bueno, ahora enseñame a mirarlo.
Volviendo a tu pregunta. Una vez que hice toda la cronología, buscamos todas las historias nacidas en los pueblos que podían enriquecer o contraponerse a la historia y así fui haciendo el libro. Es un libro que no está terminado, seguirán apareciendo mitos mal curados en América Latina, van a seguir apareciendo historias que nunca se escribieron y que están allí despertando a ratos. Una cosa curiosa que pasó en la investigación es que nosotros siempre hablamos de la emancipación de los que nos colonizaron pero en 1776 aparece uno de los padre fundadores de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, diciendo vamos a arrebatarles escobazo a escobazo las posesiones de los españoles en América, es decir ya ellos estaban pensando en eso en aquella época. Luego en 1823 llega James Monroe con su doctrina de América para los americanos. En ese sentido, doscientos veintitrés años atrás ya ellos estaban pensado que esto les pertenecía y fue tanto así que se apropiaron incluso de nuestro nombre, \"Estados Unidos de América\", de hecho ellos son los llamados \"americanos\", nombres que no les pertenecen, apenas si tienen un cinco por ciento de territorio de este gran continente. A partir de esa teoría de América para los Americanos el libro cuenta más de 165 intervenciones directas de Estados Unidos a nuestros países con marines, tropas especiales, agresiones, etcétera, 64 golpes de estado donde siempre apareció la mano de la CIA y de la embajada norteamericana en el país donde se efectúa el golpe. Todo eso está contado en el libro, es una cronología de ensayo. Creo que la gente tiene que conocer esto, la gente tiene que entender que nunca nos emancipamos. Quizás nos libramos de los españoles pero ya los yanquis estaban aquí esperando para tomar posesión de nuestros recursos. Recuerdo que Galeano en su libro Memoria del Fuego dice que Cristóbal Colón escribió 148 veces la palabra \'oro\' en su diario, se dedicó a contarlas. Ahora, los conquistadores en el siglo XX y XXI la palabra que repiten es \'petróleo\'. Este es el momento de mayor peligro que está atravesando Venezuela y la revolución bolivariana, todas las condiciones están dadas para que se dé una agresión militar, y no una agresión de respuesta rápida como la que se dio en Ecuador cuando asesinaron a Raúl Reyes sino para que se produzca una invasión por esos territorios que ellos han ido robando. Ojalá que no pase por la felicidad de este pueblo y de América Latina pero si te metes en la historia y ves todo lo que ha pasado a lo largo de estos doscientos años te das cuenta que actualmente están dadas todas las condiciones para que eso pase, para que Venezuela sea agredida. Primero crearon ciertos puntos de confrontación en el mundo, en Irán, en Corea, y mientas eso ocurría montaban una fuerza descomunal aquí mismo en Costa Rica con 80 mil marines, 40 buques, aquí mismo a la vuelta de la esquina; es realmente peligroso. No quiero ser apocalíptico pero es preocupante.
A.O: ¿Qué estamos celebrando en América Latina al fragor del Bicentenario? ¿Incluye esta fiesta a los pueblos originarios, a los afrodescendientes, los campesinos, las mujeres, los indomestizos?
F.L: La única manera de celebrar esto es incluyéndolos, si no los incluimos no hay nada que celebrar, hay que terminar de reconocer de una vez por todas lo que ellos hicieron. Por ejemplo en 1804, cuatro años antes de que se diera la primera Junta en América Latina, se dio la primera revolución de este continente en Haití, fueron nuestros precursores de la revolución, y está pagando carísimo eso, ser la primera república negra del mundo, carísimo lo ha pagado durante doscientos años, tanto que ni siquiera pudieron celebrar su Bicentenario. Haití ha vivido un terremoto histórico de olvido, de dominación, ese país lo arrasaron y fue nuestra primera república y eso no se lo enseñamos a nuestros niños en las escuelas. Ni a mi ni a ti nos lo enseñaron en la escuela, no está en los libros de historia, por qué.
A.O: ¿Históricamente qué sentido tiene entender los procesos emancipatorios en América Latina no sólo a partir de las guerras de independencia sino desde las primeras rebeliones indígenas y de esclavos?
F.L: Bueno, ahí están nuestras raíces de todo lo que somos ahora, si esos esclavos, si esos indígenas no se hubiesen rebelado, América no hubiese entrado nunca en el camino de la emancipación. Esos que escribieron la historia, lo hicieron tan al margen de esos colectivos minoritarios que le cambiaron hasta el color de la piel y las facciones a nuestros próceres. Imagínate que San Martín era hijo de una india guaraní, O\'Higgins tenía como madre a una india tehuelche y Bolívar tenía atrás unos serios orígenes afroamericanos y cómo nos los pintaron, pues blancos, caucásicos, de narices finas, de mediana estatura. Y eso no es cierto, la verdad es otra, había una intención deliberada de borrar nuestras raíces de nuestra historia y de nuestras vidas.
A.O: ¿Cuáles son los mitos más recurrentes que se han fraguado en estos 200 años de historia?
F.L: Bueno, hay muchos, uno de los más importantes es el mito de una historia blanca. Que tiene que ver con lo que venimos hablando, nos blanquearon, es decir, los próceres, todos los que inventaron la emancipación todos eran blancos. En la historia oficial no aparece la historia real sobre los orígenes mestizos, indios y negros de nuestros próceres; la gente tiene que sentirse orgullosa de que los próceres eran como ellos. Bolívar no era un español que se echó a pelear aquí por la revolución, no. Bolívar era latinoamericano, con raíces latinoamericanas y rasgos y su sangre latinoamericanos. El otro gran mito es el de las Juntas que surgieron en todos nuestros países. Era absurdo, cómo le juraban fidelidad al rey de España y se estaban liberando al mismo tiempo, es una cosa muy ambigua. Otro mito que hay que desmontar es la santidad de la iglesia, la iglesia no ha sido santa nunca. La primera experiencia socialista del mundo no fue en Europa del este como muchos creen que nació con Lenin y con Marx, no, la primera experiencia socialista se remonta a 1776 con los jesuitas en el Paraguay. Los jesuitas crearon un estado que jugaba al ideal socialista dentro del Paraguay, enseñaron a los indígenas a leer y a escribir pero en su lengua, les enseñaron a vivir en comunidad a compartir todo lo que cosechaban, y qué pasó con la iglesia cuando descubrió eso, vino e intervino las relaciones de los jesuitas, los montó en un barco, los mandó de vuelta y puso el más férreo control de la iglesia católica en aquel sitio. Esa experiencia murió y eso hay que contarlo y desmitificarlo.
A.O: ¿En su libro usted busca hacer una exposición de estos mitos o se lanza a reflexionar sobre estos sucesos que no fueron contados por la historia tradicional?
F.L: Sí, el libro no lo quise hacer desde la perspectiva distante del investigador que se las sabe todas. El libro habla desde la mirada de un periodista con textos más cronicados; lo hice pensando sobre todo pensando en los jóvenes aún cuando soy riguroso en las cosas que planteo. Estamos en un momento en el que los jóvenes casi no leen, esto se debe a muchas causas, entre ellas la revolución tecnológica, la cultura audiovisual. Por cierto, ya estamos preparando un proyecto con Telesur que consiste en convertir el libro en una serie de televisión, queremos seleccionar algunas historias del libro y llevarlas a la televisión.
A.O: Partiendo de su investigación en Dos siglos de mitos mal curados, ¿cómo reescribir la historia y plasmar en los textos escolares ese discurso que durante tantos años se nos ha contado a medias?
F.L: Eso no va a pasar hasta que los pueblos tomen verdaderamente las riendas de sus naciones. Venezuela, por ejemplo, está en unas condiciones excepcionales de poder hacerlo, tiene las condiciones para hacer una revisión en todo, en los textos escolares, en la cultura, es la revolución de la conciencia como dicen ustedes. No sólo se debe hacer en la educación primaria sino también en las universidades porque se le están enseñando las cosas mal a nuestros muchachos. Ya empezamos a defender y reescribir esa historia, el hecho de que yo vaya a un lugar y alguien me diga que las cosas pasaron de esa manera que él me está diciendo y no como me lo contaron a mí eso quiere decir que ya empezamos. La gente ya empezó a despertar. Llegó la hora de la celebración del Bicentenario en Bolivia, por ejemplo, y Evo Morales se negó a festejarlo y a rendirle homenaje a Murillo que perteneció a la Junta de Gobierno de Bolivia pero también fue un oficial del ejército español que masacró a los indios bolivianos. En su lugar, Evo celebró los alzamientos de los indígenas dirigidos por Tupác Hatari, esas son señales, esto nunca había pasado en la historia de América Latina.
A.O: ¿Qué países considera que están aún renuentes a comenzar a reescribir nuestra historia?
F.L: Yo pienso que los más renuentes fue donde más daño hicieron los oligarcas y los historiadores. Aquí había una burguesía ilustrada muy fuerte en Argentina y Chile, de hecho tuvieron las primeras imprentas, las primeras bibliotecas. Allí hay que hacer un trabajo profundísimo. Los otros países fueron los más explotados, los más pobres pero han sido los que han reaccionado primero ante la historia.
A.O: Si gran parte de nuestra historia y de sus personajes fueron obviados, matizados, invisibilizados, ¿Hemos vivido bajo un espejismo que nos pintó la mirada colonialista de lo que fuimos y por consecuencia de lo que somos? ¿de qué está hecha realmente \"nuestra historia\"?
F.L: Bueno, tampoco es que todo es falso. En nuestra historia se mezcla la realidad, el mito, el realismo mágico latinoamericano, la ficción. Los que escribieron la historia dijeron, por ejemplo, que el ejército libertario estaba conformado por europeos que usaban uniformes napoléonicos, lo cual hasta cierto punto es verdad pero San Martín aún usando un uniforme napoléonico no hizo una guerra al estilo de Napoleón, él acudió a las montoneras, a las tradiciones de nuestros indígenas, y esas cosas no están reflejadas en los libros oficiales. Hay de todo en nuestra historia, ha sido una coctelera.
A.O: En ese sentido, pienso que existe una frontera bastante frágil entre la historia real y la historia novelada por aquello de omitir personajes, disfrazar hechos, mitificar héroes, invisibilizar enfrentamientos, disminuir victorias, inventar derrotas. ¿Se podría decir entonces que su libro nos habla sobre una realidad novelada o sobre una invención convertida en historia?
F.L: No es un invento convertido en historia y mucho menos una realidad novelada. El libro es el rescate de una tradición milenaria entre nuestros pueblos, de cómo la gente fue preservando algunas historias que no fueron llevadas a los libros de historia oficial pero que sin embargo el pueblo conservó. Por supuesto con el paso del tiempo tuvieron sus vetas en muchas cosas, se fueron adornado, se fueron enriqueciendo, se fueron olvidando detalles pero al final guardaron su esencia y fueron transmitidas por ese pueblo que sabe muy bien que tiene una historia y que quiere que se conozca. Cuando revisas nuestra historia, todos los alzamientos que te comenté antes, el de Tupác Amarú en el Cuzco, el de Tupác Hatari en Potosí, no existen en nuestros libros, desaparecieron y esa gente tenía un planteamiento emancipatorio realmente, es decir, no eran unos indios locos que se alzaron contra sus amos, en lo absoluto, ellos tenían un proyecto y sabían lo que estaban defendiendo, tan es así que fueron masacrados, los desaparecieron.
A.O: ¿Qué reflexión puede hacer a partir de la frase \"Debemos saber de donde venimos para saber a donde vamos\"?
F.L: Esa frase tan popular es como el cordón umbilical de los hombres. Si tu no sabes dónde naciste, si tú no te reconoces en lo que eres, en tus orígenes, en tus raíces, tu no puedes saber a dónde vas. Si nosotros ignoramos todo lo que ha pasado y hacemos borrón y cuenta nueva, seremos unos seres sin alma y sin ninguna perspectiva de futuro. Debemos saber incluso en qué se equivocó nuestra gente para no cometer los mismos errores, tenemos que saber cómo nos engañaron, cómo nos colonizaron para que no nos vuelvan a colonizar. Todo lo que está antes que nosotros es nuestra biblioteca andante, si no la conocemos no vamos hacia ningún lado.
