Entrevista del quincenario
Agregado Cultural de Ecuador en Venezuela
Pavel Égüez: "Hay que dignificar los espacios públicos, descontaminarlos a través del arte"
Akaida Libertad Orozco Díaz
Pavel Égüez (Quito, Ecuador. 1959). Pintor, muralista, artista visual. Su obra ha recorrido América Latina y Europa. Estudió Artes Gráficas y Grabado en el Colegio de Artes Plásticas de la Universidad Central de Quito. Desde adolescente profundizó su formación en los talleres de los maestros Oswaldo Guayasamín y Eduardo Kigman. Tiene en su haber más de cuarenta exposiciones internacionales por España, Alemania, Austria, México, Colombia, Brasil, Cuba, Egipto, El Salvador, Guatemala, Bolivia.
Simbólicamente, la obra de Egüez acompaña los movimientos sociales latinoamericanos en sus luchas por la justicia, el trabajo y la vida, creando un imaginario pictórico que testimonia las grandes aspiraciones y sueños de las mayorías que hoy debaten abiertamente sobre la exclusión y la pobreza. Es una pintura de profunda sensibilidad surgida desde lo humano y con una gran carga social que recrea el acontecer latinoamericano en este momento histórico.
Así mismo es un pintor de lo íntimo ya que la pareja, la ternura y el amor son trabajados insistentemente. En este tipo de obras hay un detalle simbólico determinante: el gato; elemento que desata múltiples sentidos pictóricos y se instala en sus pinturas como un personaje recurrente.
Desde una perpectiva formal y temática, se podría definir a Égüez como un artista profundamente latinoamericanista, inclinado hacia la tradición del realismo mágico y el indigenismo latinoamericano, aún cuando su estilo es totalmente contemporáneo.
En 1999, Égüez se une la Campaña Continental Grito de los Excluidos con sede en Sao Paulo, Brasil, impulsada por diversas personalidades y movimientos sociales latinoamericanos. Para este proyecto pinta unas cincuenta obras de gran formato relacionadas con esta temática que pasan a formar parte de una colección itinerante que ha recorrido, hasta los momentos, más de veinte países de América y Europa.
En 2003 fue designado Agregado Cultural en la Embajada de Ecuador en Brasil. El 27 de noviembre de 2006 develó, en la Avenida Baralt de Caracas, su obra "La Patria naciendo de la ternura", un gran mural de 324 metros cuadrados compuesto por más de siete mil piezas cerámicas de fabricación artesanal, dedicado a Simón Bolívar y Manuela Sáez y al imaginario popular venezolano. Actualmente, Pavel Égüez se desempeña como Agregado Cultural de la embajada de Ecuador en Venezuela desde finales de 2009.
Akaida Orozco: Hace cinco años lo entrevistamos (Quincenario Nº54) cuando estaba residiendo en Brasil, ahora está en Caracas como Agregado Cultural de Ecuador en Venezuela. ¿Cómo se siente en nuestro país con esta nueva responsabilidad?
Pavel Éguez: He tenido la oportunidad de vivir en Brasil y Venezuela, en un momento histórico de cambio, cada uno a su una manera, con pueblos y gobiernos muy comprometidos con la integración. La cultura facilita, potencia y promueve los nexos profundos, sin ellos no hay proyecto histórico común, llámese UNASUR, ALBA u otros. Trato de que mi visión no sea la del diplomático, sino que más bien prevalezca la del artista, es decir, que siento a Venezuela con la misma emoción, sentido crítico y pertenencia que a mi propio país. Latinoamérica es la Patria Grande.
A.O: ¿Qué cambios observa en latinoamérica en el ámbito cultural?
P.E: El principal cambio cultural está ligado a la superación del neoliberalismo y a la búsqueda de soberanía e independencia, sin eso no hay otros cambios culturales posibles, ya que el pasado nos ató a formas culturales que desconocían las diversidades, la multiculturalidad y pluriculturalidad de nuestros estados, y la institucionalidad cultural estaba al servicio de las elites y no de los pueblos, de sus tradiciones, sus lenguas, su arte. Estamos en un momento de quiebre cultural donde tenemos que pensar con cabeza propia, de hombre y mujer latinoamericano que empieza a dejar de ser colonizado y que puede ejercer su liberación, es decir, poseer su propio camino, ser dueños de su proyecto cultural, su memoria histórica y su creación heróica. La principal dificultad es que podemos ser muy revolucionarios en lo político y ser conservadores en lo cultural, ya que los cambios culturales son esencia y no discursos, por ejemplo, aún tenemos poca inversión en la formación cultural de los profesores del sistema de educación o en los empleados públicos. En general faltan políticas públicas para que los ciudadanos ejerzan sus derechos culturales a plenitud. Los cambios profundos y radicales en lo cultural hacen que a la revolución le crezcan raíces.
A.O: En Venezuela, específicamente, ¿considera que nuestros procesos culturales han ido a la par de nuestro proceso político? ¿Cuál es su apreciación?
P.E: En Venezuela se está dando un quiebre cultural, la Revolución Bolivariana dio un sentido de pertenencia cultural, se conectó el pueblo con la tradición libertaria. No obstante, las transformaciones políticas deben llegar a ser culturales, y eso se materializa por distintas vías: una con cambios profundos en el sistema educativo, en políticas de interculturalidad, y en una institucionalidad cultural que fomente la creatividad y que atienda de preferencia a los más excluidos. En Venezuela hay programas exitosos como el de las orquestas sinfónicas infantiles y juveniles que por su integralidad no se quedan en lo musical o meramente cultural, sino que saldan cuentas con la profunda inequidad que condenó a millones de seres humanos a la exclusión y este programa por ser de inclusión social, además de formar en la música, forma a seres profundamente humanos. Este debe ser el principal objetivo de toda política cultural.
A.O: ¿En qué etapa considera que nos encontramos en Venezuela respecto a la creación, difusión y valoración del arte en los espacios públicos?
P.E: Me puedo referir a Caracas que la conozco de cerca, y creo que esta ciudad tiene profundas contradicciones, una de ellas se expresa en el uso del espacio público, gracias a que la ciudad es reflejo no sólo de su historia política, sino principalmente de sus contradicciones económicas. Por eso creo que Caracas se debe enfrentar a retos gigantes para que el espacio público sea para el disfrute de los ciudadanos. Y de echo el arte juega un papel importante, que aún está desvalorizado. Se debe preservar el arte público patrimonial pero también se debe seguir incorporando arte público de gran calidad estética; en esta materia en los últimos años no hay muchos ejemplos, más bien hay ejemplos lamentables de lo que no se debe incorporar al espacio público como el objeto que está en la Plaza San Jacinto, conocida también como Plaza El Venezolano, donde el sentido simbólico no logró ser expresado estéticamente, allí vale más la honestidad en la valoración y que sea reubicado. Es una gran responsabilidad colocar obras y objetos en el espacio público ya que podemos colocar piezas sin ningún valor estético, panfletos o propagandas sin elaboración simbólica como las obras que muchas veces auspician entidades públicas. Tenemos que ser muy críticos en esto pues estas obras pueden expresar la decadencia y no la revolución.
A.O: ¿Deben los artistas estar comprometidos con el tiempo que viven?
P.E: De echo. Así no lo quieran o no lo deseen, ya que también sería una actitud política su falsa neutralidad.
A.O: Tomando en cuenta que el muralismo es un planteamiento artístico profundamente ligado a los procesos políticos, económicos y sociales de su tiempo, que además propone cambios estéticos en los espacios públicos, ¿cómo pudiera impulsarse en nuestro país el arte social y colectivo a través del muralismo?
P.E: Conectándose nuevamente con la enorme tradición del arte latinoamericano. Las rupturas pretendieron fracturar los nexos del arte latinoamericano, su identidad y las raíces sociales de nuestro arte; se pretendió instalar un arte en el discurso contemporáneo de la posmodernidad que niega el sentido identitario y la raíces profundas del arte con nuestro proyecto emancipador. El muralismo como concepto es una de las vertientes.
A.O: ¿Cómo resguadar nuestra memoria histórica a través del arte?
P.E: Haciendo el gran arte que necesitamos hoy como pueblos en proceso de liberación, formando más y mejores artistas en todos los géneros, impulsando grandes proyectos utópicos, dejando de conformarnos con la mediocridad.
A.O: ¿Cuáles son los elementos simbólicos e identitarios comunes en un continente de multicultural como el nuestro?
P.E: Una historia común y un proyecto histórico de integración en construcción, pueblos portadores de la mayor diversidad cultural posible, pueblos que resistieron a la conquista, a la colonia, a la esclavitud, a los estados nacionales, a las peores dictaduras, y que además conservaron la alegría por la vida, en sus fiestas, en su música, en la comida, en su religiosidad, es decir, la cultura es una coraza frente a la dominación.
A.O: ¿Qué importancia tiene para las comunidades el acondicionamiento y embellecimiento de sus espacios públicos a través de obras artísticas?
P.E: Mucha, hay que dignificar los espacios públicos, descontaminarlos por medio del arte, el diseño y la arquitectura. Los municipios deben crear una nueva escenografía urbana para que el pueblo viva en un espacio de dignidad e identidad.
A.O: ¿Cómo actúa el arte como tranformador social? ¿Podría hablar de algunas experiencias relacionadas con este hecho?
P.E: No creo en el papel del arte como transformador social en sí, como especificidad, aunque puede contribuir. Creo en programas integrales y transformadores que revolucionan la cultura, como el de las orquestas sinfónicas infantiles y juveniles del maestro Abreu, en el fomento del cine, en la gran producción editorial de la plataforma del libro, ejemplos de Venezuela.
A.O: ¿De qué forma participa usted (individual y colectivamente) de la revolución cultural y social que se ha venido gestando en latinoamérica desde hace más de una década?
P.E: Mi obra está muy vinculada al movimiento social de América Latina, como pintor del Grito de los Excluidos que nació en Brasil hace más de una década. Es un ejercicio de creación pictórica entre las luchas y demandas de los excluidos, una multiplicidad de Gritos en defensa de la vida, en contra de las bases militares extranjeras, el derecho de los migrantes, las mujeres, los campesinos sin tierra, los derechos de la naturaleza. En la complejidad de la temática trato que mi obra sea pictórica en esencia, o sea, poética.
A.O: ¿Qué proyectos de intercambio e integración desarrolla, o piensa desarrollar, a través de su labor como Agregado Cultural en Venezuela?
P.E: Creo que un buen símbolo fue la Campaña Manuela Vuelve, logramos producir un hecho cultural de profunda significación política y de consecuencia histórica. La figura de Manuela Sáenz nos une entrañablemente, y no es la única figura que nos hermana. En esa línea se puede seguir trabajando.
Acerca de Guayasamín
A.O: Usted comenzó trabajando en los talleres de Guayasamín desde muy joven. ¿Cómo fue su relación personal con este artista?
P.E: Guayasamín fue un gran maestro, me llenó de entusiasmo por la pintura, era un endemoniado cuando se paraba frente al lienzo, aprendí que la pintura no existe sin emoción, ni pasión. Aprendí cómo se debe respirar para lanzar un trazo. Se sorprendió cuando le lleve mi primer libro de pinturas y comprendió que yo tenía destino propio como pintor cuando ya no pude acompañarlo en sus últimos proyectos.
A.O: Esta entrevista será publicada en el próximo número de ENcontrARTE, en cuya portada aparecerá una reproducción del mural "Homenaje al Hombre Americano" que Guayasimín realizó aquí en Caracas para el Centro Simón Bolívar, en 1954. ¿De quién fue la idea de realizar este mural y cuáles fueron las motivaciones?
P.E: Supongo que nació de la iniciativa del gran arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva. En esos años Guayasamín ejecuta varios murales en distintos lugares en mosaico veneciano de cromática y temática similares; el mural que está en Caracas es el de menor tamaño, sin embargo tiene la misma fuerza expresiva y calidad en la ejecución del mosaico. Es una gran obra.
A.O: En "Homenaje al Hombre Americano" se observan características cubistas y expresionistas. ¿Son éstas características usuales del trabajo de Guayasamín?
P.E: Sí, es parte de un momento donde la obra de Guayasamín transita entre un expresionismo indigenista a nuevas formas semi cubistas, además, la temática surge de la serie Guacayñan Camino del Llanto con profunda intención identitaria sobre el ser americano.
A.O: ¿Tiene vigencia aún la temática indigenista de su obra?
P.E: Bueno, a Guayasamín no lo podemos mirar sin contexto, su obra es producto de la gran influencia que ejercieron los grandes pintores mexicanos en toda Latinoamérica.
A.O: ¿En qué condiciones se encuentra actualmente este mural? ¿Es cierto que originalmente tenía mosaicos recubiertos con pátinas de oro?
P.E: Sí, tenía mosaicos dorados que son pequeños cristales con pátina de oro. El estado actual de conservación es bueno, pese al maltrato que ha sufrido, no tiene grandes desprendimientos, que en el caso de obras con mosaico pueden ser fatales. Esta obra ha resistido como pocas la ignorancia, la desidia e indiferencia. La primera vez que vine a Caracas hace ocho años la visité y estaba llena de clavos de los que pendían camisas y pantalones de los buhoneros. Hoy se recuperó la plaza, falta recuperar la memoria.
A.O: ¿Conoce los planes para la restauración de este emblemático mural?
P.E: Sí, la alcaldía de Caracas tiene previsto restaurarla y adecuar el entorno.
A.O: Su obra tenía un marcado carácter de denuncia social. ¿Guayasimín fue un hombre de izquierda?
P.E: Fue un hombre progresista, con profundos nexos con la Revolución Cubana, políticamente, era más cercano a la social democracia, no obstante su pintura fue más allá pues es un testimonio lleno de humanismo en contra de las injusticias.
A.O: ¿Qué cree que significó y significa hoy en día su obra llamada "El Macuto" perteneciente a la serie "Los Culpables", la cual ha despertado ciertas suspicacias en nuestro país asimilándola a nuestro contexto venezolano?
P.E: "Los culpables" son parte de la serie "La Edad de la Ira" pintados en los años setenta en contra de las dictaduras militares. De manera que sacar de contexto e insinuar que esos dictadores sanguinarios a los que Guayasamín caricaturizó tienen algún parecido con un militar patriota que ha ganado múltiples elecciones y ha desarrollado plenamente la democracia en Venezuela, no tiene ningún sentido.
