Fascículo #146
Personaje

Especial para ENcontrARTE

Luciana Mc Namara/ENcontrARTE

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  “Por la noche tengo una revelación
y en cuanto me despierto la pinto.
A veces pinto un cuadro en un día.
Otras estoy varios días
y no lo termino.
La revelación no me llegó entera…”

B.R.

Una luz intermitente y fugaz iluminó la oscura y onírica vida de Bárbaro Rivas desde su nacimiento hasta la muerte. Como todo ser sensible que se transforma en artista para plasmar su sentir, este pintor popular venezolano en el más puro estilo ingenuo, materializó una quimérica realidad que es hoy día considerada una de las producciones artísticas más relevantes y fundamentales de la historia pictórica popular de Venezuela de la primera mitad del siglo XX.

Bárbaro Rivas fue el primer artista ingenuo, o como algunos dicen, el gran maestro de la figuración Venezolana que obtuvo un manifiesto reconocimiento tanto dentro como fuera de su país. Pero no así el primero en llevar una vida austera y tristemente desposeída de amor, de protección, de sosiego, de holgura económica, de felicidad. Como muchos virtuosos del arte, Rivas vivió una vida huraña y ensombrecida en la que, los pocos destellos de luz que la alumbraron no lograron mostrarle el camino de retorno: la salida de emergencia a la “locura”. José María Salvador en su texto Bárbaro Rivas. Incandescencias y rescoldos, lo describe de esta manera: "Y es que, en su quehacer de fabulador intuitivo, resaltan con demasiado estruendo su extravagante comportamiento de individuo marginal, las severas limitaciones de su personalidad psicopatológica, su invencible dipsomanía (que acabará por destruirlo sin remedio hasta llevarlo a la tumba), la humilde grandeza de su quehacer creativo y los fugaces oropeles del parco reconocimiento que su trabajo alcanzó en vida, reconocimiento que en ningún momento logro compensar en justa medida los inenarrables sufrimientos y miserias que hubo de soportar como personaje inadaptado, escarnecido, engañado, explotado. A fin de cuentas, la de Bárbaro Rivas resulta una existencia por entero consumida entre resplandores y cenizas…”(Salvador, 1992:5).

El loquito del pueblo, como solían llamarlo, nació en una zona semi-rural cercana a Caracas un 4 de diciembre de 1893. Vino al mundo el día en que se celebraba la fiesta de Santa Bárbara y en cuyo honor fue bautizado, según la legendaria tradición pueblerina del país. Bárbaro José Rivas fue rotundamente negado por su padre, Prudencio García, un conocido músico y compositor a quien nombraron en 1904, director de la banda del recién creado Departamento Sucre del Distrito Federal con sede en Petare.

Autorretrato con Santa Bárbara, 1956.
Duco sobre cartón piedra, 88 x 58 cm.

Carmela Rivas, su madre, vivía asimismo en Petare que para la época, se asomaba como un pequeño poblado de apariencia colonial, más bien humilde, bendecido por las cristalinas aguas del río Guaire, la quebrada de La Urbina y los afluentes locales. Aunque era muy sencillo, los petareños disfrutaban de ciertas comodidades como el ferrocarril, un correo postal, colegios, periódicos, toda clase de tarantines y dos orquestas: una Banda Marcial y La Sociedad Filarmónica Santa Cecilia. Tranquilo vivió Bárbaro junto a sus cuatro hermanos y su madre los primeros años de su vida. Pero Carmela no tenía suficientes recursos para ofrecerle a sus hijos una buena educación y buena vida, por lo que apela a la misericordia de Misia Daniela, la esposa “legal” de Don Prudencio, para encomendarle la educación de Barbarito. Y así se hizo. Bárbaro fue acogido por la mujer que le llenó su vida de historias sacro-santas, enseñanzas de las Sagradas Escrituras y un catequismo minucioso, fuente de su posterior inspiración.

Creció así Barbarito, entre el rechazo paterno y el amor a Dios. Fue testigo del tremendo terremoto de 1900 a los siete años de edad y luego, en la madrugada del 13 de mayo de 1910, profundamente impresionado por la mágica aparición del Cometa Halley, hechos que influyen definitivamente en la vida del pintor. Su humilde condición lo lleva a trabajar en toda clase de oficio para ayudar a la familia. Nunca asistió a la Escuela. Desde 1920 trabaja como albañil, mandadero, pintor de brocha gorda y constructor de grutas para vírgenes y cruces de cementerio, actividades que probablemente despertaron su inquietud por la pintura puesto que, por estos años, empieza a esbozar pequeñas pinturas que narran pasajes bíblicos y a componer murales en fachadas y antiguos zaguanes de Petare. Es así que por esos años pinta en la pared exterior de su casa del barrio Caruto el mural Jesús predicando en Jerusalén, que él mismo llama, Dejad que los niños se acerquen a mí.

Comienza también sus trabajos como banderero y peón en el Ferrocarril del Este que cubría la ruta Petare-Valles del Tuy. Todos los días emprendía una larga caminata desde Petare hasta Ocumare del Tuy para evitar que cualquier desperfecto ocasionara un descarrilamiento. Su ruta abarcaba las paradas de Santa Lucía, San Francisco de Yare, Santa Teresa y Ocumare del Tuy. Entre valles y montañas pasó mucho tiempo hasta que su madre fallece en 1923. Desintegrada la familia, sólo y vacío, Bárbaro cae preso de un desorden psicológico que lo empuja a una acelerada depresión. Comienza a beber intensamente todos los días hasta olvidar su nombre. Abandona la casa del barrio Caruto donde había vivido sus últimos treinta años para establecerse hacia 1926 en un caserón derruido ubicado a un costado de la iglesia del Calvario, en Petare; lugar que se transformaría en su casa-taller y también en la guarida de fantasmales ambiciones lugareñas.  No obstante, afinca su fe en Dios para seguir adelante. Porque para Bárbaro la mano de Dios lo guía:“A mí quien me enseña a pintar es Dios (…). [Y en ese mismo tono continuaba]:? Y el Señor, ¡Ah!, el Señor es otra cosa, es él quien me inspira, todo viene de dentro y siento que una luz se prende allá, y entonces sí que pinto” [i]. Así realizaría sus primeras obras de caballete: El rebaño y Paisaje de Baruta.

Viernes santo en Petare en 1910, 1958
Duco sobre cartón piedra, 48,7 x 60,6 cm.

Poco a poco Bárbaro se va encerrando en sí mismo. Se deja abrazar por la decadencia de la apatía y el olvido. El alcohol logra engañar a sus miedos y a su sensibilidad. La indigencia le pisa los talones. En 1937 fue despedido del Ferrocarril y le sobreviene su primera gran crisis que lo deja postrado durante casi nueve meses al cuidado de su hermana Trina. Al recuperarse retoma la pintura creando cuadros como La fábrica de chocolate y Domingo de Ramos. Pero ya, inevitablemente, para la década del 40 se había convertido en un personaje popular, un “borrachito de esquina”, objeto de burlas de los niños y menosprecios que soportaba con poca resignación. Sin embargo, se inicia un período muy creativo para Bárbaro, etapa que se prolongará hasta 1950. En este lapso produjo muchos cuadros que vendió al mejor postor. Casi siempre por “tres lochas”, suficientes para comprar el anhelado aguardiente y continuar el delirante diálogo con su pincel.

Hacia 1949, el crítico de arte y entonces presidente del Museo de Bellas Artes, Francisco Da Antonio, descubre a Bárbaro Rivas y le compra muchas de sus creaciones. Adquiere una buena colección de cuadros que comienza a exhibir en exposiciones colectivas de galerías de arte de Caracas y Maracay. Se hace su confidente y cuenta en uno de sus libros que “Bárbaro explicaba sus cuadros como la materialización de motivos ‘inconscientes’ vistos durante el sueño de la noche y periódicamente ‘revelados’ para ilustrar y esclarecer las dudas del ‘cristiano’. A él le correspondía interpretar ese mensaje, traducirlo en imágenes y colocarlo al alcance de las miradas de todos –en las paredes exteriores de su casa, en el dintel de la puerta, en algún palo sobre el barranco-, ‘para que después no digan que no lo vieron’ “ (Francisco Da Antonio, Bárbaro Rivas en el arte del siglo XX,:33).

Placita de Petare en 1910 (Paisaje con escalinata), 1953
Goache sobre papel 54 x 69 cm. Colección Galería de Arte Nacional, Caracas

Pero Bárbaro vuelve a recaer al año siguiente. El alcohol lo descontrola y pierde contacto con el mundo exterior durante tres años. “Estoy solo para mantenerme alejado de la gente mala y poder pintar mis cuadros”, decía [ii]. Por su parte Petare se fue transformando en un lugar irreconocible. Actos vandálicos, robos y violencia hacen que sus antiguos pobladores vayan poco a poco abandonando el lugar. Y el casco colonial pasa de ser un apacible recinto a estar “…rodeado de innumerables barrios, con gentes y costumbres muy disímiles al tipo de vida hasta entonces conocida. Es sorprendente constatar la manera como aumentó la población, de 4.045 habitantes en 1942, a 77.631 habitantes en 1961” [iii].

En 1953 Bárbaro recupera su tono y vuelve al ruedo de la calle. Tal vez los cambios demográficos y de cierta topografía de su pueblito impactan profundamente en él, pues a partir de entonces muchas de sus creaciones empiezan a tener carácter retrospectivo. Pinta varias escenas de Petare de principios de siglo, como lo recordaba cuando era niño. De esos años datan los conocidos cuadros Placita de Petare en 1910 y Entrada de Petare (antigua). Entretanto por intermediación de Francisco Da Antonio, las obras de Rivas participan en el Salón Planchart y los Salones Oficiales de 1953 y 1954. Su nombre causa revuelo. El personaje era todo un enigma dentro del círculo de las bellas artes. La gente empezó a preguntarse quién sería este pintor ingenuo al que sólo le conocían a su marchand. Bárbaro Rivas no aparecía y esto despertó sospechas entre los investigadores acerca de un posible fraude detrás de la increíble historia del ingenuo de Petare. Es así que Da Antonio emprende la tarea de organizar una colectiva en la que presenta sus cuadros junto a los de otros pintores ingenuos de la zona. La exposición “Siete pintores espontáneos y primitivos de Petare”, se inaugura el 23 de febrero de 1956 en los altos del petareño Bar Sorpresa y allí fue presentado oficialmente a la prensa y al público ávido de "carne fresca". Esta exposición constituyó la primera muestra de arte ingenuo celebrada en Venezuela y el primer salto de Bárbaro Rivas hacia la fama.

La fuga de Escalona hacia 1962
Duco con platina sobre cartón piedra, 72,6 x 32,3 cm.

En marzo de 1956 su pintura, Barrio Caruto en 1925, 1955, de la colección de Francisco Da Antonio recibió el premio Arístides Rojas en el XVII Salón Oficial y en octubre de ese año, el Museo de Bellas Artes exhibe la primera retrospectiva de su obra, un honor hasta ahora nunca concedido a un artista popular. “Yo nací pintando. Lo mío es un don de la naturaleza” pregonaba Bárbaro, y continuaba, “Yo dejaré de pintar cuando me muera y deje de soñar”. Los comentarios sobre sus obras no dejaban de ser halagadores y estimulantes para este humilde pintor. Pero la que más lo llenó fue la Mención Honorífica de la IV Bienal de Sao Paulo otorgada en 1957 por asimismo la obra Barrio Caruto en 1925. Luego en 1960, la Sociedad Maraury de Petare organiza la muestra “Vida de Jesús en la pintura de Bárbaro Rivas”. Ese mismo año obtuvo nuevamente el premio Arístides Rojas en el XXI Salón Oficial por El Ferrocarril de La Guaira (1957), obra que rememora un paseo hecho hacia Maiquetía por los años veinte; y tres años más tarde gana el Premio Federico Brant en el XXIV Salón Oficial con El Arresto de Escalona. Su popularidad continua escalando asombrosamente lo que atrae todo tipo de curiosos y oportunistas. Similar ocurre con los precios de sus obras que ascienden vertiginosamente sin que Bárbaro se de por enterado.

En una entrevista hecha por Víctor Daniel Reinoso en 1964, Bárbaro Rivas afirmaría: “Yo he ganado muchos premios. Esas son las noticias que tengo. Dinero no he recibido mucho. Muchas veces no me han dado ni un cigarro. Y aquí estoy brincando candela y medio muriendo de hambre. Pero la fe es la que lo salva a uno. Un real, cuando menos se espera, se vuelve un bolívar. Por eso, para mí, importan los seres humanos, y no el dinero. El dinero se consigue, pero los seres queridos no. A mí, por ejemplo, ¿quién me devuelve a mi madre? (Reinoso. “Bárbaro Rivas, el apóstol analfabeta del pincel”. Elite Nº 2042, Caracas, 14 de noviembre de 1964).

La vida del pintor continuaba sin mayores cambios. Deteriorado física y mentalmente entra con cada vez mayor profundidad y frecuencia en las oscuras cavernas de su psique. Entre el vaivén de la alucinación y la realidad, dejaba entrever su desfragmentada personalidad en cada creación, en cada obra de arte. La fantasía de lo onírico es lo único que lo mantiene en pie, ayudado por su cada vez más continuo estado etílico. Es marginado por sus amigos y vecinos. Comienza a ser “visitado” por inescrupulosos marchand que lentamente van saqueando su taller. Le ofrecen alcohol y objetos necesarios a cambio de sus pinturas. Como nos cuenta Alejandro Joffre, Hacia el año de 1961, apareció un tahúr a quien Bárbaro llamó “El Alemán”. Analfabeto y generoso hasta el extremo, Bárbaro Rivas se convirtió en víctima del engaño y la descarada seducción del farsante. Bajo su influencia, no sólo multiplicó su producción en forma desmedida, sino que reinició su hasta aquel momento frenada actividad tóxica. “El Alemán” reparo muy prontamente en lo ventajoso de “pagar” con alcohol el esfuerzo del artista. Nunca nadie pudo haber hecho un daño mayor. Su casa se convirtió en guarida de alcohólicos y vagabundos, mientras que el pintor retomó las calles. Lorenzo Vargas Mendoza, cronista de Petare, describió la terrible situación: “Ante nosotros está Bárbaro Rivas, el pintor ingenuo, viviendo condiciones infrahumanas. Abandonado de todos, apenas atendido por un amigo que sufre sus mismas privaciones. Ningún aliciente tiene el hombre para hacerle un poco más interesante la vida y llevaderos los pocos años que le restan de vida. Mas bien, no puede callarse, en vez de alimento se le suministra licor. Es verdad que el mal está avanzado, pero si se le hubiera dado un poco de atención médica, su producción artística hubiera tenido una mayor elevación”[vi].

Bárbaro Rivas, 1966
Foto: Juan Calzadilla

En otro pasaje de aquella misma entrevista de 1964 Rivas expresaba: "Ahora nadie viene a verme. Cuando vienen me llevan lo cuadros y después no me los pagan. Mire, si a mí me hubieran traído todo el dinero que han pagado por ellos por ahí, esta casa debería estar pintada en oro, pero apenas tengo para comer. No vienen a verme ni a leerme. A lo mejor creen que voy a enorgullecerme".

La frágil existencia de Bárbaro Rivas va en picada. Mientras tanto en 1962, fue invitado a participar junto a Víctor Millán y Feliciano Carvallo en la exposición “Naives painters of Latin America”, organizada por la Duke University of Durham, Estados Unidos. Y en Caracas, en 1964 la Sociedad Maraury inaugura nuevamente una exposición que denomina "El maravilloso mundo parroquial de Bárbaro Rivas". Ya para entonces su situación personal era deplorable. Carcomido por el alcohol, la artritis y una avanzada arterioesclerosis senil, se halla desligado totalmente de la vida de sus obras que se mueven por caminos que Rivas no alcanza. Ellas retornan a Estados Unidos en 1966. Esta vez haciendo una gira por varias de las ciudades anglosajonas con la muestra “Evaluación de la Pintura Latinoamericana. Años 60” que, finalmente, llega a Nueva York donde es exhibida en el Museo Guggenheim.

Es en ese año que Bárbaro Rivas comienza a pisar el umbral de la muerte. La alarmante situación motiva a Juan Calzadilla y Nelly Baptista a organizar en la galería 22, la que sería la última exposición en vida de nuestro pintor pueblerino. El fin de esta muestra era recaudar fondos para poder someter a Bárbaro a un tratamiento de desintoxicación etílica. Pero aparentemente los múltiples trámites burocráticos no permitieron que el dinero llegara a tiempo. Bárbaro Rivas fue ingresado en Febrero de 1967 al Hospital Pérez de León donde murió el 12 de marzo.



[i] Salvador, José María (1992). Bárbaro Rivas. Incandescencias y rescoldos. Sala de Arte SIDOR, Ciudad Guayana.

[ii] Bárbaro Rivas citado en “El pintor espontáneo Bárbaro Rivas vive en un rancho en Petare en voluntario aislamiento”. El Universal. Caracas 30 septiembre de 1956. p 5)

[iii] Tapias, Anita. Para Bárbaro Rivas… La pintura puede ser para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer. Documento en línea en: http://www.analitica.com/archivo/art1998.05/contenido/galeria/galeria.htm

[vi] Joffre, Alexander. Bárbaro Rivas 11 Diciembre 2010. Documento en línea en: http://www.centrohistoricodepetare.com/website/artistas/pintores/barbaro-rivas.html

 

Fuentes

http://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%A1rbaro_Rivas
http://www.rivas_index.htm.html
http://www.analitica.com/archivo/art1998.05/contenido/galeria/galeria.htm
http://www.ucm.es/eprints/7116/01/Barbaro_RIVAS.pdf
http://www.raquelbalice.com/index.php?option=com_content&view=article&id=118&Itemid=152&lang=es
http://www.ciudadccs.info/?p=120365
http://www.centrohistoricodepetare.com/website/artistas/pintores/barbaro-rivas.html
http://gentedepueblo.blogspot.com/2005/07/carta-de-brbaro-rivas-hugo-chvez-fras.html
http://lacolumnadepapel.blogspot.com/2010/09/barbaro-rivas-el-pintor-ingenuo-de.html
http://artesanosdevenezuela.blogspot.com/2010/09/barbaro-rivas-artista-popular.html

Comentarios

juangomez

venzuela

22 de agosto de 2011

Yiyi Etchemendy

12 de agosto de 2011

Doris Rodriguez

camunare-urachiche Edo Yaracuy

Recibimos este texto como un hermoso regalo, que bueno que surjan estas propuestas que permitan difundir estos seres extraordinarios felicitaciones y gracias muchas gracias.

30 de julio de 2011