Fascículo #152

Enviado por el autor

Daniela Saidman

Versión en PDF

Uruguay fue el país invitado de honor a la octava Feria Internacional del Libro en Venezuela. En esta edición estará presente para cantar y cantarnos la memoria Daniel Viglietti, su voz cuenta las heridas y esperanzas de la América Nuestra y tiene en el recuerdo los versos siempre presentes de ese otro uruguayo infinito, Mario Benedetti (Paso de los Toros, 1920 - Montevideo, 2009).

Juntos cantaron a dos voces, uno guitarra en mano y el otro verso adentro. Ambos recorrieron la geografía contrahecha de heridas de nuestros pueblos para recordarnos que juntos podemos, que juntos abriremos las anchas alamedas por donde transite el hombre nuevo, como dijo también un latinoamericano sembrado para siempre en nuestras querencias, Salvador Allende.

Y es que la cita anual del libro en este país se ha convertido en un encuentro con y por la vida. Es un espacio que deja de manifiesto la ternura militante de las palabras que diciendo nos dicen el futuro que habremos de hacer nacer.

Viglietti está Todos Adentro, porque su canto es necesario y es llama encendida y es conciencia libertaria.


Desalambrado

El poeta Mario Benedetti decía en su libro Desalambrado, que tal vez dos de los versos que mejor definen la intención del quehacer de Daniel Viglietti son “Yo quiero romper la vida / como cambiarla quisiera”. Palabra y canto conjugan la ruptura y lo que viene después, el cambio, la transformación. Y añade que “vida es aquí mucho más que dimensión privada, aunque, por supuesto, también la incluya. Vida es aquí el hombre y su contorno, el recinto doméstico y el país, el texto y el contexto”.

Viglietti nació el 24 de julio de 1939. Criado en una familia de músicos, desde niño estuvo en contacto con la música clásica. Pronto adquirió una sólida formación como concertista, que luego convertiría en una dedicación casi exclusiva a la música popular y al canto de la tierra.

Durante la década de 1960 se desarrolló en todas las aristas del canto y la composición, además trabajó como docente y locutor en radio. Durante esos años participó en el semanario Marcha. Vino “Impresiones para canto y guitarra y canciones folclóricas”, disco editado en 1963, y su obra se tiñó definitivamente de contenido y protesta, con letras asociadas a las luchas populares en Uruguay y en Latinoamérica.

Luego de la cárcel y el exilio, Viglietti se encontró con ese otro uruguayo que nostalgiaba su tierra. De allí surgió el “a dos voces” en el que Benedetti y Viglietti consiguieron, tejiendo versos y cantos, cuerdas e imágenes, alzar la voz, enarbolar las voces. Y es que ambos fueron y serán siempre dos referentes de la palabra comprometida.

Por eso no es casual que hayan decidido reunirse. Juntos consiguieron abrir un espacio que se renovó a sí mismo una y otra vez a lo largo de casi tres décadas.

Durante veintisiete años el concierto A dos voces de Benedetti y Viglietti no sólo estuvo en cada rincón de nuestra geografía latinoamericana, sino que supo además ser homenaje a tantas mujeres y hombres silenciados por la historia y la opresión. Con ellos supimos cantar y recordar a Roque Dalton y Salvador Allende, entra tantas y tantos.

Benedetti escribió dos libros sobre el cantautor, Desalambrado, el último de ellos que hace referencia a una de sus canciones más conocidas, y Daniel Viglietti (Júcar, 1974). Precisamente en éste dice que “La voz de Daniel Viglietti no es la de un profeta ni la de un líder, pero tampoco la de un automarginado o la de un pusilánime; su voz es la de alguien que, con modestia y sinceridad, con dolor y con alegría, con esperanza y con trabajo, con pasión y con riesgo, participa (como puede y debe) en el proceso. Esa actitud es la que, más allá o más acá de su canto libre, los jóvenes rescatan. Por eso no lo escuchan sólo como una voz, sino también como a su portavoz”.

Por su parte, Viglietti ha dicho de Benedetti, después de su partida definitiva, que “nos hace falta su persona luminosa, su pluma tierna y fuerte a la vez, su conciencia crítica, su compromiso con la verdad y su ejemplar humildad”, pero “a Mario no le gustaría que el único modo de recordarlo sea nostalgiarlo”.

En todo caso, Viglietti es la guitarra de este sur memorioso que nace y crece. Y no podemos nombrarlo sin recordar la palabra y el verso necesario de Benedetti. Ellos son todo lo que somos, todo lo que nos habita y nos nutre.


RECUADRO

“Otra voz canta” (fragmento)

Música de Daniel Viglietti

Por detrás de mi voz

– escucha, escucha –

otra voz canta.

Viene de atrás, de lejos;

viene de sepultadas

bocas, y canta.

Dicen que no están muertos

– escúchalos, escucha –

mientras se alza la voz

que los recuerda y canta.

Escucha, escucha;

otra voz canta.

“Desaparecidos” (fragmento)

Poema de Mario Benedetti

Dicen que ahora viven

en tu mirada.

Sostenlos con tus ojos,

con tus palabras;

sostenlos con tu vida

que no se pierdan,

que no se caigan.

Escucha, escucha;

otra voz canta.

cuando empezaron a desaparecer

hace tres cinco siete ceremonias

a desaparecer como sin sangre

como sin rostro y sin motivo

vieron por la ventana de su ausencia

lo que quedaba atrás / ese andamiaje

de abrazos cielo y humo

?