Que cerca están las malas letras de los tangos
de esa muchacha que el duro amanecer, cinco de la mañana,
despereza la calle.
Y porqué no, desde un auto le guiñan un requiebro
que ni siquiera mira.
Constante merodeo de buscar envolverla
en ese transitado familiar melodrama;
pobre costurerita que diera malos pasos
y según un ingenuo, sin necesidad.
Lo mismo que si a ella le fuera indiferente
esa blusa tan linda, con el corte moderno.
Y esas sandalias, qué hermosas.
Tres tirillas doradas, qué bien le quedarían.
Más pontifican siempre quienes lo saben todo:
ser obrera de fábrica madrugante del alba,
es decir muy ausente y no entender las cosas.
Ignorar por ajenas cuestiones importantes.
Saraos. Vernisagges. Alta costura.
Y algún viaje por mar con un enamorado,
gentil y divertido al compartir la cama
de un suntuoso privado.
¿Y porqué no, señores?
¿Quién esquiva el deslumbre
por ese brillo infame que a veces contraviene
nuestra verdad de adentro?
Y a esa piba con sueño que despereza el día,
cinco de la mañana,
mala letra de tango le manosea las nalgas.
Cuando en la fría mañana,
ese hierro implacable golpeando pantorrillas,
es de ver que de pronto se endurecen sus ojos,
mirando la vidriera que es una celestina.
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
www.eduardopersico.blogspot.com.ar
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