Fascículo #153
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Daniela Saidman

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Algunos de sus poemas son canciones que en la voz del trovador cubano Augusto Blanca son versos para la esperanza y el amor en todas sus dimensiones.
 
“Estoy atado al mástil / porque necesito, para salvar al mundo, / que canten las sirenas”, declara en tono mayor el cubano Waldo Leyva, poeta sobre el que recayó la cuarta edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora.
El jurado, compuesto por los escritores, Josu Landa Goyogana de México, Raúl Betancourt de Cuba y Gustavo Pereira de Venezuela afirmaron en el veredicto que la obra, Cuando el Cristal no reproduce el rostro, es una celebración a la vida, un continuo donde la palabra hecha verso, recorre las humanas pasiones.
Entre otros libros ha publicado De la ciudad y sus héroes (Premio de poesía, Editorial Arte y Literatura, Cuba, 1976); Desde el este de Angola (Angola, 1976); Con mucha piel de gente (Ediciones Unión, Cuba, 1982); El rasguño en la piedra (Ediciones Unión, 1995); Otro día del mundo (Ediciones Ávila, Cuba, 2004); Ocultas claves para la memoria (Ediciones Fósforo, México, 2005); Agradezco la noche (Ediciones Cálamus, México, 2005); Remoto adagio (Ediciones Unión, La Habana, 2008); Asonancia del tiempo (Ediciones Vandalia, España, 2009) y Los signos del comienzo (Monte Ávila Editores, Venezuela, 2009), entre otros libros de poesía, teatro y ensayo.

Waldo Leyva (16 de mayo de 1943, Remates de Ariosa, Remedios, Cuba) se graduó en actuación y dirección teatral. Fue director y fundador del teatro universitario de la Universidad de Oriente de Cuba y ejerció como actor en el cine y en diversas puestas en escena. Además se dedicó a la docencia universitaria como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana, y ejerció el periodismo como fundador y director de revistas culturales, como Del Caribe y Letras Cubanas.

De sus versos

No es difícil reconocer a ciertos poetas. Al leerlos, aunque sea por primera vez, sus versos estallan ante los ojos y los hombros, las manos y la vida, como pronósticos y urgencias. Así, el poeta se convierte en compañero de viaje, en camarada de los amores buenos y las soledades más solas. “El camino se agota si no parto. / Al fondo, / donde no empieza nada, donde nada termina, / sigo de pie esperando”.
El hombre aguarda. Está solo, con todo el silencio del mundo contenido en sus pasos. Solo. Como cuando se enciende la tarde y apenas se escucha el viejo rumor del día que muere. Solo. Con la certeza del adiós entre los labios.
“Cuando todo resulte, sólo quiero / que alguien recuerde que al fuego puse / mi corazón,el único que tuve, / que yo también fui “hombre de mi tiempo”, / que dudé, que confié, que tuve miedo / y defendí mi sueño cuanto pude”, dice Waldo Leyva en Asonancia del tiempo.
El amor aparece entre los desnudos, entre las horas de ahora y siempre y todavía. Todo en su poesía lo nombra, como estandarte, como cuerpo, como naufragio y como vuelo. El amor en todas sus dimensiones, en todo lo humano que nos habita. “Las calles serán las mismas para entonces, / los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo, / muchos amigos no estarán / y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa, / de la ciudad, de mi país, del mundo. / Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar, / prepares la piel / el corazón / las ganas de vivir”.

Ese es Waldo Leyva, el poeta cubano, el que desanduvo versos para regalarnos la poesía.
Sobre el premio

La obra del cubano Waldo Leyva, Cuando el Cristal no reproduce el rostro, fue escogida como ganadora entre 156 obras provenientes de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela. En esta edición destaca la participación de poetas mujeres, más de 30 escritoras ofrecieron sus versos.
Es importante señalar, que el Premio tiene como propósito reconocer la creación poética actual, fortalecer vínculos culturales en el escenario internacional y rendir homenaje a la memoria del poeta venezolano Víctor Valera Mora. Y será entregado al ganador en un acto que se realizará en Caracas, el 21 de octubre de 2012, fecha conmemorativa del nacimiento del poeta.
Nadie de Waldo Leyva

He oído a las sirenas cantándose una a otra.
No creo que canten por mí.
                                               T.S. Eliot
Navego atado al mástil,
no porque haya islas esperándome,
ni magas,
ni monstruos solitarios.
Estoy atado al mástil
porque necesito, para salvar al mundo,
         que canten las sirenas.
Enviado por la autora "Desde la otra orilla"