Fascículo #153
Creador@s somos tod@s

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Juancito trepado en el potro de la espera

Esteban Rojas

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¡Coño David!, estoy triste y arruinado de cariño sin consuelo, al tener dos días desorientado por la desaparición de mi médico neurólogo de compañía, que se fue como una brisa fugaz sin soltar un adiós y sin dejar rastro de huellas que podamos olfatearlo a la distancia, con la necesidad de incorporarlo de inmediato al camino del regreso como  imagino y son  mis deseos que no lo dejen fuera del alcance de mi agonía galopante y, que mantenga las gringolas de su amistad que le den el placer de auscultar el tropel de emociones que como potros sin domar recorren internamente mi torrente sanguíneo por su fuga imprevista.

Los dos últimos días de carreras del mes de mayo, se fueron con un desorden de paz que me mantienen en vilo pensativo, y he notado que esa  ausencia ha debilitado mi orientación de estabilidad perdida en un vacío de quietud que me tiene girando en el eje imaginario de la espera angustiante, sin poder rayar en el formulario del porvenir de la suerte a ver si enrumbo mi paciencia hacia un infinito de grandeza que expanda el concierto de mis días, en un almanaque permanente de ociosidad sin paracaídas de malvadas inquietudes ni resabios.

Por eso te pido de todo corazón David que, no me desampares de tu amigable calor y no me apartes de tu piedad, ni me dejes fuera del  aire refrescante de tu nido de comprensión que, ello me da la fortaleza de navegar sin oleaje de amargura en el arcoíris de mis sutilezas ponzoñosas y vierte con fuerza –amigo- tus lágrimas de peregrinaje en el santo de tu devoción y, cuando te fumes el tabaco del dámelo todo rápido, inclúyeme a mí. A ver si nos ampara a ambos como ángeles errantes que somos del mismo desierto de tristeza.

Por lo tanto, David de mi guarda, no dejes de rogar y de echarle oraciones precisas y con piquetes cruzados a los amigos milagrosos de tu fe y entre ellos san Petronilo que es el mío y, si hay que alumbrarlos de día y de noche por detrás y por delante con cuanta vela y velón te plazca, no te pares, que el remate finiquita, eso y más, ya que mi alma de felino gruñón está atascada con una asfixia presurosa que me va y me viene como negro bailando tambor en Barlovento entre brasas  y, mi apetito se  vino abajo y el pulso perdió su ritmo que, ni “La Guacamacha” me atrae como antes con sus putas tristes con sus pantaletas de colores, abultadas de tentaciones triangulares, donde uno puede esconder su macaurel.

Si tenemos que llorar a dúo lloraremos –David- que la causa lo merece, pues tú y yo, pero más yo sin el neurólogo no valgo nada y, además quién me va a evaluar el personal a mi orden y el rato que nos regalaba, ese individuo, en cada reunión de carreras es más que suficiente para hincarnos de rodillas por su regreso que debe ser el santo y seña del remate y, lo que más me lastima con rabia es que ni una foto suya de recuerdo nos dejo y, siempre que puedas –David- refuerza el arroz con pollo con más sabor de atención depurativo que, a él le entusiasma y lo consume grano a grano con calma como cliente jugador que es y, aparta los huesos del pollo con una delicadeza que lo comparo con un galgo detrás de la liebre y, cuando hagas consomé de guacuco despellejado, refuérzalo con mucha imaginación encubierta de orgasmos trasnochados que lo ponga a dormir de noche sin roncar en el chinchorro de su consultorio pasajero.

Y recuerda –David- que si no regresa no tendremos mañana y padeceremos de rinitis crónica de tanto olfatear una circunstancia imprecisa que consolide el crucigrama de la unión del buen acompañante que nos dejó a la intemperie de su compañía y tú, bien sabes David que, una amistad se cultiva sin mucha agua perfumada y más si es árbol de raíces profundas y, más él que es un buen cervecero que se mantiene sin barriga abultada por el tratamiento y dedicación de Domingo de sacarle los gases a su cerveza y, se la sirve con pitillo invisible y, gracias a Francisco Mata que con su gran puntería de  datero ambulante preciso, lo pone a cobrar seguido en la taquilla del negocio.

Remate sin médico es remate muerto que no tiene vísceras de buen momento y su deceso es tan lenta como el que come con los ojos con apetito y, nosotros David, dentro de poco seremos cadáveres espaciales si el médico perdido no oxigena pronto con su presencia nuestro recinto de recreación hípica y, eso será para nosotros la cruz que nos llevará juntos al cementerio del infierno sin retorno.

Y David, sin soltar palabra, se dijo para sus adentros: no sé por qué Juancho me mete a mí en ese embrollo, si yo no tengo velas en ese entierro y, en tal caso será Rafucho como administrador del negocio a quien le corresponde pujar, así que a otro perro con ese hueso, que, donde manda capitán no manda marinero y a mi me basta y me sobra con atender al cohetero y al gordo Manuel que ésos si me sacan de apuros y tienen seguro sus dos platos de arroz con pollo cada vez que vengan que, yo me conformo con su dádiva amistosa de un apretón de manos como amigos

Y con una dosis de esperanza que enlaza la contingencia del nerviosismo de la espera, Juancito y David, juegan con firmeza al plácet favorable de miércoles a domingo sin descanso.