Fascículo #153

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Primera Cachetada

 

 

La poesía es un pequeño bote salvavidas, en medio de este diluvio descomunal que ha sido este planeta, dividido en explotadores y explotados.

Más allá de un asunto de catarsis personal, generar a través de este proceso colectivo, que es socializar los poemas; sentimientos profundamente febriles, amorosos, pasionales, tiernos, rebeldes, subversivos. Supone un reto enorme, reto que hay que asumir valientemente a través de esta agraciada arma, que es la poesía.

No hay belleza posible sin la subversión. Toda belleza se desvanece, se disipa, se marchita; ante la sumisión. Toda obra poética, inerte y flotante en el espacio de la contemplación, de la sonoridad de las letras sin alma, naufraga sin pena ni gloria.

Recordemos las palabras del gran Atahualpa Yupanqui:

“De tanto mirar la luna, ya nada sabes mirar. Eres como un pobre ciego, que no sabe a dónde va. Vive junto con el pueblo; no lo mires desde afuera, que lo primero es el hombre, y lo segundo, poeta”.

Para seguir la inercia del Status Quo:

“Piense siempre mucho

aunque el espíritu grite lo contrario,

acobardarse es siempre

una opción valiente,

calcule los beneficios,

saque sus cuentas,

haga su lista…

Sonría, pose,

decrete la felicidad,

levite encima de todos,

sea retazos de nada,

use perfumes europeos,

cite algún escritor occidental,

luzca como alguien razonable.”


Dijo aquel poeta español, Adolfo Becquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”. Más allá de la poesía escrita, en este lado del mundo, en esta América valiente y subversiva que se levanta, está naciendo como el ALBA, la poesía nueva, la más hermosa poesía que ha conocido nuestro pedazo de historia.

“La encallecida poesía
que sufre el frío de los harapientos,
que se germina en el pueblo.
 
La oblicua poesía que quiebra
arquetipos cóncavos y convexos.
 
La poesía de barro y de maíz,
de la hoz y el martillo,
que se complementa,
que se reconoce.
 
Poesía que rediseña signos,
destruye estatuas,
normas establecidas,
éticas de manifiestos.
 
Poesía del salto mortal,
de la bofetada y el puñetazo,
que atenta contra
el confort y el glamour.

En su lucha yace toda la hermosura.
 
En su fuerza revolucionaria todo el amor.”

La bonita y valiente poesía Venezolana en la pluma del Chino, de Pereira, de Sucre, de Calcaño; por nombrar algunos… Es un canto a la vida y a la rebelión, un canto precioso. Pero no se puede negar que en los puños cerrados de los pobres del Caracazo, se tendió toda la poesía venezolana del siglo XX. Que en las puntas de las lanzas del llano que insurgieron contra la corona española, un amor memorable y poético se balanceaba.

Hoy, en esta Venezuela bolivariana liderada por el comandante Chávez, estamos haciendo poesía desde actos de amor revolucionario; en las calles, en los barrios, en los campos, en las manos curtidas de las mujeres revolucionarias que paren los días con esperanzas.

“Este es nuestro tiempo,

la hora de nuestra poesía,

la del 13 de abril del 2002,

la que estamos sembrando.”

La poesía siempre ha sido expresión de las secuestradas concepciones del arte y la literatura. Objeto de estudio de la burguesía, del regocijo de la academia.

Totalmente ajena a los pueblos excluidos del conocimiento, de la comprensión de la complejidad de imágenes poéticas, la poesía se ha dedicado a hermosear páginas y emborronar cuartillas.

A través de un lenguaje rebuscado, se asentó la poesía como una obra sagrada, hecha por ángeles ajenos a la realidad, ángeles que estudiaron en la Sorbona, en La Complutense, en Harvard, Oxford, Cambridge.

Siempre ha habido excepciones, poetas surgidos de la decadencia de este sistema enclasado, que empuñaron la poesía como un arma hermosa en contra de lo establecido.

A esos poetas abrazamos, a esos poetas agasajamos con puños cerrados y cantos de victoria. A su poesía rebelde y valerosa que atravesó pechos con collares de perlas y pelucas ostentosas, amamos y reivindicamos.

“Soy "Teoría y Solfeo" del Chino,
la rabia y la ternura de Alí,
la muñeca de Sobeida,
la locura de Reverón,
el desván del anticuario de Michelena,
la furia de Boves,
el Delirio en el Chimborazo,
el "Por Ahora" del comandante.”

La revolución tiene enormes retos por delante; acabar definitivamente y para siempre con el hambre, las muchas injusticias de siglos, que llevamos estos pueblos golpeados en las espaldas. Inventar nuevas formas para entendernos en sociedad, para relacionarnos, para complementar nuestros esfuerzos culturales.

La poesía tiene enormes retos por delante, cantar desde el vientre de la revolución, desde el fuego de la periferia. Bailar al son de la calle, con el pueblo y desde el pueblo. Desde sus dolores, desde sus aciertos, desde sus pasiones.

Escribir la historia nueva, denunciar a los que se olvidaron de esconder los cierres que cuelgan en sus espaldas:

“Conozco a los que 

se creen rebeldes

por mezclar algunas

tendencias primorosas,

haciendo manifiestos

grandilocuentes

en nombre del espectáculo.

 

Regentes del caos creativo,

balbucientes del equilibrio

que jamás increpan,

decoradores del instante,

artificios de la manutención.

 

Conozco a los patéticos

Vanguardistas de la forma,

incluso a los que dicen

no serlo y lo son,

como coágulos de técnicas

que flotan en círculos.

 

Restauradores de la razón,

institucionales del pensamiento,

estáticos de oficio,

tontos útiles,

discrepantes admisibles.

 

Conozco a los dueños

de las butacas,

de las tarimas,

del papel y la tinta,

de los tinteros modernos,

de la naturaleza aún viva.

 

Conozco a quienes

editan orgullos

con mieles y pétalos de rosas,

los que no dudarían

ni un segundo

en abandonar las filas

del proletariado

en nombre de la revolución,

para dedicarse a fundar

corrientes literarias.

 

Los Conozco,

sé de sus intentos

por hermosearse entre

el burocratismo y las acomodadas

concepciones del arte.

 

Sé de sus miedos

a la poesía de muchos filos...”

A pesar de este reino de la usura legalizada, de este capitalismo que amenaza con destruirlo todo, violentamente y pronto. Hay que seguir apostando a la revolución, a las manos encallecidas del pueblo que sueña amaneceres sin hambre, tardes de fiesta y noches de poesía.

Seguir apostando a la utopía que deja huellas dulces en la arena mojada, esa que rozamos desde nuestros aciertos de risa colectiva y abrazos amorosos.

“¿Quién sino el amor?

Para parir las consignas victoriosas
y los cantos hermosos
que han de llegar
cabalgando los montes
y navegando los ríos.
 
¿Quién sino el amor?

Para derrotar esta larga tortura
que hemos normalizado
desde nuestras lógicas
polvorientas del bien y el mal.
 
¿Quién sino el amor?

Para continuar esta senda
con los labios húmedos de besos,
el pecho engrandecido
y el alma en júbilo
por haberlo intentado.”