Régulo no es un nombre común ni tampoco raro. El pequeño Larousse Ilustrado dice en su parte lexicográfica: “Régulo (del latín Régulus). Reyezuelo: un régulo despótico. Basilisco, animal fabuloso. Reyezuelo, ave. Quím. La parte mas pura que nos queda de los minerales”. El régulo es la regla máxima. Régulo es pequeño rey tribal, ave, basilisco y lo mas puro químicamente; solo me falto la parte vegetal que no tengo afortunadamente. En la parte histórica del mencionado diccionario dice también que Régulo Marco Atilio, fue cónsul romano y héroe martirizado en Cartago.
En Caicara de Orinoco, en donde nací, había otro muchacho que se llamaba Régulo Pérez, quien un día con su padre se le enfrentó al tigre cebado, en el camino de Cerro Pan de Azúcar; solo con un pequeño cuchillo y gran valentía, ambos hicieron huir a la fiera mal herida hacia el bosque cerrado.
Régulo Pérez y yo nunca nos encontramos ni jamás cruzamos una sola palabra. Las veces que yo iba a visitar a un amigo el acababa de salir y cuando yo salía entonces el entraba. Nuestro amigo en común, ciego y hospitalario lo recibía creyendo que era yo y a mi me despedía pensando que era él. Menos mal que así fue para ambos porque en el pueblo tan pequeño hubiéramos estado siempre amorochados, juntos para arriba y par abajo, siguiéndonos, persiguiéndonos y expiándonos, deseándonos el uno al otro cosas espantosas, como en el cuento de Edgar Allan Poe, William Willson, que es la historia de la doble personalidad.
Yo no tengo otro porque mi ego es demasiado grande.
En el pueblo se acostumbra también bautizar a los niños panares con nuestros nombres y apellidos de racionales, como dices los racistas.
Entonces, el panare Regulo Pérez abandono el poblado con su guayuco teñido de onoto y sus tatuajes pintados con caruto morado en el pecho, brazos y piernas. Se dirigió hacia su comunidad de las Bateas en las márgenes del Chivapure, donde murió. Había agarrado durante el poco tiempo que estuvo en el pueblo el terrible virus de la gripe española y un nombre y apellido contaminados. El panare Régulo Pérez reposa para siempre a orillas del río Chivapure bajo un yagrumo alto y pelado donde guinda una pereza, todo el tiempo.
Cuando nací mi tía Rafaelita propuso con gran emoción que me llamara Rafael.
Mi padre dio un salto que por poco se le cae la pipa que fumaba y dijo con autoridad indiscutible que me llamaría Régulo en homenaje al General Régulo Olivares, alzado contra Gómez y a quien admiraba con fervor patriótico
Menos mal que soy un pintor que firma Régulo porque firmando Pérez hubiera sido un ilustre anónimo del siglo veinte y firmar Rafael no se me hubiera ocurrido jamás ni nunca en la vida.
