Biografía del personaje del quincenario

Miguel Angel Asturias
¿Por qué presentar hoy la semblanza de Miguel Angel Asturias? Porque su obra, francamente enorme, es un canto con la más grande belleza a las más crudas realidades de su país natal, Guatemala, que son en definitiva similares a la de cualquier país latinoamericano. Presentar su vida y su obra es rendir un tributo a una de las más grandes figuras de las letras españolas, y es mostrar, como lo hace Asturias a lo largo de toda su producción, que la esperanza en un mundo mejor nunca muere.
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En la literatura latinoamericana ocupa un lugar primordial. Me parece que junto con la producción de autores como Agustín Yáñez, Onneti, Borges, Rulfo, forma parte de esta promoción de autores de alta calidad que escribieron sus textos en los años veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, y sentaron las bases para el gran desarrollo de narrativa latinoamericana posterior. Concretamente, creo que Asturias, por una parte, manejó con gran destreza lo real maravilloso, sobre todo en Hombres de maíz, y por otra parte, asimiló los influjos de la vanguardia, sobre todo el surrealismo. Y todo esto lo fusionó con el gran conocimiento práctico y teórico que tenía de Guatemala, más su fecunda imaginación, y con esos ingredientes elaboró una síntesis que dio como resultado obras fundamentales en el desarrollo de la narrativa de Latinoamérica. En el caso de Guatemala, no se podría hablar de literatura guatemalteca sin hablar de Asturias. No quiero decir con esto que sea la figura única de valor que tenemos, pero sí que es la figura más universal, no sólo por la calidad de su obra, sino por la variedad de géneros que produjo. Fue al mismo tiempo novelista, cuentista, poeta, ensayista, periodista, autor dramático, y eso ya nos da un cuadro bastante completo, y en todos los aspectos logró productos de alta calidad.
Francisco Alvizúrez Palma
Su biografía
El 19 de octubre de 1899 nace en la ciudad de Guatemala, en el barrio de la Parroquia Vieja, Miguel Angel Asturias. Es hijo del licenciado don Ernesto Asturias y de la señora María Rosales.
En 1901 nace su hermano Marco Antonio.
Para 1904 con sus padres se traslada a la localidad de Salamá (departamento de Baja Verapaz), donde frecuenta la finca de su abuelo materno.
Comienza sus estudios primarios en Salamá en el año 1906, donde cursa tres grados.
Para el año 1908 la familia Asturias retorna a Ciudad de Guatemala y Miguel Angel termina su escuela primaria en el colegio del padre Pedro Jacinto Palacios y en el Domingo Savio.
Ingresa al Instituto Nacional Central de Varones en 1912, para cursar sus estudios de Bachillerato.
Conoce en 1916 a Rubén Darío, nueve meses antes de la muerte del gran poeta nicaragüense. En ese mismo año termina el Bachillerato.
El 25 de diciembre de 1917, la ciudad de Guatemala sufre un fuerte terremoto, cuyos remezones duran hasta los primeros días de enero de 1918. Asturias ingresa ese año en la Facultad de Medicina. Deja la pintura y se dedica a las letras.
En el mismo año 1918 abandona los estudios de Medicina para ingresar en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San Carlos Borromeo.
Tras veinte años de dictadura, en 1920 cae Manuel Estrada Cabrera. Para ese entonces Miguel Angel Asturias, interesado ya por aspectos sociales y reivindicativos funda, junto con otros, la Asociación de Estudiantes Unionistas.
En agosto de 1921 viaja a México, mientras cursa el cuarto año de Derecho, como representante de los estudiantes universitarios, para conmemorar la Independencia nacional del país vecino. Conoce allí a Valle-Inclán, que resultará una influencia decisiva para su vida literaria.
Al año siguiente, en 1922, se encuentra entre los fundadores de la Universidad Popular de Guatemala. En ella dicta clases de gramática y enseña a leer a los obreros, además de dar una conferencia semanal. Se gradúa de Derecho y obtiene el título de licenciado con una tesis sobre "El problema social del indio", que intenta poner en la agenda una problemática en general silenciada en su país: el tema de la discriminación étnica. Escribe con otros estudiantes la letra de "La chalana", obra que posteriormente se convertirá en un himno universitario.
Posteriormente escribe en "Tiempos Nuevos", y en 1923 pasa unos días preso por decisión del dictador José María Orellana. Su tesis obtiene el máximo galardón, el premio Gálvez, y se
publica ese mismo año.
Hacia el año 1924 viaja a Londres con el doctor José Antonio Encinas, senador peruano exiliado, para estudiar economía política. En septiembre pasa a París.
Un año después, en 1925, estudia con el profesor Georges Raynaud, a la sazón director de Estudios sobre las Religiones de América Precolombina, en la Escuela de Altos Estudios de París.
Hace periodismo y escribe para diarios de México y para "El Imparcial" de Guatemala. Edita "Rayito de estrella", fantomina modernista. Viaja por Italia como miembro del Congreso della Stampa Latina.
En 1926, junto con José María González de Mendoza, empieza la traducción al español del libro sagrado de la tradición maya-quiché, el Popol Vuh, según la versión francesa de Georges Raynaud. Se relaciona con diversos escritores surrealistas y conoce a monstruos sagrados como James Joyce, Unamuno, Tzara, Breton y otros.
Edita la versión del Popol Vuh en 1927 con el título de "Los dioses, los héroes y los hombres de Guatemala Antigua o El libro del Consejo, Popol Vuh de los indios quichés", editorial París-América.
Hacia 1928 vuelve dos meses a Guatemala, pasando por Cuba, donde asiste a un congreso de periodistas. Da conferencias en la Universidad Popular, en el Instituto Nacional Central de Varones, en la Sociedad de Auxilios Humanos Mutuos y en el Sindicato de Empleados de Comercio. De regreso a París edita sus conferencias bajo el título de "La arquitectura de la vida nueva". Para ese entonces ha comenzado ya a escribir las leyendas de su tierra natal y "El Alhajadito". Traduce también, en compañía de González de Mendoza y a partir de la versión francesa inédita de Raynaud, el libro "Anales de los Xahil", editorial París-América.
Termina su vida de estudiante en París en el año 1929 y comienza a viajar por Europa y el cercano Oriente. Va a Italia y a Grecia.
En España, en el año 1930, asiste al comienzo de la República. Conoce a los más famosos escritores españoles y publica las "Leyendas de Guatemala".
Un año más tarde, en 1931, se edita en París "Légendes du Guatemala" en traducción de Francis de Miomandre. Paul Valéry escribe al traductor una famosa carta laudatoria. Miomandre obtiene el premio Sylla Monsegur por la mejor traducción del español al francés de ese año.
Viaja a Egipto y a Palestina para el año 1932. Continúa escribiendo poemas y trabaja sobre el futuro manuscrito de una de sus más grandes obras: "El señor Presidente".
En 1933 regresa a Guatemala pasando por España y Nueva York. Para ese entonces, en su país rige la dictadura de Jorge Ubico.
El 1º de mayo de 1934 funda el diario "Éxito", siendo nombrado unos meses después profesor de Literatura en la Escuela de Derecho.
Sólo un año más tarde, en 1935, se cierra el diario "Éxito" y Asturias pasa a colaborar en el periódico oficialista "El Liberal Progresista". Publica la fantomina "Émulo Lipolidón" en edición fuera de comercio dedicada a sus amigos de Europa: Alfonso Reyes, Rafael Alberti, Mariano Brull, Arturo Uslar Pietri, Luis Cardoza y Aragón, Francis de Miomandre, Alejo Carpentier, Georges Pillement y Eugène Jolas.
En 1936 comienza la guerra civil española. Asturias toma partido por los republicanos. Publica su obra "Sonetos", con la Tipografía América.
Para el año 1937 es despedido de la redacción de "El Liberal Progresista".
Un año más tarde, en 1938, junto a Francisco Soler y Pérez funda un noticiario radial en el mes de junio, que se llamará "Diario del aire".
Se casa con Clemencia Amado en 1939. Muere su padre, don Ernesto Asturias, y ese mismo año nace su hijo Rodrigo, quien luego fuera uno de los fundadores del movimiento guerrillero de Guatemala.
En 1940 edita en la Tipografía América la fantomina "Alclasán".
En 1941 nace su segundo hijo, Miguel Angel.
Posteriormente, en 1942, es nombrado diputado en la Legislatura. Se inicia su amistad con el gran poeta chileno Pablo Neruda, que pasa días en su casa. Publica "Con el rehén en los dientes. Canto a Francia", poesía en recuerdo de la Francia ocupada por Hitler. Participa en el
Congreso Mariano Nacional con un poema que será premiado.
En 1943 edita un poema, "Anoche, 10 de marzo de 1543" con motivo del Cuarto Centenario de la fundación de Guatemala.
Para el año 1944, forzado por la movilización popular, renuncia en junio el dictador Jorge Ubico, a quien lo sucedá una nueva dictadura militar. En octubre se produce la revolución y crea un vacío en torno de Asturias, que continúa con la edición del "Diario del aire". Dadas las circunstancias del país, se ve forzado a cerrarlo.
En el año 1945 Asturias viaja a México. Sigue trabajando en su novela "El señor
Presidente". Mientras tanto, en Guatemala comienza el gobierno democrático de Juan José Arévalo.
Para 1946, luego de un largo trabajo de preparación, se decide a publicar su novela "El señor Presidente" en Costa-Amic, con la ayuda financiera de su primo Jorge Asturias.
En 1947 se divorcia de su mujer. Pasa los primeros mese en Guatemala, donde escribe los "Cuentos del cuyito". Luego va a México a recoger a sus hijos. Es nombrado Ministro Consejero en la Argentina.
En enero de 1948 visita a Pablo Neruda en Chile, desde donde sigue viaje a Buenos Aires.
Publica "Sien de alondra", selección de sus poesías elegidas por Rafael Alberti y Antonio Salazar y que lleva un prólogo, "Flecha poética", de Alfonso Reyes; Asturias lamenta que sus amigos descarten los versos malos, "porque los quiero como se quiere a los malos hijos". A fin de año la editorial Losada publica "El señor Presidente", la obra que le dará más fama en América. En mayo muere su madre.
Todo el año siguiente, 1949, lo dedica a redactar su obra "Hombres de maíz", que aparecerá en noviembre editada por Losada. En diciembre viaja a Guatemala. El escritor permanece cuatro meses documentándose para las "novelas bananeras".
Hacia 1950 vuelve a Buenos Aires y se casa en Montevideo, Uruguay, con Blanca Mora y Araujo. Mientras tanto, en su país editará "Viento fuerte", la primera novela del ciclo bananero.
Un año después publica diecisiete sonetos dedicados a Blanca, ejercicios poéticos en forma de sonetos sobre temas de Horacio. En Guatemala gobierna entonces el coronel Jacobo Arbenz Guzmán dirigiendo un gobierno nacionalista con preocupaciones sociales que comienza una atrevida reforma agraria, enfrentándose a la compañía estadounidense United Fruit.
Para el año 1952 Miguel Angel Asturias es nombrado Ministro Consejero en París. "El señor Presidente" obtiene en su versión francesa el Premio Internacional del Club del Libro Francés. Viaja a Bolivia en octubre, invitado por el presidente Jaime Paz Estenssoro, que acaba de hacer triunfar su revolución con contenidos populares y nacionalistas.
En enero de 1953 parte a Francia para ocupar su cargo. Reside siete meses en París. Asiste en Niza a un congreso internacional de redactores. Edita en Buenos Aires "Alto es el Sur (Canto a la Argentina)". El gobierno de Arbenz lo llama para nombrarlo embajador en El Salvador.
A principios del año 1954 viaja a Caracas, Venezuela, donde asiste como delegado de la 10ª Conferencia Interamericana. En junio se produce la revolución de Castillo Armas, que derrumba al gobierno de Arbenz con abierta participación de la CIA, comenzando una cacería de brujas en toda Guatemala. Asturias, que está en su país, vuelve a su sede de San Salvador. Allí renuncia al puesto diplomático. Desde Panamá se dirige a la casa de Neruda en Chile y de allí a la Argentina.
En el año 1955 se exilia en la Argentina. Colabora ocasionalmente en la editorial Losada con traducciones. Publica "Solana", obra de teatro, y "Bolívar, canto al Libertador". Veranea en Shangri-lá, una quinta del Tigre.
Para el año 1956 escribe regularmente en "El Nacional", de Caracas, una columna que se
titula "Buenos Aires de día y de noche".
En 1957 publica "La audiencia de los confines", su obra de teatro preferida, que trata sobre Fray Bartolomé de Las Casas y su defensa de los indios, y "Week-end en Guatemala". Realiza un largo viaje por la India para asistir a un congreso de escritores. Visita China y llega a Moscú, donde participa en un seminario de literatura comparada. Viaja por Francia, España y Brasil.
En el transcurso de 1959 conoce a Fidel Castro en Buenos Aires. En septiembre viaja a Cuba y Centroamérica, invitado por el mismo Fidel. Celebra su 60º cumpleaños en su ciudad natal, donde dicta conferencias sobre la novela hispanoamericana.
En enero de 1960 asiste en Cuba al primer aniversario de la Revolución. De vuelta en Buenos Aires edita "Los ojos de los enterrados" y "Poesía precolombina", una selección con prólogo y notas.
Durante el año 1961 continúa con sus colaboraciones en el diario El Nacional de Caracas. Publica "El Alhajadito".
En el año 1962, caído el gobierno de Arturo Frondizi, es detenido en Buenos Aires por error durante el gobierno de Guido. Sale de la Argentina; va a Francia e Italia y se somete a una cura de salud en Rumania. Recibe el premio de la William Faulkner Foundation a la mejor novela latinoamericana por "El señor Presidente".
En Buenos Aires edita, en el año 1963, su obra "Mulata de tal". Pasa el verano en Francia. Un año después termina "Clarivigilia primaveral" y edita en México su libro de viajes y propaganda "Rumania, su nueva imagen". A principios de año dicta conferencias en toda Italia (Venecia, Nápoles, Milán, Roma, Génova, Cagliari) y luego parte hacia Escandinavia, donde lo reclaman diversas universidades: Gotemburgo, Upsala, Estocolmo, Lund. Asiste al Coloquio Alemán de Escritores en Berlín.
Para 1965 aparece en Buenos Aires su obra "Clarivigilia primaveral". Dirige el Columbianum en
Génova y prepara un congreso de escritores del Tercer Mundo, que se realiza en enero. Representa al Pen Club francés y acude a las elecciones de presidente que se realizan en Yugoslavia. Pierde las elecciones. Viaja por Hungría con Pablo Neruda.
Un año más tarde, en 1966, se instala en París como presidente del Pen Club francés. Gana el premio Lenin de la paz (equivalente soviético del Nobel occidental) y va, en agosto, a recibirlo a Moscú. Pasa el verano en Rumania.
Para ese entonces, en su país natal, Guatemala, ha triunfado en elecciones libres Julio César Méndez Montenegro.
Asturias visita su país de origen y es nombrado embajador de Guatemala en Francia.
En abril de 1967 asiste al Segundo Congreso de la Comunidad de Escritores Latinoamericanos. Inaugura en distintas ciudades de Francia la exposición de arte maya que recorrerá luego varios países de Europa. El 19 de octubre se le otorga el premio Nobel de Literatura. En Francia ha publicado ya "El espejo de Lida Sal", libro que aparecerá en octubre editado por Siglo XXI de México. En noviembre visita Italia y Alemania para presentar las traducciones de sus libros. En diciembre parte hacia Suecia para recibir el premio de manos del rey Gustavo Adolfo IV.

Para 1968, en Guatemala la APG (Asociación de Periodistas Guatemaltecos) le entrega el Quetzal de Jade, y las comunidades indígenas lo nombran "hijo unigénito de Tecún Umán". Viaja a España al festival de cine de San Sebastián, del que es presidente. En octubre viaja a Canadá para dictar conferencias y a Colombia, donde recibe la Gran Cruz de San Carlos, y preside en Manizales el Festival de Teatro Universitario Latinoamericano.
Invitado por el presidente Senghor viaja en 1969 al Senegal, pasando por Madrid. Comenta que en Africa "hace tanto calor como en Escuintla" [ciudad costera de Guatemala, muy caliente]. En Buenos Aires se edita su última novela, "Baladrón". Después de pasar una temporada en Palma de Mallorca, en casa de su médico Falicoff, se opera en París. Como representante del Pen Club francés se entrevista con los astronautas del Apolo 11. Vuelve a Escandinavia y a Italia, y hacia fin de año retorna a las Baleares.
En 1970 es presidente del jurado en el festival de cine de Cannes; por primera vez un novelista hispanoamericano es designado para esta investidura. Asturias considera que haber visto setenta películas en pocos días resulta suficiente para tres años por lo menos. Días después viaja a Niza como jurado de la Feria Internacional del Libro. Julio César Méndez Montenegro finaliza su período presidencial en Guatemala y Asturias renuncia a su puesto de embajador de su país en Francia. En Mallorca redacta un libro sobre su sistema de creación literaria y luego se instala en su departamento en París. Asiste en Venecia a la proyección del film "El señor Presidente", de Marcos Madanes, pero queda descontento con la realización.
Hacia 1971 viaja por España, donde se le homenajea bautizando una calle con su nombre. Publica "Tres de cuatro soles" (en francés, traducción de Claude Couffon), con la editorial Albert Skira, colección "Les sentiers de la Création", Ginebra,1971.
En enero de 1972 envía a Buenos Aires los originales de una nueva novela. En mayo viaja a Israel; en junio se publica "Viernes de Dolores" (editorial Losada), donde relata las vicisitudes de la generación estudiantil de 1922 en Guatemala. El mismo aparece con el apodo de entonces, "Chirimoyas, a quien más corto lo llamaban Moyas". En noviembre visita México, donde recibe numerosos homenajes.
En el año 1973 Asturias se entrevista con el presidente argentino Juan Domingo Perón en París. Prepara un viaje a la Argentina y Chile, llamado por una acuciante carta de Neruda, que se siente morir. Finalmente, el viaje no se realiza nunca. Un año más tarde Asturias cae enfermo gravemente y es internado en el Hospital de la Concepción, de Madrid. A su lado están Blanca, su mujer, y su hijo Miguel llegado de Buenos Aires. El 9 de junio muere el gran escritor y de acuerdo a su voluntad sus restos son llevados al Cementerio Père Lachaise en París. En las ceremonias fúnebres, el féretro del ilustre guatemalteco, amparado por la bandera de su país y el bastón de Tecún Umán, el mítico guerrero maya, recibe el homenaje de la intelectualidad francesa y de los estudiantes y residentes latinoamericanos.
Su obra completa
• Sociología guatemalteca, 1923
• Rayito de estrella, 1925
• La Arquitectura de la Vida Nueva, 1928
• Leyendas de Guatemala, 1930
• Emulo lipolidón, 1935
• Sonetos, 1936
• Alclasán, 1939
• Anoche, 10 de marzo de 1543, 1943
• El Señor Presidente, 1946
• Sien de alondra, 1948
• Poesía, 1949
• Hombres de Maíz, 1949
• Viento Fuerte, 1950
• Ejercicios poéticos en forma de soneto sobre temas de Horacio, 1951
• Carta aérea a mis amigos de América, 1952
• EL Papa Verde, 1954
• Bolívar, 1955
• Obras escogidas, 1955 (3 volúmenes)
• Soluna, 1955
• Week-end en Guatemala, 1956
• La audiencia de los confines, 1957
• Nombre custodio, e Imagen pasajera, 1959
• Los Ojos de los Enterrados, 1960
• El alhajadito, 1961
• Mulata de tal, 1963
• Juan Girador, 1964
• Teatro, 1964
• Rumania, su nueva imagen
• Obras escogidas, 1964 (2 volúmenes)
• Sonetos de Italia, 1965
• Clarivigilia primaveral, 1965
• El espejo de Lida Sal, 1967
• Torotumbo, La audiencia de los confines; Mensajes indios, 1968
• Latinoamérica y otros ensayos, 1968
• Antología, 1968
• Obras completas, 1968 (3 volúmenes)
• Maladrón, 1969
• Comiendo en Hungría, 1969 (con Pablo Neruda)
• Novelas y cuentos de juventud, 1971
• En novelista en la universidad, 1971
• Viernes de dolores, 1972
• Juárez, 1972
• América, fábula de fábulas y otros ensayos, 1972
• Mi mejor obra, 1974
• Tres obras, 1977
• Tres de cuatro soles, 1977
• Edición crítica de las obras completas, 1977 (24 volúmenes)
• Actos de fe en Guatemala, 1980
• Sinceridades, 1980
• Viajes, ensayos y fantasías, 1981
• El hombre que lo tenía todo, todo, todo, 1981
• Paris 1922-1923, 1988
• Cartas de amor, 1989
Fragmentos de su obra
El señor presidente (fragmento)
"Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola. La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse, rabiosos, se mordían. (...)
Una aldea vino, anduvo por allí y se fue por allá, una aldea al parecer deshabitada, una aldea de casas de alfeñique en tuza de milperíos secos entre iglesia y cementerio. ¡Que la fe que construyó a la iglesia sea mi fe, la iglesia y el cementerio; no quedaron vivos más que la fe y los muertos! Pero la alegría del que se va alejando se le empañó en los ojos. Aquella tierra de asidua primavera era su tierra, su ternura, su madre, y por mucho que resucitara al ir dejando atrás aquellas aldeas, siempre estaría muerto entre los vivos, eclipsado entre los hombres de los otros países por la presencia invisible de sus árboles en cruz y de sus piedras para tumbas. (...)
Las tumbas no besan a los muertos, ella no lo debía besar; en cambio, los oprimen mucho, mucho, como ella lo estaba haciendo. Son camisas de fuerza y de cariño que los obligan a soportar quietos, inmóviles, las cosquillas de los gusanos, los ardores de la descomposición. Apenas aumentó la luz incierta de la rendija un incierto afán cada mil años. Las sombras, perseguidas por el claror que iba subiendo, ganaban los muros paulatinamente como alacranes. Eran los muros de hueso...Huesos tatuados por dibujos obscenos. Niña Fedina cerró los ojos-las tumbas son oscuras por dentro-y no dijo palabra ni quiso quejido-las tumbas son calladas por fuera."
Leyenda de Tatuana (de Leyendas de Guatemala)
El maestro Almendro tiene la barba rosada, fue uno de los sacerdotes que los hombres blancos tocaron creyéndoles de oro, tanta riqueza vestían, y sabe el secreto de las plantas que lo curan todo, el vocabulario de la obsidiana - piedra que habla - y leer los jeroglíficos de las constelaciones.
Es el árbol que amaneció un día en el bosque donde está plantado, sin que ninguno lo sembrara, come si lo hubieran llevado los fantasmas. El árbol que anda... El árbol que cuenta los años de cuatrocientos días por las lunas que ha visto, que ha visto muchas lunas, como todos los árboles, y que vino ya viejo del Lugar de la Abundancia. Al llenar la luna del Búho-Pescador (nombre de uno de los veinte meses del año de cuatrocientos días), el Maestro Almendro repartió el alma entre los caminos. Cuatro eran los caminos y se marcharon per opuestas direcciones hacia las cuatro extremidades del cielo. La negra extremidad: Noche sortílega. La verde extremidad: Tormenta primaveral. La roja extremidad: Guacamayo o éxtasis de trópico. La blanca extremidad: Promesa de tierras nuevas. Cuatro eran los caminos.
- ¡Caminín! ¡Caminito!... - dijo al Camino Blanco una paloma blanca, pero el Caminito Blanco no la oyó. Quería que le diera el alma del Maestro, que cura de sueños. Las palomas y los niños padecen de ese mal.
- ¡Caminin! ¡Caminito!... - dijo al Camino Rojo un coraz6n rojo; pero el Camino Rojo no lo oyó. Quería distraerlo para que olvidara el alma del Maestro. Los corazones, como los ladrones, no devuelven las cosas olvidadas.
- ¡Caminin! ¡Caminito!... - dijo al Camino Verde un emparrado verde, pero el Camine Verde no lo oyó. Quería que con el alma del Maestro le desquitase algo de su deuda de hojas y de sombra.
¿Cuántas lunas pasaron andando los caminos?
El más veloz, el Camino Negro, el camino al que ninguno habló en el camino, se detuvo en la ciudad, atravesó la plaza y en el barrio de los mecaderes, per un ratito de descanso, dio el alma del Maestro al Mercader de Joyas sin precio. Era la hora de los gatos blancos. Iban de un lado a otro. ¡Admiración de los resales! Las nubes parecían ropas en los tendederos del cielo. Al saber el Maestro lo que el Camino Negro había hecho, tomó naturaleza humana nuevamente, desnudándose de la forma vegetal en un riachuelo que nacía bajo la luna ruboroso come una flor de almendro, y encaminóse a la ciudad. Llegó al valle después de una jornada, en el primer dibujo de la tarde, a la hora en que volían los rebaños, conversando a los pastores, que contestaban monosilábicamente a sus preguntas, extrañados, come ante una aparición, de su túnica verde y su barba rosada.
En la ciudad se dirigió a Poniente. Hombres y mujeres rodeaban las pilas públicas. El agua sonaba a besos al ir llenando los cántaros. Y guiado por las sombras, en el barrio de los mercaderes encontró la parte de su alma vendida per el Camino Negro al Mercader de Joyas sin precio. La guardaba en el fondo de una caía de cristal con cerradores de oro. Sin perder tiempo se acercó al Mercader, que en un rinc6n fumaba, a ofrecerle per ella cien arrobas de perlas. El Mercader sonrió de la locura del Maestro. ¿Cien arrobas de perlas? ¡No, sus joyas no tenían precio!
El Maestro aumentó la oferta. Los mercaderes se niegan hasta llenar su tanto. Le daría esmeraldas, grandes come maíces, de cien en cien almudes, hasta formar un lago de esmeraldas. El Mercader sonrió de la locura del Maestro. ¿Un lago de esmeraldas? ¡No, sus joyas no tenían precio! Le daría amuletos, ojos de namik para llamar el agua, plumas contra la tempestad, mariguana para su tabaco...
El Mercader se negó.
¡Le daría piedras preciosas para construir, a medio lago de esmeraldas, un palacio de cuento! El Mercader se negó. Sus joyas no tenían precio, y, además ¿a qué seguir hablando? -, ese pedacito de alma lo quería para cambiarlo, en un mercado de esclavas, por la esclava más bella. Y todo fue inútil, inútil que el Maestro ofreciera y dijera, tanto como lo dijo, su deseo de recobrar el alma. Los mercaderes no tienen corazón. Una hebra de humo de tabaco separaba la realidad del sueño, los gatos negros de los gatos blancos y al Mercader del extraño comprador, que al salir sacudió sus sandalias en el quicio de la puerta. El polvo tiene maldición.
Después de un año de cuatrocientos días - sigue la leyenda - cruzaba los caminos de la cordillera el Mercader. Volvía de países lejanos, acompañado de la esclava comprada con el alma del Maestro, del pájaro flor, cuyo pico trocaba en jacintos las gotitas de miel, y de un séquito de treinta servidores montados.
- ¡No sabes - decía el Mercader a la esclava, arrendando su caballería- cómo vas a vivir en la ciudad! ¡Tu casa será un palacio y a tus órdenes estarán todos mis criados, yo el último, si así lo mandas tú!
- Allá - continuaba con la cara a mitad bañada per el sol - todo será tuyo. ¡Eres una joya, y yo soy el Mercader de Joyas sin precio! ¡Vales un pedacito de alma que no cambié por un lago de esmeraldas!... En una hamaca juntos veremos caer el sol y levantarse el día, sin hacer nada, oyendo los cuentos de una vieja mañosa que sabe mi destino. Mi destino, dice, está en los dedos de una mano gigante, y sabré el tuyo, si así lo pides tú. La esclava se volvía al paisaje de colores diluidos en azules que la distancia iba diluyendo a la vez. Los árboles tejían a los lados del camino una caprichosa decoración de güipil. Las aves daban la impresión de velar dormidas, sin alas, en la tranquilidad del cielo, y en el silencio de granito, el jadeo de las bestias, cuesta arriba, cobraba acento humano.
La esclava iba desnuda. Sobre sus senos, hasta sus piernas, rodaba su cabellera negra envuelta en un solo manojo, como una serpiente. El Mercader iba vestido de oro, abrigadas las espaldas con una manta de lana de chivo. Palúdico y enamorado, al frío de su enfermedad se unía el temblor de su corazón. Y los treinta servidores montados llegaban a la retina como las figuras de un sueño.
Repentinamente, aislados goterones rociaron el camino, percibiéndose muy lejos, en los abajaderos, el grito de los pastores que recogían los ganados, temerosos de la tempestad. Las cabalgaduras apuraron el paso para ganar un refugio, pero no tuvieron tiempo: tras los goterones, el viento azotó las nubes, violentando selvas hasta llegar al valle, que a la carrera se echaba encima las mantas mojadas de la bruma, y los primeros relámpagos iluminaron el paisaje, come los fogonazos de un fot6grafo loco que tomase instantáneas de tormenta.
Entre las caballerías que huían como asombros, rotas las riendas, ágiles las piernas, grifa la crin al viento y las orejas vueltas hacia atrás, un tropezón del caballo hizo rodar al Mercader al pie de un árbol, que, fulminado por el rayo en ese instante, le tomó con las raíces como una mano que recoge una piedra, y le arrojó al abismo.
En tanto, el Maestro Almendro, que se había quedado en la ciudad perdido, deambulaba como loco por las calles, asustando a los niños, recogiendo basuras y dirigiéndose de palabra a los asnos, a los bueyes y a los perros sin dueño, que para el formaban con el hombre la colecci6n de bestias de mirada triste.
- ¿Cuántas lunas pasaron andando los caminos?... - preguntaba de puerta en puerta a las gentes, que cerraban sin responderle, extrañadas, como ante una aparición, de su túnica verde y su barba rosada.
Y pasado mucho tiempo, interrogando a todos, se detuvo a la puerta del Mercader de Joyas sin precio a preguntar a la esclava, única sobreviviente de aquella tempestad:
- ¿Cuántas lunas pasaron andando los caminos?...
El sol, que iba sacando la cabeza de la camisa blanca del día, borraba en la puerta, claveteada de oro y plata, la espalda del Maestro, y la cara morena de la que era un pedacito de su alma, joya que no compró con un lago de esmeraldas.
- ¿Cuántas lunas pasaron andando los caminos!...
Entre los labios de la esclava se acurrucó la respuesta y endureció como sus dientes. El Maestro callaba con insistencia de piedra misteriosa. Llenaba la luna del Búho-Pescador. En silencio se lavaron la cara con los ojos, al mismo tiempo, como dos amantes que han estado ausentes y se encuentra de pronto.
La escena fue turbada por ruidos insolentes. Venían a prenderles en nombre de Dios y el Rey, por brujo a él y por endemoniada a ella. Entre cruces y espadas bajaron a la cárcel, el Maestro con la barba rosada y la túnica verde, y la esclava luciendo las carnes que de tan firmes parecían de oro.
Siete meses después, se les condenó a morir quemados en la Plaza Mayor. La víspera de la ejecución, el Maestro acercóse a la esclava y con la uña le tatuó un barquito en el brazo, diciéndola:
- Por virtud de este tatuaje. Tatuana, vas a huir siempre que te halles en peligro, como vas a huir hoy. Mi voluntad es que seas libre como mi pensamiento; traza este barquito en el muro, en el suelo, en el aire, donde quieras, cierra los ojos, entra en él y vete...
¡Vete, pues mi pensamiento es más fuerte que ídolo de barro amasado con cebollín!
¡Pues mi pensamiento es más dulce que la miel de las abejas que liban la flor del suquinay!
¡Pues mi pensamiento es el que se torna invisible!
Sin perder un segundo la Tatuana hizo lo que el Maestro dijo: trazó el barquito, cerró los ojos y entrando en él - el barquito se puso en movimiento-, escapó de la prisi6n y de la muerte.
Y a la mañana siguiente, la mañana de la ejecución, los alguaciles encontraron en la cárcel un árbol seco que tenia entre las ramas dos o tres florecitas de almendro, rosadas todavía.
