Siento que aunque estés lejos,
tu dolor es mi dolor,
tu miseria, la mía,
tu rabia contenida,
tu desbordada impotencia,
la de muchos que conozco bien.
Sí, ya lo sé. me podrás decir entonces,
palabras, sólo palabras para, tal vez,
tranquilizar tu ya podrida conciencia,
tus ya asqueados y putrefactos pensamientos,
tus agotados ya e inútiles argumentos
tu vergonzante e incomprensible inacción,
tu más que imperdonable parálisis permanente.
No. No tienes nada que ofrecerme. ¿Sólo palabras?
No, gracias. Ahórrate el tiempo si piensas, si sientes
que mi dolor es tu dolor.
Que mi miseria, la tuya.
Que mi rabia y mi impotencia la de muchos que dices conocer.
Y aunque yo vivo y muero en Islamabad, no olvides,
no olvides nunca que no sólo de palabras podemos sobrevivir en Islamabad.
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Canarias, España
