Fascículo #69
Creador@s somos tod@s

HISTORIAS DE PUEBLO: El hombre de la carretera trasandina

cuentos.s5.com

Versión en PDF

Obra cumbre del régimen de Gómez e inaugurada el 24 de julio de 1925, con una extensión de 1.295 km


Comenzaba a caer la tarde. Los rayos de sol se perdían entre nubes y montañas. La niebla empezaba a descender sobre el páramo de El Zumbador. Las casas, los árboles y las montañas, comenzaban a desdibujarse.

Don Cipriano calzó botas altas, se abrochó su ruana de lana y se puso el sombrero. Seguidamente montó su briosa mula y se dispuso a transitar por la Carretera Trasandina desde El Zumbador a Mesa de Aura. No gustaba de viajar de noche, pero si apuraba un poco el trote llegaría temprano a su hogar. A pesar de la niebla aún se veía la estrecha faja de la carretera. Comenzó el descenso.

Estaba llegando a El Palmar, cuando Recordó que en varias ocasiones había visto un hombre al borde de la carretera, pero nunca hizo caso; sin embargo las conversaciones de sus amigos referentes al hombre de la carretera lo hicieron reflexionar. No sabían de quien se trataba ni que hacía en las noches a un lado de la carretera. Posiblemente era un lugareño trasnochador que curioso veía pasar a los viajeros. Efectivamente, allí estaba el hombre a la derecha, debajo de un árbol. Vestía como los campesinos de la región y nada raro o al menos aparentemente mostraba su presencia. Don Cipriano acelera el trote y con un ¡Buenas noches nos dé Dios!, Murmurando entre dientes, se perdió en la lejanía.

Poco después toco a la puerta de una casa en Mesa de Aura.

- ¡Gente de paz! Abre hijo, soy yo. - Y al poco tiempo un joven con un candil descorriendo los cerrojos, abría la puerta.

-Entro en la caldeada cocina y poco después saboreaba una mazamorra de maíz con cuajada. Los alimentos y el calor del fogón le quitaron el frío. Se despojo de la ruana y converso con sus hijos. Intrigado dijo:

- ¿Saben una cosa?

- ¿Qué? - diga, padre.

- Hoy me tope de nuevo con el hombre de El Palmar. Me pareció más pálido y más misterioso que otras veces.

- Ese no es un hombre real, es un espanto. ¿No lo cree usted?

- Posiblemente, quizá donde él se aparece hay un entierro.

- Es posible.

-Él mas joven de los hijos dijo:

- ¿Y si vamos mañana cuando el sol caliente y buscamos el entierro?

- ¿Qué les parece?

- Si. - contestó otro.

- Bueno, mañana sabremos cuál es el misterio que encierra el hombre de El Palmar, ahora a dormir. ¡Dios me los bendiga!

- ¡Hasta mañana! ¡Que tengan feliz noche!

- ¡Hasta mañana, padre!

- A la mañana siguiente después de saborear una pizca con arepas de trigo, salieron en sus mulas don Cipriano y sus tres hijos. Llevaban en sus alforjas las herramientas necesarias para excavar. Llegaron a El Palmar cuando el sol empezaba a calentar. Buscaron el árbol donde solía aparecer el hombre y al hallarlo, en un rellano entre la carretera y el precipicio, comenzaron con las palas y los picos a excavar.

- Levantaron varios metros de tierra. De vez en cuando golpeaban con un barretón y escuchaban el sonido. Al cabo de varias horas de trabajo cuando ya parecía que su esfuerzo era inútil, tropezaron con una cosa dura a varios metros de profundidad. Sacaron más tierra y con cuidado fueron bordeando el objeto. Luego de un gran esfuerzo quedo al descubierto un enorme cofre de madera de roble. Emocionados descorrieron los herrumbrosos cerrojos, levantaron la tapa y dentro, estaba un bulto envuelto en paños amarillentos. El arca que estaba toda forrada de cobre se había conservado seca. Ninguno se atrevía a levantar los paños, hasta que don Cipriano dijo:

- Veamos su contenido. - Y acto seguido levantó uno de los paños.

- ¡Armas antiguas!

- ¡Son fusiles y mosquetones....!

- ¡Mosquetones.....! ¡Fusiles.....!

-Estas armas son antiquísimas, quizás las guardaron aquí en los primeros años de la independencia.

- Si, el hombre las cuidaba con celo.

- Dieron parte a las autoridades y el cofre y su contenido lo llevaron para un museo del centro. A partir de entonces no ha vuelto a ver al hombre de la Carretera Trasandina, ni aparecerse cerca del árbol.

 


FUENTE:
Cuento Tomado del Libro: "Leyendas del Táchira" de Lolita Robles de Mora
1983.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela en http://cuentos.s5.com/index.html


FOTO:
http://www.fpolar.org.ve/Encarte/Fasciculo18/fasc1808.html