Fascículo #69
Personaje

Biografía del personaje del quincenario

Gabriela Mistral: poetisa de Chile para todo el mundo

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Gabriela Mistral fue una importante diplomática y profesora chilena, pero más aún, fue una exquisita escritora que se destacó de forma especial en la literatura no sólo de su país natal sino del mundo. Fue la primera mujer latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura, en al año 1945. En 1947 recibió el Doctorado Honoris Causa del Mills College of Oakland, California, Estados Unidos, y en 1951 fue premiada con el Premio Nacional de Literatura de Chile. Su obra pasó a ser imperecedera, un patrimonio cultural para la humanidad.


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"Creo en mi corazón, el que yo exprimo para teñir el lienzo de la vida..."

Gabriela Mistral

Gabriela Mistral fue el pseudónimo de Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga con el cual pasó a la historia como escritora. Nació en la ciudad de Vicuña, Chile, el 7 de abril de 1889. Sus padres fueron Juan Jerónimo Godoy Villanueva, profesor, y Petronila Alcayaga Rojas, modista. Fue bautizada en la parroquia de Vicuña. Su padre ejercía como maestro en la escuela de La Unión (hoy Pisco Elqui).

En 1904, a la edad de 15 años, Lucila Godoy fue nombrada ayudante en la Escuela de La Compañía Baja. Ese mismo año comenzó a entregar sus colaboraciones al diario “El Coquimbo”.

Un año más tarde aparecieron sus primeros escritos en los periódicos “El Coquimbo” de La Serena y “La Voz de Elqui” de Vicuña. En 1908 se desempeñó como maestra en la localidad de La Cantera. Ese año figuró en la antología “Literatura Coquimbana” de Luis Carlos Soto Ayala, quien le dedicó un breve estudio y seleccionó tres de sus prosas poéticas: “Ensoñaciones”, “Junto al mar” y “Carta íntima”. El 23 de julio apareció publicada la poesía “Del pasado”, con la firma de Gabriela Mistral. Fueron estas publicaciones “un tanto paganas y algo socialistas”, según el capellán de la Escuela Normal de La Serena, las que le impidieron ingresar a este establecimiento y así obtener su título de preceptora.

Años más tarde rindió su examen, según se cuenta, parte en verso, en la Escuela Normal Nº 1 de Santiago donde se le reconocieron los estudios y conocimientos adquiridos en la práctica escolar. Así obtuvo el título de maestra primaria. Fue nombrada profesora en un modesto barrio, en el sector poniente de Santiago. Por ese tiempo el diario “El Coquimbo” publicó su trabajo “Ventajoso canje”, donde destaca la importancia de contar con una ley de instrucción primaria obligatoria, lo que demuestra el enorme interés de Gabriela por la educación de su país.

Residió en la localidad de Coquimbito, (Los Andes) donde escribió la mayoría de los poemas que dieron forma a su libro “Desolación”, obra que la proyectó como poeta de relevancia internacional. Desde esta localidad envió a Santiago sus famosos “Sonetos de la muerte” bajo el seudónimo de Gabriela Mistral y que el 22 de diciembre de 1914 obtuvieron la más alta distinción en los juegos florales, organizados por la Sociedad de Artistas y Compositores.

A partir de esos años comenzó a colaborar con un importante número de trabajos literarios en los libros de lectura del educador Manuel Guzmán Maturana. Pedro Aguirre Cerda la nombró profesora de Castellano y directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas, donde permaneció hasta 1919. En Punta Arenas puso término a su primer libro de poemas: “Desolación”. Su obra comenzó a ser reconocida a nivel internacional.

En 1920 fue trasladada a Temuco, con igual cargo. Allí conoció al joven Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda.

El 23 de junio de 1922, Gabriela Mistral viajó a México en el vapor “Orcoma”, acompañada de Laura Rodig como secretaria, aceptando la invitación del gobierno de México para colaborar en los planes de la reforma educacional y en la creación de bibliotecas populares. La invitación oficial le fue extendida a instancias del Ministro de Educación de México, el poeta José Vasconcelos. Este mismo año, y bajo los auspicios del director del Instituto de Las Españas de Nueva York, Federico de Onís, se publicó la primera edición de Desolación.

En 1923 apareció en México “Lecturas para mujeres”. En 1924 viajó por Estados Unidos y Europa. En España se publicó su segundo libro de poemas: “Ternura”. Gabriela regresó a Latinoamérica y se radicó algunos meses en Chile. En Vicuña, su ciudad natal, las autoridades de la época la declararon Hija Ilustre. En 1930 visitó los Estados Unidos. Allí dictó numerosas conferencias. Luego viajó a Centroamérica y ofreció conferencias y clases en Puerto Rico, Cuba y Panamá. En 1932 inició su carrera consular. Fue nombrada cónsul particular de libre elección. Comenzó en Génova, pero no ejerció su cargo al declarar su posición antifascista. En 1938 inició una nueva gira por América Latina. En Buenos Aires, y a instancias de su amiga la escritora argentina Victoria Ocampo, publicó su tercer libro: “Tala”. Regresó a Estados Unidos y se radicó un tiempo en Florida. Viajó a Nueva York como huésped de la Unión Panamericana.

En 1939 surgió el interés por su candidatura al Premio Nobel. Se prepararon traducciones de su obra.

Entre los años 1941 y 1945 se instaló en la ciudad de Petrópolis. Aquí se suicidaron sus grandes amigos el alemán Stefan Zweig y su esposa en 1942, y un año más tarde su sobrino Juan Miguel.

En 1945, estando en Petrópolis, Gabriela Mistral recibió la noticia de que le había sido otorgado el Premio Nobel de Literatura para ese año, en virtud a los méritos de la obra literaria y magisterial de toda una vida. El 18 de noviembre se embarcó con destino a Suecia para recibir el galardón. Hjalmar Gullberg, secretario de la Academia Sueca, en su discurso de entrega del premio, expresó: "Gabriela Mistral proyectó su amor maternal sobre los niños a los cuales instruía. Para ellos había escrito sus sencillas canciones y esas rondas reunidas en Madrid en 1924 bajo el título de Ternura. Contrastando con la patética emoción de Desolación, Tala expresa la calma cósmica que envuelve a la tierra sudamericana, cuyo aroma llega hasta nosotros. Henos aquí de nuevo en el huerto de la infancia, de nuevo los íntimos diálogos con la naturaleza y las cosas... Señora Gabriela Mistral: habéis hecho un viaje demasiado largo para un discurso tan corto... Para rendir homenaje a la rica literatura iberoamericana es que hoy nos dirigimos muy especialmente a su reina, la poetisa de Desolación, que se ha convertido en la grande cantadora de la misericordia y la maternidad".


Regresó a Estados Unidos donde recibió numerosos honores; pronto se embarca en Nueva York rumbo a Nápoles. En 1951, en Chile se le otorga el Premio Nacional de Literatura.

En Chile, en 1954, la Editorial Del Pacífico publicó su cuarto libro: “Lagar”. Luego de una prolongada enfermedad, en el hospital de Hemsptead, Nueva York, falleció el 10 de enero de 1957. Póstumamente aparecieron sus libros de poemas: “Motivos de San Francisco” en 1965; “Poema de Chile” en 1967 y “Lagar II”, entre otros.

De su poesía se puede decir, coincidiendo con lo que expresara Gastón von dem Bussche, que es una búsqueda de la dimensión “total” de cuanto canta. Las experiencias básicas que la provocan: el sentimiento del amor, la significación del mundo y sus elementos, el sentimiento de la muerte, persiguen indudablemente a través de las vivencias temporales la sensación de la eternidad. O como le señaló magistralmente Federico de Onís “El sentimiento cardinal de la poesía de Gabriela Mistral es un anhelo religioso de eternidad”.

El fondo documental de Gabriela Mistral más importante de Chile se encuentra en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional. Compuesto por 562 piezas, incluye manuscritos de poesía y prosa, cuadernos, libretas de apuntes y cartas.

Su casa natal
Obras

Desolación (1922)
Lecturas para mujeres (1923)
Ternura (1924)
Nubes blancas y breve descripción de Chile (1934)
Tala (1938)
Lagar (1954)
Recados contando a Chile (1957)
Poema de Chile (1967, edición póstuma)

Algo de su poesía

¿En dónde tejemos la ronda?

¿En dónde tejemos la ronda?
¿La haremos a orillas del mar?
El mar danzará con mil olas
haciendo una trenza de azahar.
¿La haremos al pie de los montes?
El monte nos va a contestar.
¡Será cual si todas quisiesen,
las piedras del mundo, cantar!
¿La haremos, mejor, en el bosque?
La voz y la voz va a trenzar,
y cantos de niños y de aves
se irán en el viento a besar.
¡Haremos la ronda infinita!
¡La iremos al bosque a trenzar,
la haremos al pie de los montes
y en todas las playas del mar!


El mar

-Mentaste, Gabriela, el Mar
que no se aprende sin verlo
y esto de no saber de él
y oírmelo sólo en cuento,
esto, mama, ya duraba
no sé contar cuánto tiempo.
Y así de golpe y porrazo,
él, en brujo marrullero,
cuando ya ni hablábamos de él,
apareció en loco suelto.
Y ahora va a ser el único:
Ni viñas ni olor de pueblos,
ni huertas ni araucarias,
sólo el gran aventurero.
Déjame, mama, tenderme,
para, para, que estoy viéndolo.
¡Qué cosa bruja, la mama!
y hace señas entendiendo.
Nada como ése yo he visto.
Para, mama, te lo ruego.
¿Por qué nada me dijiste
ni dices? Ay, dime, ¿es cuento?
-Nadie nos llamó de tierra
adentro: sólo éste llama.
-¡Qué de alboroto y de gritos
que haces volar las bandadas!
Calla, quédate, quedemos,
échate en la arena, mama.
Yo no te voy a estropear
la fiesta, pero oye y calla.
¡Ay, qué feo que era el polvo,
y la duna qué agraciada!
-Échate y calla, chiquito,
míralo sin dar palabra.
Óyele él habla bajito,
casi casi cuchicheo.
-Pero, ¿qué tiene, ay, qué tiene
que da gusto y que da miedo?
Dan ganas de palmotearlo
braceando de aguas adentro
y apenas abro mis brazos
me escupe la ola en el pecho.
Es porque el pícaro sabe
que yo nunca fui costero.
O es que los escupe a todos
y es Demonio. Dilo luego.
Ay, mama, no lo vi nunca
y, aunque me está dando miedo,
ahora de oírlo y verlo,
me dan ganas de quedarme
con él, a pesar del miedo,
con él, nada más, con él,
ni con gentes ni con pueblos.
Ay, no te vayas ahora,
mama, que con él no puedo.
Antes que llegue, ya escupe
con sus huiros el soberbio.
-Primero, óyelo cantar
y no te cuentes el tiempo.
Déjalo así, que él se diga
y se diga como un cuento.
Él es tantas cosas que
ataranta a niño y viejo.
Hasta es la canción de cuna
mejor que a los niños duerme.
Pero yo no me la tuve,
tú tampoco, mi pequeño.
Míralo, óyelo y verás:
sigue contando su cuento.


Algo de su prosa

El alma en la artesanía

Pertuir, agosto de 1927.

Yo he buscado durante estos dos años las lecturas populares de Francia, Bélgica y Suiza, a la vez que he andado mirando los oficios, revistas y libros destinados a los obreros. (Porque lo que yo admiro y amo en Francia y Bélgica es el artesano, estimándole a Suiza el campesino sobre el artesano).

Pero en toda esta literatura para obreros yo no he tenido la suerte de encontrar sino páginas mediocres a lo Marden, tontamente exitistas, espolonazos para hacer buen mercado y disfrutar la buena paga.

Excepción hecha de un Pierre Hamp, con su serie formidable de novelas que él llama "El trabajo de los hombres", y de algunos acápites del admirable ensayista Alain, el resto es absolutamente inferior.

Algunas son páginas de maestros de escuelas con buena voluntad tan insulsas como lo que casi siempre hemos escrito los del gremio didáctico; las restantes más decorosas, hablan del oficio en pura atingencia física donde el alma y la emoción sobran y cualquier desembocadura del espíritu en lo que las manos hacen, es imposible.

¿Fue siempre el obrero una máquina desgraciada de cortar suelas de zapatos? ¿Entonces resulta pura fantasmagoría y pujo sentimental, el comentario que un Ruskin y otros han escrito sobre la artesanía, atribuyendo al autor del objeto hermoso alguna conciencia dichosa de lo que hace, algún gozo separado del salario, en su éxito sobre el cuero y la madera? ¿El trabajo manual sería, como afirmamos algunos de los vanidosos que garrapateamos sobre el papel, ejercicio corporal absoluto, como el del mulo en la noria, sin ninguna complicidad con el espíritu y el artesanato no tendría sino dos tramos de delicadeza sobre el aseo de las alcantarillas? Ruskin, la más noble mente que se ha ocupado del trabajo, interpretó este grande asunto de manera bien diferente. A mí se me vuelve absurdo que durante seis, ocho o doce horas el hombre pueda vivir sin una rizadura sobrenatural, con el alma colgada en un saco del que no la tomaría sino al caer el sol.

-El alma es incómoda para el peón y aun -me decía un amigo- para el artesano. ¿Qué haría con ella en algunas faenas que son inmundas, si hasta le estorban el olfato y el tacto?

-Pero el alma -le contestaba yo- no se cierra como una llave de agua, ni se la despide para trabajar como a una suegra molesta. Sólo porque ella está entrabada prodigiosamente con cuanto hacemos -hermosura o inmundicia- el trabajo es un asunto importante. A causa de que hoy formamos obreros a base de pura destreza de la mano o agilidad de los lomos, la artesanía, de la cosa digna que fue en la Edad Media, quiere acabar en una estúpida cuadrilla de caballos diestros. Por hacer del obrero una tuerca sobre una tuerca se ha caído en la división, a veces infame y a veces estúpida, de los trabajadores en manuales e intelectuales.

-¿Cómo puede el obrero que posee alguna religiosidad conformarse con dejar afuera de su trabajo su imaginación, sus amores, su moral, las excelencias de sí mismo? No lo hacía así en la Edad Media (la Edad de las Tinieblas que siguen diciendo algunos profesores zurdos) y porque el espolón de su alma atravesaba su obra, porque trabajaba en cristiano, asistido de sus imágenes piadosas, de su suavidad y de su ardor religiosos, él pudo hallar las piedras y hacer la vidriería y la ebanistería estupendas que los obreros de este tiempo copian y copian todavía. Y si el obrero pagano hizo también objetos para todas las generaciones, fue porque trabajó como el otro, incorporando a sus materiales su superstición, que era su religión. El vaso etrusco con su franja de trabajos de Hércules o de chacotas de Venus, fue obra religiosa a su manera, pero religiosa al cabo.

Todavía los pobres marroquíes y los chinos mantienen el concepto del trabajo antiguo. En la Marsella semi-africana me doy largamente el gusto de ir a sus mercados, y recuperar por una hora siquiera, la actividad manual no barbarizada, el trabajo verdaderamente culto (¡oh, Massis, desdeñador banal del Asia religiosa!) en el que el alma aparece como socia y la pasión, de visible casi se palpa.

Si en ningún libro europeo de lectura para obreros yo he encontrado una sola página en que el trabajo sea sentido e indicado -como presión del espíritu en las palmas de las manos, he vuelto a gozar, en cambio, en un libro de Khalil Gibran, el oriental de New York, el trozo que copio:
"¿Y qué es trabajar con amor?

"Es tejer la tela con hilos sacados de nuestro corazón, como si vuestra amada debiera cubrirse con esa tela".

"Es construir una casa con amor, como si vuestra amada debiera habitar esa casa".

"Es sembrar con ternura v cosechar con gozo como si vuestro amado debiera comer esos frutos".

"Es infundir en cada cosa que hagáis un soplo de vuestro propio espíritu y saber que todos los muertos benditos están en torno vuestro y os miran".

"A menudo os he oído decir como quien habla en el sueño ¿"El que trabaja el mármol y encuentra la forma de su alma en la piedra, es más noble que el que trabaja, la gleba".

"Y aquel que coge el arco iris y lo extiende sobre la tela en la imagen del hombre, es más grande que el que trabaja las sandalias para nuestros pies".

"Pero yo os digo no en el sueño, sino en el mediodía, despierto, que el viento no habla más dulcemente a la encina gigante que a la más pequeña brizna de hierba; y que sólo es grande el que vuelve la voz del viento una canción más dulce con la fuerza de su amor".

"El trabajo es el amor vuelto visible. Si trabajáis con aversión y no sabéis trabajar con amor, dejad vuestra labor e id a sentaros a las puertas del templo para recibir la limosna de los que trabajan con amor".

"Porque si hacéis el pan con indiferencia hacéis un pan amargo que no apacigua sino a medias el hambre del hombre y si os contraría la exprimidura del racimo, vuestra contrariedad destila en el vino un veneno".

"Y si cantáis como los ángeles y no amáis el canto, cerráis los oídos de los hombres a las voces del día y a las voces de la noche".

Esto era lo que yo buscaba. Tenía que ser un escritor con resabio asiático el que, metido en su infierno de manufactura moderna, recordase el concepto religioso del trabajo y escribiese esto para corregir a los bárbaros verdaderos su concepto animal de las artesanías actuales.

Para uno, para tres obreros de mi tierra siquiera, yo he copiado estas palabras que se quiebran en resplandores.

Fuentes:

http://www.memoriachilena.cl/mchilena01/temas/index.asp?id_ut=gabrielamistral(1889-1957)
http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriela_Mistral
http://www.gabrielamistral.uchile.cl/index.html
http://www.geocities.com/Paris/Arc/9906/gabrielag.htm

Comentarios

JOSÉ CELESTINO FLORES G..

Cumaná, Sucre, Venezuela...

Gabriela Mistral, la gran Gabriela es gloria indiscutible de las letras castellanas en América..., reina de la ternura en sus poemas. Veamos dos estrofas de la Canción de las Mazorcas: "Las mazorcas de maíz/ a niñitos se parecen:/ cuatro meses en los tallos/ bien prendidas que se mecen"...."Tienen un velito de oro/ como de recien nacido/ y unas hojas duras, duras, / que sus tallos han vestido". Esta canción forma parte del trabajo Recreaciones educativas para la Escuela Primaria venezolasna, edición del Ministerio de Educación, marzo de 1964: Libro Auxiliar para los Maestros. Como destacado material educativo se ha dejado de usar como en el ámbito pedagógico. La revolución bolivariana debería acometer una tarea de rescate de este material como e reafirmación de nuestra grandeza autóctona.

31 de agosto de 2007

Paola Rodriguez

venezuela

interesante

30 de agosto de 2007

Graciela X,

Venezuela-Maracaibo

Como Institución estrechamente ligada a la poesía he recibido la publicación de este excelente trabajo sobre Gabriela Mistral con regocijo, lo imprimiré y divulgaré para enriquecer nuestros archi- vos y biblioteca, Gracias por el aporte

29 de agosto de 2007

YOLY MARTINEZ

VENEZUELA

MAS QUE UNA ESCRITORA GABRIELA MISTRAL ES AMANTE DE LA HUMANIDAD ESPECIALMENTE LOS NIÑOS. SUS SAVIA LITERARIA ES FUENTE INAGOTABLE Y SU VERDAD LA VIDA.

28 de agosto de 2007

Jorge Medina

Valparaíso/Chile

Extraño la ausencia de algunas facetas de Gabriela: su solidaridad con Sandino, por ejemplo. Porque no sólo fue poetisa y abnegada profesora, como han deseado reducirla. También tuvo y expresó una clara postura política progresista .

24 de agosto de 2007

beaute.

Ecuador

De un Amigo de Montreal..... Ya lei su Libro'Damia........Bueno Un Abazoooo Leandro..

22 de agosto de 2007

Silvia B. de Marenco

Barranquilla, Colombia

Soy docente universitria y conozco sus obras.El trabajador tiene derecho a conocer los medios que lo capacitan para engrandecer su vida espiritual, su conciencia.Gracias por el artículo sobre nuestra gran poetisa y humanista latinoamericana.

15 de agosto de 2007

Tania Nesterovsky

Montreal, Canadá

Gabriela Mistral, digna representante de las letras americanas dijo: América y sólo América! que embriaguéz semejante futuro, que hermosura, que reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores. Cuanta verdad en sus palabras!

14 de agosto de 2007