Fascículo #83
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Estos son los pemones, un pueblo de la gran familia venezolana.. ¿Los conocemos?

Dora Andrade

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El pemón es el pueblo indígena que se encuentra en el sureste del Estado Bolívar y las zonas adyacentes de Guayana y Brasil. Son los habitantes autóctonos de la Gran Sabana. La mayor parte de ellos ocupa las áreas de la sabana y sólo una pequeña fracción reside en las zonas boscosas.


La ocupación por parte de los pemones de la tierra que hoy habitan hasta donde se sabe, reside en el área desde antes de la llegada de los primeros misioneros españoles al sur del Estado Bolívar en el siglo XVII (Thomas, 1980). Asentados actualmente en pequeños poblados permanentes de 100 a 1000 personas, dependen para su subsistencia de la cacería, pesca, agricultura de conucos, recolección y más recientemente del turísmo y la minería a pequeña escala. Parece que la ocupación de los ríos Oris y Bajo Paragua tuvo lugar a principios de este siglo, mientras de la ocupación de los ríos Karúm y Antabari fue durante el siglo XVIII.

A lo largo del siglo XVIII, los contactos entre los españoles y los pemones, especialmente en la cuenca del río Paragua, eran intermitentes y muchas veces violentos. También había enfrentamientos armados entre las tribus vecinas, pero enfrentamientos siempre para defender su soberanía contra los verdaderos enemigos, los extranjeros. La violencia cesó para comienzos del siglo XIX. Hoy en día no existe entre los pemones estructura alguna que indique que permanece algún tipo de organización guerrerista.

En su propia lengua
 Pemón significa gente. Su filiación lingüística es caribe. Están conformados por las familias dialectales indígenas arekunas, kumarakotos y taurepanes. Los taurepanes están al sur (Santa Elena de Uairén), los arekunas en el centro (Kavanayen) y los kamarakotos en el moreste (Kamarata y Urián). Los matrimonios entre miembros de estos tres grupos dialectales son frecuentes.

Sus vecinos ubicados al Oeste son los yekuana (makiritare, hombres de río) en los ríos Cuntidamo, Padamo Cunucunuma, Ventuari, Caura, Erebato y Piragua. Al Este se encuentran los kapón (akawaio, potonoma) y al Sur los makushi quienes también se denominan a sí mismos pemones), todos ellos del habla caribe.

Los pemones tienen designaciones propias para los foráneos. En general, un extranjero es un tupokén (hombre con ropas), distinguiendo entre karaivas (brasileños), spanyoro (español, venezolano), megoro (negro guayanés), ingleshponn (blanco guayanés) y aparanaquire para los holandeses de Sirunam.

Con respecto a su estructura social, son un grupo de fuertes tradiciones habitacionales. La tribu está constituida por pequeños grupos de vecinos. Hay un capitán (teberu) (o cacique de un sentido muy relajado), líder local con poderes muy limitados. Se le considera como una persona más pero algo destacada. Arbitra las escasas diferencias que pueden surgir entre los habitantes del asentamiento; representa a la tribu en las negociaciones con otras o con los criollos. En sus arbitrios aconseja, pero no determina cuál debería ser la solución. Todo esto refleja que la naturaleza social pemona es altamente democrática, equitativa y muy cooperativista. Hoy en día se han perdido todos los ritos relativos al ciclo vital (nacimiento, pubertad y muerte), siendo el “bautismo” la única forma de gran celebración ritual. El matrimonio es la clave de la organización social del pemón. Generalmente se realiza entre personas de edad muy similares (no más de cinco años de diferencia), donde el hombre es usualmente mayor.
Cuando hay diferencias de edades significativas se debe, generalmente, a que se trata de segundas nupcias. El divorcio existe y se acepta como algo normal. A través del matrimonio es celebrado un tipo de ritual en donde el futuro yerno solicita el permiso de casarse al futuro suegro y, una vez que lo concede, el joven se muda a la casa de aquél con su chinchorro; sin embargo, el matrimonio no se considera completamente consolidado sino hasta después del nacimiento del primer hijo. El matrimonio se concibe como una unión mutuamente beneficiosa para ambos cónyuges en donde se establecen fuertes nexos de cooperación, de intercambio y cuantiosos beneficios mutuos familiares y extra grupales.

Los pemones han sido “obligados” a conocer la cultura occidental desde hace siglos, lo que ha producido un desgaste de su propio mundo, de su idiosincrasia, una disminución en la transmisión de su cultura de generación a generación, de sus creencias y de su autoestima étnica. Sin embargo desde hace ya varias décadas, se ha intentado suministrarles una educación formal (criolla-occidental), con la que puedan ellos integrarse al mundo de forma intercultural y bilingüe, es decir, sin perder sus raíces…. Pero ¿es posible que ingresen al mundo occidental sin perder sus costumbres y tradiciones? Hemos llegado a tal punto que, en noviembre de 1991, se observó en el campamento pemón de kayak, unos niños que estudiaban inglés para entender y negociar con los turistas extranjeros, bajo la tutoría de un pemón que vivió en Guayana.

En relación con la densidad y la distribución de los originarios pueblos venezolanos, a continuación presentamos el realizado en el año 1982. Dicho censo arrojó la cifra de 11.464 pemones. Si bien es posible que éste tuviese subestimaciones, los especialistas están de acuerdo en que se trata de una etnia en expansión demográfica.


CENSO INDÍGENA1982 (Estado Bolívar)
Akawaio473
Baniva45
Guajibo653
Hoti178
Kariña1.915
Panare2.264
Pemón11.464
Piapoco2
Piaroa1.370
Senema1.766
Warao1
Yaruro22
Yekuana1.284
Otros217
No especificados3
No indígenas123


Total21.780

 

Esta expansión tiene dos razones: por un lado, la asistencia médica que comenzó a aplicarse en la década de 1950 aunada a una alta tasa de fertilidad absoluta (7,37 nacimiento vivos por mujer), fertilidad que se ha mantenimiento constante desde los primeros estudios que se hicieron al respecto a principios de siglo. La mayor parte de los partos ocurren entre los 10 y 29 años de edad.

Pero tambien existe cierto flujo migratorio de hombres y mujeres a Ciudad Bolívar para trabajar como obreros no calificados y mujeres de servicio, respectivamente. Las mujeres tienen una tendencia mayor que les hombres a migrar fuera del territorio tribal. Se calcula que cerca del 40% de los pemones son taurepanes, un 35% arekunas y un 25% kamarakotos.

Los pemones se suelen agrupar en núcleos de 7 a 50 personas distribuidos en unos seis grupos habitacionales como máximo. Usualmente cada asentamiento está constituido por personas entre las cuales existe algún vínculo familiar.

Generalmente se ubica en las sabanas cerca de cuerpos de agua. Su subsistencia se basa en la horticultura de tala y quema. El alimento principal es la yuca amarga, de la que cultivan hasta 10 variedades, ají y aurosa. Ya no cultivan el tabaco al poderlo consumir en forma de cigarrillos

manufacturados industrialmente. 
La tala y la quema para la reparación de un conuco se realizan de manera tradicional cortando el monte con machete y los árboles con hacha. La quema tiene lugar un mes después de la tala y suele durar y uno o dos meses. Estas operaciones tienen lugar en el intervalo semiseco de mediados de agosto a mediados de octubre, pero no son infrecuentes durante la estación seca. Los conucos son raramente productivos más allá de dos meses consecutivos. 
La pesca constituye la principal fuente de proteína animal entre los pemones. Consumen unas 24 especies de peces distintas y para su captura utilizan el barbasco (inek). El barbasco es una planta que machacan aguas arriba para extraer su veneno mientras que las mujeres y los niños esperan aguas abajo con redes para recoger los peces que mueren asfixiados por la toxina de esta planta. En los ríos más grandes los hombres pescan con anzuelo y nylon. 
La caza fue siempre una actividad menor entre los pemones hasta que aproximadamente desde 1945 comenzó una masiva introducción de armas de fuego desde España y Brasil, junto al uso indiscriminado de perros, por causa de cacería de dantas, venados, báquiros, lapas, picures, paujíes (Crac alector, Pauxi pauxi), pavas (Penélope purpurascens), gallinas de monte (Tinamus major) y tortugas, incrementado la devastación y la extinción de muchas especies de animales de nuestra tierra. No hay evidencia de que consuman cachicamos gigantes, osos hormigueros, zorros, monos, perezas, felinos, zamuros, gavilanes o aves sabaneras de pequeños tamaño.

Las viviendas pemones pueden ser de tres tipos: oblongas o elípticas, redondas y cuadradas. Probablemente las dos primeras son las originales, mientras que la arquitectura cuadrada fue introducida por los misioneros. Sus materiales de construcción están conformados por dos tipos: las de la sabana con paredes de barro y las adyacentes a los ríos con paredes de corteza de árboles o de paja. En ambos casos utilizan hojas de palma para los techos. Recientemente, se ha introducido la división interna de estas construcciones con la utilización de paredes de barro. Los chinchorros se cuelgan de las vigas de los techos. Entre los artículos manufacturados se encuentran la cestería (bandejas de fibra, cestas, esteras, morrales y el sebucán o exprimidor de yuca); los objetos de alfarería que incluyen ollas de diferentes formas y tamaños; los objetos de madera como cañas de pescar, bateas, arcos flechas y banquitos. También encontramos tejidos como chinchorros y porta infantes hechos todos de algodón.

Asimismo, cultivan la calabaza para utilizarla como recipientes de agua y bebidas. La vestimenta original era un guayuco, el cual ha sido totalmente reemplazado hoy en día por ropa criolla-occidental. Sólo los indígenas que acompañan a los turistas, como los del campamento kayak, se los colocan con el fin de impresionar a los visitantes. Si bien los pemones solían manufacturar curiaras de un solo tronco, esta costumbre parece que se ha ido perdiendo al comprarlas directamente de los yekuana o bien adquiriendo curiaras que les venden los criollos.

En cuanto a su religión, para los pemones las personas tienen cinco almas (unas mejores que otras) sin forma corpórea, aunque después de morir generalmente se transforman en aves de rapiña. Todas las plantas y animales tienen alma, lo que produce un sentimiento de profundo respeto hacia la naturaleza. No así las piedras, las cuales son sitios de habitación para espíritus malos. 
La noción de kanaima o espíritus del mal es muy poderosa en la cultura del pemón.

Las curas las realiza el shamán, y sus poderes curativos dependen del poder de su alma asistida por espíritus auxiliadores. Tienen un gran conocimiento acerca del uso medicinal de las plantas. El acto de curación implica que el shamán entre en trance. Realiza sus ritos por las noches y pueden durar varias noches. El shamán es recompensado si se considera que realmente sus ritos ayudaron. En épocas pasadas el shamán podía ser castigado (azotado y muerto) si fallaba, por lo que eran muy cuidadosos en los casos que escogían. Algunos de ellos pueden amenazar con la privación de la salud llegando a abusar de ese poder para conseguir varias esposas. Aun así no ejercen poder político directo.


En los pemones hay varias historias que explican el origen de las cosas y del mundo-universo. Son pilares que sostienen su cultura, regenerándose cortantemente. Entre 1870 y 1880 se extendió la

“aleluya”, región sincrética formada por una mezcla de creencias shamantistas, caribes y anglicanas. Esta religión gira alrededor de revelaciones y se originó con un profeta Makushi (Bichiwung). Los profetas del aleluya. Además de exhortar a sus seguidores y adoptar sus revelaciones, también los compelían a rechazar al hombre blanco, por el que sentían admiración por su propiedad material y, a la vez, un rechazo a su intromisión en la forma de la vida indígena.

Fuente:http://www.lagransabana-venezuela.com