Biografía del personaje del quincenario

No se conoce la fecha de nacimiento de este caudillo mapuche, sin embargo se sabe que, en 1546 Levtraru o Leftrarü, hijo del Lonco (cacique), de la zona llamado Curiñancu, fue capturado, cuando contaba con 11 años de edad, por las huestes de Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, en las inmediaciones de la ciudad de Concepción (Actual Penco). Seis años duró su condición de yanacona, en los que llegó a ser paje personal de Valdivia. Como era difícil para los españoles pronunciar su nombre original, se le dio el nombre de Felipe Lautaro, para quedar, finalmente, como Lautaro. Entre otras tareas, su condición de paje le obligaba a cuidar de los caballos de Valdivia, ayudarlo a montar, limpiar y reparar sus armas y acompañarlo en las batallas y ejercicios militares. No tardó mucho en descubrir que hombre y caballo eran dos seres independientes y que, un español sin armadura, no valía más que un guerrero y, en lo que a moral se refiere, muchísimo menos.
Con apenas 14 años, durante las batallas de Andalién y Penco, fue testigo de excepción de las crueldades y excesos a que fueron sometidos sus hermanos de raza luego de las derrotas inflingidas por los bien apertrechados españoles. Decepcionado de sus patrones y especialmente de Valdivia, al cual reverenciaba, huyó llevándose su caballo. Éstos no hicieron mayor escándalo por la fuga de un simple paje, algo que se había vuelto habitual en los trasiegos de la conquista. Según se cuenta en el poema épico La Araucana, Lautaro se presentó ante los sorprendidos caciques presididos por Colo Colo y alguno de sus "capitanes": Paicaví, Lemo-Lemo, Lincoyán, Tucapel y Elicura. Ya vencidos los naturales recelos, demostró resueltamente sus naturales dotes de líder, le enseñó a su gente a perder el miedo a las cabalgaduras, aprendieron a montar y a apreciar el caballo como una eficaz arma de combate. Convocó a reuniones a campo abierto, les enseñó las artes militares y el uso de armas nuevas. Fue nombrado Toki.
Conociendo profundamente al conquistador, sabía de sus debilidades y fortalezas. Dedujo, acertadamente, que su debilidad residía en su reducido número, pero que nunca podría ser vencido con los sistemas tradicionales de los guerreros mapuches. Habiéndose ganado no solo la confianza de los caciques, sino también su respeto como estratega, se dedicó a adiestrar a sus huestes, les enseñó la manera de combatir en escuadrones, de realizar una buena emboscada, la táctica de los anillos concéntricos, a elegir el terreno antes de presentar batalla, el ataque en oleadas sucesivas y la retirada oportuna enmascarando nuevos ataques. Se le considera el creador de la guerra de guerrillas. También organizó un “servicio de inteligencia” aprovechando el desdén del conquistador por las mujeres, ancianos y niños. Se valió de métodos tan novedosos como someter a sus agentes a días de oscuridad para que se convirtieran en espías nocturnos, fingir estar borrachos, no entender el castellano y difundir datos errados para desorientar al enemigo.
Con todo este haber, inició una gran sublevación que abarcó desde el río Valdivia hasta el Bío-Bío, zona, esta última, que, hasta hoy, se conoce como La Frontera.
Con sus tropas perfectamente adiestradas y un servicio de inteligencia que lo mantiene informado de todos los pasos de los españoles, inicia una serie de ataque a fuertes y poblados, a los cuales aplica la política de tierra arrasada. El malón se vuelve moneda corriente en la Frontera y obliga a Valdivia a efectuar una incursión en ese sur complicado y levantisco que no se somete a las leyes de la Corona. La crónica es escueta pero contundente: El día de Navidad de ese año, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones le extraña el silencio absoluto reinante. Al arribar a la loma donde está el fuerte de Tucapel, lo encuentra totalmente destruido. No aparecían ni Gómez de Almagro ni Bobadilla por ningún lado. Valdivia aun así, decide seguir y hacer campamento en las ruinas humeantes de la ciudadela. Apenas se habían puesto en marcha los preparativos, de súbito el bosque se llenó de chivateos y, sin más aviso, una masa se precipitó hacia el enclave español.
El propio Lautaro es quien captura a su antiguo patrón, empantanado su caballo en las prisas de la huída. Valdivia es ejecutado por el cacique Leucotón quien, con la macana, le propina un fuerte mazazo en la nuca. Una muerte mucho más piadosa que la que él y sus gentes dispensaban a sus prisioneros.
Envalentados por la victoria de Tucapel, los mapuches sitian la capital del Bio-Bio arrasando los alrededores y quedándose con el ganado, las cosechas y las cautivas. Francisco de Villagra, sucesor de Valdivia, decide enfrentar a los mapuches oponiéndoles todo el poder de que disponía: 370 soldados, 2.000 yanaconas, 6 culebrinas, además de mantas de madera para protegerse de lanzas y flechas. Sale de Concepción rumbo al sur. Lautaro echa mano a todos sus recursos y, en oleadas sucesivas, desmontadas del enemigo a golpe de boleadoras y macanazos y tropas siempre frescas, logra el control de la batalla llegando a bajar del caballo al propio Francisco de Villagra quien es rescatado a duras penas por sus soldados, no sin antes quedar seriamente magullado.
A costa de mucho trabajo lograron quitarles su preciada presa a los indígenas no sin antes quedar bien aturdido por los incontables golpes de maza que le propinaron los mapuches, dejándole su armadura toda abollada. Pasada las 4 de la tarde aun se bregaba la batalla y los españoles empezaron a mostrar pánico. En una arremetida mapuche lograron capturar las piezas de artillería matando a todos sus sirvientes. Entonces Villagra dio por perdida la batalla y resolvió la retirada, pero para su estupor, los mapuches habían cortado el camino dejando sólo una senda que conducía al precipicio. Muchos tomaron la senda y perecieron a golpe de una maza o despeñados.
Villagra logró perforar una salida en la emboscada y por ahí se salvaron apenas 66 soldados y algunos cientos de yanaconas, habían quedado 88 castellanos en poder de las eufóricas huestes mapuches, además se había perdido la artillería completa más bagaje y cabalgaduras. La figura de Lautaro como líder militar estaba consolidada.
El pánico hizo que toda la región de La Frontera prácticamente se despoblara. Sin embargo el instinto atávico del saqueo hizo que los mapuches desperdiciaran la ocasión de acabar con todo intento de conquista por parte de los españoles.
A Lautaro le fue imposible convencer a sus huestes de volver a la guerra dedicándose, éstas a desvalijar Concepción y reducirla escombros. Santiago se sobrepobló haciéndose difícil la convivencia y el sostenimiento de esa masa que conformaban habitantes y refugiados. Comenzó la presión de los primeros para que estos últimos regresaran a sus tierras.
En el pueblo mapuche la guerra también comenzó a hacer mella. Ese año no hubo cosechas y el fantasma del hambre se hizo presente. Las enfermedades, desconocidas para los nativos y por ende, letales, comenzaron a socavar la fortaleza física de los guerreros, diezmados por las venéreas, la gripe y, especialmente, por el tifus. Sin embargo se dieron maña para despoblar y luego destruir Angol, despoblar Imperial y vencer a los españoles a las puertas de Concepción la cual quedó nuevamente sin habitantes. Dos años estuvo La Frontera sin la presencia española. Pero la sequía, el hambre y el tifus lograron lo que el conquistador no pudo.
Aun así, a pesar de la hambruna y las enfermedades, logró reunir más de 2.000 guerreros cruzando por primera vez el Bío-Bío y seguir rumbo al norte. En su marcha fue reclutando gente entre los picunches, gente pacífica poco dada a los mesteres de la guerra. Si a ello se agrega que Lautaro mantenía una rígida disciplina entre sus hombres pero, a su vez, dejaba que cometieran toda clase de tropelías cuando esas comunidades indígenas no se enrolaban en sus huestes, tenemos una fuerza doblemente debilitada por lo raleado de sus tropas y la reticencia, cuando no el rencor, de los picunches y grupos tributarios. Aun así los mapuches lograron sendas victorias en el pucará de Peteroa y en el cruce del río Itata en los cuales se utilizó, por primera vez, la caballería armada como lanceros, destrozando los esquemas tácticos del conquistador.
Pedro de Villagra, primo de don Francisco de Villagra, inició una campaña reuniendo 50 jinetes, doce arcabuceros y 300 yanaconas. Supo que Lautaro tenía cuartel en un pucará situado en Peteroa y pronto estuvo en las inmediaciones del fortín mapuche. Lautaro lo atacó por la retaguardia, haciendo uso de la caballería indígena y haciendo que Pedro de Villagra y sus tropas se replegaran hacia un valle encajonado mientras, desesperado, enviaba emisarios a Santiago solicitando refuerzos. En el camino se encontraron con Diego Godinez que traía 30 jinetes los cuales por casualidad se toparon con 180 mapuches que iban camino a reunirse con su caudillo. Se trabó una furiosa batalla donde Godinez quedó tan mal herido que tuvo que retirarse.
Mientras tanto Lautaro cruzó el río Itata y reagrupó sus fuerzas en la orilla norte del río. Allí armó campamento a la espera de los acontecimientos.
Hay un episodio que narra una entrevista concertada a distancia, valle por medio, entre dos cerros, llevada a cabo entre Lautaro y uno de los capitanes de Villagra, Marcos Veas, quien fuera amigo del Toki en tiempos en que éste estaba al servicio de Valdivia. Veas, soldado y español, insta a Lautaro a deponer las armas ya que no se podría oponer por siempre al poderío español. Lautaro le respondió con firmeza precisando que sería el río Maule la frontera entre los españoles y la nación mapuche. Como si fuera poco, pidió un tributo en caballos, mujeres y armas a cambio de respetar los límites. Veas rechazó indignado la oferta y dió por terminada entrevista y amistad.
Lautaro avanzó hacía el río Maule y una vez cruzado éste, se enteró que Francisco de Villagra había salido de Santiago con un batallón punitivo de 50 jinetes y 30 arcabuceros, más un millar de yanaconas. Juzgando Lautaro que la capital quedaba desguarnecida avanzó hacia el norte, dejando pasar, a Villagra y hacia el sur sin que éste cayera en cuenta de la movida del enemigo.
Para entonces Lautaro se había ensorbecido por sus victorias y su ascendiente sobre su pueblo se transformó en un dictador y volvió a cometer toda clase de tropelías en contra del pueblo picunche y los promaucahues ganándose numerosos enemigos, entre ellos un indio joven quien vio morir quemado delante de él a su padre, este indio que dejaría vivo sería su perdición. En el actual sector de Chillán, Lautaro sufrió la deserción de su gran aliado, un cacique llamado Chillicán quien no pudo soportar el grado de abusos de su caudillo y se alejó con sus huestes desistiendo de la empresa. Esta importante baja en sus fuerzas fue un duro golpe al orgullo de Lautaro y lo hizo desistir de avanzar hacia el norte en pos de Santiago y como estaba avanzado el otoño y sin alimentos prefirió retornar a regañadientes hacia Mataquito y reagruparse en Peteroa.
Y fueron precisamente esos abusos y los rencores que provocaron, los que causaran la derrota definitiva del gran caudillo y su muerte. Por primera vez los servicios de inteligencia con que contaba ocultaron información, la distorsionaron para trastocarla en un ataque por sorpresa de los españoles el primero de abril del año 1557 cuando Francisco de Villagra pudo tomarse el desquite cayendo sobre el desprevenido campamento del Toqui. La sorpresa no fue total porque un corneta español dio el toque de diana antes de tiempo. Aun así se produjo la desbandada mientras Villagra y su guardia, dateados por espías indígenas, se dirigían directamente a la ruca donde dormía Lautaro con Guacolda, su esposa. Empuñando la espada de Valdivia, muere atravesado por una lanza mientras los suyos son pasados a degüello luego de una resistencia de más de cinco horas. Con el fin de Lautaro, desaparece una figura notable de la guerra de Arauco, nadie más llegó a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.
La figura de Lautaro creció con el tiempo. La lucha contra el conquistador duró trescientos años haciendo exclamar a Felipe Segundo: -¡La guerra de Arauco me está costando la flor de mis Guzmanes!-
Solo en 1850, en plena república, una crisis económica provocó que las autoridades chilenas decidieran “pacificar” los pueblos al Sur de La Frontera arrebatándoles, con tratados amañados, alcohol y armas, las tierras que tan bravíamente defendieran durante mas tres siglos. Hoy el pueblo mapuche vuelve por sus reivindicaciones luchando por defender su idioma, sus creencias, su identidad y por recuperar las tierras que tan arteramente les fueran arrebatadas.
“La extinta Logia Masónica llamada Lautarina o Logia Lautaro, creada en el siglo XIX en Londres por Francisco de Miranda, llevaba su nombre como símbolo y ejemplo de resistencia ante los españoles. Cabe señalar que las estrategias militares de Lautaro son enseñadas en las principales academias de guerra del mundo, las cuales son calificadas como "geniales". Su busto comparte honores junto a los mas grandes estrategas militares de la historia, como el gran mariscal ruso Zhúkov, Napoleón, Gengis Kan, Alejandro Magno y Simón Bolívar, entre otros. Asimismo se hace mención que Lautaro es considerado como el primer General militar de Chile”
FUENTES:
LA ARAUCANA de Alonso de Ercilla y Zúñiga
http://es.wikipedia.org/wiki/Lautaro
http://www.geocities.com/hischile/lautaro.html
http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=lautaro
<!--[if !vml]--><!--[endif]-->
