Fascículo #9
ESCRITOS

RAZONES CONTRA LA GUERRA

Entrevista con los premios Nobel, Adolfo Pérez Esquivel, Óscar Arias Sánchez

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Radio Nederland: - Doctor Óscar Arias Sánchez, Señor Adolfo Pérez Esquivel, Monseñor Samuel Ruiz: ¿no es una candidez pensar en términos de una Cultura de Paz cuando la humanidad, precisamente, está inmersa en una serie de nuevos conflictos y viejos enfrentamientos?

Adolfo Pérez Esquivel: - Creo que es más bien una necesidad, frente a las contradicciones que hoy vive la humanidad, afectada por guerras, conflictos, hambre, exclusión social y otros tipos de violencia. Una Cultura de Paz es una necesidad y una necesidad imperiosa. En el año 1997, veinte Premios Nobel de la Paz propusimos a la Asamblea General de las Naciones Unidas declarar al año 2000 como el Año Internacional de la Cultura de Paz, y al periodo del 2001 al 2010 como la década de la Cultura de Paz y No Violencia.

Vemos cómo está el mundo, los grandes conflictos, esta situación de angustia generalizada que hoy existe. Sin embargo, hay también espacios de resistencia, espacios de conciencia crítica, de participación social. Nunca las cosas son unidireccionales, los procesos tienen altibajos, pero el problema es ver cómo vamos generando una nueva sociedad. Por eso yo digo que la Cultura de Paz es una necesidad y esto tiene que ver con la educación: cómo cambiamos una cultura de la violencia, una educación de la violencia, por una de paz.

Los medios de comunicación, por ejemplo, son generadores de violencia. Un ejemplo: el 97 o 98 por ciento de las películas, de los dibujos animados para niños, son violentos. ¿Cómo se les graba esto en la conciencia a los chicos? Su reacción y su comunicación tienden a la violencia. Lo que tenemos que hacer es revertir esta situación, por eso digo que una Cultura de Paz, una educación para la paz y los Derechos Humanos es fundamental en los grandes desafíos de la humanidad.

Monseñor Samuel Ruiz: Yo estaba en Viena, Austria, el día del fatídico "accidente" de las torres del 11 de septiembre. Estábamos en una rueda de prensa, cuando la televisión transmitió el acontecimiento. A partir de eso y de las cosas que han ido sucediendo, he estado releyendo los documentos del Concilio Ecuménico Vaticano II, en particular el más maduro que es el Gaudium et Spes, Gozo y Esperanza. Allí los padres de la Iglesia consideraban que era urgente encaminarnos a una Cultura de Paz, entendiendo que no tendría que haber ya en la humanidad la aceptación de una guerra. Que incluso la noción de guerra justa tendría que revisarse porque hoy en día la proliferación de armas y el alcance que tienen es de tal naturaleza que no se trata simplemente de objetivos militares determinados si no de la supervivencia misma de la humanidad. Entonces, desde otro ángulo, se puede decir que hay una necesidad y una urgencia. Tenemos no solamente la inteligencia, sino ahora también el apremio de que si no resolvemos el asunto a través de caminos de diálogo no se podrá llegar a una verdadera paz en el mundo y estaremos sometidos a la amenaza, inclusive, de una desaparición.

Radio Nederland: Usted dice que hay una necesidad y una urgencia, pero parece no haber un compromiso.

Doctor Óscar Arias Sánchez:- Creo que tiene usted razón. Yo coincido con ellos en que es necesario redoblar esfuerzos por construir una Cultura de Paz. Pienso que es un poco utópico, es muy difícil, no es imposible, pero requiere mucho trabajo, requiere unir esfuerzos porque no importa cuánto nos remontemos hacia atrás en el tiempo, los héroes en la historia de la humanidad han sido los guerreros, han sido los soldados, han sido los militares y no los hombres de paz.

No importa cuánto nos remontemos en el tiempo, tres mil años, dos mil quinientos años, los griegos, los babilonios, los fenicios, los romanos, durante la Edad Media y hasta el día de hoy. El siglo pasado, se ha dicho reiteradamente, fue el siglo de mayor violencia en la historia de la humanidad: genocidios, dos guerras mundiales. Claro que no todo fue malo, terminamos con dos ideologías totalitarias: el nazismo y el comunismo. Pero, vea, ¡qué manera más triste de comenzar el siglo XXI! Con una nueva teoría de guerras preventivas, ¡vaya usted a justificar semejante tontería! Guerras preventivas: yo lo mato a usted antes que de usted se atreva a matarme a mí. De esta manera perdemos lo avanzado en el campo del Derecho Internacional desde que se creó Naciones Unidas, en 1945.

Con una superpotencia única, que con gran arrogancia desprecia el multilateralismo y le dice al mundo que no tiene que consultarle a nadie para actuar. Me parece que en el fondo, como ha dicho Adolfo (Pérez Esquivel), lo que se requiere es educación.

Es necesario cuestionarse el sistema de valores que impera en nuestro mundo, es necesario cuestionarse la ética prevaleciente. Mientras no se cambie la ética del individualismo, del materialismo, del cinismo, de la hipocresía, del egoísmo, por otra de más compasión, más justicia, más solidaridad, más amor, va a ser muy difícil. Porque lo que hemos visto en los últimos años es la utilización de la violencia o del uso de la fuerza militar para resolver conflictos, sin darle oportunidad al diálogo, a la negociación, a la diplomacia. Y siempre es más fácil hacer la guerra que hacer la paz. La paz requiere mucho trabajo, mucha humildad, mucho esfuerzo, mucha perseverancia y sin ser fácil, es necesaria. De tal manera que yo tiendo a coincidir con ellos, no es una tarea fácil pero, eso hace el reto, interesante.

Radio Nederland: Como usted dice, abandonamos el siglo XX con el convencimiento de que dejábamos atrás el siglo más sangriento de la historia de la humanidad, pero hemos iniciado el siglo XXI sin mayores progresos. ¿Es acaso, entonces, que la propia naturaleza humana es incapaz de sentar las bases para una Cultura de Paz, y apuesta por el camino fácil de la violencia y el enfrentamiento para resolver los conflictos?

Monseñor Samuel Ruiz: Una generalización de esa naturaleza no va de acuerdo con algunos cambios fundamentales que se han manifestado. Hoy día se ha dado el fenómeno de una reacción universal en contra de la guerra: "No en nuestro nombre". Ahí tenemos una conciencia generalizada de rechazo a la violencia y a la guerra. Sobre todo a este tipo de guerra contra Iraq, donde antes de declararse ya estaban los soldados dispuestos para ir al frente y donde se dijo clarísimamente que no se tomaría en cuenta la decisión de las estructuras que se construyeron para conservar la paz internacional. Nunca hubo en la historia de la humanidad una reacción tan generalizada contra la guerra. Entonces, ya llevamos mucho camino andado en el asunto de la paz.

Adolfo Pérez Esquivel: - Por otro lado, la guerra es un gran negocio para el complejo industrial militar. Hay cosas que es necesario analizar. Óscar (Arias) viene ocupándose desde hace mucho tiempo del problema de la venta de armas. ¿A quiénes se venden todas esas armas? A los países pobres y así los endeudan, les generan conflictos. Vamos a poner el caso concreto de los Grandes Lagos africanos. Las guerras tribales, las guerras entre países, los conflictos, los golpes de Estado. Hay más de tres millones de muertos, pero esto no sale en los medios. ¿Quién vendía las armas a las dictaduras militares de América latina? Los países industrializados. Es negocio y el negocio de las armas tiene que generar más conflictos porque necesita mercados.

¿Qué pasa con las Naciones Unidas? ¿Qué pasa con las organizaciones internacionales? ¿Cuál es el control que se hace de todo este comercio de armas? Yo recuerdo hace un año, fui a dar una charla a los altos mandos de la policía ecuatoriana y en un momento, hablando sobre los conflictos armados, el narcotráfico, surgió la pregunta: ¿por qué hay narcotráfico? Porque hay mercado para la droga. ¿Y quiénes la consumen? Los grandes países industrializados.

Creo que cuando hablamos de la guerra, o de la locura que se le ocurrió al señor Bush de la guerra preventiva, por más que hubiera un dictador como Saddam Hussein lo que se buscaba era otra cosa: el control de los recursos del petróleo y la dominación del Medio Oriente. Aquí no hay cosas desconectadas. Cuando vemos la situación del Medio Oriente: Israel y los palestinos llevan más de cuarenta años de conflicto armado. Cuando vemos Colombia: antes de venir para acá me llamaron de la BBC para preguntarme qué pasaba con la política de Álvaro Uribe en Colombia, donde los diputados que están en la Unión Europea se levantaron y se fueron. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Cuál es la solución de los conflictos? ¿Qué pasa con Naciones Unidas? Sus resoluciones fueron desoídas. El derecho internacional ha sido relegado y con total y absoluta impunidad se declara la guerra.

Lo otro es lo que decía don Samuel Ruiz, la reacción de los pueblos. Los pueblos ya están diciendo basta. Creo que tenemos que revisar los contenidos de la democracia, el rol de estos grandes organismos multilaterales internacionales, como también la situación económica. Porque el hambre mata más que las guerras y yo digo que todos los días sobre la humanidad se deja caer más de una bomba atómica como las que arrasaron Hiroshima y Nagasaki.

Me encontraba en Porto Alegre para el lanzamiento del Foro Social Mundial cuando vimos por la televisión el horror de los aviones contra las torres, el 11 de septiembre de 2001. Simultáneamente la FAO dio una información al mundo: todos los días mueren más de 35 mil niños de hambre. ¿Cómo le llamamos a eso? Yo lo llamo terrorismo económico. Esta es otra forma de la guerra. Esta es una guerra silenciosa. No hay un campo de batalla ni ejército contra ejército, pero hay una situación que lleva a la destrucción de la humanidad. Hoy tenemos dos terceras partes de la humanidad excluidas. Una gran concentración de bienes y riqueza en pocas manos. ¿Es este el mundo que queremos? Cuando hablamos de la Cultura de la Paz ¿qué nos proponemos? La paz no es la ausencia del conflicto, no es la pasividad sino una dinámica de construcción de nuevos paradigmas de vida. Ese es el desafío, la construcción de espacios de libertad, de conciencia crítica, de construcción.

Óscar Arias Sánchez: -Yo quisiera ser tan optimista como monseñor Ruiz, pero me cuesta. Dije anteriormente que el reto de cambiar esta ética que ha prevalecido durante siglos es difícil, es una responsabilidad compartida por muchos, ustedes los periodistas, los líderes religiosos, el campo educativo, los líderes políticos. Somos muchos los responsables de cambiar esa ética y avanzar hacia una Cultura de Paz, donde tratemos de resolver los conflictos antes de que estos surjan. Siempre se ha dicho que el ideal es utilizar más el capítulo sexto de la Carta de Naciones Unidas y no el capítulo séptimo, que habla del envío de fuerzas de pacificación cuando ya el conflicto está desatado.

No estamos, ciertamente, atacando la raíz de los problemas mundiales aquí citados: la injusticia, el hambre, la desigualdad, la degradación del medioambiente, un mundo de analfabetos donde mil millones de seres humanos no saben leer y escribir, la mayoría de ellos –lamentablemente- mujeres. Se ha dicho muchas veces, y yo lo repito, que si uno educa a un hombre educa a un hombre y que si uno educa a una mujer educa a una familia. Sin embargo, en África, en Asia y en América Latina todavía no estamos gastando el dinero que tenemos que gastar en la educación de nuestras niñas, niños y adolescentes. Las cifras son conocidas de todos. Mil quinientos millones de seres humanos no tienen acceso al agua potable, mil trescientos millones de seres humanos viven con un dólar al día. Las cifras son conocidas de todos y se repiten una y otra vez, en cuánto discurso uno escucha.

¿Por qué soy escéptico? Porque no es cierto que haya una voluntad universal de cambiar esa cultura por una Cultura de Paz. Recientemente, en Estados Unidos, buena parte del pueblo empujaba a su gobierno a atacar Irak. Según las encuestas, una mayoría muy calificada, si la memoria no me traiciona, cercana al 70 ciento, estaba de acuerdo en que el gobierno del presidente Bush utilizara la fuerza de manera unilateral para invadir Irak.

Todavía está muy fresco en la memoria de todos nosotros cuando la OTAN, sin consultarle a las Naciones Unidas, decidió utilizar la fuerza en la antigua Yugoslavia. También en Europa, en aquel momento, el clamor era utilicemos la fuerza, utilicemos la fuerza y si no está de acuerdo Naciones Unidas hagámoslo de manera unilateral nosotros, los miembros de la OTAN.

¿Por qué cuesta ser optimista? Bueno, porque en el futuro se puede aplicar nuevamente la teoría de la guerra preventiva, para eliminar a un potencial enemigo, que puede ser Siria, puede ser Libia, puede ser Corea del Norte, qué sé yo.

Este clamor no es universal, de que el diálogo produce milagros y que hay que insistir en el diálogo y en la negociación y en la diplomacia, antes de recurrir a la fuerza bruta de las armas. Yo creo que los latinoamericanos, que no han visto la película Bowling for Columbine (Masacre en la escuela de Columbine, en Colorado), deberían verla porque la ventaja que tiene es que fue hecha por un norteamericano, que le está diciendo a su propia gente "algo pasa con nuestra cultura", "algo pasa con nosotros mismos".

El norteamericano es un pueblo que nació peleando, contra los británicos en 1776 y contra los británicos en 1812 y contra los mexicanos en los cuarenta, y luego la guerra civil en los sesenta y luego la guerra contra España en 1898 y luego la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial y guerras no declaradas en casi toda América Latina. Luego Corea, luego Vietnam, ahora recientemente las dos guerras en el Golfo Pérsico, etc. Un pueblo de una extremada violencia. Así es que cuando uno ve esto se dice, la tarea no es fácil, pero es necesaria, es urgente, requiere trabajo, requiere perseverancia y requiere unir las mejores fuerzas de la humanidad para tratar de cambiar esta ética, para ver si le podemos heredar a las futuras generaciones un siglo diferente.

Radio Nederland:- Cada uno de ustedes se ha referido al papel de Naciones Unidas, al multilateralismo en todo este contexto: ¿cuán grave es el debilitamiento, la crisis, la manipulación que está sufriendo este organismo?

Adolfo Pérez Esquivel: - Naciones Unidas necesita una reforma profunda. Primero, democratizar la Constitución de la ONU y después el Consejo de Seguridad. Hay cinco potencias que mantienen el derecho del veto. No es una estructura democrática. No hay igualdad en su interior. Además, tanto la OTAN como Estados Unidos la desconocen, la ponen en una seria crisis, una crisis de identidad, y ninguna de estas potencias sufre sanciones, pero si un país pequeño hace algo, enseguida le caen las sanciones.

Creo que la ONU cumple un rol y hay que fortalecerla porque tiene que ver con el futuro de la humanidad. Ahora, cuando se genera el Tribunal Penal Internacional, los Estados Unidos y cinco otros países rechazan la Constitución del TPI. Estados Unidos exige inmunidad para sus soldados, por cualquier atrocidad o delito que cometan. Entonces, ¿dónde están los valores de la democracia, de la ética, de la responsabilidad mundial? Estamos ante el derecho de la fuerza. Yo estoy de acuerdo con lo que decía Óscar (Arias), que esto no es fácil pero es necesario. Creo que tenemos que luchar.

También vemos que los pueblos, si bien esto no se ha generalizado, pero grandes sectores de los pueblos se han puesto de pie para reclamar el derecho a la paz. Y ésta es otra realidad. Los movimientos sociales que hoy están surgiendo en todos los países. Podríamos hablar no sólo del movimiento en Chiapas, del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, los movimientos de mujeres, los organismos de derechos humanos. ¿Cuál fue la reacción en Seattle, en Davos, en Génova de los movimientos contra la globalización? Esto antes no se veía, creo que algunas cosas van cambiando, pero el poder ni siquiera está en los Estados. Hoy el poder está en manos de las grandes corporaciones internacionales, las transnacionales, ahí está el poder, y ellas son las que definen las políticas de los Estados. El Estado cada día está más relegado, tanto es así, que en esta globalización se están perdiendo las soberanías, se está perdiendo la auto determinación de los pueblos. Vemos cómo el G-7 quiere imponer condiciones y cómo los países mal llamados desarrollados - porque en algunas cosas son subdesarrollados - imponen condiciones para subvencionar sus déficits con los recursos que extraen de los países más pobres, o mejor dicho más empobrecidos.

¿Cuál es el rol del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial? Presionar a los países empobrecidos y meterles condiciones leoninas. Caso concreto: mi país, Argentina. Un saqueo sin piedad. También podríamos hablar del resto de los países, no sólo de Argentina. Tenemos una deuda externa que es una deuda eterna y moralmente injusta e impagable. Esto matemáticamente tiene tres ejes perfectamente definidos. Le podemos poner todos los nombres y siempre nos van a dar el mismo resultado: más pagamos, más debemos y menos tenemos. Matemáticamente es así: ¿qué es lo que pasa con esta globalización? Los países como los nuestros, mal llamados subdesarrollados, o países del Tercer Mundo, estamos rendidos o entregados a la voracidad de los países ricos. ¿Qué representa esto? Hambre, marginalidad, miseria, que se nos mueran los niños de hambre y enfermedades evitables, falta de recursos para la educación, para la salud, para la vida.

Cuando uno analiza estas organizaciones que en un momento decían que iban a promover el desarrollo y la vida de los pueblos, se da cuenta que mentían. Los hechos hoy lo comprueban. El rol del Fondo Monetario Internacional es lamentable. Y podríamos seguir hablando de muchísimas otras organizaciones, creo que una de ellas es la UNESCO, ente de las Naciones Unidas dedicado a la educación, la ciencia y la cultura. Alguna vez lanzó esa gran campaña: "Educación para Todos". Hoy vemos un verdadero auge del analfabetismo. ¿Y cuáles son las políticas que se implementan? El presupuesto militar de Estados Unidos alcanza a más de 400.000 millones de dólares: ¿Cuánto se podría hacer con todo ese dinero?

Monseñor Samuel Ruiz: - Agregar a todo eso una consideración. Alguien sintetizó la situación concreta de la siguiente manera: este sistema, para existir, tiene que robar y para robar tiene que matar. Esto ha quedado en evidencia en las actuales circunstancias. Así de cruda es la situación. La consecuencia no es solamente la violación, ya mencionada, de los derechos humanos, sino el atropello cínico de la verdad.

Cuando se preguntó si se iba a decir la verdad sobre los acontecimientos, cínicamente se dijo: "la verdad estará subordinada a la seguridad nacional". Y entonces ciertas cifras que nos transmiten los medios no son totalmente creíbles, lo mismo que decir que no existe tal o cual movimiento en Estados Unidos. Quien ha estado hurgando o conociendo cosas que no son transmitidas por los medios de comunicación nos hace ver que Estados Unidos no era invulnerable al impacto del rechazo, pero que había una dosis de patriotismo que supo ser articulada, estimulada por las autoridades. Ahora, yo no me sé explicar de qué manera, ante tal manifestación de rechazo, Estados Unidos ha logrado convencer a otros países para que acepten dócilmente la situación.

De manera que ahí hay que estudiar cómo ciertas manifestaciones externas no son reacciones espontáneas sino inducidas con mecanismos realmente muy discutibles. En todo caso, agradezco ahora el que Radio Nederland esté transmitiendo lo que estamos hablando porque prueba que esta organización siempre ha estado del lado de la propuesta de la paz.

La guerra reciente no fue conocida en el mundo sino por una especie de fuegos artificiales en el cielo, pero no se pudo ver cuáles eran las consecuencias, las víctimas que iban quedando en la tierra. Después se empezaron a ver los destrozos y esto ratificó el rechazo y la razón del rechazo de las generaciones actuales.

Eso no quiere decir que sea fácil, porque evidentemente no es fácil que el corazón de los poderosos, apegado a otras circunstancias que no al servicio, cambie de la noche a la mañana, pero irá cambiando por la presión de lo que está sucediendo. Ya las voces de aquellos que antes no se escuchaban empiezan a oírse. Tanto el primer mundo como el tercer mundo están convergiendo y hay señales de que los poderosos están recibiendo el mensaje. Creo que hay un avance significativo, totalmente desconocido en otras épocas de la historia. Pienso que no es sencillo, pero hay avances significativos y esto me llena de esperanza.

Radio Nederland: Me gustaría ir finalizando esta mesa redonda con una última pregunta: ¿cuál debe ser el compromiso de Latinoamérica con la Cultura de Paz?

Óscar Arias Sánchez: - Hasta este momento los tres hemos coincidido en casi todo. Pero permítame discrepar un poco de lo que se ha dicho. En buena parte, ese diagnóstico que nos hace el obispo y Adolfo (Pérez Esquivel) es cierto, las cifras son bien conocidas de todos. El aumento de la brecha entre ricos y pobres: lo que hay que preguntarse es por qué sucede.

En primer lugar, nosotros los latinoamericanos, fundamentalmente católicos, tenemos una gran responsabilidad en el aumento de la población. Es muy difícil para América Latina salir de la pobreza con sociedades en las que la población se duplica cada cuarenta años. Es muy difícil salir de la pobreza si la carga tributaria de las sociedades latinoamericanas es de un 13, 14 o 15 por ciento del Producto Interno Bruto, además con sistemas tributarios bastante regresivos. Es muy difícil salir de la pobreza en Asia, África, América Latina si los países ricos sólo conceden en ayuda externa 55.000 millones de dólares por ejemplo, mientras que se gastan 320.000 millones de dólares para subsidiar a sus agricultores.

Adolfo (Pérez Esquivel) ha citado el ejemplo de que Estados Unidos se gasta más de 400.000 millones de dólares en defensa. Estados Unidos puede hacerlo porque es un país rico, pero ciertamente las prioridades están equivocadas. Si yo fuera presidente de ese país, estaría reduciendo el gasto militar, no aumentándolo, y educando al pueblo para que acepte, para que entienda que es mejor destinar esos recursos a otras cosas. Pero, qué sucede cuando uno ve que el gobierno de la India se gasta 17.000 millones de dólares en defensa. India tiene 400 millones de analfabetos y hay gente que muere allí de hambre todos los días. O que un país tan pobre como Pakistán, con un ingreso per cápita de 500 dólares, se gaste el 5 por ciento del Producto Interno Bruto en defensa, en soldados y armas. Pakistán tiene armas nucleares.

En América Latina tenemos la globalización, las transnacionales y también la corrupción de la clase política y de la clase empresarial y de la clase sindical, de tanta gente y de tantos grupos sociales importantes. En América Latina también hay que responsabilizar, y lo digo con todo cariño, a los políticos que son corresponsables de lo que pasa, como es el caso de los argentinos, porque nadie los obligó a que se endeudaran como lo hicieron. Un país que exporta muy poquito y que tiene una economía muy cerrada, bueno, no le echemos la culpa a nadie. Tenían una paridad fija y cuando vino la devaluación del real en Brasil se abarataron los productos brasileños y Argentina no pudo competir, y de un momento a otro se devaluó la moneda, se deterioró el nivel de vida y posiblemente les va a tomar 10, 15 o 20 años recuperar lo que perdieron.

Ahora, cuando se acaban de celebrar diez años de Nafta, por ejemplo, en todos los análisis que yo leí y escritos por europeos, por Stiglitz en Estados Unidos, por algunos en América Latina, el diagnóstico es bueno. No subieron los salarios, como se pensaba, en México, después de diez años de Nafta. Sin embargo, nadie mencionaba que hubo una devaluación en 1995, que no tiene nada que ver con Nafta sino con la irresponsabilidad del Gobierno mexicano de no prever que no podría enfrentar aquel endeudamiento. Ahí hay una complicidad del que pide prestado sin saber que después la inversión es mala y no podrá pagar. Lo cierto es que en América Latina, voy a hacer una caricatura, pero tal vez sirva, somos pobres porque no educamos a nuestros niños y a nuestras niñas.

Estamos condenando en el siglo XXI a una población a ser pobre, como lo fueron sus bisabuelos 150 años atrás, porque no le estamos dando la calidad educativa que se merecen. Hay países en América Latina cuya escolaridad son cinco años de promedio mientras que difícilmente en el sureste asiático hay un joven de 17, 18 o 19 años que no esté en la enseñanza media, y que posiblemente de la enseñanza media pasará a la enseñanza superior. No es el caso en América Latina. Con escolaridades de cinco, seis años, América Latina nunca va a romper este círculo de pobreza y miseria. Y aquí entra mi lucha por disminuir el gasto militar, porque los pueblos lo que necesitan son escuelas, colegios, hospitales, agua potable, caminos vecinales, lo que usted quiera, menos aviones de combate, menos tanques, menos artillería pesada. En 1997, el presidente Jimmy Carter y yo fracasamos tratando de convencer al presidente Bill Clinton de que no eliminara la prohibición que tenía Estados Unidos para vender armas sofisticadas a gobiernos latinoamericanos y Chile compró, más o menos, 700 millones de dólares en aviones F16. Hay muchas cosas importantes que América Latina necesita, comenzando el siglo XXI: lo que no necesita es una nueva carrera armamentista en el cono sur.

Repito, hay una gran la irresponsabilidad en los políticos, sobre todo de los políticos demagogos que no entienden que gobernar es educar; decirle a la gente lo que debe saber y no lo que quiere oír. Estamos acostumbrados a complacer y no a guiar, no a conducir, no a educar, sino a complacer.

Primero vemos las encuestas, como en Estados Unidos, y en esto ellos son excelentes maestros. Primero se consultan las encuestas y después se le dice a la gente lo que las encuestas determinan. Si en Estados Unidos la gente quiere guerra, invadir Irak, pues eso es lo que hay que hacer, una guerra que hoy se dice que era necesaria. No, no era necesaria, era una guerra que se pudo haber evitado y se debió haber evitado.

Pienso que en América Latina hemos sido muy irresponsables en el manejo de las políticas económicas, que realmente nos han empobrecido y nos han impedido salir de este ciclo tenebroso de la miseria y de la pobreza. Es muy difícil para un país con cargas tributarias de un 14 por ciento del Producto Interno Bruto, darle a su sociedad, a su pueblo, los servicios que se merece. Queremos servicios como los holandeses, queremos servicios como los noruegos, pero pagamos impuestos como los guatemaltecos, que son los que menos pagan en todo el hemisferio latino.

Monseñor Samuel Ruiz: - No trato de polemizar, sino simplemente de reflexionar. ¿Aquellos países que están haciendo la guerra es porque no tienen educación? ¿Su nivel educativo es muy bajo? ¿O parece que es lo contrario? Entonces cabría preguntarse: ¿qué tipo de educación es la que hace falta, si es la educación la base para establecer la toma de conciencia de la dignidad? ¿Qué tipo de educación? Educación para sostener el sistema, para que sea próspero, o una educación crítica y que parta de los anhelos legítimos de las masas no escuchadas y que ahora empiezan a tener voz, a ser conscientes que son sujeto de la historia. Ese es el aporte actual de nuestro continente. El valor, no del dinero, sino de la persona y de la dignidad, y esto es lo que está viniendo de los excluidos, de los que antes no tenían una palabra y que se levantan ahora, haciendo presencia y diciendo existimos. Y no es que existan porque van a vengarse de aquella situación que los ha excluido, sino porque están dispuestos a aportar esos valores que no han sido conocidos o reconocidos, como un acto de formación de la sociedad.

Adolfo Pérez Esquivel: -Creo que en el análisis que hizo Óscar (Arias) hay muchas cosas ciertas, pero no es todo. En el caso argentino, la deuda externa es una deuda privada que la dictadura militar traspasó como deuda del Estado. Recuerdo que en Holanda, hace varios años, apoyamos a un grupo de documentalistas que estaban trabajando sobre la deuda externa. ¿Cuál fue el movimiento de esos capitales, de empresas privadas? Que la dictadura los convirtió en deuda del Estado, y después de mucho meditar le pusimos un título muy sugestivo al documental: "Hoy no se come y mañana tampoco". En América Latina hay una gran responsabilidad de las dirigencias políticas, pero no olvidemos el daño profundo que hicieron a nuestro continente las dictaduras militares.

Tratamos de seguir trabajando y sembrando: creo que es un proceso educativo, una toma de conciencia. Yo viajo seguido a las universidades de Estados Unidos que no tienen conciencia política, como la tienen los jóvenes en América latina. A pesar de los grandes medios de comunicación, Estados Unidos es un pueblo desinformado, altamente desinformado. Es un pueblo sano, pero que ignora lo que está ocurriendo. Dentro de los Estados Unidos hay muchísima solidaridad con los pueblos de otros mundos y con América Latina, pero hay una gran desinformación desde las estructuras de los medios de comunicación y desde el Estado. Cuando van a votar ¿cuántos votan en Estados Unidos? Vota el mínimo de la población, pero después el gobernante elegido hace estas barbaridades, no sólo al pueblo de los Estados Unidos sino al mundo entero. Yo creo que hoy enfrentamos un problema muy serio y es que les han metido tanto el miedo con el terrorismo que por el miedo están renunciando a la libertad.

Nosotros, con todas las dificultades que tenemos en América Latina, seguimos resistiendo - resistencia cultural, social, espiritual -, porque defendemos algo que para nosotros es fundamental y es la libertad, la conciencia crítica y la capacidad de construir nuevos paradigmas para la vida. Esa es la construcción de la paz. Y la paz no se regala, la paz se conquista y se conquista a través de la lucha permanente, de la resistencia a todos los sistemas de dominación, no importa de dónde vengan. Creo que esos son los signos de esperanza en el continente. El nuestro es un continente que cada vez más está dejando de ser espectador y se está asumiendo como protagonista y constructor de su propia vida y de su propia historia, y estos son los signos de esperanza que nunca tenemos que abandonar. Eric Fromm decía que "hay dos grandes partidos: el partido de la esperanza y el partido del miedo", tenemos que optar, y nosotros apostamos al partido de la esperanza y de la construcción de una nueva sociedad.

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