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Roberto Bardini |
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Periodista, escritor y docente argentino. Desde 1976 reside en México, donde fue columnista de Le Monde Diplomatique en Español, jefe de la sección
internacional del periódico El Día, editor de la revista Cuadernos del Tercer Mundo, corresponsal en California del diario La Jornada, coordinador de
operaciones internacionales de la Agencia Mexicana de Noticias (Notimex) y director del diario Milenio en el Estado de Hidalgo. Entre 1977 y 1986 fue corresponsal de guerra en América Central, Irak, Líbano y el ex Sáhara Español. Es autor de diez libros. |
El 27 de febrero de 1998, el filósofo francés Roger Garaudy, de 84 años de edad, fue juzgado y condenado a seis meses de cárcel por “negación de crimen contra la humanidad” y “difamación racial”. El “delito” de Garaudy –ex teórico del Partido Comunista, del que se separó en 1970 en busca de un diálogo entre marxistas y cristianos– estaba contenido en su obra Los mitos fundacionales del Estado de Israel (1995).
Autor de 16 libros y casado con una palestina, Garaudy también buscó el acercamiento de las tres grandes religiones abrahámicas –judaísmo, cristianismo, islamismo– y en 1982 se convirtió al Islam. Esto provocó su muerte intelectual en todos los ambientes académicos “políticamente correctos”.
En la introducción a Los mitos fundacionales... Garaudy menciona a cinco prominentes judíos opuestos al sionismo: el físico y Premio Nobel Albert Einstein; el profesor Judas Magner, presidente de la Universidad Hebraica de Jerusalén; el filósofo religioso Martin Buber, de la Universidad de Frankfürt, y el profesor Benjamín Cohen, de la Universidad de Tel Aviv. Frente a los sucesos de Oriente Medio, estos testimonios conservan actualidad:
“Sería más razonable alcanzar un acuerdo con los árabes sobre la base de una vida común pacífica que crear un Estado judío [...]. Temo los perjuicios internos que el judaísmo sufrirá en razón del desarrollo en nuestras filas de un nacionalismo estrecho” (Einstein, 1938).
“La nueva voz judía habla por la boca de los fusiles. [...] El mundo ha sido encadenado a la locura de la fuerza física. El cielo nos proteja de encadenar ahora al judaísmo y al pueblo de Israel a esta locura. Es un judaísmo pagano el que ha conquistado una gran parte de la poderosa Diáspora” (Magner, 1946).
“El sentimiento que me embargaba, hace 60 años, cuando entré en el movimiento sionista, es esencialmente el que siento hoy. Esperaba que este nacionalismo no siguiera el camino de otros que comienzan por una gran esperanza y se degradan posteriormente, como el de Mussolini” (Buber, 1958).
“Escribo escuchando la radio que acaba de anunciar que nosotros estamos a punto de alcanzar nuestro objetivo en el Líbano: asegurar la paz a los habitantes de Galilea. Estas mentiras dignas de Goebbels me vuelven loco [...]. Haced que los Begin y los Sharon no logren su doble objetivo: la liquidación final de los palestinos como pueblo y de los israelíes como seres humanos” (Cohen, 1982).
Casi dos décadas antes de la publicación de Los mitos fundacionales del Estado de Israel, tres autores rusos de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, habían establecido su posición en Pasado y presente del sionismo (editorial Estudios, Buenos Aires, 1976), un libro hoy bastante difícil de conseguir.
“La ideología sionista, basada en la tesis anticientífica sobre la «exclusividad de los judíos», rebosa de un desdé altivo por todas las demás naciones y pueblos. El racismo y el sionismo son dos caras de una misma medalla. Desde que el sionismo es la ideología oficial de los círculos gobernantes de Israel, ese país sirve de polígono para una política chovinista y la discriminación racial” (Lionel Daniani, doctor en Ciencias Jurídicas).
“Fue muy ambigua la actitud de los sionistas hacia el fascismo europeo, que amenazaba la vida de millones de judíos. De palabra, la dirección sionista defendió a los judíos, pero de hecho asumió la ignominiosa misión de aprovechar la coyuntura para «canalizar» la inmigración hebrea. La revista Freeland Magazine dijo en septiembre de 1962: «Sabido es que en los años 30 y 40, los líderes sionistas desempeñaron un papel fatal. En vez de hacer cuanto pudieran en aras del salvamento de judíos, utilizaron todas sus relaciones financieras y secretas para sabotear cualquier tentativa de sacarlos de Europa. Era necesario que su refugio fuera Palestina, únicamente Palestina»” (Serguei Serguéiev, doctor en Ciencias Jurídicas).
“El semanario estadounidense Time observó que «la presión política basada en la lealtad étnica forma parte de la democracia norteamericana». El mismo semanario puso de relieve, en un artículo titulado significativamente «¿Existe una política exterior judía?», que «sin embargo, ninguno de los grupos nacionales tiene punto de comparación con los seis millones de judíos norteamericanos por el apoyo económico y político a otro país», es decir, a Israel. Teniendo en cuenta los hechos reales, no se puede menos que considerar certera esa afirmación, con una sola aclaración sustancial: no se puede ni se debe hablar de los judíos norteamericanos en general, sino de los sionistas” (Alexandr Lislov, doctor en Ciencias jurídicas).
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