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  Columnata

  Roberto Jiménez Maggiolo
  Médico i filósofo zuliano. Médico-Cirujano (1952) Doctor en Ciencias Médicas (1961). Lic. en Filosofía (1963). Gineco-Obstetra. Profesor Universitario (J). Estudios de Post-Grado en España i Bélgica. Miembro Titular de la Academia de Medicina i de la Academia de la Historia del Zulia. Miembro de la Asociación de Escritores del Zulia. Miembro fundador la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina i de la Sociedad Bolivariana. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Ha publicado más de 25 libros i escribe i colabora en periódicos i revistas del país. Fundador de la Revista del Colegio de Médicos. Constituyente por el Estado Zulia i Presidente de la Comisión Legislativa de transición.
Bolívar, genio i pasión: El pensamiento político del Libertador
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“Una obra concebida con pasión, lleva siempre

un sello particular. La facultad de imprimir en

los productos de la Naturaleza o del pensamiento,

colores verdaderos, constituye el genio y casi

siempre se verifica por medio de la pasión”.

BALZAC

 

 Imaginad una orquesta irreal que se dispone a iniciar un concierto; luces de aspectos siderales, parecen relámpagos en las cumbres, i un hombre joven sube como asiéndose de siete estrellas, a la cima de un inicio en la Historia; está contemplando el mundo de un pasado cargado de historias i leyendas, de amores i desencantos, de guerras, sangre i fuego i se le ocurre pensar si eso pudo ser un imperio majestuoso, ¿para quienes las glorias i los logros, si luego se hundió irremediablemente en pasado sin retorno alguno? Imagina su lejana América i su patria, cuyo nombre Venezuela es genuinamente aborigen, Venecihuela, un pueblo indígena situado a la entrada del lago que descubriera Ojeda i sobre palafitos se aferraba a tierra, por una gran laja plateada de luz, i no derivada de ninguna reminiscencia de Venecia. El hombre jura ante un maestro, un amigo i los ámbitos que en suave ventisca o un favonio dorado, se lleva las palabras. Jura no dar descanso a su brazo ni a su alma, hasta no haber roto las cadenas que la atan al Imperio español, aquel donde jamás se ponía el sol. Jamás soñó que él sería a quien calificamos de todo corazón i a conciencia, el Sol de América, i que en estos tiempos de la revolución pacífica bolivariana que trata de completar su obra, como lo advirtiera ese otro genio de la libertad José Martí, ha demostrado que en estas tierras, efectivamente, no se ha puesto nuca el sol de la libertad.

 

Cuando en un ensayo sobre Miguel Ángel Bounarrotti, transcribía las palabras del célebre crítico de arte José Pijoán, i decía que ese hombre, el mayor artista de la historia, era universal i eterno, o como dijo Vasari, fue una especie de meteoro que rasgó los cielos i se elevó a la gloria, nuestro Simón Bolívar, el joven que juró i cumplió, quizá fue un fenómeno cósmico similar que, aun creyendo haber arado en el mar, lo hizo en un océano proceloso de conciencias rebeldes i amantes de la libertad i la dignidad humana, pese a cuantos obstáculos, traiciones o agresiones la circunden; i porque si aquél creó universos artísticos como el Techo de la Capilla Sextina i obras majestuosas como el Moisés o la Piedad, fueron prodigios en pintura o mármol, mientras la obra de Simón, Quijote de América, fue de naciones i pueblos, plenos de vida humana creadora, a los cuales les está llegando el efluvio o inspiración de su filosofía política i de su Weltanschauung, como ahora sabemos o se ha descubierto que, eso que se ha llamado las “arrugas en el tiempo” es el reflejo de la explosión original, el Big Bang de Lameitre, la prueba más contundente del momento inicial del cosmos. Así, a más de dos siglos del nacimiento el 24 de julio de 1783, de nuestro Simón El Pensador, como le he llamado, el reflejo original de su pasión libertadora i creadora de pueblos dignos i libres, está llegando en arrugas de luz de su pensamiento i el de su maestro predilecto Simón Rodríguez , quien puso en su mente la orientación al estudio de los grandes pensadores de su época i hasta le sugirió aquel concepto civilizador de ser moral i luces, nuestra primeras necesidades. Quizá, esta revolución pacífica i bonita, es la continuación de esa luz original del Big Bang de la Libertad de los Pueblos del Mundo, cuando en la NADA del inicio del cosmos una “singularidad” hizo explosión, i en la cumbre de Monte Sacro hizo explosión la “singularidad” del pensamiento creador de Simón Bolívar, quizá el primer filósofo de América latina, capaz de pensar creativamente, a partir del conocimiento de las ideas traídas de la vieja Europa; pero a la vez que transformándolas acorde a la realidad de estos pueblos sometidos, esclavistas i en gran parte analfabetos (herencia de la Conquista, los conquistadores i el colonialismo), para ser a la vez como un orto de pensamiento socialista, ser filósofo de la praxis, de la práctica con la que podemos situar la filosofía en los predios objetivos de la vida, tal como Karl Marx lo hizo en Europa con la filosofía de Hegel, genuina del idealismo alemán que no concibió la Historia, así con mayúscula, más allá del Atlántico.

 

Bolívar fue en sus proyectos, en su vida personal, en su pensamiento estructural, no solamente un visionario i un estadista de los mejores de su tiempo, sino un hombre apasionado por conocer, superarse i amar; tal vez pensaba, como casi un siglo o muchos años después de su muerte, pensó Anatole France que, “Si se mata la pasión, se mata con ella todo a la vez: el goce y el dolor, el sufrimiento y la voluptuosidad, el bien, el mal, la belleza y, por fin y sobre todo, la virtud”. Fue a no dudarlo, virtuoso en la paz, en la guerra, en el amar i en el pensar. Por eso, por encima de ese amor con el cual adoró a su esposa, a todas las mujeres bellas que pasaron por su vida i, sobre todo a la que compartió con él sus ideales libertarios i fue para él como la Libertad conduciendo al pueblo, de un célebre cuadro de Delacroix, su Manuela libertadora del Libertador, amó a su patria que no fue exclusivamente Venezuela, sino su sueño o utopía suprema como lo fue la Gran Colombia, o más todavía todos los pueblos latinoamericanos, ya que proclamó que su patria era América; la que está por debajo –debió pensar? de los despojos mexicanos en el norte, hasta la Patagonia o Tierra de Fuego. I eso proclamó otro hombre universal como Leonardo Da Vinci: “Solamente se conoce bien la cosa amada” i la cosa más amada era para él su patria, su Caracas natal, como se lo expresó a la bella francesita Anita Lenoit, a quien fascinó oír en francés un <Je t’aime beaucoup…!> i queriendo seguirlo por la ruta ascendente en el río Magdalena, le preguntó si había otro amor; i el Libertador, prendado de aquella náyade encontrada en una hacienda a la orilla del río, le contestó: ?Sí, ¡Caracas!

 

Estoi en el momento en un sitio, del cual siento confesar un descuido o una mala jugada de la vida, que me impidió conocer en mis años de juventud i madurez, porque mis pasiones por el arte i la atracción por los rasgos milenarios de la vieja Europa, me llevaron hacia allá con frecuencia hasta llegar a Rusia i sobre todo extasiarme en el arte de la bella Italia, España o Francia. En cambio mis proyectos en América, siempre fueron entorpecidos por el destino i apenas si conozco las Antillas, Cuba i Colombia en sus principales ciudades, pero dos catástrofes existenciales (los divorcios) impidió viajes a México i Centro América, a los países bolivarianos del Sur i naturalmente Uruguay i Argentina. Sin embargo creo conocer bien estos lares, de tantas lecturas sobre el Libertador o en pequeños ensayos como al hacer un recuento literario de todas las Navidades de Bolívar, la última en Cali i, finalmente, la que nunca llegó por fallecer en esta tierra, cuyo suelo está ennoblecido de por siempre, al haberle dado reposo a sus restos durante unos doce años. I perpetuada en la literatura universal, bellamente descrita por el extraordinario Gabriel García Márquez, en su obra El General en su laberinto, para terminar diciendo que, “Se apagaban los últimos fulgores de la vida que nunca más, por los siglos de los siglo, volvería a repetirse”.

 

Estoi, pues, en Santa Marta i en San Pedro Alejandrino i la emoción oprime mi reparado corazón, al cual hubo de cambiarle su válvula mitral, tal vez porque di demasiada falsa creencia a aquella metáfora de guardar allí las cosas bella, éticas i nobles de la vida. I allí, además de mis amores por los seres queridos, por los amigos i la humanidad sufrida, coloqué dos héroes singulares, uno ficticio como Don Quijote de la Mancha, i otro Quijote real, como Don Quijote Bolívar. Por eso recuerdo que, al mostrarle su biblioteca al Libertador, su noble anfitrión Don Joaquín de Mier, le dijo Bolívar la tan repetida frase de ser su biblioteca realmente valiosa, por tener a Gil Blas de Santillana de Lesage, “el hombre como es” i a Don Quijote de la Mancha, “el hombre como debería ser”; olvidó de momento que también alguna vez dijo que, “Jesús, Don Quijote y yo, hemos sido los tres más grandes majaderos del mundo”, cuando ya el tiempo i la historia lo habían escogido para ser el paradigma del hombre americano i que su pensamiento social i filosófico iba a trascender, como las ondas luminosas del Big Bang original del cosmos, “las arrugas del tiempo” para en los tiempos actuales ser la fundamental inspiración de la Revolución Pacífica Bolivariana que, de nuevo levanta los pueblos i les señala la senda de la libertad, pasando fronteras o borrándolas como El Caminante de Herman Hesse –ficticio o novelesco como el Quijote? pero hecho realidad, héroe i mártir como Ernesto “Che” Guevara, médico de conciencias como le he llamado. Por esto esta revolución pacífica, no admitida sí por los que piensan que toda revolución debe ser violenta i sangrienta, ignoran que las verdaderas revoluciones en la historia no son las que han producido más víctimas, sino las que han producido más ideas, como las revoluciones en la Filosofía, las revoluciones artísticas o las revoluciones científicas, ejemplo maravilloso que cambió el mundo, como la revolución de la Física Clásica, o la Revolución Industrial que no siempre todo fue éxito, sino logros i fracasos, i los fracasos de esa revolución, despertaron las grandes conmociones de pensamiento filosófico como el marxismo, buscando reparar las miserias humanas que el éxito industrial que originó el capitalismo salvaje de nuestros días (recordemos el fenómeno social del “urbanismo” con el abandono del campo i los grandes hacinamientos en las ciudades) pintadas en letras magistralmente por Dickens, i Marx no fue el diablo cojuelo como los “rambos” del Norte i la iglesia hacen ver, sino un pensador que buscó solucionar los conflictos de la sociedad oprimida i marginada, así muchas deformaciones de su pensamiento llevadas a la praxis, le hicieran centro de  los mayores oprobios i adversiones de los que hoi se creen dueños del planeta.

 

Sin embargo, se preguntarán algunos ¿Acaso Bolívar fue también filósofo? Creerlo o no creerlo es producto de lo desconocida que es para muchos la Filosofía, así con mayúsculas, cuando el dicho común es que la filosofía es paja. La Filosofía, desde los pre-socráticos, i más atrás desde el lejano Oriente, es la más auténtica reflexión sobre mundo i vida. Por años muchos la mal utilizaron, entre ellas la iglesia que pretendió compaginar o armonizar el dogma cristiano, con la filosofía griega que, igual que el arte i la cultura, empezó a correr por las calles de Roma. Los clásico pretendieron explicarlo todo i por ello crearon “sistemas filosóficos” que actualmente nos resultan inadmisibles, aunque haya quedado una sólida base de pensamiento. Mi profesor en Lovaina, Jean Ladriére, lo expreso diciendo que, aunque gran parte de la filosofía tradicional fue especulativa, tenía en cambio un supremo mérito: “enseñó al hombre a pensar”. Todos, de alguna manera, los que tenemos la llamada cultura inmaterial o del intelecto, tenemos una filosofía de la vida que los alemanes llaman con un término intraducible con justeza: la Weltanschauung. Bolívar la tuvo, “avant la lettre” i tuvo también conocimientos de filosofía, por los numerosos e importantes autores de los cuales nutrió su “cabeza de los milagros y su lengua de las maravillas”. Era inteligente i sabía escuchar i asimilar. Recién llegado a España, en Madrid, tiene a mano la excelente biblioteca del Marqués de Ustáriz; en Paris se encuentra con su maestro de la infancia Simón Rodríguez i asiste consecuente a las formidables tertulias culturales que se hacían en muchos hogares de la Ciudad Luz, al estilo de las que se hacían en casa de su prima Fanny du Villard o en casa de la primera pintora del mundo, Madame Viggé-Lebrun. Conoce a los hombres de talento como los enciclopedistas i de la Ilustración, i los conocidos Humboldt i Bonpland, dejan buena siembra de experiencias i conocimientos en sus neuronas. Al ocuparse de la inteligencia de Bolívar, dice Rufino Blanco Fombona: “Exagerado en todo, lo fue también en inteligencia. Mantiene en perfecto equilibrio de exageración su inteligencia, su voluntad, su previsión, su ambición, su pugnacidad, su elocuencia y aun su mordacidad”.

    

“La inteligencia se descompone en cinco aptitudes intelectuales, superlativamente desarrolladas en el Libertador: la memoria, la imaginación, la atención, la inspiración y el juicio. Su espíritu se manifiesta a menudo por intuiciones, como en la Carta de Jamaica; pero su espíritu de análisis lo acompaña en obras como el Mensaje de Angostura en 1819 y en el Mensaje al Congreso de Bolivia sobre la Constitución Boliviana de 1826, demostrando, según las circunstancias, capacidades que parecen excluirse. Su inteligencia aparece fulminante en la concepción brillante en la expresión y original en la orientación”. Por ello, sin querer contradecir al presidente Chávez, no creo que Bolívar pensara en socialismo ni fuese hacia a un socialismo futuro, como también el disparate que le han aportado de ser Cristo, igualmente un socialista. Tendríamos primero que saber cómo los hombres inventan “ismos” de muchos adjetivos sustantivados, cosa a la que me he referido cuando he dado clases de arte i de estética. Bolívar fue, sencillamente un hombre original; una mente privilegiada para pensar o repensar de nuevo, creando e inventando, así errara en ocasiones –lo perfecto jamás ha existido ni existirá? tal como lo pregonó su maestro el Robinsón americano: o inventamos o erramos. Bolívar aunque no estudió derecho o leyes, deja su huella en esos predios; al respecto agrega Blanco Bombona: “Es el único que completó a Montesquieu –escribe un tratadista Constitucional? agregando a las tres ramas en que el filósofo de Francia divide el Poder Público, el Poder Electoral o Electorado”. Luego, sabemos, agregó también el Poder Moral, sueño terriblemente combatido, pero que después de dos siglos, la Asamblea Nacional Constituyente, de la cual me honro en haber pertenecido, creó el Poder Moral convertido en Poder Ciudadano, Comisión de trabajo a la cual pertenecí i me tocó escribir los lineamientos de partida u origen. Este hombre, genial i visionario, filosofaba sin saberlo, situado en la auténtica realidad de su tiempo. Su Senado hereditario i su Poder Moral, eran consecuencia de los pueblos de entonces. “Tengo poca fe en la moral de nuestros conciudadanos” pensaba, i Blanco Bombona agrega; “La historia de América durante el siglo XIX, prueba que los conocía. La inteligencia de Bolívar no pertenece al género femíneo de los cerebros que necesitan para concebir la excitación y procreación ajenas: su talento es espontáneo, original, masculino, virgíneo, creador. En suma, genial”. Por ello mi tesis de que lo más característico es ser un hombre genuinamente original; rompió patrones tradicionales de siglos; supo cumplir lo que los hombres casi nunca cumplen, aunque se escudan haciéndolo “por Dios” porque es un testigo que jamás se presentará; supo jurar i cumplir su juramento, así quedaran muchas cosas por hacer entre las propuestas, porque una existencia de apenas 47 años, es casi igual a un instante kikergeano en el tiempo i en la historia. Por todo esto, le considero el primer gran filósofo del continente americano en el ayer; original aunque bebiera sabiduría en los textos de grandes pensadores europeos, herencia intelectual, como los mismos europeos recibieron herencia de aquella lejana i prodigiosa corriente indoeuropea que cruzó los Montes Urales, i nos trajo modelos de sociedades (en principio matriarcales) i lenguas como el sánscrito, no madre sino hermana de otras lenguas cruciales como el griego, el latín, el germánico, etc. que dieron forma a la cultura occidental, proceso bien descrito en la obra de Pía Flaviosa, Origen y destino de la cultura occidental. El pensamiento es un hilo conductor de plata i oro, posiblemente desde que el hombre Neardental, tuvo un cerebro de más de 1.500 gramos de peso, evaluado por la cavidad craneana. Bolívar es ante todo un republicano que concibió los pueblos, en los principios expuestos por la Revolución Francesa, pero adaptados a una nueva realidad i orientada como lo dijo categóricamente, “La justicia es la reina de las virtudes republicanas”.

 

Sería absolutamente imposible en un discurso, que no es conferencia, porque el discurso connota fervor literario, los pasos de una sinfonía i naturalmente una somera i concisa exposición del tema, hablar de toda la filosofía política del Libertador. Empero, quiero al menos concretarme  a una tesis mui particular que defiendo, de ser John Locke, médico i filósofo padre del Empirismo Inglés, uno de los pensadores más estudiados en influyentes en el pensamiento político de Simón Bolívar; el “guerrero” que muchos quieren exaltar, como lamentablemente lo hizo ese excelente escritor colombiano, Germán Arciniegas; guerrero que en vez de llevar barricas de vino como Aníbal con sus elefantes, llevaba siempre en sus numerosas campañas, batallas i largas rutas que trazadas en un mapa parecen las de una línea aérea, una mula con un baúl de libros.

 

Bolívar era un hombre de cultura universal como Miranda. Miranda es en la historia el primer Venezolano Universal mientras vivió, como en nuestros tiempos lo ha sido el ya lamentablemente desaparecido Humberto Fernández Morán la más gran i universal de los científicos venezolanos, quien no obtuvo el Premio Nóbel, por no querer renunciar a su nacionalidad venezolana. No lo fueron en su época Bolívar, ni Bello, Baralt o Vargas, pero lo han sido después, especialmente Simón Bolívar considerado el Libertador por antonomasia i el Primer Ciudadano del Mundo, desde que este cognomento dado a los hombres, a partir de la Revolución Francesa, se hizo designación universal. Mucho héroe de la historia, el tiempo los convirtió en el Kraken de  La isla de los pingüinos  de Anatole France: una falsa creación de sus contemporáneos. Bolívar en cambio es el héroe que más ha crecido en la historia, al que más monumentos se le han creado en el mundo, a quien su pensamientos i sus obras se ha difundido en más de 16 idiomas i cuyas ideas revolucionarias para la libertad, el orden i la paz, siguen transcendiendo por el mundo de hoi. Su filosofía no fue copia de nadie, cuando la llevó a la práctica no solamente para libertar pueblos, sino para tratar de formar o crear pueblos que, en el presente, con las arrugas luminosas del tiempo, en el proceso revolucionario bolivariano, están logrando su gran sueño: una integración de pueblos o naciones latinoamericanas, con una historia casi común por parecidas, pero abanderadas por la epopeya libertadora que él encabezó desde Caracas, cuando exclamo ante la ignominia i el sometimiento colonial: ¡Es que trescientos años no bastan!

 

Por eso su filosofía, nueva aunque tuviese inspiración venida desde el orto del mundo occidental, fue como he dicho, un republicanismo puro, sincero, creativo, inspirado en la realidad que, a pesar en cierto modo,  como decía Jorge Luis Borges, ser “europeos transplantados” o “griegos en exilio”, este pensar genuinamente americano es filosofía latinoamericana nueva i pura como la concibió i trató de aplicar Simón Bolívar. Por eso si queremos usar un ismo, si aceptamos los que se fundan el nombres de  autores o procesos i hablamos de platonismo, aristotelismo kantismo, hegelianismo, marxismo, leninismo i multitud de ejemplos más; o si hablamos de clasicismo, romanticismo, impresionismo, ¿por qué no hablamos de  una filosofía bolivariana o bolivarianismo? Incluso fue un  filósofo teórico i pragmático que, ocupándose de conformar países,  constituciones i leyes i toda una orientación humana, educativa, moral i ética (los más conspicuos predios de la filosofía que abandonó sistemas i se situó en la verdadera realidad terrenal). Su genialidad conoció los terrenos de la economía mundial; supo de Adam Smith i su teoría de la riqueza de las naciones; i supo de la creación de Estado, especialmente conociendo la obra de Locke, con sus Ensayo sobre el Gobierno Civil i otros tratados, pero tomando de él lo que su claro intelecto le admitió i desechando ideas que no venían s sus propósitos para una realidad distinta. En carta a Santander en una ocasión menciona una larga lista de intelectuales, filósofos, escritores que ocuparon su atención i estudio i a otro personaje le dice “creo que usted no haya leído tanto como yo i con más detenimientos o estudio, autores como…”i sigue la gran lista. En esas ocasiones John Locke encabeza la lista i como se ha escrito tanto del Libertador, ¿De qué no se ha escrito? resulta difícil encontrar facetas desconocidas, me he concretado en un largo ensayo que hace tiempo escribo, para demostrar la  influencia de Locke en la filosofía política de Simón Bolívar.

 

Algunos autores han dicho que este médico filósofo,  que la obra señalada arriba “es de los libros políticos que  más honda y persistente influencia han ejercido en el pensamiento político europeo y americano”. En filosofía, Locke no resulta interesante por ser el pensador, se dice, que señaló o estableció los límites de la experiencia, o en otras palabras, que nada hai en el entendimiento que no haya pasado a través de los sentidos, lo cual alarmó a la iglesia i a la pretendida explicación divina de existir las ideas innatas, para afirmar que Dios es una idea innata, i no existiendo estas, se derrumba la falsa explicación. Además, porque para conocer, primero tenemos que hacer un inventario de las palabras, cosa que no deseo tocar aquí. Empero, en la política de su tiempo, expresa Luis Rodríguez Aranta, “la gran labor de Locke en su tiempo consiste en que proporcionó los principios abstractos para elaborar la doctrina de un partido político, ya existente, (el partido whig de Shaftesbury)  pero dotado ahora de una fuerte base teórica para afrontar el futuro”. I lo más importante que consiguió, fue formidable: “el abandono de la vieja idea del derecho divino de los reyes y el definitivo triunfo del Parlamento, como legítimo representante del pueblo”. Aunque vemos que esta idea se ha modificado i los sistema monárquicos parlamentarios, son una falsa representación del pueblo, fue un adelanto que, Bolívar modificó i le quedó sobre todo la aversión por el poder absoluto i divino de las coronas europeas, lo que demuestra cuanta mentira, calumnia i bajeza intelectual gravita, en las mentes que quisieron hacer creer que aspiraba una corona en América; la corona que le dieron los pueblos libertados, es su gloria i el título mayor de toda la Tierra, el de Libertador por encima de reyes, emperadores i tiranos. La legitimidad del derecho divino de los reyes, fue la idea más combatida por Locke e hizo siembra en la mente i en las obras de Bolívar.

 

Igualmente, como vemos en el Mensaje de Angostura i en muchas grandes proclamas del Libertador, su conocimiento de los social, que traspasa hasta un campo desconocido por entonces, como la ecología i el derecho a las riquezas del subsuelo, viene del segundo tratado de Locke, referente a que “es que el gobierno debe ejercitarse con el consentimiento de los gobernados. El hombre o gobierno que no ha cumplido la confianza de su pueblo carece de derecho para gobernarlos” Bolívar tuvo la necesidad histórica de ejercer temporalmente la dictadura, cuando se necesitó de una fuerza central unificante que frenara la anarquía de los pueblos; pero jamás pretendió ser dictador o tirano de sus pueblos, porque hubiese desvirtuado su pasión libertaria i ser reconocido con amor i devoción, como cuando expresó “la gloria está en ser grande y en ser útil”. Como Locke siempre pensó  que no es cierto que el gobierno signifique la sujeción del gobernado al dominio y voluntad de un poder superior”. I sin embargo, como ahora al presidente Chávez que ha tomado esta noble i justa lección del Libertador, ¿Qué más innobles i calumniosas acusaciones no le hicieron? ¿No le hicieron exclamar adolorido que, muchas veces le habían herido, ofendiendo lo más sagrado, como era su reputación i su gloria? Su teoría la justifica Locke en la Ley de la Naturaleza i en el Contrato Social, estrechamente vinculados.

 

Bolívar lo justifica simplemente en la justicia social i en el respeto a la voluntad popular, que los políticos contemporáneos, poco o nada estudiosos, llaman “populismo” pero que nuestro presidente Chávez, más leído, inteligente i empapado de la historia patria, ha sintetizado el anhelo en ese concepto de “darle poder al pueblo”, enmarcado en lo ya expuesto de ser la Justicia, la reina de las virtudes republicanas; i, alfabetizando i dando educación e instrucción por igual a todos, especialmente a la niñez, acatar a su maestro Simón Rodríguez en formar republicanos, para tener república. I, además, es bueno aclarar que, cuando Locke se refiere a “ley de la naturaleza”, no es en el sentido ambiguo o engañoso que hace la religión como una referencia a leyes de Dios, sino que, para el pensador inglés, ley de la naturaleza es la Razón. I finalmente, cuando Bolívar, mantuano i rico, se convierte en pueblo simple i llanamente, i al contrario de los célebres corruptos que empezaron a dilapidar, delinquir, engañar i a esconder dinero, desde el primer Préstamo Internacional que recibió la joven República, es el único héroe de la historia que, en lugar de enriquecerse i disfrutar de los dineros del poder que son los dineros del pueblo, sacrifica toda su fortuna en aras de la libertad. De Locke también leyó acaso, que “Nadie tiene derecho a tratar a los seres humanos como meros instrumentos para sus fines”, tal como en el presente lo hacen los dos grandes imperios que nos tratan de aplastar: el Imperio Norteamericano, que no el pueblo, sino un equipo presidencial esquizofrénico; marionetas u obedientes de los que realmente mandan: las transnacionales, los grandes monopolios i oligopolios del planeta.

 

Sería, pues, más materia de una extensa conferencia, referirme a la filosofía política del Libertador en un discurso. ¡Se ha escrito tanto! Existen biografías estupendas del Libertador, que califico a mi juicio (i coincido con algunos notables historiadores) tres grandes biografía de acuerdo a  la nacionalidad del autor. Para mí, la más bella, formidable i completa, sin producir cansancio alguno, sino sumergirse en ella con placer, es la de un gran diplomático e historiador colombiano; Don Indalecio Liévano Aguirre; la de un venezolano, la de Don Augusto Mijares i la de un extranjero europeo, la de Gerhard Masur.

 

Liévano Aguirre, además de la tan conocida i repetida frase de Bolívar respecto a los Estados Unidos de Norteamérica –que no voi a repetir por conocida? nos expone esta otra que quizá es más amplia: “Los españoles, para nosotros, ya no son peligrosos, en tanto que los anglosajones lo son mucho, porque son omnipotentes, y por lo mismo, terribles”.

 

Sin embargo, siempre he observado, desde que estudiamos filósofos americanos como Romero, Zea, Paz, Borges, Maíz i otros de reciente pasado, o venidos de Europa como Gaos o García-Bacca, es querer resolver el problema de que nuestros filósofos hacen o deben hacer una filosofía distinta a la venida del viejo continente, es recurrir a decir que, “aquello es filosofar i los que hacemos aquí es pensar”. Ello implica que los de allá se llaman filósofos i los de aquí pensadores, distinción que me parece trivial i absurda. No puedo comprender por qué, las aguas del Atlántico, han tenido que separar o diferenciar esa virtud maravillosa del cerebro del hombre, entre europeos i europeas transplantados o en exilio como señalé antes. Si creemos en algo de lo que puntualizó Hegel, en Grecia i Creta se implantó lo que vino de un singular orto oriental, que Grecia i Roma fueron la juventud viril del pensamiento occidental, pero que erradamente vio el ocaso en  la decadencia del imperio germano-nórdico, lo que fue un fracaso; igual la decadente prospectiva de Spengler o las visiones de la historia de Hegel i Arnold Toynbee, cuando el pensamiento ha continuado lúcido con Moore (en la Ética), Russell (en la ciencia), Wittgentein (en el lenguaje i la lógica), además de Carnal, Popper, Jasper, etc. que no crean sistemas sino que acompañan a la Ciencia en el progreso de la Humanidad o en visualizar sus graves errores al manejarla los políticos i no los científicos. Este “bloque” occidental, principalmente entre la ciencia i la tecnología i en oposición a las humanidades i la justicia social, son las que han desquiciado al mundo, donde la guerra es el gran negocio para invertir i explotar, hasta pretendiendo nuevos colonialismo. Nuestra filosofía latinoamericana se aparta abiertamente de esta manera de contemplar mundo i vida.

 

A ella se suman pensadores de casi todo el mundo, como lo vimos en el recién exitoso I Foro Internacional de Filosofía, celebrado principalmente en Caracas, pero extendido a los estados Anzoátegui, Barinas, Carabobo, Mérida i Zulia. No se ha pretendido romper el hilo de plata i oro de la Filosofía de la Historia que viene desde Parménides hasta Kant, Voltaire, Nietszche, Marx, Russell, en los últimos siglo, pero sorprendiendo a muchos desconocedores que, hasta los que nos movemos en los predios de la filosofía, tenemos que modificar opiniones o razones; si alguna vez repetí que Voltaire era el siglo XVIII, Nietszche el siglo XIX i agregué que Russell era el siglo XX, por su contribución a las matemáticas, la lógica, lo social i a la ciencia, tenemos que admitir que el fenómeno que más gravita en los cambios del mundo contemporáneo, sigue siendo Karl Marx, porque mundanizó la filosofía, se adentró en la realidad de los procesos humanos i se percató de la necesidad del constante cambio social mejorándolo, para la felicidad del género humano. En eso coincido con Russell, no solamente tenemos que percibir la realidad de los pueblos del mundo; tenemos que percatarnos de esa realidad empobrecida, marginada u olvidada, por los grandes imperios: el Norteamericano que aplasta por la crueldad mongólica que no respeta ni la cultura de las pequeñas naciones, como tenemos presente el genocidio en Afganistán e Irak, destruyendo hasta la memoria cultural del mundo; i la del Imperio Vaticano de Roma que, envenena las conciencias o las almas, con las grandes mentiras bíblicas, o como todas las religiones del mundo que son, antibiológicas, deshumanizadas (aunque hablen caridad i de eudemonismos en el más allá) i efectivamente estancadas i opuestas al progreso en la calidad de la vida. El Libertador se percató de la realidad de su tiempo i por eso inició la gran obra de la suprema integración de la América Latina i fue tan previsivo o visionario que, actualmente no es solamente la espada de Bolívar la que recorre América, sino la vigencia de su pensamiento, la transparente belleza de su filosofía, sus votos por la unión invocados a las puertas del sepulcro, porque había pensado i expuesto, como cita destacadamente Liévano Aguirre que “Esta lucha no puede ser parcial de ningún modo porque en ella se cruzan interese inmensos, esparcidos por todo el mundo”. Tenía visión de futuro. Empezaba a ser el más universal de los pensadores de América. Estamos llevando a la práctica la filosofía del Libertador, gloriosa, libre, creadora como la vio José Martí, el cubano genial i mayor admirador de Bolívar porque penetró en sus entrañas, en su alma con devoción de poeta i por ser la poesía la más grande i genuina huella del hombre en su paso por el mundo, como igualmente lo expuso el célebre Gabo en su discurso para recibir el Premio Nóbel de Literatura. Martín como Bolívar, con su condición humana imperfecta como la de todos, superó los ámbitos de las ambiciones i vanidades inútiles, por lo cual, identificado con el genio apasionado, alguna vez exclamó:

 

La libertad adoro y el Derecho

odios no sufro ni pasiones malas

y en la coraza que me viste el pecho

un águila de luz abre sus alas

 

Pienso entonces que, los trabajos que vayan a enfocar “la realidad latinoamericana i caribeña”, i esta anhelada integración de todos los pueblos del Sur, no pueden tener el mismo resultado del Congreso Anfictiónico de Panamá, nombre que en Grecia se refería a confederación de pueblos antiguos, lo que no cuadraba con pueblos precisamente nuevos,  que no lograron el propósito que anhelaba el Libertador, tanto por la solapada oposición del norte, como por el error de creer en la homogeneidad de la sociedad humana, así en singular, pues no existen sino sociedades humanas i desde hace muchos años en una novela-ensayo que escribí, no hablo de la Humanidad sino de las Humanidades contrapuestas que observamos sobre la Tierra. Así que la realidad latinoamericana i caribeña son sociedades diferentes, con sus historias, sus peculiaridades que tenemos en común sí, una extensión territorial i una parcial unidad idiomática i una sociedad plagada de conflictos como los pueblos en desarrollo del mundo; pero nos unifica la dignidad, la soberanía i un pensamiento que empezamos a ver también unificado en la filosofía del Libertador. Aquel Congreso fue solamente una respuesta o sólo un intento, al Congreso de Viena. Si Bolívar, como dijera Martí, todavía tiene mucho que hacer en América, es porque los hombres de hoi tenemos la responsabilidad de interpretarlo, enriqueciendo el conocimiento i tratando de superarnos en la Ciencia Pura, en las Matemáticas i el pensar con justicia sin vanos intereses, como vimos que compartían esa visión, los muchos filósofos que vinieron el I Foro Internacional de Filosofía, no solamente de América, sino de otros países avanzados.

 

Si por un  lado vamos superando el positivismo de Comte, el neopositivismo, el capitalismo i el neoliberalismo, el socialismo europeo con sus variantes, podemos pensar en un socialismo del siglo XXI pero realmente nuevo, inédito, así tengamos presente sus raíces. El mismo máximo teórico del marxismo francés, Roger Garaudy, cuando abandonó su posición i escribió El gran viraje del socialismo, pensaba en un socialismo nuevo, más humano –no como degeneró en muchos países del Este? sino que corresponda más a las aspiraciones del pueblo, como es lo fundamental de esta Revolución Pacífica Bolivariana que lideriza el Presidente Hugo Chávez Frías; quien cada día nos demuestra que está, como he dicho otras veces, el la ruta de los Libertadores, de aquellos grandes del pasado con trilogía prodigiosa, en Bolívar, Sucre i Urdaneta, que estaban hechos por el destino i por sus glorias, con el maravilloso material que cita Gerhard Masur: ¡la arcilla de los héroes!



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