Meditaciones en torno al Poema de Parménides
“De mis palabras el falaz ornato”
Parménides
“Pocas veces podemos en nuestros días
beber agua –directa, inmediata, des-
preocupadamente− de un manantial”
Juan David Garcia Bacca
Descendía saltarín desde las montañas azules, matizadas de ocres, verdes desvaídos i veladuras de niebla, sobre las plateadas rocas del cauce abierto entre la fosca, un sendero de agua. Etéreas náyades como libélulas locas, se cruzaban con tres bellas muchachas de largas cabelleras i cuerpos sensuales. Una, Euterpe, derramaba sonidos que se enredaban con las cadencias del agua que corre hacia la nada; otra, Clío, serena i de mirada perdida en los verdores del estío que de iba, buscaba qué anotar en su tablilla encerada, i una tercera de mirada profunda i soñadora, era Erato, la amante inspiradora de la poesía erótica compitiendo con Polymnia, no presente, que prefería los himnos o el canto a la heroicidad de los hombres que, ella, Erato, prefería amar. Acaso la vida, habiendo evolucionado desde la sopa biótica de los océanos, en miles de millones de años desde que la galaxia escapó veloz de la primera i única explosión de la singularidad ignota, fue dejando al azar la confección de los pequeños detalles del mundo i de la vida, para que apenas unos siglos antes, escasos nueve, antes de la Edad de Oro, de los pueblos esparcidos en los múltiples dedos de la península balcánica que se hunden en el mar, eran descendientes de antecesores mui lejanos, del cromagnón i el nearthental, entre 14 millones de años i 35.000, precedentes al inventado Adán, cuando empezaron a salir de la fosca mental con un cerebro de 1.500 gramos de peso; llegados entonces, a esta época arcaica de la antigua Grecia –todavía anónima− los hombres empezaron realmente a pensar.
Éste, debo advertir, no es un ensayo filosófico ni histórico, pero tampoco fantasía o especulación; no pretendo discutir hipótesis, tesis o algunos trabajos que pretendan demostrar que, todo el portento que encierra la filosofía griega viniese de oriente; según diría Hegel muchos siglos después; el orto de esta civilización es el Oriente, aunque propiamente no lo es. La filosofía occidental i la oriental son mui distintas; hubo sí ciertas influencias especialmente en ciencia i en religión, pero no en filosofía, pese a que Platón o Pitágoras viajasen a Egipto ( i Egipto en más sur que oriente respecto a la península de Poloponeso) i, que Demócrito se adentrara un poco hacia el oriente, o Aristarco de Samos concibiera que era el Sol i no la Tierra el centro del universo por enseñanzas de Seleuco de Elea, un oriental En ciencia, por ejemplo la geometría, verdaderamente debe proceder de Egipto que necesitaron de ella para reconstruir linderos después de las crecidas del Nilo, i la Astronomía de Babilonia que la iniciaron como Astrología, queriendo adivinar el futuro, o que la religión copiara casi todo de los pueblos sumerios i otros más orientales, ya que la Biblia es prácticamente una repetición o un plagio, de realidades orientales como señalaba Voltaire, desde el mito de Adán i Eva el Paraíso con el árbol del bien i el mal, más la tentación de la serpiente, hasta muchas de la leyendas recogidas en los Evangelios que jamás, han sido documentos históricos.
Mas, cuando el estudio del arte o de la historia mítica de la Ilíada i la Odisea, o las narraciones con pretensión de Historia del mundo como la de Herodoto o años después, Flavio Josefo se limitaban a un mundo sumamente estrecho o pequeño, porque el Mediterráneo era el mar del centro del mundo i sus alrededores todo lo conocido; el occidente terminaba en las Columnas de Hércules i se pasaba a la mar océano desconocida, donde Platón especuló con la Atlántida, o hacia el oriente la cortina de nieblas i misterios, apenas fueron vislumbradas en Las Mil y Una noche, o después de las aventuras o viajes de Marco Polo. Venecia llegaría a ser con los siglos, la ciudad más oriental de occidente, o la más occidental de las ciudades de oriente.
Entonces, aclarada la extensión de este esfuerzo o mejor, deleite del intelecto, volvamos a las danzas de las náyades i fijémonos que cosa puede haber anotado en su tablilla la musa Clío. Ni las cosas materiales salen de la nada, ni los hombres que piensan aparecen de repente. Había un mundo que tenía por distintivo al hombre que no solamente descubría el universo exterior igual que sus contemporáneos, sino que nos puso en conocimiento de un universo interior: Sócrates; de modo que conceptuamos a muchos como presocráticos i a otros como posteriores a él.
Existían ya “escuelas” de pensadores deslumbrados por las maravillas incomprendidas del mundo o sus creaciones, como el más antiguo documento la Teogonía de Hesíodo quien, según Aristóteles, fue el primero que se interesó o formuló la pregunta clave de la Filosofía griega ¿Qué son las cosas? indagación prodigiosa que nos ha cautivado hasta el presente.
Sin embargo, a los presocráticos como a los sofistas están dominados por el problema cosmológico. Hai entonces una aventura singular del pensamiento, ideas que se mueven como las libélulas sobre el arroyo, deseando comprender la Physis i la sustancia de la cual todas las cosas están compuestas. Cada pensador va colocando una pieza de construcción intelectual; se empieza como construyendo una pirámide, tal como debió comenzar Imhotep en la de Shakara (la primera pirámide escalonada i las construcción más elevada de entonces), extendiendo conocimientos elementales como las piedras o lozas del primer relieve o pisos cosmológico, antropológico, ontológico, el ético i el religioso, porque del asombro i el misterio, el hombre tiende a especular o a negociar. Así, Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímedes, Heráclito el “obscuro" que se fijó en el mensaje de ver correr el agua; Pitágoras que engrandece el mundo de los números i las medidas i Jenofonte que funda la escuela eleática i critica el antropomorfismo religioso, ante la creencia de que los dioses se parecen a los hombres o los hombres a los dioses, para llegar en ese campo eleático, a la figura de Parménides, cuando ya otra inquietud que reclama de varias musas, para crear perlas prodigios que se llaman poemas o poesía, ha sembrado su ritmo i sus encantos en el corazón humano. La poesía es la huella más firme del hombre creador, sobre la corteza virgen de la Tierra. I en aquellos tiempos, en los cuales nace la historia, el pensamiento filosófico no puede expresarse mejor i de manera más firme i duradera que, ¡en un poema!
(Continuará)