I
“Yo sí uso tinte. Libertad de expresión”
Nuestro epígrafe es un graffiti escrito en el parabrisas del carro de una joven universitaria que se opone al “cierre” de RCTV. Seguramente es una chica convencida de que su “proyecto de vida” está amenazado por el gobierno bolivariano. Y tiene razón, porque este gobierno intenta desarrollar un modelo de país distinto al que ella ha asumido como suyo, como el propio y el único posible de “su pueblo”, el modelo neoliberal impuesto en Venezuela desde los años 70 y en cuya imposición RCTV, jugó un papel determinante. En ese modelo ha sido socializada en su familia, en su escuela, entre sus grupos de pares, en su iglesia y, sobre todo, como receptor de mensajes frente al televisor. Por eso se siente hija de la libertad y la defiende.
Se equivocan quienes afirman que los jóvenes que han salido a la calle a protestar por lo que consideran un atentado a la libertad de expresión, no tienen ideas. Todo lo contrario, porque las tienen es que se resienten ante la decisión del gobierno y protestan. Decir que son “eunucos”, que no tienen ideas, es negar la raíz de la lucha de clases: las visiones de mundo opuestas, que se generan desde las distintas posiciones de clase. Ellos y ellas tienen una visión del mundo opuesta a la visión del mundo propia de los jóvenes revolucionarios y como su visión del mundo ha sido la hegemónica hasta hoy, tienen que resentirse ante la existencia de cualquier otra distinta. Tienen que negarla, denigrarla, subvalorarla, desconocerla y, llegada la oportunidad, combatir para destruirla. ¿Quién puede poner en duda esta realidad? ¿Nos vamos a olvidar ahora de las experiencias revolucionarias habidas en la historia reciente de América Latina y del papel jugado por los jóvenes “contra-revolucionarios” en Chile, Nicaragua, El Salvador, etcétera? ¿Es que acaso en Venezuela toda la juventud ha sido siempre contestataria? ¿Quiénes formaban las bandas de choque de AD y COPEI y quiénes hoy las de Primero Justicia? Es por esto que proponemos que lo primero –y lo mínimo- que deben hacer quienes los adversan es reconocer esas ideas, identificarlas, porque si no lo hacen ¿cómo saben contra quien combaten? La otra tarea que tienen que realizar los jóvenes que apoyan al gobierno, es preguntarse ¿Cuáles son las ideas que llevan a esos jóvenes a asumir esa actitud? ¿Son fascistas por definición o son liberales a la defensiva que pueden trocarse en fascistas? Y deben también reflexionar en sentido introspectivo: Si ellos son liberales, ¿nosotros qué somos? ¿Son opuestos los valores liberales y los socialistas? ¿Se puede ser liberal y de izquierda, o sólo son liberales los de derecha?
II
La joven del graffiti, es una fiel defensora de la libertad individual liberal. Una libertad que gravita, según Isaiah Berlin[2], en considerar que un individuo es libre en la medida en que ningún otro ser humano ni ningún grupo de hombres interfieren en su actividad y le impide ser lo que es capaz de ser o hacer. Las preguntas obligatorias que surgen entre ciudadanos venezolanos “criados” liberalmente es ¿Quién no está de acuerdo con esta idea de libertad? ¿Acaso no está contemplada esa idea en nuestra Constitución? Pero, también hay otras preguntas que surgen apenas contrastamos críticamente esa idea de libertad y la realidad cotidiana en nuestra sociedad, por ejemplo, ¿Qué es la libertad para aquellos que no pueden usarla? Sin las condiciones adecuadas para el uso de la libertad, ¿cuál es el valor de ésta? Berlin sostiene que “lo primero es lo primero” y hay situaciones en que un par de zapatos son superiores a las obras de Shakespeare y que la libertad individual no es la primera necesidad de todo el mundo, porque la libertad no es la mera ausencia de frustraciones de cualquier clase, si no que debemos ceder algo de nuestra libertad para preservar el resto de ella. Y es así, todos estamos dispuestos a aceptar cierta injerencia en nuestra actividad, pero nunca más allá de un límite, que es cambiable, pero siempre reconocible, como lo comprobamos en nuestra relación cotidiana con un médico, con los maestros, con la policía, con los amigos, etc. ante cada uno de ellos cedemos algo de nuestra libertad a cambio de una retribución: salud, conocimientos, seguridad, solidaridad, etc.
Lo que hemos dicho está muy claro y es aceptado por casi todo el mundo, pero tenemos que aterrizarlo y para ello nada mejor que unas preguntas que sirvan de tren de aterrizaje: ¿Dónde ejercemos nuestra libertad como individuos liberales? ¿Cuáles son los indicadores concretos de nuestra libertad? ¿Es la misma libertad la de un rico que la de un pobre, aún siendo ambos liberales?
Nada nuevo bajo el Sol ¿verdad?, porque la respuesta a la primera pregunta es que la libertad liberal se ejerce en el mercado. No sólo en el de Quinta Crespo o el Sambil, sino en esa especie de mundo fantasma que nos envuelve y es sostenido por los capitalistas y justificado por los economistas liberales, en el que supuestamente participan todos los seres humanos de manera voluntaria para satisfacer todas sus necesidades. En el mercado vendemos lo que podamos vender para obtener los ingresos suficientes para comprar lo que necesitamos. Los médicos nos venden salud, los maestros conocimientos, los policías seguridad y los amigos ¡Ay, los amigos! todos sabemos qué difícil es tener un amigo verdadero. Los economistas lo dicen -y lo repite Granier: <el mercado es la libertad>, de manera que ser libres es estar integrados al mercado. Cómo sea esa integración no importa, porque siempre será poseyendo, acumulando objetos y orientando nuestra participación con la información y los mensajes publicitarios que recibimos a través de los medios de comunicación, especialmente por la televisión. Y esta es la libertad que defienden los jóvenes que rechazan la no renovación de la concesión a RCTV. Muchos de ellos no veían ese canal, porque tienen cable o satélite, pero reaccionan ante lo que consideran un ataque al mercado y, por ende, a su libertad. Lo dijo el joven de oposición que intervino en la Asamblea Nacional: tenemos el derecho de elegir desde la ropa que queremos ponernos, el canal que queremos ver, hasta el partido que queremos que nos gobierne. En otras palabras: Es lo mismo consumir desodorante que elegir un presidente. Es un acto de elección individual entre dos o más opciones que sólo compete a cada individuo en la intimidad de su conciencia. Este es el mito neoliberal que, como todo mito da sentido a la vida de millones de personas.
Cuando el consumo se convierte en política, los estudiantes liberales suelen transformarse en activistas políticos. Los dueños de RCTV lograron convertir el medio en partido político y utilizaron las mismas estrategias subliminales publicitarias y de inducción al consumo en su acción proselitista para ganar adeptos a su guerra contra el gobierno bolivariano. Y no desde 1998 o el 2002, sino desde hace cincuenta y tres años, porque RCTV es el pionero en la promoción del modelo neoliberal. Este canal fue el Caballo de Troya en el que los neoliberales penetraron en nuestros hogares para convencernos de que el Estado es un monstruo insaciable que interfiere en nuestra libertad y lo debemos eliminar para darle paso a la iniciativa privada, nos trasmitió el estereotipo del indígena flojo, del negro como un peligro social, del funcionario público como un corrupto por naturaleza, promovió la imagen de Venezuela como un país sin pasado y sin futuro, etcétera. ¿Acaso no llama la atención que la concesión le fue otorgada durante la dictadura de Pérez Jiménez y la mantuvo durante todos los gobiernos de la “dictablanda” que execraron y persiguieron a los perejimenistas? ¿No eran perejimenistas los dueños de RCTV? ¿Por qué el dictador les otorgó la concesión? Es que la oligarquía no tiene patria: tiene capital.
III
Un punto antes de terminar: para que no se nos olvide
Hay que prestar mucha atención a las tesis de Thierry Meyssan, sobre el “Golpe suave”. No se trata ya de un proceso político tradicional, sino de uno muy distinto que tiene como blanco de ataque las emociones y la buena voluntad de las personas. Sin distinción de sus opciones políticas. Alguien podría pensar que nuestra preocupación es un rasgo paranoico desarrollado después del 2002, pero nos negamos a darle la razón, porque si uno analiza el tratamiento que El Nacional da las manifestaciones estudiantiles, cruza esta información con las opiniones de un columnista como Fausto Masó y en paralelo observa los hechos que han venido sucediendo, nos damos cuenta de que hay, por lo menos, dos rasgos del plan que devela Meyssan. El primero es que ya no se trata sólo de estudiantes, sino también de periodistas, es decir, que ya se sumó otro grupo muy importante y de gran proyección mediática; y el segundo rasgo es que todos los conflictos se desarrollan en el nivel de la sensibilidad y de las emociones: lucha por la libertad y los derechos civiles “amenazados”, por la autonomía universitaria “amenazada”, etc., en fin, aspectos que no constituyen temas que se puedan discutir porque no existe amenaza real sobre ellos, sino que se utilizan como íconos que están asociados (o conectados) a cargas valorativas y emocionales determinadas por la socialización recibida en la familia y en la escuela que, como sabemos, se diferencian según las clases sociales y los circuitos escolares correspondientes a cada una de ellas. Y si alguien observa las marchas y concentraciones de la oposición puede evidenciar que el nivel de angustia, miedo y agresividad reactiva entre los manifestantes es idéntico al de los años 2002 y 2003, lo que es estimulado por las acciones mediáticas de sus “voceros”: los jóvenes que abandonan “heroicamente” la Asamblea Nacional, la periodista Majo profiriendo insultos al “pueblo venezolano”, el periodista más “zanahoria” de Globo Visión rechazando “gallardamente” el premio metropolitano en una actitud burlona y despectiva delante de las cámaras de televisión, etcétera. En fin una serie de acciones que van dirigidas hacia la emotividad, a procurar reacciones también emotivas, porque es “natural” que quien se siente ofendido tan grotescamente reaccione violentamente. Si no de acción, por lo menos de palabra. Y esta es la estrategia que devela Meyssan: la gente actúa de buena voluntad, defendiendo algo que “siente”, que “quiere”, que le “duele”, tanto como si está a favor del gobierno como si está en contra, por ejemplo: la bandera invertida, los opositores detestan a Chávez porque sienten que él amenaza su libertad y lo demuestran de esa manera, por otro lado, frente a ellos, los bolivarianos quieren a Chávez y se ofenden con ese gesto y cuando se trata de emociones opuestas no hay mediación posible: o me quieres o me odias. Al final, tiene que llegar el enfrentamiento, que reviste dimensiones inesperadas porque se trata de millones de personas enfrentadas emocionalmente. Pensamos que lo que hicieron los gringos fue despejar el campo emocional de los enfrentamientos políticos violentos ocurridos en el mundo, lo aislaron del resto del entramado ideológico que constituye el espectro político, de esta forma logran que las emociones constituyan una especie de corriente que va creciendo a partir de ese núcleo emocional e involucra, o contagia, lentamente, a toda la sociedad. Pensamos que es esto lo que advierte Meyssan: llega el momento en que el gobierno pierde legitimidad y ésta pasa a la sociedad, porque para la “oposición” el gobierno continúa en su intención de eliminar la libertad y para los “oficialistas” el gobierno no actúa con suficiente fortaleza para impedir que los opositores continúen en sus acciones de desprecio por la patria. El gobierno sabe de qué se trata, qué está en juego, e impide la represión violenta, pero sus seguidores no lo ven así, sino como un signo de debilidad, lo que constituye el caldo de cultivo para cualquier otro liderazgo que ofrezca un avance más rápido en la revolución. Y ojo: Meyssan advierte que este plan es a largo plazo, a varios años y que ya no es el modelo del 2002, descrito en el famoso “Manual del golpe de Estado”. Además, es una estrategia basada en el poder persuasivo de los medios que afinarán aún más los mecanismos subliminales. De manera que no creamos que con las vacaciones escolares se acabó el cuento y que el carisma de Chávez es el antídoto contra todos los venenos. Mejor asumamos que nos enfrentamos al enemigo más poderoso de todos los tiempos y pensemos en cómo vencerlo en el largo plazo, formulémonos, por lo menos, una pregunta: ¿Qué estamos haciendo para contrarrestar el avance de la corriente emocional?
Tomamos prestado este título de un libro de Ulrico BecK, editado por el FCE.
Cuatro ensayos sobre la libertad. Edit. Alianza