La
neodemocracia de Juan Carlos Palenzuela
El,
hasta hace poco, arrogante y ácido juez del Arte –en singular y con
mayúscula, como le gusta mentarlo– ha sido afectado, al parecer, por el
virus político pues dejando de lado el papel de decidir quien entra o no al
Olimpo de los creadores, tarea que lo igualaba con los dioses, ha decidido
incursionar en las arenas públicas para darnos clases a nosotros, los simples
mortales, sobre democracia, diversidad y pluralidad como fundamentos para cualquier
buena gestión cultural. Sólo le faltó mencionar la inclusión para tener las
cuatro patas de la mesa revolucionaria, pero sería mucho pedirle a un demócrata
neonato creyente de la representatividad, que es como decir nuevo demócrata de
viejo cuño. Si no fuera por esto último tal vez Antonieta Di Estefano pudiera
considerarlo como posible facilitador de la Misión Cultura en Caricuao.
El
novel demócrata de viejo tipo señala con vehemencia: Se pretende imponer lo
popular suprimiendo la pluralidad de lo contemporáneo… al ordenar desaparecer
los logotipos se embiste contra la tradición cultural contemporánea… Se intenta
descalificar un período de muchos logros y reemplazarlo por uno de asedios al valor democrático
de la sociedad moderna…
Todo
este ensañamiento antidemocrático no se puede ocultar, según el crítico, tras
la apertura que proponen las megas exposiciones, el registro audiovisual de las
tradiciones populares o el certamen mayor de las artes visuales, ni puede ser
diluido en las motivaciones que convocaron al coloquio de integración de las
artes visuales, al encuentro mundial de arte corporal o a las bienales del
aire, del agua o del fuego; lo antidemocrático y contrario a la pluralidad fue
la orden de eliminar la diversidad logotípica de las instituciones oficiales.
Pero vea usted que el neodemócrata muestra ya el perfil clásico existente en
todo funcionariato: como el mejor de los burócratas del Inciba supone que la
gestión oficial de la cultura es la cultura. Y como entendemos que esto nos ocurra
a nosotros, funcionarios del rrrégimen, que no tenemos la sabiduría de este
señor, pero no imaginábamos que le ocurriera a él, no podemos ahora evitar
decirle que debería ser menos engreído calificando de bárbaros a los demás
funcionarios y de ignorante al ministro, debería verse a sí mismo pues le queda
feo eso de señalar la paja en el ojo ajeno con tamaña viga atravesándole el
encéfalo. A menos que nos esté engañando cuando hace creer que abandonó el
Olimpo para proponer una democrática gestión cultural cuando lo que está
defendiendo realmente es el regreso a la pasada gestión autocrática de la
cuarta república. Por lo menos esta frase pareciera evidenciarlo: La
agresión a los museos, a sus trayectorias, a su pluralidad programática y a la
autonomía de gestión… es contraria a la democracia.
Y
es ahora, cuando llevo ya escrito estos tres párrafos, que me detengo a pensar
–como lo haría cualquier advenedizo de la escritura– que el señor
Palenzuela cuando habla de los logotipos pasados a retiro lo que está haciendo
es escribiendo de nuevo sobre algo que pasó hace ya muchos meses y que recibió
en ese entonces suficiente cobertura, ¿por qué entonces la reiteración? Sólo
encuentro dos explicaciones para tal fastidio: o el señor Palenzuela perdió la
vena creadora, cosa fatal en los iluminados o anda en campaña para ser tomado
en cuenta por el Manny Rosales para una futura gestión desde el Ministerio de la
Cultura. De ser esto último sólo me queda decirle que modere sus impulsos para
coger vuelo en el 2013 pues por los momentos a Rosales lo único que le queda, y
seguramente sin mucho éxito, es declarar la independencia de la parroquia
Venancio Pulgar. Pero a lo mejor no es nada de estas cosas y se trata simple y
llanamente de un padecimiento muy común por estos tiempos llamado disociación
sicótica.