Esta se desarrolló por cuatro días a través de
Internet en la página que mantienen un grupo de profesores de la Universidad
Central de Venezuela. Comenzó cuando cuestioné los conceptos que el señor Luís
Fuenmayor emitió en un artículo suyo, que había sido publicado por el diario Ultimas
Noticias,
dirigido contra el Ministro de Educación Superior y el Rector de la Universidad
Bolivariana de Venezuela. Ese artículo terminaba diciendo: “Cuando cese el
desorden dentro de la revolución, ella misma barrera con incapaces y
trepadores…” Se me ocurrió meterme en el asunto expresando mis observaciones a
esa sentencia final que plantea el señor Fuenmayor. He aquí los resultados.
1.
El orden esclarecedor
Un artículo del señor Fuenmayor sobre
algún rollo con los que él llama ministrillo y rectorucho", que me tiene
sin cuidado, concluye con una frase que si me importa, y mucho. Decir
"Cuando cese el desorden dentro de la revolución, ella misma barrerá con incapaces y
trepadores..." es suponer que el orden es regenerador de virtudes. En
realidad no lo es. Cuidado pudiera ser todo lo contrario. Lo que sucede con
frases como esas es que suenan bien, correctas pues. Como una muy trillada que
dice más o menos: "...aplicar medidas que restablezcan el orden
institucional", lo cual siempre ha significado: arranquen a correr porque
lo que viene es leña. El asunto de fondo está en quien determina donde está el
orden y quienes los desordenados. Dependiendo de eso los incapaces y trepadores
bien pudieran estar en cualquier lado de esa antinomia. Cosa con la cual
seguramente están de acuerdo los que él llamó "ministrillo y
rectorucho".
Hay
una cita de Nietzche que siempre recuerdo cuando oigo hablar del orden esclarecedor: "...Es
necesario llevar en sí mismo un caos para poner en el mundo una estrella
danzante".
José Manuel Rodríguez
2.
Respuesta al Orden esclarecedor
Es difícil que a alguien que le
tiene sin cuidado quién es ministrillo y por qué y quien rectorucho se tome la
molestia de analizar frases o, mejor dicho, oraciones de un artículo, tratando
de sacarlas del contexto en el cual fueron escritas. Entiendo que el poder que
uno enfrenta hoy, al igual que el de pasado, tiene muchos seguidores y gente
dispuesta a congraciarse con él a cada rato y en cada momento. Por eso no me
extrañan comentarios de esta índole; los tuve que enfrentar en el pasado,
cuando muchos de estos “expertos" en análisis de contenidos no
pronunciaban ni una sílaba, por lo que no me importa tener que volver a enfrentarlos ahora. Por supuesto que el
orden revolucionario es regenerador de virtudes, mientras que del desorden
continuado se aprovechan los contrarrevolucionarios. No hay sino que revisar un
poco la historia para ver cuan cierto es lo que se señala.
El
13 de abril de 2002, el pueblo restableció el orden institucional que había
sido cruelmente roto por quienes dieron el golpe de Estado contra el presidente
Chávez y su gobierno. Es ese orden revolucionario el que defiendo, así como
estoy al lado de la institucionalidad revolucionaria y de que se tomen las
medidas para evitar el desorden golpista de la oposición antinacional.
Para
saber quienes son los incapaces lo que hay que hacer es simplemente medir el
desempeño en función de los planes que el propio gobierno se ha trazado. No es
nada difícil. Los trepadores todo el mundo sabe donde están,
independientemente de que por miedo al poder no lo señalen e incluso quieran
protegerlos.
Que
ministrillos y rectoruchos no estén de acuerdo con lo que digo, por supuesto
que no deben estarlo. Por algo los "illos" y los uchos". Si de
frases se trata, podría recurrir a muchas; fuera de contexto o en el contexto
en que las forcemos a entrar, no significan ni prueban absolutamente nada.
Luís Fuenmayor
3.
Respuesta a la respuesta al Orden esclarecedor
No señor Fuenmayor, no entendió.
Creo que usted entiende poco. No es que a mí me tenga sin cuidado quien sea
ministrillo o rectorucho, utilizando esos extraños apelativos que usted
inventa. Lo que me tiene sin cuidado son sus rencores, que son los que lo
llevan a aplicárselos a quienes hacen las cosas que imagina le tocaban hacer a
usted. Es usted, en su extraña manía, quien lo afirma cuando dice: “Que
ministrillos y rectoruchos no estén de acuerdo con lo que digo, por supuesto
que no deben estarlo. Por algo los "illos" y los "uchos".”
Es decir, son cosa insignificante porque no están de acuerdo con usted. ¡Qué
cosa señor Fuenmayor! Usted, sufriendo de una evidente paranoia, se siente
defensor de alguna fortaleza solitaria, una fortaleza que todos atacan y que a usted, en solitario, le toca
defender armado, cual caballero medieval, de escudo y lanza. Usted es el orden,
usted la institucionalidad, usted la revolución, los demás son “illos” o “uchos”.
Es
patético cuando dice: “…los tuve que enfrentar en el pasado… por lo que no me
importa tener que volverlos a enfrentarlos ahora…” ¿A quien señor Fuenmayor, a
quien tuvo que enfrentar? ¿A que grupo de malvados pertenecemos? Usted dice que
las mías son simples frases sacadas de contexto que no prueban nada. Yo no
tengo nada que probar, señor Fuenmayor, las pruebas, en demasía, las está
poniendo usted.
José Manuel Rodríguez
4.
Nueva respuesta a la respuesta al Orden esclarecedor
Mire señor José, Quien parece que no
entiende nada es usted. Si le tienen sin cuidado mis "rencores", con
usted los llama, no se meta entonces donde nadie lo ha llamado, y mucho menos
para no agregar nada en un discusión, que no la inicié yo con un comunicado de
prensa de una página. El problema no es quienes hagan las cosas que, según
usted, yo pienso debería haber hecho yo. Ojala y así fueran las cosas. El
problema es quienes simplemente no hacen las cosas o las hacen en forma
equivocada, y no porque yo lo diga, sino porque los hechos lo confirman y además lo sabe todo el mundo. O es que
designar un rector que se graduó de licenciado con notas infames hace pocos
años, que no tiene ni siquiera una especialización y que, además, no tiene el
requisito de la Ley de 5 años de actividad docente universitaria es hacer las cosas
bien. ¿Donde quedan los reclamos hechos a las actuales autoridades de la UCV
por no tener un doctorado? ¿Ellas sí lo deben tener, pero el rector de la
Bolivariana no? Rector que fue designado a medio tiempo, porque el otro medio
tiempo lo ejercía como viceministro, contraviniendo la Ley y la lógica más
elemental. ¿Es eso hacer las cosas bien? Con esa lógica, Velásquez Alvaray las
debe haber hecho muy bien, y quienes lo hayan criticado son paranoicos
envidiosos según su extraño razonamiento. Quienes incumplen sus funciones por
ignorancia o negligencia son "illos" y "uchos", sufijos de
nuestro idioma castellano y no
simples ocurrencias mías como equivocadamente usted las llama. Como siempre
ocurre, en lugar de mantenerse en el terreno de los argumentos, usted ya pasó a
ofender, a llamarme paranoico y caballero medieval defendiendo una fortaleza
solitaria. Bueno, al final de su correo aclara que no le interesan los
argumentos, por lo que se ve muy bien qué es lo que le interesa. Es el recurso
de gente que siempre está donde tiene que estar: Con el orden establecido, con
el poder, porque de otra manera se sienten pequeños y débiles, como en realidad
son y por ello se congracian cada vez que pueden con el amo. Si quiere saber
mis enfrentamientos del pasado, revise la prensa del 27 de febrero de 1989 en
adelante e infórmese lo que se hizo desde la UCV, para enfrentar la masacre del
pueblo hecha por el ejército. Revise también los años 1990 y 1991, para que se
entere y pueda habla con bases
ciertas y no como lo hace. Revise la prensa de marzo, abril, mayo y los meses
siguientes de 1992, luego del golpe del 4 de febrero, para que vea y sufra con
la verdad. Si quiere ir más atrás, lo invito a revisar las noticias de todas
las movilizaciones que se efectuaron en todo el país en 1985, 1986, 1987 y
1988, para que entienda de qué se trata cuando digo "los enfrenté en el
pasado" y no se comporte como el insensato que descubre el contenido de su
correo. Es claro que usted no quiere probar nada, como bien lo afirma al final
de su escrito de calificativos, usted se metió en una discusión que no quiere
entender, en un problema del cual no quiere saber, pues su interés desde un
principio era descalificar sin argumentos y recurrir al insulto para ofender y
molestar. No me molestan quienes quieren, señor José, sólo quienes pueden.
Luís Fuenmayor
5.
Que Equidad ponga orden
Señores de Equidad (en realidad no
se a quien me debo dirigir):
Realmente me siento apabullado y también maltratado, tal vez sea verdad que
esto me pasó por meterme donde nadie me ha llamado, pero también es cierto que
nadie me había dicho en Equidad que no me podía meter en los asuntos que aquí
se tratan. Entiendo por las últimas cosas que me lanzaron por la cabeza que me
metí con un señor peso pesado (en credenciales, se entiende), parece que lleva
años dando grandes peleas, desde el ochenta y cinco creo que dijo. Me soltó una
larga lista de años de peleas lideradas por él contra… bueno no se, creo que
contra el mundo, y me dijo todo eso para que yo sufriera (“vea y sufra con la
verdad” me dijo). Y hasta tiene razón, yo las únicas peleas que he tenido son
epistolares. Algunas han sido bravas, pero epistolares, claro, en esas peleas
no se debatía el destino de la
nación como seguramente si en los combates de este señor (que mejor no lo
nombro de nuevo no vaya a ser que me suelte otra andanada de golpes, con su
intelecto se supone). Pero lo que verdaderamente me ha resultado desconsiderado
de ustedes es que no me hallan advertido de alguna manera de no meterme con ese
señor que está enterado de todo lo de uno, fíjense que me dijo que yo era de
esos seres que están “…con el orden establecido, con el poder, porque de otra
manera se sienten pequeños y débiles, como en realidad son y por ello se
congracian cada vez que pueden con el amo.” ¿Cómo habrá hecho para saber todo
eso de mí? ¿Será por eso que me llamó señor José en vez de señor Rodríguez que
es lo que se estila? ¿En Equidad tendrán una reseña de uno, a la cual él tiene
acceso? Eso sería ventajismo. Claro que no es del todo asertivo: a lo mejor soy
pequeño y débil, no me había dado cuenta hasta ahora, y también es verdad que estoy con el
orden establecido, como él ahora lo llama -ya parece que no tiene tantas virtudes-,
siendo funcionario público tengo que estarlo, y no por eso lo ensalzo, insisto
con esto porque fue lo que originó este malhadado encuentro. El orden nunca me
ha gustado mucho, ni siquiera ese orden revolucionario que él dice defender, y
en el que nadie conoce sus límites, pero que a mi siempre me parece que termina
agarrándolo con los poetas (lo digo por Maiakovsky y Roque Dalton para no
meterme con la revolución cubana a la que quiero mucho). Y sobre todo se
equivocó con lo del “amo”. Si se refiere al ministro Moncada o al Rector Ruiz,
está confundido, yo trabajo con Farruco al cual ni ministro le digo. Ahora
bien, si se refiere a Chávez, esa novedad (que ya no es confusión) ni siquiera
a la oposición se lo había oído decir.
José Manuel Rodríguez
6.
Respuesta a Que Equidad ponga orden
Tranquilo amigo profesor. No lo
conozco y no se me hubiera ocurrido jamás intervenir en una discusión suya
con otros, sobre todo si desconozco los antecedentes y las causas. Quien
se ha sentido apabullado y maltratado por muchos he sido yo y no me quejo, simplemente
no me dejo. No acostumbro llevar las discusiones a lo personal y por lo tanto
puede usted estar seguro que no le guardo ningún resentimiento. Usted dijo
algunas cosas que le parecían y yo dije las que consideré necesarias. Le
aclaro, no peleo contra el mundo, como usted irónicamente dice, ni tampoco soy
un rebelde sin causa. Ah... Mis contiendas políticas las he librado desde mi
época de estudiante y militante de la juventud comunista; mucho antes de 1985.
Por último, no tengo dueño, ni amo, ni creo en dioses terrenales. Estoy con el
presidente Chávez no porque lo considere infalible, que no lo es como se ha
demostrado muchas veces. Respaldo su gobierno porque es el líder indiscutible
de un proceso de cambios
interesantes de rescate de valores como la soberanía nacional, la
autodeterminación de Venezuela y su independencia. No entiendo la lealtad como
la conducta de decirle al amigo o al jefe lo que quiere escuchar; leal es quien
les dice absolutamente lo que piensa y trata de alertarlos sobre situaciones
inconvenientes, independientemente de que pueda causar ciertos disgustos en
quienes tienen la adulancia y el silencio como conductas. Mucho gusto en
haberlo conocido, éxito en sus funciones y salúdeme a Farruco de mi parte.
Atentamente.
Luís Fuenmayor
Aquí concluyó, por decisión propia, la polémica.
Se hizo para mí evidente que el señor Fuenmayor en su exacerbado reconcomio con
quienes están haciendo las tareas que él supone suyas, no logra entender ni
siquiera las ironías. Copiado tal y como salió publicado entre los días 17 y 20
del pasado noviembre.