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José Manuel Rodríguez |
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Es arquitecto, de formación marxista y durante 28 años ejerció la docencia del diseño en la Facultad de Arquitectura de la UCV, actividad que compartió con la práctica arquitectónica y el trabajo político. Dedica sus esfuerzos ahora, al rescate y protección de las manifestaciones culturales venezolanas al frente del Instituto del Patrimonio Cultural que es, según él, otra manera de hacer política. |
De cómo Edso de Melk retoma, ahora en las tórridas regiones equinocciales, la saga dejada en los Apeninos
(con la venia de Umberto Eco)
Si de transfiguraciones se trata qué mejor lugar para hacerlo que la santidad magnífica de una abadía cluniacense. Soy ahora un iniciado en los misterios del santo sacerdocio de Dios que asisto a mi amantísimo obispo en la ardua tarea de elaborar, con los otros obispos del episcopado venezolano, la bula contra los heréticos chavistas que, cual antiguos fraticelli, convertidos por sus pasiones y mal talantes en los nuevos monjes apóstatas recorren, ahora con sayos rojos, el territorio de nuestro imperio de Dios convenciendo a los simples con sus prédicas mentirosas.
Claro es que no estamos en Cluny, ni mucho menos, sólo en la modesta parroquia de La Vega, en el aula magna de una catoliquísima academia. El lugar, a pesar de su apasionado espíritu religioso, está lejos de la majestuosidad de las abadías benedictinas debido seguramente a las torpezas de sus maestros artesanos que incluyeron en su fabricación una estructura de hierro tramado que la asemeja a las industriales naves ferrocarrileras donde la presencia divina no pareció haber sido tema de interés. Pero la tosquedad de este espacio es aliviada por la santa multitud de prelados que ahora lo pueblan, poseedores todos de un exaltado amor fraterno y reunidos en el cumplimiento de sus obligaciones de iluminar la vida personal de nuestros fieles y destruir la mala hierba que socava la autoridad de la iglesia. Esta tarea de la curia es muy importante para el futuro de la cristiandad venezolana: se trata de mostrar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad el camino de la verdad y la vida, que es el camino de Jesús, frente a las herejías de estos nuevos cátaros, seguidores, como siempre lo han sido, de ese espíritus libertatis que tiene éxito entre los simples sugiriéndole la posibilidad de una vida distinta a la que Dios le ha asignado, desconociendo así, estos infelices, la voluntad de nuestro Señor.
He estado con mi obispo todos estos días en un arduo trabajo de tomar nota de las discusiones que realiza la alta jerarquía católica y esas notas que se han acumulado en mi cuaderno, si bien corresponde a lineamientos que acato por disciplina, me van produciendo cada vez mayor turbación. En busca de tranquilizar mis angustias, que son poco importantes frente a las grandísimas preocupaciones de estos prelados, aprovecho un momento de pausa en la intensa sesión para comentarle, muy cerca del oído, a mi amantísimo obispo, sobre mi turbación, asociada según logro comprender al contenido que me parece, resueltamente político, del documento que se está elaborando, le digo –no sin dejar de pedir disculpas por mi osadía– que la posible instauración de un modelo político y social bajo un signo ideológico diferente al que habíamos tenido hasta hace pocos años, es sólo eso, un cambio en la ideología que guía al Estado que por lo demás ha sido siempre laico y poco amigo de la iglesia, por lo que esta nueva concepción ideológica no tendría porqué desviar la tarea evangelizadora de la Iglesia, por el contrario, debería reforzarla, pues acompañar a los humildes y abogar por la justicia y la paz siempre será una tarea de nuestra agenda. El pronunciarnos sobre los problemas sociales no constituye una injerencia indebida en la vida política –me contesta el obispo, y siento algo de molestia en sus palabras– ni entra en contradicción con las tarea de la iglesia, por el contrario de lo que se trata es de dar cumplimiento a nuestra obligación de iluminar la vida personal y social de nuestros fieles desde la perspectiva del Evangelio y con criterios estrictamente pastorales, es bueno que sepas mi querido Edso lo que el Papa nos ha recordado hace poco, que la Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido, y que tal cosa es posible sólo siendo independiente, enseñando los grandes criterios y los valores inderogables, orientando las conciencias y ofreciendo una opción de vida que va más allá del ámbito político, formando Edso, educando Edso, mostrando Edso las virtudes individuales de la justicia y de la verdad, esa es la vocación fundamental de la Iglesia y también la de los laicos católicos que nos acompañan, que deben ser conscientes de su responsabilidad en la vida pública, participando en la oposición contra las injusticias, estando presentes en la formación de los consensos necesarios para enfrentar este régimen demoníaco. Pero Padre, si se trata de enfrentar algo por ¿qué no enfrentar las razones de la pobreza? ¿Qué mayor injusticia que la pobreza? –y continúo después de pedir disculpas por mi atrevimiento–, ¿por qué algunos de nuestros obispos, aunque seguramente llevados por su deseo de servir al proyecto de la Iglesia, se han involucrado en acciones con esos políticos que según el Papa, están movidos por intereses demasiado terrenales? esos políticos de una u otra forma son responsables de esa injusta distribución de la riqueza. ¡Por favor, no confundáis cosas distintas! hay que saber distinguir entre aquellos que parecen herejes de los que pareciéndolos, no lo son, son herejes sólo los que ponen en peligro el orden que gobierna al pueblo de Dios y por eso nuestra defensa de su imperio y de sus representantes en la tierra, que no sólo están en el Vaticano sino también en la gran nación del norte, ellos nos aseguran la vigencia de este orden, deberías Edso, recordar algo de nuestra historia pasada, recuerda, para que no te sientas mal por lo que asumes como supuestas contradicciones de la madre iglesia, aquellas palabras de Arnaldo Amalrico, abad de Citeaux, cuando le preguntaron que hacer con la ciudad hereje de Béziers: “matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”, dijo frente a lo que era inevitable. Yo, Padre amantísimo –me atreví a decir– no quisiera recordar ese triste capítulo, más bien prefiero recordar las palabras de Helder Cámara, el santo Obispo de Brasil, él decía que no entendía por qué lo llamaban santo cuando le daba de comer a los pobres y comunista cuando preguntaba el por qué de la pobreza. Esa Edso fue una frase engañosa, el obispo que mencionas era un comunista embozado, pretendió darle un carácter cristiano al socialismo o un carácter socialista al cristianismo, que es peor aún, y es lo que también intenta Chávez, lo cual es imposible, es curioso que recuerdes a Cámara y no a Ovidio Pérez Morales cuando declaró que el socialismo cristiano es una identificación falsa, que el lema "Patria, socialismo o muerte" evidencia que nos dirigimos hacia el establecimiento de un sistema socialista fundado en la teoría y la praxis del marxismo-leninismo que es, por lo demás, anticristiano. Pero Padre, –continué en mi arriesgada réplica– Chávez habla del socialismo humanista y cristiano y precisó que el marxismo-leninismo, por su dogmatismo, no se dará en Venezuela, dijo inclusive que él no es marxista. Lo mismo de siempre, esas cosas ya la han dicho antes los que no siguen los dictados de los obispos, y es que el demonio en sus acechanzas y seducciones repite sus ritos a través de milenios, te estás ganando por tu ingenuidad un jalón de oreja Edso. Perdone mis impertinencias, mis dudas y mi ingenuidad pero Padre, yo creo, como dice el documento, que la pobreza, el desempleo, la falta de vivienda, la carencia en los hospitales, los deficientes servicios públicos, los niños de la calle y los ancianos sin atención, continúan siendo verdaderos problemas sociales, continúan Padre, es decir, vienen desde hace tiempo, el sistema ideológico anterior no hizo nada por resolverlos, más aún, pudiéramos decir que los acrecentó como se vió en los años posteriores a 1989, ahora este gobierno ha colocado el acento en enfrentar tales inequidades, y con sus misiones parece que la cosa va más allá de la intención ¿por qué no darle la oportunidad? porqué no proponer en nuestro documento que si el gobierno, de verdad, busca mejorar la situación de la gente que está en la pobreza, debe trabajar conjuntamente con la Iglesia para superar todos estos males porque eso es lo que ha hecho la iglesia siempre ¿no es así Padre? de esta manera forzaríamos el camino para una respuesta positiva del gobierno, pero para eso habría también que eliminar esa referencia a lo de RCTV y a los estudiantes que salieron a defenderla, todos sabemos que la programación de ese canal estaba bien lejos de propalar la vida virtuosa y la castidad y sí, por el contrario, la lujuria y la violencia y también que ese canal monto una campaña política con el diseño de expertos comunicacionales que terminaron utilizando a los estudiantes como instrumentos de confrontación. Me sorprende tu pasión Edso y más me preocupa lo sesgado de tus juicios, la verdad Edso sólo es de Dios, sólo a él le corresponde enjuiciar, pero es bueno que sepas que más allá de la defensa de un determinado medio, sobre el cual el Episcopado ya expresó en el pasado sus cuestionamientos, se trata, en este caso, de denunciar un atentado a la libertad de expresión que reduce los espacios de libre comunicación y lo que es más grave, que favorece una hegemonía demoníaca oculta tras una supuesta defensa de la moralidad y la virtud, y esos estudiantes que tú señalas como ciegos instrumentos son nuestros estudiantes, de nuestros colegios católicos, que se reunen con dirigentes eclesiásticos y también políticos pero en reuniones virtuosas pues están en la casa de Dios ¿sabes lo que sucede en esas otras reuniones que hacen por las noches los círculos bolivarianos y comunales? te voy a contar lo que relató a la Conferencia Episcopal uno de nuestros párrocos que tuvo ocasión de asistir a estos diabólicos encuentros nocturnos: llegaron hasta una casa de esas que llaman de la cultura, donde estaban reunidas muchas personas de ambos sexos, en medio del silencio general un heresiarca pronunció un discurso plagado de blasfemias con la intención de corromper sus vidas y sus costumbres, después, apagadas las luces, cada cual se echó sobre su vecina, sin hacer distinciones entre la esposa legítima y la mujer soltera, entre la viuda y la virgen, entre las dirigentes y las dirigidas y, ¡peor aún! ¡Que el señor me perdone por hablar cosas tan horribles! entre la hija y la hermana. Discúlpeme Padre no vaya a pensar que soy un descreído y menos que pertenezco a una secta de herejes infiltrados en nuestra iglesia pero yo leí un relato similar en uno de nuestros libros santos, contado por Everardo, un canónigo de San Gedeon en Verona, que vivió esa experiencia allá por el siglo doce, no dudo que haya sido verdad pero tal cosa no necesariamente sigue ocurriendo, tampoco creo que la lascivia está sola del lado de los que no siguen los dictados de los obispos, y menos ahora que están apareciendo en la prensa cosas terribles donde miembros de la curia están comprometidos en sodomía y pedofilia. ¡Nada de eso es verdad! –mi obispo alzó la voz encolerizado, tanto que los otros curas cercanos volteron curiosos, luego bajando de nuevo la voz me dijo viéndome fijamente a los ojos– a veces hay poca diferencia entre el ardor de los Serafines y el ardor de Lucifer, porque ambos nacen de un encendimiento extremo de la voluntad y pudiera suceder que algunos niños y jóvenes confundan los cuidos y afectos que les brindan los sacerdotes con abominaciones que me niego a nombrar. –No pude contenerme y le recordé al obispo el caso reciente del padre Piñango que afectó a la propia Conferencia Episcopal–. Hay pastores que por sus debilidades fallan y caen en el desenfreno del pecado –dijo con evidente amargura lo que me dio fuerza para continuar–. Si un pastor falla hay que separarlo de los otros pastores, pero ¡ay si las ovejas empiezan a desconfiar de los pastores! ¿Por qué haces tal admonición? Esta admonición Padre viene de mis preocupaciones por lo que decimos en este documento que nos ocupa, señalamos la paja en el ojo ajeno y ocultamos la viga que afecta nuestra santidad ¿recuerda Padre aquel otro documento emitido por el Vaticano, firmado por el cardenal Octaviani, donde se instruía a las diócesis de todo el mundo a mantener en secreto las acusaciones de abusos sexuales en la Iglesia y las relaciones sexuales de curas con otro hombre o “con jóvenes de ambos sexos o animales brutos”, entiendo que debemos mantener el secreto de confesión pero no ocultar la denuncia pública que es lo que ahora intenta hacer la Arquidiócesis de Los Ángeles, prefirió pagar 660 millones de dólares para evitar un escándalo por abuso sexual en vez de erradicar la mala hierba que ha crecido en torno suyo expulsando de su congregación las perversidades, y aquí también sucede lo mismo, el obispo de Coro, que Dios me perdone, oculta aberraciones de sus párrocos, como aquel de Las Calderas… ¡Cállate ya Edso! no quiero seguir oyendo tus herejías, estás afectado por las mismas pasiones de aquellos que siguen al heresiarca, ofendes la dignidad de los obispos, actúas como un emisario del demonio, deberás confesarte y pedir perdón por tus pecados para que te ayude a entender que el misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo, y eso incluye las estructuras políticas, para llevarles aquel tipo de relaciones que tienen su fuente inagotable en el amor de Dios, evitando así las malas influencias que ejerce el maligno sobre los simples, aprovechándose de que ellos no están iluminados por el saber y están lejos de tener el sentido agudo de las distinciones, propios de los hombres sabios como nosotros. Ellos Edson, los simples, eso que el perverso mayor llama el poder popular, no son sino un poder propicio para la maldad, algunos de ellos son enviados para tentar a los clérigos y corromperlos, y no tengo dudas que eso fue lo que pasó con el padre Piñango, esa gente tienen una vida obsesionada por la enfermedad y la pobreza, y por la ignorancia, que les impide expresarse en forma inteligible, de ahí su adhesión a grupos heréticos de franelas rojas y nosotros, sí queremos el triunfo del bien sobre el mal, debemos actuar con más fuerza en sentido contrario, esto es algo más que un asunto político, se trata de una batalla entre el cielo y el infierno, en esa batalla el Anticristo tiene como fuerza la blasfemia, sus manos son para el engaño, su derecha la destrucción, su izquierda portadora de tinieblas, de su boca grande y gruesa saldrá fuego ardiente y su chata nariz exhalará gases mortales ¿dudas aún Edso de la importancia de nuestro llamado a enfrentar eso que, los mismos herejes, han llamado el proceso? si fuera así Edson no me quedaría más remedio que entregarte al brazo secular, y lo haría sin remordimientos.
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