Sin duda que existe una enorme fragmentación en la comprensión de que se quiere concretar como socialismo en Venezuela. Y este fenómeno muestra un fondo de diversidad ideológica más profundo, no hay duda, pero es preferible esta situación a una definición monolítica que después de un tiempo se caiga como el muro de Berlín.
Leyendo algunos de los aportes y comentarios que han aparecido en Internet después de que nuestro Presidente declaró que debemos enrumbarnos hacia el socialismo, se pueden extraer ciertos rasgos significativos.
El primero es que al hablar de socialismo todos pensamos en una sociedad postcapitalista. No un socialismo que se “acople” o se integre en el capitalismo ni tampoco una caricatura de socialismo.
Además todos concordamos en que al hablar de socialismo nos referimos a un régimen político y de propiedad distinto, y una forma de distribución de riquezas diferente a la capitalista, y que también estamos hablando del desarrollo de una nueva cultura, diferente, opuesta y más humana que la cultura del capitalismo.
Además y pienso que podemos dejarlo claro, en el socialismo se modifica profundamente la lógica de la economía del mercado y se tiende a destruir las cadenas de alienación que se crean cotidianamente. En teoría no debería producir nuevas cadenas de alienación.
En otras palabras, si bien puede estar presente el mercado, debe ser controlado en el tiempo, construyendo alternativas lógicas diferentes a él.
Ahora, llegar a una definición actual de socialismo más concreta y completa, amerita de una discusión que está por darse en la realidad cotidiana, discusión de la que adolecemos.
Pienso debamos mantener una posición de mayor reflexión y humildad, tratando de aprender de los errores cometidos en el pasado para no repetirlos. Y esto nos pone frente a una gran realidad: una cosa es hablar y teorizar sobre el socialismo y otra es construirlo en la praxis cotidiana.
A esto todos los procesos revolucionarios se han enfrentado saliendo derrotados en el tiempo casi todos.
No creo tampoco que los avances científicos o las nuevas teorías o paradigmas de análisis de la ciencia nos solucionen todos los problemas de la construcción del socialismo y que nos eviten cometer nuevos errores. No existen panaceas de ningún tipo, lamentablemente solo aprendizajes históricos muy dolorosos.
El socialismo, pienso que para muchas personas que desde años han creído en él y han luchado por su materialización, es principalmente y esencialmente una profunda creencia, un mapa que pone como punta de lanza principios éticos indiscutibles, el de justicia social y equidad distributiva, el de amor al prójimo, así como promueve el paulatino desmoronamiento de los diferentes niveles de alienación socio-económica y cultura.
Es un error ver el socialismo como un periodo que ya cumplió su tiempo histórico, seria simple miopía frente al poder de la utopía social. Hablando de dinámica de sólidos y fluidos podemos hablar de socialismo como de un estado aún inestable en sus experiencias históricas. Experiencias que además fueron abortadas casi desde sus inicios en su raíz más autentica, la de la democracia participativa y directa y de la justicia distributiva. Casi todos los procesos históricos revolucionarios al ser revertidos subterráneamente cercenaron los instrumentos de poder directo del pueblo sustituyéndolos por el de la nueva burocracia estatal que se apoderaba de una realidad.
Esto nos lleva a que debemos estar conscientes de algo muy preocupante, en la tradición socialista nunca se ha debatido seriamente el tema del poder, de la fascinación del poder.
La sola mención de "poder popular" como fórmula mágica no excusa -la historia lo constata- de la necesidad de mantenerse alertas ante las recaídas en los mismos esquemas de poder de siempre en donde una casta se monta en el aparato, lo controla y lo ordeña percibiendo una plusvalía no reconocida así.
Otra aspecto interesante es el del olvido histórico, o podríamos hablar de un analfabetismo histórico.
Lo que pasa es que somos seres humanos y siempre tendemos a confundir la realidad, muchas veces a simplificarla o a complicarla aun más de lo que es. Y aquí no estoy hablando de desconocimiento de principios económicos: valor de uso en contra de valor de cambio, tasa de ganancia, plusvalía, etc., y muchos otros conceptos interesantes. Simplemente estoy hablando de que venimos de un periodo de “saturación teórica” (años 60,70 y 80) y pasamos después “al desierto de lo real” de la postmodernidad y el neoliberalismo, en donde el concepto de socialismo se devaluó totalmente así como toda la riqueza teórica acumulada. Como se devaluó toda perspectiva utópica positiva y todo el discurso social, quedando solo la asfixiante valla publicitaria del neoliberalismo.
Hoy debemos recuperar la memoria histórica y teórica, no para que se imponga como un monolito sobre la experiencia actual sino para que extraigamos de ella lo necesario. Extraer lo vivo que nos ayude en el presente a enriquecer una discusión que a veces adolece de profundidad y se queda en sentimientos y consignas.
Porque uno de los retos que tenemos por delante es el de un trabajo didáctico, de hormiga con cada uno de nosotros, sobre lo que visionamos como socialismo. Mostrando que socialismo es vida y no muerte, como han querido mostrarlo los capitalistas desde hace más de un siglo.
Se que lo primero que vienen ganas es construir una de esas definiciones blindadas estilo manual de historia de la Unión Soviética o presentar varias citas del querubín con bigote “Stalìn” y aprenderlas de memoria, pero después de la gran obra tragicómica histórica de los países del socialismo real resulta un poco pesado y trasnochado hacer esto.
Así como trasnochado es caer también en afirmaciones ultristas pequeño burguesas que plantean que la disolución del Estado está a la vuelta de la esquina y que todo se resolvería si estatizáramos hasta las pocetas que usamos privadamente.
Pero volvamos al principio del asunto, necesitamos pensar que socialismo queremos construir, para hacer esto debemos primero reflexionar que paso con las demás experiencias socialistas que se trataron de construir. ¿Qué salio mal en las recetas? ¿La cocinera salió en estado? ¿Los ingredientes eran de mala calidad? ¿No le dieron el tiempo de cocción necesario?
Porque querámoslo o no y con todo respeto de lo que aparece escrito sobre el socialismo en muchos medios alternativos, pareciera que estamos hablando de una receta de cocina: un kilo de planificación económica, medio kilo de cooperativismo, 300 gramos de lucha contra la corrupción, un kilo de entusiasmo utópico, una pizca de lucha ideológica, ligado con desarrollo endógeno, saltear con estatización de varias empresas, batirlo todo y meterlo dentro de un recipiente aislado evitando así que se contamine con esporas de neoliberalismo y darle bastante fuego revolucionario.
Eso si, servirlo bien caliente para no dar tiempo a los comensales de darse cuenta de lo que están comiendo.
Pero si estamos hablando de futuro, de peligros, de errores que no queremos cometer, de la mayor suma de felicidad posible, y no de electrificación e industrialización solamente, entonces la discusión debe tomar carriles mas profundos explorando adyacencias e inventando para no errar.
Podríamos comenzar en negativo, decir que no es socialismo para que así los que dicen que hay que desarrollar el capitalismo para llegar al socialismo (como si fuese una dirección para llegar a un pueblo) no puedan engañar ni al gato de mi casa.
Entonces, socialismo no es explotación del hombre ni de su trabajo por parte de otros, sean personas, grupos, elites, estado o empresa.
No es tampoco falta de democracia directa o una caricatura de democracia en donde se entuban las listas y no queda nadie por quien votar. No es tampoco la falta de contraloría social a todos los niveles del estado. No es la burocratización ni la socialización de la corrupción, la mezquindad y la mentira. No es el imperio del egoísmo, y del enriquecimiento por encima de los demás. No es la disneylandia del consumismo y de los privilegios. No es tampoco una carrera indeteníble hacia el consumo y el desarrollo en contra de todo lo humano y naturalmente existente en el planeta. No es la realidad del poder de unos pocos compañeros simpáticos que enjuagan sus bocas con whiskie y se ríen por encima de las masas. No es la creación de una masa amorfa, jenuflexa, acrítica, adoradora en espera de dadivas.
Socialismo tampoco es el miedo endémico que puebla todas las mentes y no les permite decir lo que piensan.
Socialismo es algo serio, es la solución a la muerte por hambre física y mental, de millones de seres humanos en nuestro pequeño planeta, es la esperanza de que merecemos como especie, la salvación y la demostración de que somos mas inteligentes que nuestros antepasados y que también de nosotros mismos.
Una de las variables escondidas del socialismo anterior que debe ser descubierta y rediscutida es que toda propiedad de los medios de producción debe estar en manos del Estado, y que esta sea la condición sin ecua non del socialismo, así como ese énfasis en el indetenible desarrollismo que se definía como incrementar ininterrumpidamente la industrialización y el consumo cayendo en la misma trampa del capitalismo.
Así también es problemático perseguir la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos deja el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), parece que así sólo se llega a un callejón sin salida.
Una paradoja de gran envergadura llama a que nuestra imaginación y creatividad trabajen creando lo que parece imposible en estos momentos, una alternativa a “la bestia del capital” que todo lo devora y transforma a su imagen y semejanza.
Alejándonos por un momento de los aspectos particulares que llevaron a que las experiencias del socialismo real se desvirtuasen, podemos añadir que fueron destruidas desde dentro por la incapacidad de construir y mantener campos culturales propios, más ricos, diferentes, con nuevos actores sociales, y opuestos a los de la cultura capitalista, permitiéndose la recaída progresiva de esas experiencias nacientes en los modos capitalistas de reproducción de la vida social y de la dominación.
Porque ya lo decía Trotsky:
“Es en la vida diaria donde se percibe mejor hasta que punto el individuo es el producto y no el creador de sus condiciones de vida. La vida, es decir, las condiciones y los modos de vida, se crean, mucho más aún que la economía, “a espaldas de los hombres” (la expresión es de Marx). En el plano de la vida diaria, la creación consciente ocupa un lugar insignificante en la historia de la humanidad”.
Y justamente fue aquí uno de los lugares del crimen político, fue en el aborto de la reorganización radical de la vida cotidiana y colectiva en donde se dejó a sus anchas el inconsciente social del capitalismo para que se reprodujera de nuevo, fue en la cotidianidad en donde se creo un barniz de palabras y formas de “socialismo” que envolviesen no importa si de forma paradójica y contradictoria las relaciones cotidianas capitalistas inconscientes.
Los revolucionarios del siglo pasado no se dieron cuenta que la guerra entre capitalismo y socialismo en el siglo XX fue sobre todo una guerra cultural, que ganó el capitalismo.
¿Que estamos haciendo en el proceso revolucionario venezolano, no solamente a nivel político y económico sino también a nivel cultural?
Primero, que nada recuperando desde la raíz el ideal libertario y democrático del socialismo y concretándolo en una constitución ampliamente respetuosa de los derechos humanos y civiles.
Permitiendo la libre discusión y el libre trafico e intercambio de ideas a todos lo niveles.
Creando poderosas iniciativas colectivas que el capitalismo no logra idear ni poner en practica, me refiero a las misiones.
Favoreciendo desde el Estado, aún con todos los problemas y trabas posibles, el recalentamiento social que lleve a un constante incremento de los niveles de consciencia colectivos y la cristalización de realidades autogestionarias que permitan la formación de campos culturales propios y opuestos a la cultura del capital. Esta es la inmensa apuesta y el inmenso juego en el que estamos todos involucrados, todos los días, con un pie en la practica y otro en la teoría, si nos hemos atrevido ha pensar e imaginar un nuevo socialismo más humano podemos atrevernos a crearlo y mantenerlo.