"Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo".
Alexei Tolstoi
Dependiendo de quien te encuentres en la calle, de los que están con el proceso, escuchas diferentes versiones negativas sobre determinados personajes en puestos de gobierno.
Que si pepito al cual nombraron en tal cargo está arremetiendo contra los revolucionarios, que si jaimito que ahora está en tal cargo comenzó a darle contratos a escualidos, que si luisito se la pasa bebiendo en tal parte y se compro una isla, que juancito es un incapaz y está empatado con la hija de Fidel y cosas por el estilo. Muchos rumores, muchas interpretaciones de rumores que van dirigidas hacia cualquier persona comprometida con el proceso, eso si aparentemente estas interpretaciones son siempre muy serias.
Y así van pasando los días, las semanas, los meses. Algunos llaman a esto lucha ideológica o política pero simplemente es un gran resabio de una forma de hacer política muy pueblerina, no importa el sector, en todos se da este fenómeno inútil para la revolución: el chismorreo de vecindario ampliado a todo el país.
Con esto no estoy diciendo que no se deba desarrollar la critica, pero esta es algo mucho más serio que el chisme o el rumor. Una revolución es como una larga y continua carrera de obstáculos con relevo. Generalmente en cada revolución se hace énfasis en el peligro de los obstáculos, saber preverlos, como superarlos ,etc., pero con los relevos siempre es un mayor problema. O no se consigue el relevo adapto o el relevado no quiere dejar el testigo y muchas veces cuando lo pasa comienza él o sus compañeros a hacer de todo para que el nuevo relevo lo haga mal, se tropiece, o se caiga.
Uso esta metáfora para que introducir el tema del arribismo en la revolución y lo estúpido que se ve en esta metáfora un acto que es prácticamente cotidiano en todo ámbito humano y social en donde se juega con posiciones de poder. Cuarta o Quinta Republica, no importa donde sea, esta actitud estúpida se repite y se reproduce movida por carencias personales, envidia, egoísmo, egos mal heridos. Lo grave también es que muchos de los revolucionarios no comprendan que comportamientos y actitudes como los que ejemplifica esta metáfora lo que hacen es perjudicar a la revolución. No entienden o no pasa por su visión cotidiana de las cosas que estas actitudes generan tropiezos, retrasos administrativos, exclusiones, ineficiencia y falta de efectividad, todos problemas que van contra el proceso revolucionario.
El problema es que una revolución en el plano cultural, social, cotidiano no puede utilizar las mismas “armas” del capitalismo. El rumor, la zancadilla, son “armas” inconscientes del capitalismo, producto de una sociedad que se basa en una cultura de la competencia, del sálvese quien pueda, de la venganza y del miedo. Al igual que no usamos la tortura ni la desaparición de personas como si ocurría constantemente no hace mucho, antes de que ganara Chávez, no podemos seguir utilizando estos “métodos” inconscientes que nos delatan como portadores de un modo de ser que reproduce lo peor de la cultura burguesa y del arribismo político y social.
Tremendo entrenador tenemos, pero entonces los jugadores, los deportistas, no todos por fortuna, comienzan a sacar sus malas mañas, a actuar como si estuviesen en una telenovela, o a sembrar de burocratismo y trabas todo el campo de juego.
¿Se imaginan jugar fútbol en un campo lleno de basura, escombros y huecos?
Bueno eso es lo que hacen no pocos en la revolución, ensuciando el campo de juego en el que debemos ganar, con todo tipo de actitudes negativas y después nos asombramos de la lentitud y las trabas que se desarrollan en muchas de las iniciativas revolucionarias.
¿Que hacer? Ghandi diría simplemente dejar de ser estupidos, ser más conscientes en la cotidianidad, mantener un análisis autoreflexivo constante y cuando nos demos cuenta que estamos cayendo en uno de estos comportamientos inconscientes y negativos, detenerlo, corregirlo, revertir la acción.
Claro esto no es fácil, significa salir de un imaginario que nos ha controlado por años y que consideramos natural. ¿Cuantos no consideran natural la zancadilla, la venganza, la envidia? ¿Cuantos tienen la capacidad individual para salir de su alienación y comenzar a ser individuos más conscientes en la cotidianidad?
Si esto lo problematizamos solamente observando al individuo aislado, es muy difícil encontrar una solución, pero si entramos en una visión colaborativa y colectiva entonces si se hace factible una solución.
La solidaridad critica de los demás con uno mismo, el ojo critico colectivo es una solución, pero cuando hablo de critica, me refiero a la critica constructiva no a la destructiva que empleamos con nuestros enemigos de clase.
Una critica constructiva constante con nosotros y los demás que desarrolle la solidaridad critica, estando conscientes de que si los demás que están alrededor, no cambian tampoco tendremos una oportunidad constante de cambio y el proceso revolucionario menos. Tal vez sea esto una utopía, pero prefiero ser un ingenuo utopista que ser promotor cotidiano e inconsciente de entropía contrarrevolucionaria.