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Servando García Ponce |
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Periodista de larga trayectoria, ha sido columnista de los más importantes medios impresos venezolano, corresponsal de la agencia TASS, Diputado y Presidente de la Asociación Venezolana de Periodistas. Ha escrito varios libros y actualmente se desempeña como Jefe de Información del Diario VEA. Es autor y presentador de los micros radiales denominados “DEJA QUE TE LO CUENTEN” que se transmiten de lunes a viernes en la Radio Nacional de Venezuela en dos ediciones diarias y cuyos textos se publican regularmente en este espacio. Los micros son una producción de Carlos Dorta. |
Los señores jueces pueden disponer de mis bienes, porque lo , pero sobre mi persona, no mando sino yo mismo, y yo no quiero vivir en casa del tío Carlos, así manifestó no ya Simoncito sino Simón José Antonio de la Trinidad de Bolívar y Palacios, cuando contaba doce años de edad.Huérfano de padre y madre, había quedado a cargo, junto con sus hermanos, de su abuelo Feliciano Palacios y Sojo, pero quien a su vez, ya muy entrado en años y enfermo, en su testamento al morir, dejó como tutor del futuro libertador a su hijo Esteban, mas al encontrarse este en Madrid, el encargo cayó en manos de su otro tío don Carlos Palacios y Blanco, hombre hosco, de mal carácter.
Sobrino y tío no congeniaron. Don Carlos desdeñaba a Simón y lo consideraba un bueno para nada, extravagante y desobediente. Cansado de los maltratos de su tío, Simón se fuga de la casa de don Carlos el 23 de julio de 1795, refugiándose en el domicilio de su hermana María Antonia, que se había casado con don Pablo de Clemente y Francia.
Don Carlos, más porque sintió herido su orgullo, pues la noticia de la fuga de Simón se había regado como pólvora en los comadreos de una sociedad donde cualquier incidente por pequeño que fuese era todo un acontecimiento, recurrió a los tribunales para recuperar la custodia del sobrino al mismo tiempo que acusaba a María Antonia y su marido de querer apoderarse de la fortuna deSimón, lo cual trajo como consecuencia un ruidoso pleito entre las dos familias. Más aún, engaña al Tribunal aduciendo que Simón se había ido de su casa en contra de su voluntad, pues lo amaba y además recibía mucha comprensión.
Los jueces dictaminaron a favor de don Carlos y Simón fue obligado por la fuerza a regresar a la casa que tanto odiaba.
Entonces no había ninguna ordenanza o ley que protegiera al niño y al adolescente. Ni la opinión ni los sentimientos del Libertador niño fueron tomados en cuenta. Hoy, en este proceso revolucionario que encabeza el Presidente Chávez, existe una Ley de Protección del Niño y el adolescente y un Consejo Nacional del Niño y el Adolescente, que defiende y hace respetar sus derechos Al arribar los españoles al continente, llamado luego americano, los aborígenes ubicados en lo que sería después la Capitanía General de Venezuela se dedicaban unos, los nómades, a la recolección pesca y caza, en tanto otros, los sedentarios, al cultivo rudimentario de la tierra, en dos direcciones: uno, pequeñas parcelas familiares, cultivadas en usufructo, participando el jefe de la familia y los demás parientes, beneficiándose colectivamente con el producto. Al fallecer el jefe, la parcela volvía a la comunidad. No existía la propiedad privada. La otra modalidad: el cultivo colectivo de la tierra por todos los integrantes de la tribu en beneficio de la comunidad. Precisamente, son estos los que oponen mayor resistencia a los conquistadores que se apoderan por la fuerza de sus tierra, los desalojan y toman posesión de todo en nombre de un Rey desconocido.
Pero, no sólo eso, sino que los indígenas, legítimos propietarios, fueron esclavizados. A partir de 1545, las leyes de Indias establecen las encomiendas, por medio de las cuales se entregan a los conquistadores grandes dimensiones de tierras, incluyendo bosques, minas, poblados de indios y todo lo que hubiere allí.
En el transcurso del tiempo, los herederos de encomenderos, de esos grandes latifundistas se transforman en los criollos latifundistas, los mantuanos, los grandes cacaos, dueños y señores de esclavos negros e indios, que toman el poder político en 1810.
En la guerra de la independencia, la tierra y los que la trabajan se convierten en un factor de primer orden, necesario tomarse en cuenta.
Bolívar entiende muy bien ese problema y ofrece libertad de los esclavos y tierras a los soldados. A estos se les entregan bonos para ser canjeados por tierras.
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