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Servando García Ponce |
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Periodista de larga trayectoria, ha sido columnista de los más importantes medios impresos venezolano, corresponsal de la agencia TASS, Diputado y Presidente de la Asociación Venezolana de Periodistas. Ha escrito varios libros y actualmente se desempeña como Jefe de Información del Diario VEA. Es autor y presentador de los micros radiales denominados “DEJA QUE TE LO CUENTEN” que se transmiten de lunes a viernes en la Radio Nacional de Venezuela en dos ediciones diarias y cuyos textos se publican regularmente en este espacio. Los micros son una producción de Carlos Dorta. |
El Libertador Simón Bolívar mantuvo una firme posición en la necesidad de la existencia en la República de una justicia a toda prueba, igualitaria y que se ejerciera sin interferencias ni debilidades, trasparente y, sin injerencia de otro poder u otra instancia ajena.
“El Poder Judicial –subrayó en su discurso ante el Congreso de Angostura en marzo de 1919-, contiene la medida del bien o del mal de los ciudadanos; y si hay libertad, si hay justicia, son distribuidas por este poder”.
Estimaba Bolívar que sin justicia no podía haber libertad y por ello, siendo aun muy joven, a principios de la revolución por la independencia liberó a mil esclavos, que poseía.
Prueba de su posición porque la justicia fuese aplicada sin contemplaciones a todo aquel que cometiese algún delito, sin que privara su posición social, la demostró el Libertador en la ocasión en que visitara a Caracas en 1827.
Fue el caso de que un encumbrado personaje de la sociedad oligarca caraqueña, el señor Juan José Valdéz, movido por los celos, atacó con premeditación y alevosía a un ciudadano francés que se hallaba de tránsito en esta capital, ocasionándole la muerte. Fue condenado a ser fusilado en la Plaza Mayor (hoy Plaza Bolívar), lugar donde ocurrían las ejecuciones desde la época de la colonia. Pues bien, una comisión de damas designada por las familias de la alta sociedad, se entrevistó con el Libertador solicitándole indultara la a Valdéz. Al recibirla, el Libertador les dijo: “Ayer fusilé a unos soldados por desertores y nadie me pidió su indulto y a este porque es gente principal, desean salvarlo, pues no, la sentencia ha de cumplirse. Y se cumplió.
Enemigo de la impunidad, dictó el decreto de guerra a muerte para castigar los crímenes de los realistas. Y al oficial venezolano Francisco Fernández Vinoni, que lo traicionó entregando el castillo de Puerto Cabello, al mando de Bolívar en 1812, lo hizo ahorcar cuando lo tomó prisionero en Boyacá, al vencer a las tropas españolas, ordenó lo ahorcara.
Precisamente, hoy en nuestro país demandamos a los fiscales y tribunales sigan el ejemplo de Bolívar, apliquen la justicia y acaben con la impunidad.
El general José Antonio Anzoátegui, fue siempre leal con el Libertador y le acompañó en los denodados esfuerzos de este por forjar un Mando Supremo unido.
Bolívar sostenía con razón que para lograr la victoria sobre los españoles era menester mantener la unidad férrea y sólida de las fuerzas patriotas. En ese contexto, logró que lo reconocieran como Jefe Supremo, porque en verdad era el más capaz política, intelectual y militarmente del grupo de venezolanos que dirigió la lucha por la independencia. Estaba claro de que entre las prioridades figuraba en primer instancia sellar de arriba hacia abajo la unidad de las fuerzas militares patriotas.
Mariño, Bermúdez, hasta Arismendi, entre otros, presentaron siempre problemas de disidencia. Piar, fue el más serio peligro por su constante desconocimiento de la autoridad de Bolívar y, sobre todo, por instigar a una confrontación entre pardos y blancos, lo que hubiera significado el resquebrajamiento de la Fuerza Armada patriota. Por eso era inevitable se adoptara una medida extrema, aunque dolorosa, para poner fin a esa grave amenaza. Y esa medida fue su ejecución.
El general Anzoátegui, que formó parte del Consejo de Guerra que condeno a Piar, permaneció todo el tiempo al lado de Bolívar. Nació Anzoátegui el 14 de noviembre de 1789 en Barcelona. No más enterarse de los sucesos del 19 de abril de 1810, se sumó a la lucha por la independencia. En los duros años de 1813 y 14 participa en diversas acciones de guerra, destacándose por su valor y arrojo. Junto con Bolívar toma parte de la expedición de Los Cayos, igualmente interviene en los combates de Quebrada Honda, Juncal y San Félix.
En la campaña de Nueva Granada de 1819, es ya General de Infantería y Jefe del Ejército de Occidente, cuando apenas tenía 30 años de edad. Se destaca por su valor en la batalla de Boyacá, cuando apenas contaba 30 años de edad. En el parte dado por el Libertador sobre la victoria alcanzada, citó particularmente el notable aporte del General Anzoátegui en la derrota del enemigo. Varios meses después, muere en Pamplona. El Estado donde nació lleva hoy con orgullo su esclarecido nombre.
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