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Servando García Ponce |
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Periodista de larga trayectoria, ha sido columnista de los más importantes medios impresos venezolano, corresponsal de la agencia TASS, Diputado y Presidente de la Asociación Venezolana de Periodistas. Ha escrito varios libros y actualmente se desempeña como Jefe de Información del Diario VEA. Es autor y presentador de los micros radiales denominados “DEJA QUE TE LO CUENTEN” que se transmiten de lunes a viernes en la Radio Nacional de Venezuela en dos ediciones diarias y cuyos textos se publican regularmente en este espacio. Los micros son una producción de Carlos Dorta. |
El 8 de octubre de 1967 es asesinado por orden de la agencia norteamericana de inteligencia CIA, el comandante Ernesto Che Guevara, en la escuelita de La Higuera, Bolivia, junto a los guerrilleros Juan Pablo Chang (El chino), peruano y Simón Cuba Sarabia (Willy) boliviano. Simultáneamente, en la quebrada del Yuro, también fue ejecutado el guerrillero cubano Alberto Hernández Montes de Oca (Pacho). Cuando lo mataron, el Che tenía 39 años de edad, pues había nacido en Argentina, en 1928.
Tuve el honor de conocerlo personalmente en México en 1955 Ambos estábamos exiliados. Junto con el compatriota, el periodista Hernani Portocarrero, varias veces conversamos en la casa de la poeta venezolana Lucila Velásquez, donde vivía el Che con la peruana Hilda Galea.
Venía el Che de Guatemala, a raíz de la intervención armada norteamericana en ese país, que derrocara al Presidente antiimperialista Jacobo Arbenz. Hablaba con entusiasmo de lo que se había comenzado a realizar en el medio rural guatemalteco entregándoles tierra a los campesinos y golpeando duramente a los latifundios, la mayoría en poder de consorcios yanquis. Eso lo frustró la inttervención.
El Che conoció a Fidel Castro en México, igualmente exiliado. “Por ese hombre y por la causa por la cual combate, vale la pena jugársela”, solía decir al referirse a Fidel. Pronto se incorporó a los entrenamientos que llevaban a cabo los muchachos del 26 de julio, encabezados por Fidel, en las afueras de México, bajo la dirección de un general republicano español.
El Che, era médico y como tal fue reclutado para el desembarco del Gramma en Cuba. “Venía como médico, no como soldado”, declaró más tarde Fidel. “Era disciplinado, buen tirador, un gran revolucionario, un gran talento, una gran capacidad teórica, con firmes principios éticos y políticos”. Triunfante la revolución, el Che se encarga de cuestiones financieras en el gobierno revolucionario. Luego, se va a Africa, en misión solidaria, junto a los seguidores de Patricio Lumumba, después de la muerte de este. Estuvo varios meses en el Congo Belga, hoy Zaire, también en Tanzania. Regresó a Cuba y luego a Bolivia a hacer la revolución, a contribuir a crear en América Latina otra patria libre, soberana. Allá fue asesinado, pero el Che, cuyos restos reposan hoy en el Memorial de Santa Clara, Cuba, no ha muerto, vive en los millones de patriotas que luchan en todo el mundo por libertad, soberanía, por patrias bonitas, que proclaman a pleno pulmón: “Seremos como el Che”.
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