|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Hace más de sesenta y cinco años en la ciudad de San Juan de Colon solo había una casa de dos pisos y estaba ubicada en la Calle real. Era una ciudad apacible. La brisa susurraba al mover sus airosas palmeras y estas despeinaban sus penachos. En las noches nadie transitaba por sus calles. Las casas se alumbraban con carburo. Eran las tres de la madrugada. La noche estaba estrellada cual si centenares de cocuyos surcaran los aires. Se escuchaba el concierto de grillos y ranas. Las luces de las calles estaban apagadas al igual que de las casas. Timoteo cruzaba la Calle Real con destino a su casa, después de una noche de parranda con sus amigos. Venía haciendo eses a causa del alcohol. Silbaba y hablaba solo: -¿Por qué no habrá salido la luna? La noche esta oscura, casi no veo la calle. Se detuvo al frente de la casa de los Chávez. Era la casa de dos plantas. – En la parte superior se veía luz. Se dijo: -Son trasnochadores como yo. Y se detuvo a mirar. Por el balcón se veía una lámpara de carburo que iluminaba la habitación. Cerca, una mujer con una pierna levantada se quitaba una media de seda. Mostraba unas piernas bien torneadas y esbeltas. Se quedo embelesado mirando. Dio un paso para arriba, otro para abajo, luego para ver mejor dio un paso al frente al tiempo que exclamaba: -¡Qué belleza! Sin pestañar vio como la mujer se había quitado una media, levantaba la pierna para quitarse la otra. Timoteo tomo mejor ubicación para no perderse nada. Se agacho un poco y cuando más absorto estaba contemplando las piernas de la mujer exclamo: -¡Qué piernas!.. ¡Esto no se ve todos los días! Al momento la pierna se alarga, se alargo hasta dar con Timoteo y empujarlo. Como estaba medio agachado y bajo los efectos del aguardiente, perdió el equilibrio y cayo al suelo. Se incorporo rápidamente al tiempo que decía: -¡Qué es esto!.. ¡Jesús Credo!.. ¡Ave Maria Purísima!.. Se alejo con rapidez hasta la otra acera y cuando corría en dirección a su casa, algo lo agarró, lo apretó y luego lo empujó. El asustado exclama: -¡Jesús Credo!... ¡Qué es esto!... Acto seguido se escucha una voz de ultratumba que decía: -"Este es el brazo hermano de la otra pierna". Timoteo no supo ni como ni en que momento llegó a su casa. El no se lo contó a nadie, pero todo el pueblo supo la historia de la pierna y aún corre de boca en boca. FUENTE: Cuento Tomado del Libro: "Leyendas del Táchira" de Lolita Robles de Mora. 1983.- San Cristóbal, Táchira - Venezuela. http://cuentos.s5.com/index.html Déjanos Tu Comentario |
|
|
|
|