Antonio venía con su ayudante de vender mercancía en el Llano. Se detuvo un momento en la alcabala de La Pedrera y un guardia custodia pregunto:
.- ¿Puede darle la cola a un joven cadete de esta guarnición?
.- Si, pero tendrá que ir en la parte de atrás de la cava.
.- No importa, el caso es que lo lleve hasta Vega de Aza, se le acabo el permiso y mañana temprano debe incorporarse al batallón donde presta servicios.
.- Muy bien, lo llevaremos hasta Vega de Aza, suba.
Un joven espigado, blanco, de cabello muy corto entra en la parte posterior de la camioneta y se sentó en el suelo al lado de unas cajas. El joven con cara de niño portaba el uniforme de los soldados.
Antonio cerro las puertas traseras del camión, echo llave y se subió al vehículo. Dejaron atrás la llanura y comenzaba ya a divisarse la cadena de las montañas. Una brisa cálida cargada de aromas les daba en el rostro. La noche con su manto pardo empezaba a cubrir las cosas. Solo se veían los focos de los automóviles y las luces de algunas casas esparcidas al borde de la carretera. Pasado unos minutos Antonio le dijo a su ayudante:
.- Estamos cerca de Vega de Aza, nos detendremos un momento para dejar al joven.
La carretera estaba muy oscura. Al detenerse, Antonio le da a su ayudante una linterna para que alumbrara la cerradura y así abrirle la puerta al soldado. Ambos bajaron del automotor, el ayudante abría la puerta de la cava al mismo tiempo en que Antonio decía:
.- ¡Hemos llegado joven, mañana puede incorporarse sin problemas a su batallón!.
Como desde el interior no escuchó respuesta alguna, ni salía el soldado, alumbraron con la linterna el interior de la cava y solo vieron las cajas en el rincón. Al unísono preguntaron:
.- ¿Y que pasó aquí? ¿Por donde salió?.
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"Soldado fantasma” 2003 Credito: © Juan Carlos Batista |
Confundidos entraron en la camioneta y prosiguieron la marcha. No podían imaginarse cómo aquel joven soldado había salido con las puertas cerradas. Durante el resto del viaje cavilan sobre el asunto. Pero Antonio no queda conforme, tenía que aclarar de una u otra forma el insólito enigma.
El trabajo de Antonio requería estar constantemente viajando. En sucesivos viajes al llano indagaba sobre aquel guardia que le había solicitado los favores de traslado de su compañero, pero nadie sabía darle respuesta. Al detenerse en las alcabalas, o para comer o descasar, siempre contaba lo que le había sucedido. Tanto habló sobre el asunto que llegó a averiguar que aquel joven soldado se llamaba Ezequiel, y que había prestado su servicio militar en Vega de Aza. Un día antes de vencer su permiso y cuando se disponía a regresar al cuartel, perdió la vida en una riña colectiva entre jóvenes del lugar.
Cuentan que su ilusión por terminar el servicio militar era tan grande que todavía persiste en su intento de llegar a Vega de Aza. Son muchas las personas que lo han llevado y a todas les pasó lo mismo que a Antonio.
Fuente:
www.cuentos.s5.com
Foto:
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