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Todos los días y a todas horas parecía que se quedaba a acariciar las orillas del río Palenque, y por miedo a no tener que hacer tratos con quien no se debía, dejaba cada noche de lavar, una y otra vez, la colada que parecía no acabarse nunca.
Tanto lavó y lavó que se dejó un día incluso las vistas en el río, por algo que le saltó a los ojos desde sus aguas. Y a pesar de todo, sus manos siguieron moldeando las corrientes cada día más turbias, que nadaban entre los restos y despojos que bajaban de las haciendas de guineo, tras colarse por entre las artes de los pescadores.
Y sus ojos parecieron hacerse de mármol porque de dureza le dolían. Pero ella seguía lavando y lavando hasta casi no acordarse del olor de las olas levantadas por las canoas plenas a rebosar del futo de la mata de cacao. Blancas ropas siempre tendidas en los ribazos. Nunca se atrevió a mirarlas el lagarto.
Ya para entonces la visitaba todas las noches el hijo difunto, que la agarraba por las piernas y no la soltaba, no la dejaba dormir, no le daba paz hasta que se oyera el movimiento de cada mañana en las vecinas piladoras de arroz.
-Hijo mío, cuánto te quise!- llegó a decirle un día que de tanto quererle no le dejaba marcharse del todo. Y pensó que ya era hora de pedir una misa, para poder dar descanso a sus duros ojos, quizá en sufragio de todos los difuntos, por si acaso. Y recordó aquella ropita fina que sus manos de color de huerto habían cosido, oh! Dios, cuántas veces la había lavado ella, cada día, a la orilla... Y sus ojos se hicieron río.
Palenque Los Ríos Ecuador
2002-2008
Fuente:
http://www.webzinemaker.com/admi/m6/
Palenqueko Lagunak
Palenqueko lagunen txokoa
www.palenque.tk
Foto:
intervenida a partir de imagen en http://www.andaluciaimagen.com/foto-Ojos_3259I0IA0.htm