Sabrina Harman, soldada de 26 años es hermosa. Uno puede preguntarse: ¿qué
hace en la cárcel bagdalí de Abu Ghraib, junto al cadáver del iraquí muerto a
palos en las duchas, una muchacha hermosa sonriendo? Está posando en la foto con
la boca enfiestada, y los dientes sanos, las cejas depiladas, a diez centímetros
su cabecita de la cabeza del torturado, que ella también torturó. No es la
grandota fea y repulsiva de las carceleras nazis; es la chica pop de los campos
de concentración imperiales.
El resistente descansa su fe libertadora en paz. Con barba crecida, se lo ve
cubierto hasta el cuello con una bolsa de polietileno transparente de empresa
petrolera, en la que se alcanza a leer “Gulf”. Sabrina se recuesta junto a su
víctima y con los guantes de quien va a embolsar basura, levanta el pulgar.
“Vencimos”.
Mandel al Yamadi – su prisionero torturado a palos – es mayor que ella. Puede
ser su padre. Es un hombre con familia, con fe en la libertad sin duda. Tiene la
boca abierta en la foto. Tal que si, con el suspiro no retornable, se le hubiera
ido entre los dientes una palabra. Solamente él entiende por qué una chica tan
bonita, que podría ser su hija, ayudó a torturarlo, a matarlo, para posar juntos
como en un día parquizado de hot dogs y cocacola.
Sabrina es el estilo administrativo de Estados Unidos que lanza su guerra
contra Irak sacudiendo el marco de las relaciones internacionales, hasta dejar
poco de él. Sabrina está segura y por eso posa. La respaldan los grupos
financieros, petroleros y militarfabriles que están detrás de Bush. Es una foto
de la impunidad. Ella podría haber comido hamburguesas sobre la cara del caído
para que caigan las miguitas sobre su boca abierta. La opción es ineluctable, le
dice una voz a ella, en el oído: “La guerra sobre el mundo. Huyamos hacia
delante. No tenemos otra solución a lo que hemos creado y estamos creando”.
La voz dice: “Sabrina, estamos organizando la depredación de un pedazo del
mundo, sonreí. Nuestros intereses desean chicas como vos, seguras y hermosas. Se
trata de exterminar una raza inferior a la que llamamos terroristas,
podríamos haberla llamado judíos o gitanos. El proconsulado nuestro te apoya,
hacé lo que quieras y documentalo”. En los campos de concentración de la
Argentina videliana no se documentó nada. No estaban seguros los militares. Pero
este autodocumentalismo del genocidio en Irak, supone la fe de Bush asegurando
que Dios está con yuesei, para librar una guerra preventiva cada vez que
se considere que la seguridad y los intereses nacionales están amenazados. La
fuerza funda el derecho. (“El derecho es aquello que es bueno para el pueblo
alemán”. Hitler).
La invasión a Irak fue preparada hasta en sus menores detalles por gente
convencida del dominio militar y político. Pero chocaron con resistencias no
previstas. Seres humanos con fe en su tierra, en sus líderes espirituales y, más
abajo todavía, en el patrimonio subterráneo del océano negro. Ante la
resistencia de obtener el petróleo de los invadidos, los “liberadores” mutan a
torturadores. Siempre ocurre así en la historia. Pero desde el nazismo que no
veíamos documentos como éstos. Algo está pasando en la cabeza de Sabrina para
esta predación de lo humano. Algo está pasando en Mandel al Yamadi cuando el
alma sale de su boca, justo para la foto, a señalar que una “gobernabilidad
mundial” basada en estos métodos, necesitada de estos métodos, está condenada a
mostrar fotografías como éstas.
Eduardo Rosenzvaig 23/05/2004