Soy el cinturón del fuego,
la llama terrible
abrazada a la tierra,
la miel de la venganza
en mi sangre
se agolpa
y en las sienes,
secándome la garganta,
en esta hora.
No siento pena por ellos,
que lloren sus madres,
que la tiniebla derrote a su estirpe,
que se pudra su semilla
paria,
que griten de dolor
en Cisjordania,
que salten
sus carnes muertas
en Gaza,
y que sobre sus cabezas taladas
en Jerusalén,
hocen los cerdos,
que sus almas
infieles se desvanezcan,
cuando en otoño
caigan las hojas
sobre los mártires.
Estoy feliz
Madre,
se feliz conmigo
y no me llores.
Tú,
gracia de todas las virtudes,
ríe conmigo en
este día
y honra
mi suerte.
Ora por mi, Madre,
como enseña
El tasbih de Fátima Zahra,
y que tu luz brille hacia los cielos,
como las estrellas brillan hacia los moradores
de esta tierra nuestra.
Madre,
estoy tranquilo
en esta hora
en que me reúno
con los otros,
y ya no vamos a por ellos,
sólo con la rabia,
sólo a blandir piedras.
Ya no arrasarán nuestras casas,
ni secuestrarán nuestros niños,
ni quemarán las escuelas,
ni insultarán al profeta.
Ya no podrán envenenar el agua,
ni el aire,
ni reventarán más almas
en los hospitales.
Eso te prometo, Madre.
Caminaré entre ellos
como ángel de muerte,
y no sabrán cuando todo termine,
sólo el dolor y el fuego,
sólo el miedo, y el estruendo magnifico
de la ira
que el mundo no podrá callar.
Madre,
no sufras por mi,
no estaré sólo,
te llevaré en mi corazón
y tu amor
purificara mi alma
y este cuerpo
que entrego
en ofrenda,
Madre,
ya no siento miedo,
Glorificado sea Dios,
Alabado sea Dios,
No hay dios sino Dios,
Alláhu Akbar,
Alláhu Akbar,
Alláhu Akbar.
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