--Amor, despiértate...
Era tan dulce su beso y tan suave la manera como me lo escribía en dactilológico que tuvo que repetírmelo varias veces... y darme unos cuantos besos de buenos días hasta que realmente me di cuenta que no estaba soñando.
--Parece que quieres que te deje sin labios. -Me escribió sonriendo- ¿Qué pasó anoche para que no te despiertes a mi más mínimo roce como siempre?
--Anoche... -Suspiré cerrando los ojos- No sé...
--¿No lo sabes? -Se rió- Entonces debe ser que bailamos poco... Esta noche bailaremos más...
--Y sí... -Asentí sin abrir los ojos- Si consigues que me levante...
--Oh, claro que lo voy a conseguir... Hoy tenemos que hacer algo que te encanta...
--¿Que me encanta? -Quise saber abriendo los ojos- ¿Como qué?
--Como... -Se hizo la misteriosa pero enseguida se le escapó la risa- Como ir de compras.
--Oh no, Emmy... -Le repliqué tapándome los ojos con el brazo izquierdo, ya que el derecho lo tenía tendido hacia ella para que me escribiera en la mano- ¡De compras otra vez!
Suspiró y me besó. Se notaba que se estaba partiendo de la risa. Me había despertado completamente con la insinuación que teníamos que hacer algo que me gustara... Ir a la playa a navegar, al monte a escalar, a comer al campo... ¡Pero de compras no!
--¿No recuerdas que quedaste con la gente del grupo para hacer una fiesta?
--¿Yo? -Aparté el brazo y la miré a los ojos- ¿Cuándo?
--¿Cómo es posible -Se reía a más no poder-, que tú, justo tú, no recuerdes? ¡Ay, amor, porque estuviste toda la noche conmigo, porque sino pensaría que tomaste algún tipo de droga o... de mujer!
--¿La mujer se toma? -Me hice la sorprendida y la rodeé con mi brazo libre por el talle- ¿Así?
--Y peor. -Me contestó dejándose atraer hacia mí- Pero ahora no me enseñes cómo es peor... que tenemos que ir de compras...
Su tono era de malicia... y me hizo reír. Esa picardía que hay tras su timidez habitual... Sólo hace que provocar que mis neuronas patinen.
--Sí, sí, de compras... -Asentí besándole el cuello- Pero no hay prisa, ¿verdad?
--Hummmm... -Se sonrió- Sí que la hay, sí...
--¿Sí? -Levanté las cejas interrogativa- ¿Motivo?
--Porque alguien que yo conozco quedó con Lucía y Victoria para ir a las galerías... -Estalló en carcajadas al ver mi cara de estupefacción- ¿Qué te pasó?
--¿Yo le dije a Victoria y a Lucía...?
--Sí, tú. No fui yo, no. -No dejaba de reírse- Ay, ya... Deja de hacer muecas que me duele todo de tanto reír...
--¿Cómo le dije yo a esas chinas chimbas?
--¡Ay, no empieces con que son unas chiviadas! -Me protestó- Ya sé que para ti son unas deshechables, pero...
--No es eso, pero dan papaya...
--No das del todo en el clavo... -Ya estábamos las dos serias- Más que nada dan la lata...
--Se las dan de ataque... Tienen huevos de avión...
--Los aviones no tienen huevos... -Bromeó intentando devolver el ambiente festivo del principio. Me besó- Son medio raras.
--Sí... Tomaron demasiado caldo de mico al ser pirobas.
Emmy suspiró y se incorporó.
--No puedes fallarles. -Me dijo muy seria- Tú no eres de dejar en la estacada a nadie.
--Pero... -La miré suplicante- ¿Es que acaso bebí ayer?
--Sólo Red Bull.
--¿Y tomé algo? Digo, algo que me pudiera afectar al cerebro.
--Sí... -Me sonrió con esa timidez pícara- Mis besos...
Ahora la que suspiró fui yo. Me levanté y me dirigí al baño para asearme y peinarme.
--Oye, Emmy -Le pegunté al salir-, ¿a qué hora quedamos?
--En media hora nos pasan a recoger con el Mercedes.
--No me gustan los Mercedes. -Negué con la cabeza y suspiré- Ay, Emmy, ¿por qué no inventaste una excusa cuando me oíste?
--¿Como cuál? -Me besó- ¿Querías que le dijera que nos pasaríamos el día en la cama... durmiendo?
--Mmmm... ¿Durmiendo?
--Es lo que hacías tú... y lo que seguirías haciendo, si no te hubiera despertado...
La miré. Tenía unas ganas inmensas de derribarla sobre el sofá y comérmela a besos... Pero, ¿cómo se me ocurriría citarme con las hermanas Torsy? Realmente no recordaba nada.
--Ve a vestirte. -Me pidió y yo suspiré- El chocolate y los churros nos esperan en la mesa...
A la media hora sonaba la bocina del Mercedes. Recién terminábamos el desayuno.
--Ahí están. -Me escribió Emmy cuando me dirigía al fregadero- Déjalo, ya lo haremos luego.
Salimos y Emmy cerró con llave. De la manera que me había despertado esa mañana era capaz de dejar abierto... o de regresarme a la cama.
--Subid detrás. -Nos pidió Victoria- Y poneos el cinturón de seguridad.
--Ya sabemos dónde nos tenemos que sentar. -Gruñí yo cuando Emmy me lo interpretó- Y descuida que no nos pondremos las correas o las camisas de fuerzas. Nos pondremos los cinturones...
Hubiera seguido con mi sarcasmo si Emmy no me hubiera besado. La incomodaba con qué rapidez Victoria y Lucía me hacían cambiar de humor...
--A las galerías. -Decía Lucía masticando chicle de menta- Quedamos para ir a las galerías.
--Sí, así es. -Asintió Emmy mientras me interpretaba, como siempre- No se nos olvidó, descuiden.
--Recordad, amigas mías -Seguía Victoria poniendo el coche en marcha-, que en el Mercedes no se puede fumar.
--Ni en las galerías, queridas. -Nos advertía Lucía- Ni en las galerías.
--¿Desde cuándo chingados fumo? -Les pregunté harta- ¿Qué pasa, que cuando os pegáis un pedo sale humo y lo confundís con el de un cigarro ajeno?
Las hermanas Torsy se escandalizaron. Emmy apenas podía contener la risa.
--Ay, Laureyne, no seas tan guarrilla. -Me pedía medio cacareando, Victoria- Nosotras no sacamos humo por el trasero.
--No, no. -Aseguraba su hermana- No, ni humo ni fuego ni pe...
--¿Ni petróleo? -La ayudé yo solícita. Emmy me besó para evitar una carcajada- Emmy, tal vez saquen perlas de las profundidades de su cueva analítica.
--¡Dios, Dios! -Gritaba Lucía con las manos en la cabeza- Esta golfa no cambiará jamás. Jamás, jamás, Dios mío de mi vida, jamás.
--Ni falta que hace. -Intervino Emmy- Yo la amo así.
--Patético. -Sentenció Victoria- Una pareja totalmente patética.
--Bueno, ¿no sabéis repetir más todavía las palabras? -Me cansé y esta vez Emmy no pudo frenarme con un beso pues yo me eché atrás- Me aburrís rayándoos de este modo.
--¡Qué disparate, qué disparate! -Chilló Lucía- Esta chica es una disparatada, una disparatada.
--Y tú eres un disco rayado.
--¡Dios mío, Dios mío! -Soltó Victoria el volante- ¡Qué cosas se le ocurren a esta cabeza hueca!
--Sin insultar, por favor... -Le dijo Emmy algo dolida- No es lo mismo que te...
--Ay, siempre igual, siempre igual. -Se repetía Lucía mientras Victoria volvía al manejo del automóvil- Esta parejita no cambiará jamás, jamás, jamás, Dios mío.
--Mejor lleguemos ya. -Corté el cacareo de ambas con rudeza- No me gustan los Mercedes.
--¡Qué locura! -Gritaron a la vez- ¡Con lo lujosos que son!
--Será por eso. -Gruñí yo apoyando la cabeza en el hombro de Emmy- Nosotras somos demasiado sencillas.
--¿Sencillas? -Me espetó Victoria- ¡Ordinarias diría yo!
--Bueno, pues ordinarias. -Suspiró Emmy- Para el caso viene a ser lo mismo.
Después no sé qué pasó... Emmy me estaba besando y haciéndome mimos... y yo me dormí...
--Amor...
Me desperté al acto. Me dolía todo. ¡Vaya incomodidad, el lujoso Mercedes!
--Sí...
--Ya hemos llegado a las galerías. -Me informó viéndome algo desorientada- ¿Estás bien?
--Sí. -Suspiré- Sí, Emmy, mi amor... estoy bien.
Victoria fue a buscar un aparcamiento de pago y, como era de esperar, su hermana Lucía la acompañó. Era mejor así... Emmy y yo solas.
--¿De qué habéis hablado? -Le pregunté entrando en los almacenes y dirigiéndonos a los supermercados- ¿Tonterías?
--No sé. Hablaban de joyas y diamantes... Yo me dormí también... Era tan aburrido... Me desperté porque sentí una vibración en la pierna...
Entramos en el apartado de patatas de bolsa, olivas y todo lo necesario para montar una fiesta. Nos hicimos con un carro y nos perdimos en el laberinto de estantes llenos de productos.
--Era tu celular. Alguien te llamaba...
--Y tú celosa, para no variar...
--Algo...
La besé. Se me hacía irresistible cuando tenía celos... y eso ya era decir, pues por sí sola ya me volvía loca...
--¡Míralas, míralas! -Nos sobresaltaron los gritos de Lucía- ¡Besándose en las galerías, Dios mío de mi vida, en las galerías!
--Patético. -Volvía a setenciar Victoria- Absurdo.
--Bueno, ¿y qué? -Les preguntó Emmy antes que yo pudiera reaccionar- Patético o absurdo, es lo mismo... es cosa nuestra.
--¡Ay, Emily, siempre igual, siempre igual! -Cacareaba Lucía. Estas hermanas no sabían más que ser gallinas poniendo huevos- A ver cuándo formáis una pareja como Dios manda.
--Como te dé por culo...
Ésa fui yo, evidentemente, y Emmy me acalló escurriéndose entre mis brazos y besándome. Suspiré... o, mejor dicho, suspiramos ambas.
--¡Qué horrendo! -Chilló con admirable fuerza, Victoria- ¡Qué ordinario!
La gente que caminaba a nuestro alrededor con sus carritos y sus cestos, se detuvieron para mirarnos.
--¡Qué mujeres más escandalosas! -Le comentó una señora a otra- ¡Gritar de este modo!
--¡Y hablar así de una pareja, vaya! -Exclamó una joven y se dirigió a nosotras- ¿Sois amigas?
--¿Nosotras? ¿¡Nosotras!? -Se espantaron las Torsy- ¡Nooo, de ninguna manera!
--Vaya, y yo que creía que había venido en vuestro Mercedes... -Las perforó Emmy con la mirada- Ya está bueno, ya.
Nos alejamos de las hermanas Torsy y concentramos nuestra atención en las compras.
--A ver, en la banda somos bastantes.- Tres latas de olivas es poco... -Me escribía Emmy pensativa- Mmmm... A menos que tomemos de los botes grandes...
--Pero sin hueso. -Apunté yo.
--Creo que tomaremos de ambas. Hay a gente que no le gustan las olivas rellenas... También cogeremos negras y aceitunas...
Emmy las fue tomando y las colocó en el carro. Yo me preguntaba qué estarían haciendo Victoria y Lucía.
--¿Espárragos, mejillones, berberechos...? -Me preguntaba tomando latas y más latas- ¿Sardinas?
--¡Emmy! -Le protesté entre risas- ¿Tú eres la vegetariana?
--Sííí, pero ellos nooooooo. -Se sonrió- Ni tú tampoco.
--Grrr... Pero yo como poca cosa de ésas...
--Sí, ya... -Nos acercamos a los congelados- ¿Gambas? ¿Pequeñas y grandes?
--Emmy...
--¡Ayyyyy, ya me olvidé los pulpitos! -Se acordó entonces... cuando no era eso lo que yo quería recordarle, sino que no me gustaba ir de compras...- Espérame aquí, vida, que voy a por unas latas. No te muevas.
No te muevas... ¡Diablos, si no fuera porque la amaba tanto, habría salido disparada de allí, aunque me estrellara por el camino!
--Ya estoy. También tomé atún y ahora nos vamos a los embutidos...
--Nadie diría que eres herbívora,
--Ja, ja, no, desde luego... nadie lo pensaría.
En los embutidos tuve que taparme las orejas para no oír cuando cortaban el jamón dulce y no sé qué chingados más. La verdad es que Emmy me dijo que mientras lo hicieran iríamos a ver las bebidas, pues a ella tampoco era que le gustara demasiado...
--Cocacolas, limonadas, naranjadas, trinas, cervezas, zumos, Cacaolat... -Me miró y remarcó-: RED BULL, RED Z, ENERGY DRINK... ACUARIUS...
--Eso ya casi es para casa, ¿verdad? -Bromeé al tiempo que metía varias cajas en el carro- Y chupito sin alcohol.
--Sí, eso para ti y para mí, porque al resto... -Suspiró- Huy, esto se está llenando re rápido y todavía nos faltan las patatas, el embutido y lo necesario para mi ensalada...
--Y el coche. -Nos dijo alguien- Y el coche, guapa, porque nosotras no te vamos a llevar a ti y a tu patética novia.
--Pues, lo que te decía, y tomaremos un taxi. -Siguió Emmy como si nada- Aquí hay una parada.
--¿Y el dinero? -Chillaba Lucía- ¡¿Y el dinero?!
--Supongo que después los de la banda pondrán una parte. -Le dije yo a Emmy- Por ahora tenemos mi tarjeta de crédito.
--Nada de eso. -Negó Emmy- No recordarás, pero ayer cada uno te dio treinta euros. Desde luego, no estabas en condiciones y los tomé yo antes de salir de casa.
--Eres genial. -La besé- Hasta para comprar lo que no te gusta.
--Si te tengo a mi lado... es soportable.
--Eso digo yo... porque por mí, ya estaría en... otro sitio.
Terminamos de comprar y nos dirigimos a la caja para pagar. La verdad, allí nos aguardaban Lucía y Victoria, ambas muy ergidas. Emmy y yo intentamos pasar de ellas, pero fue imposible.
--Tenéis que dejarnos pagar. -Nos rogaba Lucía tirando de mi brazo- ¡Tú nos invitaste a un café, el otro día, no lo habrás olvidado!
--Bien, ya me invitaréis a uno y en paces. -La corté yo.
--Nosotras somos ricas, Laureyne. -Me replicó Victoria- Totalmente multimillonarias.
--Los billetes que te sobran puedes usarlos de papel higiénico. -Le recomendé- y las monedas para que os tapéis el ano.
La gente esperaba. Había una gran cola. Las hermanas Torsy no parecían querer ceder de ninguna manera... Se mostraban inflexibles... y acabaron pagando ellas.
--No, no detengas ningún taxi. -Contradijo Victoria a Emmy al ver sus intenciones- Regresaréis en el Mercedes como buenas amigas y aquí no ha pasado nada.
--No. -Se opuso ella- Allá dentro, en el super, había cola, gente que esperaba y con prisa... pero aquí, en la calle, me da igual el tiempo que estemos discutiendo.
--Lo hemos pagado nosotras. -Le recordó Lucía.
--Sí, la gracia que me hace. -Repuso Emmy- Aquí tenéis lo que ha costado... y adiós.
Todo pasó muy rápido... Emmy contó el dinero, se lo puso en la mano a Victoria, echó a andar a paso rápido, paró un taxi, lo subimos todo... y nos fuimos.
--Me atacan los nervios, esas hermanas. -Me confesó Emmy tras dar instrucciones al taxista- Espero que... que no vayan a la fiesta.
--Irán. -La contradije yo- Serán las primeras.
--Lo sé... -Hizo una pausa y después continuó-: No sé por qué vamos a hacer la fiesta en una casa vieja del Bosque de las Tarántulas.
--Yo tampoco.
--Tal vez para... para estar lejos del pueblo y que nadie oiga... oiga el... el escándalo que podamos tener.
--¿Tienes miedo? -Le susurré- Es eso, ¿verdad?
--Sí, pero estarás conmigo a todas horas, ¿verdad?
--Claro, no me separaré de ti ni para ir al baño.
Llegamos. Descargamos las cosas y nos fuimos en moto a un restaurante. Después de comer le propuse a Emmy una improvisada excursión al zoo.
--¿Al zoo? -Me inquirió- ¿Por los animales o por aquella ex tuya que trabaja allí...?
--Por los animales. Yo no sé si Claudia seguirá trabajando en las oficinas del zoo.
Emmy no parecía muy convencida, pero el caso es que sabía que amo los animales y a ella también le encantan, así que no dijo nada, a parte de que sí que iríamos.
--Pero al anochecer debemos estar de regreso puesto que vendrá Inés a buscarnos para ir a la vieja casa del Bosque de las Tarántulas.
Así es que pasamos una tarde rodeadas de animales: jirafas, leones, tigres, leopardos, panteras, elefantes, osos, serpientes, cocodrilos, hipopótamos, rinocerontes, tortugas gigantes, delfines, pingüinos, cabras montesas, monitos, gorilas, chimpancés, orangutanes, búfalos, avestruces, flamencos, loros, buitres...
--Es hora de que nos vayamos. -Bostezó Emmy apoyándose en mí- Cuando la guagua dé la vuelta...
--Sí. -Bromeé-: No cierres los ojos, que yo no te puedo interpretar el paisaje.
--Ya sé... -Bostezó de nuevo y se puso más cómoda- Con este calor y el traqueteo...
Estábamos haciendo el recorrido de todo el zoo con el famoso "carrilet" o guagua, como bien decía Emmy. Ciertamente daban ganas de dormirse.
--Bajamos. -Me dijo al fin- ¡Qué lástima que ya nos tengamos que ir!
Salimos y nos subimos en la moto. El regreso se me hizo más corto. Tal vez fue porque no teníamos que buscar un aparcamiento.
--¿Nos tumbamos un rato, mi amor? -Me pidió Emmy cuando entramos- Estoy cansadísima...
--Y yo.
Abrimos el sofá cama y nos tumbamos. No tardamos en estar dormidas.
--Emmy -Le susurré mientras le acariciaba el cuello-, creo que dormimos más de la cuenta.
--¿Eh...? -Se medio despertó- ¡Oh, sí!
Yo hacía unos minutos que me había despertado y ya me había quitado cualquier lagaña que pudiera tener...
--¿Gustas un zumo de naranja?
--Sí. -Me respondió incorporándose- Pero antes quisiera algo...
La besé. Me dirigí a la cocina y ella hizo lo mismo pero hacia el baño. Saqué unas naranjas de la nevera y las exprimí en ese aparato tan mareante que no deja de dar vueltas... En vez de un vaso le llené una jarrita y yo me cogí un Red Bull.
--Ay, siempre igual... -Bromeó imitando a las hermanas Torsy- Siempre Red Bull, Dios mío, siempre igual.
Nos echamos a reír. Cuando terminamos fregamos los cacharros y llevamos las bolsas de la compra al recibidor. Inés seguramente estaba por caer.
--¿Te digo algo, mi amor? -Me preguntó y yo asentí- No me agrada la idea de ir esta noche al Bosque de las Tarántulas. No sé, siento como si... No sé, amor, no sé.
--Estaré todo el tiempo contigo. No me despegaré de ti ni un instante,.
--¿Lo prometes? -Me besó- Dime, ¿me lo prometes?
--Sí. -La abracé- Te lo juro, si quieres...
En un arranque de pasión le di mil besos, tal vez no fueron tantos o quizá fueron más, y le dije infinidad de veces que la amaba.
--Y yo a ti... -Me repetía- Yo te amo mucho más...
Todo cesó bruscamente, pues llamaron al timbre. Nos besamos. Fue un beso fugaz, pero intenso. Después nos dirigimos a la puerta.
--¡Hola! -Nos saludó Inés- Vaya que si habéis comprado, ¿eh? Me vais a pinchar las ruedas traseras de la furgoneta.
--¡Sí, quizá! -Se rió Emmy- Yo te ayudaré a llevarlas. Laureyne puede irlas sacando y dejándolas en la puerta.
--No, Emmy, yo las llevaré hasta las rejas del jardín. -Le dije tomando seis bolsas a la vez- Vamos allá.
--¡Oye, espera! -Me agarró Inés de un hombro- No tienes buen equilibrio como para llevar tanto peso...
--Yo iré detrás por si acaso. -Se ofreció Emmy- No te preocupes.
No tardamos en tener todos los víveres en la furgoneta de Inés. Emmy entró a comprobar que todas las luces y todos los electronomésticos estaban apagados. Después cerramos con llave ambas puertas: la de la vivienda y la del jardín.
--Vaya, olvidé guardar la moto en el garaje. -Suspiró Emmy- Hum... Tal vez sería bueno que Laureyne y yo fuésemos en ella.
--Me parece bien. -Asintió Inés- Sería mejor que cogieseis la chaqueta que hemos metido en el asiento trasero junto a la mochila con vuestras cosas.
--No hace falta. -Me negué yo- Tengo calor.
--Las meteremos en el maletero, donde tenemos los cascos, ¿te parece? -Me sugirió mi niña- Así...
--Sí, mi Emmy. -La corté yo antes de besarla- Como tú quieras.
Así que sacamos los cascos del pequeño maletero que tenía la moto, metimos las chaquetas y, tras colocarnos los primeros, nos subimos en la Kawasaki azul.
--Abre tú la marcha, Inés. -Le pidió Emmy- Yo en cuanto pueda me pongo junto a ti.
Inés se puso al volante y arrancó. Nosotras la seguimos desde una distancia de un metro y medio.
A una velocidad idónea cruzamos el pueblo y nos internamos en el Bosque de las Tarántulas. Estaba oscuro como la boca de un lobo y era tan silencioso que daba impresión los ruidos que hacían las ramas, el camino de arena y la maleza al ser aplastada por las ruedas de los vehículos.
--Emmy... -La abracé con fuerza- TE AMO.
--¿Dijiste algo? -Me escribió con la mano derecha mientras manipulaba con la izquierda- No te oigo con el casco.
--Que te amo. -Le repetí- ¿Oíste ahora?
Emmy detuvo la moto a un lado del camino. Se quitó el casco y se volvió hacia mí. Yo también me quité el mío.
--¿A ver? -Sonrió- ¿Qué me decías?
--Que te amo... -La besé- que te amo con locura...
Hubo unos minutos de silencio. Las luces del coche de Inés se perdieron en la distancia. Nos habíamos quedado totalmente solas.
--Emmy... -Le susurré- Mi Emmy...
--Dime, mi amor...
--¿No crees que sería mejor... volver a casa? -Le propuse.
--¿A casa? -Se sorprendió- ¿Cómo dices eso tú?
--Quiero estar sólo contigo...
--Te entiendo, pero... -Dudó- Mi amor, ¿no crees que debemos, por lo menos, avisar?
--El celular... -Le sugerí.
--No, vida mía. -Negó ella y me besó- Debemos avisar personalmente.
Suspiré. Sabía que Emmy tenía razón.
--Dime la verdad -Me pidió-, ¿tanto me amas que renuncias a una fiesta del grupo?
--Y no sólo renunciaría a eso...
--Me imagino...
Antes que pudiésemos besarnos sonó el móvil de Emmy. Lo tomó y respondió a la llamada. Era Inés que nos esperaba unos metros por delante...
--No sé si resista la tentación... -Le insinué a Emmy- Tal vez te... allí mismo.
Ella me miró y se rió. ¡Para pícaras estábamos hechas!
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