En mi barrio viví y crecí hasta los 20 años y luego me fui, aunque nadie me preguntó si quería quedarme o irme. En mi barrio había una enorme casa de muchas habitaciones y varios árboles, donde pasamos los años de la bonanza. En mi barrio las calles se llenaban de parranda en diciembre, los niños cantábamos aguinaldos y visitábamos las casas de los vecinos, mientras el maestro coral nos guiaba montado en un caballo y vestido de liqui-liqui. En mi barrio las tardes eran calmadas, silenciosas y apacibles y podíamos ir a la plaza a manejar bicicleta, jugar con la pelota, pasear al perro o simplemente sentarnos en los bancos a mirar a la gente hacer todo eso, acompañados por el sonido de las campanas puntuales de la Iglesia. En mi barrio las calles subían y bajaban, serpenteaban y se enrollaban alrededor de la gente, pero nunca eran planas, rectas y aburridas. En mi barrio había una casa enorme de muchas habitaciones, con una platabanda y un patio con árboles de mango, donde hacíamos memorables agasajos, fiestas y celebraciones para todos los que cupieran en la casa. En mi barrio había un parque en el que los pequeñitos se columpiaban, mientras los jovencitos hacían deportes en la cancha contigua, donde una vez unos famosos cantantes adolescentes fueron a grabar un capítulo de su telenovela y las niñas no dejaban ver a las otras niñas. En mi barrio había un maestro de matemáticas que le decían "pera loca" porque sufría ataques epilépticos y todo el mundo sabía cuándo tenía uno, porque se ausentaba de la clase por quince minutos. En mi barrio los heladeros pasaban frente a mi casa haciendo todo el ruido posible porque sabían que había niños glotones en esa casa, donde una vez en una fiesta infantil, mi abuelo le abrió la puerta a uno de esos heladeros para que descargara completo su carrito ante la muchachada sedienta y sudorosa de tanto correr entre los árboles de mango. En mi barrio había una bodega, y un mercado, y una casa de la cultura, y un liceo, y un bulevar, y una fábrica de zapatos, y una panadería, y un hospital para enfermos mentales, y un convento, y un taller mecánico, y una peluquería, y una entrada al Ávila. En mi barrio había una quincalla que le decían "la casa del viejo verde" porque el señor que la atendía vivía en una casa de color verde. En mi barrio una vez a una señora casi se la come su perro que tenía días sin comer porque la viejita en las lagunas de su enfermedad olvidó completamente al animal. En mi barrio había un muchacho que tenía los ojos verdes, que me invitó al cine y a comer helados, que se cansó de esperarme y se buscó una novia. En mi barrio había una niña que nunca creyó que se iría de allí.
andremani76@yahoo.es
Venezuela