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Creo en la bondad y el poder creador de Amalivaca. Creo en el palpitar eterno del cuerpo de Urquía a los pies de su amado. Creo en la dignidad y el valor contenidos en las últimas palabras del indómito Guaicaipuro. Creo en el coraje de Tamanaco al dar su lucha contra el imperialismo, encarnizado en el perro asesino de Mendoza. Creo en la digna resistencia de Sorocaima ante las cobardes torturas de sus asesinos. Creo en el seductor aroma que emana el Kaliebirri-nae, en su maravillosa altura, en su capacidad regenerativa y en los bejucos de Toluma que lo sujetaron al cielo. Creo en la resistencia indígena como negación a la esclavitud y amor a la libertad. Creo en la rebelión de Andresote ante la injusticia colonial. Creo en la semilla precursora de José Leonardo, en sus ideas fuera de la jaula y en la fortaleza de sus manos libres. Creo en la lucha que contra la opresión libró un caballero errante, nuestro Primer Criollo Universal, a través de tres continentes. Creo en un tricolor hermoso, en un escudo fértil, libre y glorioso y en un himno de eco profundo que se eleva con fervor. Creo en el legado inmenso de Bolívar, en sus proféticas palabras, en su ideal revolucionario y en su vida eterna a través de los corazones libres de este continente. Creo en la rotunda negativa de Consuelo Fernández y en su último abrazo. Creo en los gritos libertarios de Cecilia ante el pelotón de fusilamiento y en su último encargo para Enrique. Creo en la juventud honrosa de Luisa Cáceres y en la fortaleza de su cuerpo ante cada tortura perniciosa. Creo en la digna muerte de Eulalia Buroz ante la perversión lujuriosa de sus agresores. Creo en el arrojo de La Avanzadora. Creo en la heroicidad de la mujer venezolana y en su lucha constante por la paz. Creo en la tierra y los hombres libres que soñó Zamora y en su despertar repentino en la memoria del pueblo. Creo en el último hombre a caballo. Creo en la inteligente batalla de Florentino contra el diablo y en su honrosa victoria sobre el mal. Creo en las huesudas manos de la Sayona, en sus llameantes ojos y en su venganza eterna. Creo en el efecto aterrador de aquella melodía del Silbón. Creo en la grandeza sorprendente de la luna llanera, en su cielo estrellado y en sus noches oscuras. Creo en la geografía prodigiosa de estas tierras, en su fertilidad y en su riqueza. Creo en Venezuela Heroica. Creo en la fertilidad real y magnífica del pincel afamado de Arturo, prodigioso creador. Creo en el eco interminable del grito revolucionario de Alberto Lovera y en su regreso del mar a pesar de las cadenas de la muerte. Creo en la canción combatiente de Alí, en el gallito rojo que llevó pintado en su camisa, en mamá Pancha y en su invitación a la lucha por la justicia. Creo en la rebelión de los oprimidos, en la lucha por los hombres y en la inmortalidad de los valientes. Creo en el “por ahora” trágico y esperanzador de Hugo Chávez en el despertar centenario del pueblo venezolano. Creo en la democracia participativa y protagónica, en el desarrollo sostenible, en la justicia social, en la solidaridad y en otro mundo posible. Yo, al igual que Aquiles, creo en los poderes creadores del pueblo. Venezuela Déjanos Tu Comentario |
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