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Nada parecido a una razón obsesiva entre dos paredessobrevive a las vituperaciones cotidianas,pero los legisladores prodigan argumentosentre sus ritos de perdones inalcanzables.Sabrán ellos si una mano levantadapuede superar cualquier anuencia mal escrita,si es que pergeñan leyes y no caprichos,en medio de esa voltariedad agazapadacuyo nombre resume la política.Darán ellos sus palabras en compromiso consanguíneo,mientras las paredes y las calles se vuelvenlúcidas delatoras de los abiertos y trabados desconciertosprevistos en gotas de sangre acuosa.
En este país,en el supuesto tino vigente en las calles,las yerbas de los sinsabores han crecidobajo las huellas afincadas de la angustia.Se han levantado muros de alegatos inquebrantablespara desembocar en pantanos de desilusiones.Aquí mucha gente parece saber,hurgando entre láminas de dolores inéditos,que en los espejos se desvanecen sus simulacros.Pero quienes tienen la retórica y las pantallastomadas por su influyente cuello, quieren empezar o creen inaugurar auspiciosas prefiguraciones,ajenos a las alucinaciones repetidas,creyendo abrir un camino por donde ya hay una carretera.Es su destino insistir en los despropósitos,es su insistencia cavar tumbas abiertas y como si se miraran en el fondo de un pozo inconcluso,desconocen el alcance de sus dedos empobrecidos.
La sangre se avecina como una lluvia sin fechay no importa cuántas ventanas la esperen:igual azotará los techos y doblegará los ánimos.Para muchos las predicciones se derritencomo esperanzas maltratadas por las oportunidades,mientras se desmaya un demiurgo a punto de nacer.Volverán en términos de oleaje terco,se revolcarán en la poca agua de las miserias barajadas,cayendo y cayendocayendo y cayendocayendoen el silencio de abundantes palabras presuntuosas.
¿Quién puede levantarse en una callesin nombre ni rasgos definitivos para acusara la sombra que lo persigue valiéndose de la madrugaday de las preguntas rebotando en las piedras de ríos secos?Estamos desfalleciendo de tanta energíaconfiados a los números y a las cuentas bancarias,suponiendo que la palabra pueblo quebranta fronteras y decide destinos.Desfallecemos de tanto querertal vez vida y suposiciones cristalinas,en respuesta a la locura de plata y palabras alebrestadas.Cuando la sangre se avecinael miedo escondido insisteen calentar las orejas con bondades perdurables,mientras todos los sentidos anuncian y sabenque las palabras ya no son escondites inocentesdonde los cráneos flagelados no pueden soportarlas inconstancias fulgurantes de los deseos disfrazados.
¿Adónde irá a pararla desazón convertida en hazañas?¿Hasta dónde llegará el tumulto de suposicioneslibertarias, envueltas en frases sedantes y engreídas?Aquí y allá y más alláse desdibujan los márgenes de la serenidady se ahogan los reclamos y se pierden futurosen los vasos de aguardientey en el humo de la piedra enloquecedoray en el polvo dador de la jactanciay en la propina de las felaciones precocesy por el plomo de las armas rabiosas.A la hora de los gallosarrecian los sueños descalabradosy cada amanecer es la continuación de los desencuentros enervantestambién al servicio de los saldos favorables.Ya la espiga de cobre se inclinasobre los cultivos abandonados,ya las hachas amelladas se oxidanen los barrancos de greda y en las zanjas de moho,y eso sería poco o no valdría ni una quejasi no estuviesen quebrantándose los flacos linderos de la mesura.
Los devotos apuran la letra desjuiciada,atizados por la voz imponentey contentos por su mejorada hacienda.El mañana es para ellos una plantillade números y letras acordes con sus pasiones enquistadas.Prefieren ignorar que los preceptospueden volverse cadalso o cilicio.Sobre los escombros de su monolengua rasantemás le importa a los afanosos escribientessus satisfacciones partidarias y su tasada obediencia.Apuestan a una perpetuidad sin espíritu,abonan un porvenir de piedras quebradizascasado con sus epítetos monacales.Reciben de su contraparte,no menos ansiosa de cámaras y mando,el veneno compartido en mesas separadas e indistintas.
Ojalá pudiéramos decircon inocencia sacrificial que vengaa nosotros el Reino,pero ni siquiera sabemos si hay un Reino.Ya ni sabemos,entre suposiciones temerosas,si acaso algún Reino puede acogernos.Lemas y fusiles se entrecruzan en rituales bélicossiguiendo el curso de frases discordantes y en los cuarteles, sobre almohadas acuciosas,se preguntan algunos si la valentíadebe tener un nuevo precio.Y en la calle,donde la inconformidad no sigue reglasni órdenes superiores ni quiere saber de jerarquías estrelladas,la voz se rige por los mandatos de la necesidady así dice y desdice en contra del credo insistente.Ese color como buen negocio propagado,con pretensiones de volverse alma y conciencia,se vuelve espuma de resabiosen los rompeolas de la docta ignorancia.No venga a nosotros ese Reino prometido:sus promesas quebrantan el pulso del día a día,por más que unos y otros,esos unos amparados en sufragiosy esos otros empeñados en ganarlos,pretendan ablandar pareceres con papeles renovadoso privilegios de gloria al instante.Sólo la muerte iguala,nunca a juro las leyes y las arengas.
Sobran rigores y esmerosi sólo en los discursos se trazan los derechos,¿acaso puede regirse el corazóncon notas a pie de página?Palabras enconadassi traen provecho es pasajero:apenas respiran el aire del perjurioreptan entre la hojarasca de razones aventadas.Un buen día,en los folios polvorientos donde se traman los destinos,se delatan las intenciones de resentimientosilustrados para la venganzay enceguecidos por sus complicidades.
Si la sangre llega a los ríossolicitada por el odio cultivado,ya sabrán mañana,tal vez muy pocos,que la inmemorial serpiente del destinosiempre se muerde la colay nunca estará de más advertirque aflicciones ayuntadas a promesas deslumbrantessuelen traer aprovechados endiosamientosy llevar más gente caída a las fosas comunes.
¿Sobreviviremos a las leyes del ímpetuy al frenesí de la arrogancia?
amengual714@hotmail.com
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