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Sólo hablo cuando no tengo nada que decir, entonces digo lo que no debo; obscenidades de las más horribles siempre. No me detengo a pensar si es el momento adecuado, la gente y lugar apropiados, si hay niños, clérigos o damas…no puedo evitarlo; disparo malas palabras, toda clase de groserías que salen impredecibles, tan mortales y certeras como balas perdidas. Sólo hablo cuando no tengo nada que decir, es más interesante que hablar cuando se tiene algo que decir, porque con el tiempo - por lo general al poco rato - olvidamos lo dicho y lo escuchado. ¿Se imaginan si recordáramos cada conversación? Los discursos y otras formas de intercambios orales; información y demás ítems, merecen otra categoría que no practico. Para esos casos inventaron las grabadoras que graban 1 o 2 horas. Los IPODS pueden almacenar cientos de canciones. Si las conversaciones gozaran de tanta popularidad serían un negocio rentable, pero no, a nadie le interesan los puntos de vista de otros. Tan grave es este asunto, que hay especialistas en esto de las conversaciones, pero cobran carísimo y ni siquiera hablan para darle la razón a uno, que a fin de cuentas es la verdadera e inconfesada finalidad y más caro anhelo de todos los involucrados en una conversación de estos tiempos; no la búsqueda de la verdad, eso no importa, importa tener la razón y además que nos la den. Por eso sólo hablo cuando no tengo nada que decir. Esta afición por decir obscenidades me empezó a inquietar. Andaba más callado que de costumbre y eso me convirtió en el más solicitado, invitado a cuanta fiesta hubiera, así los anfitriones no fueran mis amigos. Mi popularidad creció tanto que decidí ir al siquiatra porque cada día tenía menos que decir y ya saben las consecuencias. Voy y me siento, él me mira, yo lo miro, nos miramos sin pestañear un buen rato. Puedo permanecer así durante horas, él no. El silencio se le hizo insoportable y entonces me preguntó: ¿Qué lo trae por aquí?...nada, yo más callado que un kilo de harina leudante, él, con el grabador prendido grabando mi silencio, ya me iba a dormir cuando empezó a interrogarme: edad, estado civil, profesión, algún problema que quisiera contarle…nada…ni una palabra. Comenzó a ponerse nervioso, a moverse en la silla. Me dijo que regresara otro día, cuando estuviera preparado para hablar. No me moví. Había pagado una hora y no le iba regalar mi dinero. Balbuceó ya un poco alterado que no me cobraría la consulta y que por favor me fuera…pues no, no me iba a ir así de fácil, tenía mucho que decir…¡Pero esa costumbre de hablar sólo cuando no tengo nada que decir…! Se secó el sudor y fingiendo resignación afirmó que si yo era mudo, él no podía ayudarme ya que no manejaba el lenguaje por señas, aunque debería, ya que tenía una sobrina muy querida que era sordo muda, pero nunca sacaba el tiempo para aprender a hablar con ella por señas. Me mostró la foto de la niña; la miré con sincero interés. El se quedó viendo la foto largo rato, guardó la cartera y me contó su vida; se sentía culpable por lo de la sobrina sordo muda, por sus hijos; dos varones de 9 y 12 años de su único matrimonio. Se había divorciado hacía dos años porque su esposa se enamoró de otro hombre; su maestro de yoga y guía espiritual. Cuando ella se lo dijo no lo podía creer…- mira Manuel – lanzó en un largo suspiro- ¿Manuel es que tu te llamas no?...yo a esa mujer la adoraba, jamás le fui infiel ni con el pensamiento, vivía para ella, complacía todos sus caprichos, todos los años nos íbamos de vacaciones a Margarita, Mérida, San Juan de los Morros, Choroní…a España fuimos una sola vez, en la luna de miel…¿y todo para qué?...¿para terminar botado, solo, con una maletica de ropa?...porque es que ni una sabanita me dejó sacar de la casa. Eso es duro Manuel…¿Manuel es que tu te llamas no?...Hice terapia con la doctora Salazar tres veces por semana. Me convenció de aceptar la realidad y punto, que viviera mi duelo y que con el tiempo ese sentimiento de impotencia, de traición, de furia que todavía tengo atarugado aquí en la garganta, pasaba. Nada de escenitas de macho violento que a la larga lo que iban era hacerme sentir más humillado y avergonzado. Me fui de la casa pero Mirna se empeñó en que fuéramos civilizados por los niños, que aceptara la realidad porque algún día tenía que conocer a Kirtan, así se llama el tercio. Razoné y me dije a mi mismo, es verdad; así chille y patalee lo que pasó no tiene vuelta atrás. Me llevó a una clase de meditación. Kirtan habló no se que asunto de unos chakras que teníamos que alinear para lograr el equilibrio y la paz interna. Al principio me sentí un poco incómodo por la situación, pero después hice los ejercicios de respiración, me fui serenando y el tipo terminó cayéndome bien y todo. Se mudó para mi casa con Mirna. Alquilé un apartamentico chiquito, pero ¿para que quiero más si yo vivo solo? Pago todos los gastos de mis hijos…¿Qué te parece Manuel? Sólo hablo cuando no tengo nada que decir, entonces se me soltó la lengua y arranqué con las obscenidades, - mira rolo e guevón, tú lo que eres es un cabrón de mierda que se dejó montar cachos y de paso te chulearon la casa, se cojen a tu jeva en tu propia cama y si te descuidas el carajo te va a terminar cogiendo a ti por pajúo, ¿tú cómo que eres marico? ¿Qué verga es esa? Yo hubiera escoñetao al mamaguevo y hubiera reventado a coñazos a la reputísima esa…¡que bolas tiene tu chico!!! No me jodas la paciencia piazo e cabrón, y me voy pa la mierda porque me jarte de tus mariconerías pobre pendejo!!!! Me levanté y cuando abrí la puerta para irme, el siquiatra con una gran sonrisa me dijo- - ¿Manuel es que tu te llamas no?..panita, vente la semana que viene que no te cobro nada, nos echamos unos palos , y de paso comentamos lo del triunfo del NO del 2 de diciembre…¿qué crees tú que pasó ahí? Nunca en mi vida había sentido tantísimo que no tenía nada que decir; por eso vomité y seguiré vomitando groserías sin parar hasta que encuentre un solo análisis que me convenza de hablar correctamente cuando tenga algo que decir al respecto y que valga la pena que abandone mi pésimo hábito de decir puras obscenidades cuando no tengo nada que decir. Mire doctor de pacotilla, ese resultado me pareció la peor mierda de esta cagada de puta época, los guevones que se quedaron echándose aire en las bolas y no fueron a votar, merecen que la cabrona historia les caiga a patadas por ese culo para ver si despiertan de una malparida vez y entienden a coñazo limpio, que traicionaron los ideales Bolivarianos, que nos clavaron por la espalda la maldita puñalada cuando fundieron el oro que nos dio la revolución, y construyeron otro cabrón vellocino para seguir adorando al imperio como los mismísimos maricones que son, cuerda de vendidos, cobardes y jalabolas, hipócritas y oportunistas, lambucios de oficio que renunciaron a su poder para entregárselo al mismo diablo. Me jarté de tanta puta explicación, inútiles análisis que lo que hacen es justificar los eternos errores de la historia que maldita sea, siempre terminamos repitiendo. …Otras son las máscaras doctor, pero arránqueselas para que vea que encontrará los mismos rostros de mierda…y me largué caminando por el oscuro pasillo. Llegué a una avenida lluviosa y mal iluminada. Lancé imprecaciones al pasar frente a una puta o un transfor que me ofertaba sus favores. Seguí gritando malas palabras cuando tuve que tirarme a la calle porque la basura acumulada ocupaba la acera. No paré de mentar madre cuando una moto con dos tripulantes huían a toda velocidad después de abalear a un transeúnte que al igual que yo, ante la inevitabilidad de lo impredecible, se había quedado sin nada que decir y vociferaba groserías ahogadas en sangre. Nadie acudió en su auxilio. Me detuve unos instantes a su lado, nos miramos agonizantes de palabras. Podríamos habernos dicho tantas cosas, pero no teníamos nada que decir…vimos la pared que precaria sostenía vida y muerte: afiches, nombres, rostros, consignas…SI… NO… Un perro hurgó entre la basura. Dos indigentes nos observaban. Intentaron decir algo. Una sombra quiso advertirles al respecto; fue en vano; ellos conocían desde siempre y mejor que nadie la inutilidad de esa ráfaga de luces rojas y su acogedor chillido de sirenas. Vivían en la habitada soledad de los desconocidos, entre muros de ofensas con contenido de violencia y sexo tipo A, apto para ser presenciado por niñas, niños y adolescentes, de agravios deletreados en cuarenta pisos de concreto, rejas forjadas de impenetrables mentiras, en una ciudad poblada de televisores, radios, noticias y opiniones, donde siempre todos tenían algo que decir. Amanecía sin censura. Me retomaron las fronteras de lo permisible…no tenía nada que decir…¡ maldita sea!...¡ maldita sea ¡…¡ que mierda de día! yajaira_gonzalez56@yahoo.com.mx Déjanos Tu Comentario |
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