Artevirgo, Canarias
Por las cosas de la vida, pero sobre todo por la escasa difusión que nuestros poetas y escritores tienen en Canarias, hasta no hace mucho el poeta Justo Jorge Padrón era para mí un perfecto desconocido. No sería hasta el año 1992, y con motivo del Congreso de Escritores Canarios celebrado en la Gomera, a iniciativa del ya desaparecido Don Sebastián de La Nuez, celebrados, traducidos y premiados poemarios). cuando tengo por primera vez conocimiento de éste. (Conocimiento de que era un excelente poeta no significa que hubiera leído algunas de sus más
Sería algunos meses después cuando tuve la inmensa suerte de adquirir por veinte duros una antología poética suya que abracaba los años 1971-1976. Su título genérico es el terrible y desasosegador “Ningún ruido, ningún silencio”; esta edición que constaba de tres mil ejemplares –todo un record para un libro de poesía- había sido editada en noviembre de 1978 en México por Editores Mexicanos Unidos S.A.
“Ningún ruido, ningún silencio” está conformado por sus tres primeros poemarios “Los oscuros fuegos” (1971), que fue galardonado con el premio Adonais. “Mar de noche”, (1973) que consigue el premio Boscán y “Los círculos del infierno” (1976), que es el que me detendré en esta ocasión.
Con este último poemario “Los círculos del infierno”, Justo Jorge Padrón –nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1943- concitó la elogiosa atención de la crítica europea y americana y fue traducido a más de 12 idiomas (“...que un libro se haya traducido a cincuenta idiomas o que haya sido leído por millones de lectores, en el fondo tampoco le confiere hoy a ese libro categoría literaria universal. Entonces no entrarían en el ´canón`, ni por asomo, ni Góngora, ni John Donne ni Mallarmé, por poner sólo tres ejemplos de monstruos literarios que casi nadie ha leído ni entendido jamás...según escribe Jordi Llovet”).
Según el profesor Sebastián de la Nuez, con este poemario, Justo Jorge Padrón alcanza uno de los momentos culminantes de la poesía canaria y también de la universal contemporánea. Representa una cosmogonía del hombre del siglo xx, puesto en la cima de esta desenfrenada carrera de la destrucción, extendida ahora a toda la raza humana, alcanzando con ello un sentido épico, pero sin dejar de pertenecer al mundo interior del poeta, y, por lo tanto, quedando dentro de la esfera de lo lírico. En cuanto a las estructuras métricas, aunque sigue siendo fiel al esquema alejandrino-endecasílbo, los combina con versos más cortos como el heptasílabo.
En “Los círculos del infierno”, Justo Jorge Padrón se adentra de forma magistral en el lado oscuro de la vida, se sumerge de tal forma que parece que ya no existiera otra cosa, otro sentido, ninguna verdad. Versos ágiles, frágiles y al mismo tiempo como entrecortados, como esperando una certeza, una señal, un signo que nunca llega. Así el poeta, el ser humano, nace y muere una y otra vez en cada palabra, en cada verso, en cada poema.
En “los círculos del infierno” ese “otro lado” se erige como el principal protagonista, sólo él existe...y quizás, detrás, o en lo más profundo el deseo de convertir esas sensaciones en placer estético, en vía de conocimiento. Así en el poema “La locura” el poeta lo ve claro: “....una multitud ciega sufre, envejece, muere./ Gemidos en los vasos y en pintadas palomas...”
En otros poemas, como en “Si Dios se cansara de nostros”, o “Naufragio”, o “Solo la duda”, o “La soledad” o “El Llanto”, por solo nombrar alguno de ellos, una atmósfera pesada, asfixiante, se apodera de nosotros. No existe la esperanza, ni la fe, ni el amor. Sólo un mundo vacío que no hay con qué llenar. Sólo, solamente “Ningún ruido, ningún silencio”. O, tal vez, alguna palabra, algún verso para llenar tanto hastío, tantas ganas de no ser nada, acaso un río, un pájaro, un mar oscuro.
Empecé este artículo diciendo que por las cosas de la vida, pero sobre todo por la escasa difusión que nuestros poetas y escritores tienen en Canarias, hasta no hace mucho el poeta Justo Jorge Padrón era para mí un perfecto desconocido. No sería hasta el año 1992, y con motivo del Congreso de Escritores Canarios celebrado en la Gomera, a iniciativa del ya desaparecido Don Sebastián de La Nuez, celebrados, traducidos y premiados poemarios). cuando tengo por primera vez conocimiento de éste.
Sería algunos meses después cuando tuve la inmensa suerte de adquirir por veinte duros una antología poética suya que abracaba los años 1971-1976. Su título genérico es el terrible y desasosegador “Ningún ruido, ningún silencio”; esta edición que constaba de tres mil ejemplares –todo un record para un libro de poesía- había sido editada en noviembre de 1978 en México por Editores Mexicanos Unidos S.A.
“Ningún ruido, ningún silencio” está conformado por sus tres primeros poemarios “Los oscuros fuegos” (1971), que fue galardonado con el premio Adonais. “Mar de noche”, (1973) que consigue el premio Boscán y “Los círculos del infierno” (1976), que es el que me detendré en esta ocasión.
Para el crítico José Luis Cano “Los círculos del infierno”, ´no son sino el traslado a uan expresión poética, con símbolos y metáforas, de una crisis espiritual que parece alcanzar honduras abisales, de derrumbamiento interior como consecuencia de una experiencia: el choque brutal con un mundo injusto y vil.`.
Por otro lado, como muy bien apunta Arthur Lundkvist, esa crisis no es sólo, en “Los círculos del infierno”, una crisis personal del hombre que lo ha escrito, porque el poeta la trasciende hasta ser también una crisis colectiva.
Según José Luis Cano, “Las visiones más horribles, los climas de turbulenta pesadilla, los paisajes de desolación y ruina, de escombro y muerte, se suceden con progresión creciente, creando un clima atroz de angustia insoportable en que la dislocación del tiempo y los sentidos, las metamorfosis más horrendas, las honduras más abisales nos conducen a un laberinto infernal (....), y teniendo conciencia de que es camino que él no ha buscado le conducen implacablemente a los laberintos del terror y la locura”.
Para tod@s aquell@s que quieran adentrarse en los versos de este poeta genial –aunque poco conocido y menos valorado, por lo menos en Canarias- decirles que en Internet pueden encontrar varias páginas dónde pueden acercarse a su vida y a su obra; y también, para l@s que prefieran el formato libro, la Biblioteca Básica Canaria, editó una “Antología Poética” con un prólogo bastante ilustrativo de Sebastián de la Nuez Caballero.
Uno de los poemas que más me impactó es el que titula:
Y si dios se cansara de nosotros
Y si Dios se cansara de nosotros,Y si Dios nos odiara,
Nos iría cambiando lentamente, nos pondría una lepra de tiempo por la piel,
La sensibilidad muy enfermiza
Y la sed y la angustia Del recuerdo constante;
Y a nuestro lado espejos, Muchísimos espejos
Para que en luz y noche Nuestra desenfrenada pérdida reflejaran.
Sentiríamos golpes invisibles cayendo
Desde dentro y también desde lo más distante.
Y nos encerrarían en reducidos recintos Y en sórdidos trabajos
Que nos irían reduciendo a sombra Y ruina la vida.
Para que no pudiéramos amar Vertería en nosotros la ambición,
La envidia, la violencia, la lujuria y el odio.
Este veneno irá corrompiendo nuestra alma.
Desde ella brotarían muñones y rencor, Vicios innumerables.
Y cuando ya pidiéramos a gritos La muerte, insuflaría en los más cuidadosos
La piadosa costumbre de alargarnos El grito hasta el terror o la locura.
Si este Dios tan justo nos odiara,
Seríamos la especie Miserable y rugosa, torpe, suicida y ciega, Degenerada
y criminal, maldita, Que es la raza humana.
almeidaafonso@hotmail.com