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Te cuento la historia… Aquí me quedo cada vez que vengo… Atravieso el corazón a ambos lados de tu templo y me planto en tus orillas… Y por el corazón llego al mar; allí me quedo en un abrazo de amor por la tierra y por los árboles, por los barrios tristes y los peñeros… El mar rebosa la mirada desde la calle y sus aromas acompañan la brisa de amaneceres que vienen de las montañas… El fortín fue una galera que se hizo piedra y nunca más navegó… se quedó a cuidar la bahía de peces y de niños jugando con arena y sol… También tu nombre insinúa mar… de islas lejanas, con otros peces y otros niños… Incluso tu ayuntamiento marcado está de mar refrescando la memoria de la lucha infatigable que el canalete y la ola libran antes del sol, de los pensamientos y de los grandes peces que huyen hacia las profundidades de corales y señuelos… Me pregunto por qué los demás pierden el tiempo…? Todos deberían estar en el mar… Aquí no hay nada más importante y todos voltean la espalda… que quieren encontrar que no lo traiga el mar… y que no lo regale…? Dedicado a Juan Griego. Península… Navego en el aire del desierto con el tiempo detenido en tu pelo y en tu razón oculta que no deja para figuras ni paisajes artificiales… A gran velocidad pasan a mi lado las altas espinas y las rocas lanzadas por los fabricantes de pasiones ligeras que acompañan el vuelo verde y bullanguero de tus habitantes… Permiso te pido para andar por tus venas negras, sobre este barco blanco que cada jueves abandona las mareas urbanas… Y tú me permites combatir tu oleaje de tetas, puentes y lagunas… y de caseríos unidos por el rumor que el mar guarda en las caracolas… Sigo adentrándome en tus picos en donde los anones y los ciruelos tiemblan a la espera de los días de las aguas dulces o de las noches de los serenos compañeros de sueños de flores que perfuman la esperanza de nueva vida… Casas de piedra, acantilados, suelos rojos y amarillos y mis labios resecos de tanto silencio… Con San Francisco atravieso Robledales y Manglillos y sujeto con Horcones las Paredes que me guían hasta la Boca del Río… y en un instante recorro tu lengua de cacique aguerrido… tu lengua de esfuerzos por la salvación de tus pueblos… Me voy hasta el jueves, hasta otro descubrimiento con tus caballos de tunas y de yaureros y hasta el próximo oleaje que mi mente aparte en nuestro encuentro… Ojala hoy fuera jueves y mañana también, para no irme de aquí y para no perderme la conversación que la noche y los arenales amparan en el frío recodo que la constancia va dejando en cada playa y en cada deseo de amar… Dedicado a La Península de Macanao tus playas soñadoras… Yo camino las playas que te caminan… Yo reposo las arenas con mi mano y bebo las doradas espumas en la calma de las cuerdas de los rezones que desaparecen en el reflejo del cielo… Descalzo el oleaje de tus orillas y desnudo de brumas la hora de tu encuentro con el sol… Después me acompaño de cangrejos que asoman su punta negra desde el negro agujero que el agua y la sal desbordan de discontinuo deseo de humedad y aridez… Con la blanca roca subo desde la profundidad hasta los nidos de los alcatraces, y sin ser visto, desciendo hacia las barracas de los pescadores de las burbujas que atraviesan los comederos de algas y coral… Yo desato el enrejado que te visita desde el cielo… sentado en tus diminutos cristales que se pegan a mi piel, y me cubren conversaciones de aventureros de escamas y travesías con el frío y las aguamalas… Yo respiro por tus cavernas que bañan de gotas esquivas al agua mansa del reflejo de la luna en tu cintura y en las palmeras… En otra caminata de edificios te descubro solitaria de barquillas, acompañada de limpiadores que cosquillean tu bajamar con sus rastrillos, y descubren las galerías de tesoros dejados por los que se fueron a descansar tu belleza hasta mañana… Al otro extremo, vuelan las carroñeras… devoran las pasiones que se escapan de los bares y alejan la ciudad en elegante fracaso solitario… Levanto las ruinas de tu orilla, sin embargo, y recorro tu trayecto en sus alas de olvido para recordarte limpia, inmaculada mujer, de reposada entrega que en el retiro vuelves tu mirada hacia otra oportunidad para hacerlo mejor, o para pagar las culpas del agua que solo sirvió para calmar a los sedientos de amor… Te recibo… desde una corona de metales, lejana y solitaria, como sin movimiento, como si no estuvieras… y desde la salina, como un espejismo, engañoso mar que me arrastra hacia los manglares… y desde los acantilados, hiriente látigo que encuentra su oposición en la roca que suaviza las arremetidas… y desde la carretera, compañera inseparable de mi paso acelerado que me lleva a los jardines de los sembradores de sueños de colores… De amor es este encierro melancólico que la sal endurece y el agua suaviza… De amor es el canto que escucho en mis paseos por tus orillas… De amor es la cubierta que cruje bajo mi pié descalzo y mojado… Y en correspondencia a tu amor es puro amor lo que dejo en cada mirada y en cada abrazo de nuestros cuerpos… Dedicado a las Playas de Margarita Déjanos Tu Comentario |
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