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TV: Cultura y telenovela (Parte I)

Andreina Gutiérrez

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Dramón criollo más electricidad, igual telenovela”. La fórmula no será muy original, pero es lo más próximo a una definición de la telenovela que podemos alcanzar con nuestro menguado presupuesto intelectual. La telenovela nació cuando Corín Tellado se decidió a seguir un curso intensivo de Electrónica y se graduó con las más altas calificaciones. Reforzada con los aportes de la tragedia desgarradora de la tradición española, representa la fase superior de la novela por entregas y tiene sobre esta la considerable ventaja de eliminar las molestias de la lectura, contribuyendo por lo tanto a mantener un sano ambiente de analfabetismo que garantiza los mejores ratings”.

Anibal Nazoa
 

Todo el mundo las ve. Todo el mundo, alguna vez en su vida, ha caído en la tentación de ver una telenovela completa, desde el primero hasta el último capítulo. Se cree que sólo las mujeres ven telenovelas, pero me consta que los hombres también las ven, hasta el que más despotrica de ellas se ha dejado seducir. Es inevitable verlas, es parte de nuestra cotidianidad y sobre todo de nuestra cultura venezolana y latinoamericana. Muchos opinan que es el más deleznable de los géneros narrativos, quizás porque el medio que las difunde es la no menos vilipendiada Televisión. Pero la telenovela latinoamericana, el seriado dramático que se transmite por televisión, es un invento absolutamente nuestro, absolutamente latinoamericano, aunque sus orígenes son europeos.

Todo comenzó en el año 1830 cuando un periódico francés empezó a editar en la primera página, una historia contada por capítulos. Más adelante, estas historias se editarían de forma independiente, ya no incluidas en un diario; fue así como nació el Folletín, antepasado directo de la telenovela de hoy. Los folletines eran básicamente historias simples contadas de una forma también simple, dirigidas a las clases más bajas, que no podían acceder a la literatura por cuanto apenas sabían leer y sus conocimientos lingüísticos eran muy básicos.

Estas historias se editaban por entregas para garantizar las ventas ya que el suspenso de no saber el final y esperar el próximo capítulo, era el gancho para los consumidores. Con la llegada de los medios radioeléctricos (la radio, en primer lugar), estos folletines comenzaron a ser “escuchados” en vez de “leídos”, y posteriormente la aparición de la televisión permitió que se convirtieran en seriados visuales.

De esta manera la telenovela, género netamente latinoamericano aunque se realiza también en otras partes del mundo (en el canal ocho pasan novelas coreanas y japonesas), se convirtió en la industria cultural más próspera de estas tierras.  Algún cineasta europeo dijo hace poco, que la telenovela era el cine de Latinoamérica. Ciertamente el cine latinoamericano, a excepción del cine mexicano de los años 30 y 40, no ha podido nunca llegar a la categoría de “producto de consumo masivo”, a pesar de los loables intentos argentinos, cubanos y brasileños.

La telenovela entonces, ha venido a ocupar el puesto del cine en cuanto a la producción audiovisual que se realiza en estas latitudes. Pero no sólo nosotros las hacemos y las consumimos, también las importamos.

El éxito de las telenovelas latinoamericanas se puede constatar en los 150 países de todos los continentes en donde se ven. Hace un par de años conocí a Kaja, una mujer de Estonia, (país que fuera parte de la U.R.S.S) que hace el doblaje de las telenovelas venezolanas en su país, las cuales llegan ya dobladas al inglés. Por cierto, me dijo que pensaba que las historias eran muy estúpidas, pero ese es otro tema. Lo importante es que la telenovela latinoamericana ha tenido notable repercusión en países muy distantes y disímiles de los nuestros.

Es muy conocido el caso de “Kassandra”, telenovela venezolana sobre gitanos, que tuvo tal éxito de audiencia en Croacia que durante el horario de transmisión de ésta cesaban los bombardeos (estaban en plena guerra de los Balcanes), además del episodio de intento de secuestro a la actriz Coraima Torres, protagonista de la telenovela, cuando llegaba al aeropuerto de la capital croata. Anécdotas internacionales hay muchas, todos los actores de televisión tienen alguna que contar.

Lo que cuenta aquí es entender de una vez que, a pesar de los muchos defectos que se le pueda achacar a la telenovela, es nuestro género narrativo más difundido y nuestra industria cultural más productiva y próspera, y es además depositaria y sobre todo difusora de nuestras costumbres, nuestra forma de ser y nuestra cultura en general. Cierto que mucho de lo que se produce es basura, pero también se han realizado producciones memorables que se han instalado en nuestro imaginario cultural. Saber qué son, de dónde vienen y cuál es su trascendencia nacional e internacional es importante para conocer una parte de nosotros mismos y de nuestra cultura latinoamericana.

andremani76@yahoo.es 

Imágenes tomadas de    http://www.tele-novela.wanadoo.es/


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