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Cine, Escénicas, Danza, Audiovisuales y Multimedia | 
Ayer me retiré de una charla sobre “Arte”, de opiniones un tanto radicalizadas para mi gusto, donde se recriminaba -de alguna manera- las equívocas valoraciones que de esta expresión se han venido haciendo desde 1990, específicamente en Chile, para asistir a una película venezolana que transmitían en la parte superior del edificio multi cultural donde me encontraba.
Nuestras producciones tienen, en muchos casos, fama de contener un guión flojo, un argumento con escenas sin resolver, o sin explicación, como si las películas de ficción o comedia aguantaran todo error o descuido, por supuesto que con honrosas excepciones. Por lo tanto, no tenía mayores expectativas al entrar a la sala y menos aún cuando me entero del nombre: “La abuela virgen”.
Comenzando la película, sobrevienen a la pantalla personas que uno ve por la ya manida televisión comercial, y lo más triste, lo más deprimente, es que aparecen con las mismas expresiones de drama sobreactuado, con el mismo empeño de transmitir valores empobrecidos y de repetir cánones de conducta, que ya bastante tenemos que soportar al tratar de esquivarlos, día tras día, en bien percibimos las metralletas de esa pesada artillería con que los canales aludidos nos quieren acribillar. Esta bien que en Venezuela existan problemas de delincuencia, que pululen las traiciones amorosas, las mentiras, el individualismo, el egoísmo, el abandono, como seguramente existirán en otros países del mundo -incluso en los no occidentales-, pero ¿hasta cuando dejaremos que tales actitudes se usen como bandera de nuestra idiosincrasia?, como una característica intrínseca de esta sociedad?. Si no se cambia el discurso, se termina creyendo que así es uno y pasa a formar parte subconscientemente de nuestra realidad, que repetimos automáticamente, -como creo que ha pasado durante todos estos años de descontrol y libertinaje en el tipo de programación que transmiten los medios privados de comunicación masiva, e incluso, en ciertas producciones cinematográficas que recurren, incansablemente, a los mismos temas y a los mismos desenlaces. ¿Es que acaso nuestro país no está colmado de millones de temas a los que abordar?, temas sobre la sinceridad, sobre la naturaleza, sobre la locura, sobre la soledad -sin tener que acudir al secuestro, a los chismes o al engaño para expresar tales sentimientos- por ejemplo.
Claro, el caso de “La abuela virgen” se transforma en una suerte de pseudo comedia, donde una abuela muerta de 80 años resucita “mágicamente”, tras la fuerza de un solo de trompeta y de un rayo luminoso, reencarnando en una chica de 20. Si, es verdad, no navega por esas terribles y oscuras aguas delictivas, pero no pueden evitar dejar colar escenas patéticas y descoloridas como diciendo: “con estas escenas el venezolano se va a identificar y se va a enganchar redondito en la trama”. Es así que la cinta comienza con la pelea de una pareja de “amantes”, en donde ella le reclama que cuando, de una vez por todas, va a dejar a su mujer y van ellos a tener un hijo, seguida de la clásica respuesta -a gritos- del “macho vernáculo”: No sé chica, no me fastidies más, y de pronto, aquel empujón en la típica y lamentable escena barata que acompañan siempre las tan curtidas explosiones de ira.
De la manera más vulgar y descarada, como la canción dice, una y otra vez se reiteran maneras de descomposición social en las imágenes, de tergiversación de valores, humillación, indignidad, corrupción, sin que esto ayude o aliente, en lo más mínimo, a la superación, al cambio de actitudes negativas o a la búsqueda de la belleza, cualquiera sea su interpretación individual y colectiva.
Además, no puedo dejar de comentar que, pareciera -en muchas de las producciones venezolanas- que queriéndose asegurar un éxito taquillero, el casting apostara por los mismos “noveleros” de siempre, me refiero, a esos actores de televisión que, si bien no se niega que poseen talento -no en todos los casos-, también tienen la facultad de hacernos sentir no más diferente, que cuando estamos en casa viendo “accidentalmente o no” Venevisión o RCTV Internacional (por cable). Y es entonces cuando retorna la pregunta, ¿es que acaso nuestro país no está colmado de miles de nuevos talentos ávidos de recibir una oportunidad? ¡Por Favor!
FOTO http://www.blogacine.com/?p=1178
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