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Cine, Espectáculos, Exposiciones y Eventos | Este es el título de un documental aún sin estrenar, original de Sergio Marcano, cineasta y estudiante de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, quien espera por fin egresar este año, como Licenciado en Artes, mención Cine, con el estreno de esta su ópera prima. La Edad de Oro del Cine Venezolano: 70’ y 80’, es una película, que según palabras de su autor, le ha tomado diez años completar, y que es su tesis de grado. Se trata nada menos que de un completo documento audiovisual, de más de dos horas de duración, que recoge la historia del cine venezolano en su época más fructífera, la década de los 70 y 80, en la que la producción de largometrajes nacionales contó con apoyo financiero del estado, existió una generación de cineastas comprometidos con su arte y ésto redundó en numerosos éxitos de taquilla.
La Edad de Oro… es la niña de los ojos y el dolor de cabeza de Marcano, quien no ve el día en que su película pueda ser estrenada en una sala de cine nacional, para lo cual espera ser beneficiado por la convocatoria a concurso del CNAC (Centro Nacional de Cinematografía), que le permita hacer el transfer a 35 mm, ya que el documental fue filmado en video MiniDV. De hecho ya había obtenido del CNAC en 2005, el presupuesto inicial para la realización de esta película, el cual, no alcanzó, por lo que tuvo que recurrir a la empresa productora Tango Bravo Producciones, en donde trabaja actualmente, para que le financiaran y produjeran el resto de la filmación. Y es que ha sido la experiencia y gran conocimiento del mundo cinematográfico venezolano que tiene Phillipe Toledano, presidente de Tango Bravo, lo que permitió que Marcano completara su trabajo de grado y de vida. Toledano, francés arraigado en estas tierras tropicales desde los 70, con una amplia trayectoria en el cine y en la producción de comerciales, advirtió la importancia histórica de este documental cuando leyó el guión escrito por Marcano, y decidió producirlo.
Marcano comenzó a devorar películas venezolanas hace aproximadamente 10 años. Asegura haber visto todo el cine nacional de los años 70 y 80, que según sus cálculos, suman un aproximado de 100 películas. Lo más difícil fue conseguir las copias. La Cinemateca Nacional, encargada de la conservación y restauración del material audiovisual venezolano, no cuenta con suficientes cintas nacionales. Bolívar Films, la empresa productora de cine más antigua e importante del país, tiene unos altísimos costos de alquiler de material de archivo, y además los canales de televisión privados y estatales e incluso la misma PDVSA, se deshicieron de sus archivos audiovisuales, por razones muy variadas. Marcano, no obstante se propuso rescatar el recuerdo de una floreciente industria cinematográfica en el país. Para eso debió recurrir a los nunca bien ponderados “cidiceros”, buhoneros que venden películas piratas en las calles, quienes paradójicamente se convirtieron en los mejores aliados del autor, ya que han sido los únicos en encargarse de copiar estas cintas, muchas de ellas perdidas en el tiempo.
El documental comienza con la película “Cuando quiero llorar no lloro”, dirigida por Mauricio Wallerstein en 1974, la cual es considerada el comienzo de la industria del cine venezolano. Al respecto apunta Marcano en su tesis: “Durante el primer período presidencial de Carlos Andrés Pérez (1974-1979), bajo la tutela de Marianela Saleta, se crea la primera resolución (5776) que establece la primera norma para la comercialización de Películas Nacionales. Ya en 1975, a través de Corpoindustria, el Gobierno Nacional otorga 9 créditos para la producción cinematográfica nacional. A partir de ese año comienza un período (de más 10 años), en el cual el Cine Venezolano se hace constante en las salas de exhibición para bienestar cultural de nuestro pueblo“. No era casual que la época de la bonanza económica coincidiera con la del boom del cine nacional. Todas las películas comentadas en este documental, 26 exactamente, fueron éxitos de taquilla en su momento. Incluso algunas tuvieron el extraño don de superar en recaudación a filmes norteamericanos taquilleros como “Tiburón” o “E.T. El Extraterrestre”. Muchas estuvieron entre las diez más taquilleras en su año. Son datos que no se deben pasar por alto. Hoy en día nadie se imagina una película venezolana que le gane en recaudación a una cinta hollywoodense, pero alguna vez sucedió. La pregunta de rigor sería ¿Por qué? ¿Cómo fue posible? ¿Quién o quiénes lo hicieron posible? Estas y otras interrogantes son contestadas en “La Edad de Oro…” por los propios protagonistas de la hazaña: actores, directores, guionistas, fotógrafos, gerentes culturales y críticos, son inquiridos por el lente de Marcano, para develar supuestos secretos ocultos de la historia del cine venezolano.
Con el deseo de comprender qué pasó y por qué llegamos al nivel más bajo de producción cinematográfica a finales de los 90, Sergio Marcano se tomó su tesis de grado más bien como su aporte a la sociedad venezolana. Su única preocupación en la vida es el cine. Cuando no está editando una película, está metido en la oscuridad de una sala de cine o simplemente encerrado en su apartamento escribiendo guiones. Su dedicación a esta película ha sido absorbente.
Las películas de los años 70 se caracterizaban por mostrar al venezolano promedio, se buscaba la naturalidad y la cotidianidad. La primera cinta que mostró la realidad del barrio venezolano fue “Soy un delincuente” de Clemente de la Cerda en 1976, ya que por primera vez se filmaba dentro de un barrio caraqueño. Muchos eran los cineastas de aquel entonces que de hecho venían de un barrio. Los orígenes humildes de estos realizadores lograban recrear con demasiada exactitud la vida del venezolano común. “Estaban locos por retratar al venezolano medio, por conocer al personaje del común que es excepcional”, palabras de Marcano citando a uno de los entrevistados. Es la época del compromiso político, de las luchas sociales, de la izquierda en apogeo, por lo que los cineastas mostraban plenamente sus ideas: “Los realizadores de la década de los 70 y hasta mediados de los 80, estaban preocupados en mayor o menor medida, por su entorno social, moral y cultural, preocupados por conocer, entender y reflejar la cara de nuestro pueblo en la mayoría de sus acercamientos al celuloide. Un cine que mostraba la realidad sin tamices, prejuicios sociales, morales ni raciales, de ningún tipo”. Otra de las aristas que hicieron exitoso este cine y que ha sido constante tema de debate hasta el día de hoy, eran los temas de la crónica roja. La recurrencia a estos casos que conmocionaban a la opinión pública, se convertían inmediatamente en éxitos seguros: “(…) como el del caso del asesinato múltiple, perpetrado por el distinguido Ledezma, retratado en dos películas, una documental “Ledezma, el caso Mamera” de Luís Correa, 1981, y otra de ficción, “Macu, la mujer del policía” de Solveig Hoogestijn, 1987; o el caso Ettedgui, el asesinato involuntario de Marco Antonio Ettedgui por parte de la actriz Julie Restito, en la escena final de una obra de teatro llamada “Eclipse en la casa grande”, hecho que se recrea en “Homicidio culposo” de César Bolívar, o la película de Clemente De La Cerda “El Crimen del penalista” basado en el crimen del abogado Carmona, o en el sonado caso del secuestro y asesinato involuntario del niño Vega retratado en “Cangrejo” de Román Chalbaud”.
Para Marcano es clave tanto la procedencia social como el nivel de compromiso de los cineastas de entonces, por lo que cree firmemente que las nuevas generaciones de cineastas al provenir de las clases media y alta, no han logrado dar con aquella generosa taquilla de antaño, por no saber cuáles temas le interesan a las mayorías empobrecidas y excluidas. Es su parecer, que el cine de entonces: “es respuesta a la televisión de la época, que era fantasiosa, toda fresa, y el cine hablaba de la realidad dura”. Puntualiza que: “La mayor parte de las películas realizadas entre 1974 y 1987, son visiones autorales muy ligadas al realizador y a su ideología social, moral y cultural. Películas de un alto desarrollo conceptual con las cuales nos identificamos sin complejos, ya que sus personajes se parecen mucho a los que vivimos de este lado de la pantalla”
Algunas de las personalidades entrevistadas por Marcano son: Román Chalbaud, Cesar Bolívar, Solveig Hoogesteijn, Alfredo Anzola, Miguel Angel Landa, Julie Restifo, Elba Escobar, Daniel Alvarado, Rodolfo Santana, entre otros. No fue fácil tener acceso a estos personajes, pero las gestiones de Toledano, quien funge como productor ejecutivo del film, hicieron posible que los principales hacedores y responsables de aquella era dorada del cine nacional, dieran su testimonio ante una cámara a veces inquisidora, con preguntas como: ¿En qué radicaba el interés hacia los argumentos de temáticas sociales? ¿Podríamos decir que el cine de los setenta y de principio de los ochenta estaba comprometido con alguna ideología de Izquierda? ¿Por qué la izquierda estaba tan vigente en aquellos años?¿Por qué el Estado financiaría un cine que atacara el Estado?¿Cree usted que el cine puede influenciar ideológicamente a sus espectadores? Marcano no es alguien que se ande con rodeos ni mucho menos que se desconcierte ante ‘monstruos’ del cine venezolano. No sólo se trataba de dar a conocer la ‘historia oficial’ del cine de los 70’ y 80’, también quería sacar a la luz aspectos un tanto oscuros de esa historia. El tema de la corrupción en el otorgamiento de los financiamientos es uno de esos eternos tópicos venezolanos. Al respecto, Marcano señala muy enfáticamente en su trabajo de grado: “Pero la brusca y repentina devaluación del bolívar, los recortes presupuestarios en las partidas culturales del estado, la suspensión del 6,6 % de impuesto a la taquilla que otorgaban los distribuidores y exhibidores de las películas extranjeras proyectadas en las salas nacionales, los brotes de corrupción en las comisiones de estudios de proyecto en la selección de guiones con poca repercusión de audiencia, así como la eliminación de salas de exhibición en todo el territorio nacional, y la carencia de políticas culturales que resguardasen la integridad de la producción, realización, exhibición y comercialización de nuestras películas, terminó por acabar con el territorio fértil para la expresión de nuestros realizadores”.
Y es que la conclusión de esta investigación es pesimista, amarga y directa. Las cuatro causas básicas que ‘asesinaron’ la industria cinematográfica nacional, son, según el autor: 1) cambio en las temáticas; 2) crisis económica; 3) desinterés del estado en hacer inversión cultural; y 4) la corrupción. Las buenas noticias, (no todo es tan malo), es que este período no sólo dejó un legado de excelentes cintas, a pesar de estar hechas la mayoría con escasos recursos, sino que además dejó el terreno abonado para que se dieran discusiones importantes acerca del futuro del cine, se crearan instituciones destinadas a promover la producción audiovisual, y por si fuera poco, se llegó finalmente a la concreción de una Ley de Cine, la primera de 1993, y más recientemente, siendo aprobada en el año 2006 en la Asamblea Nacional, una nueva Ley de Cinematografía. Los cineastas de la vieja guardia pelearon por eso en aquel entonces. Hoy en día la mayoría de ellos, ya no están en el país, algunos murieron, otros simplemente dejaron de hacer películas. Pero las nuevas generaciones también discuten, no todo está perdido.
Sergio Marcano dice que sueña con que un día, una sala de cine donde sea estrenada una película suya, sea quemada por los espectadores después de verla. Una extraña manera de querer perpetuarse en el recuerdo de sus coterráneos, pero luego de años de dedicación, una ardua filmación de año y medio, buscar el dinero faltante, salido mayormente de los bolsillos de Toledano, de sacarle los trapitos al sol a algunas otrora ‘celebridades’ de la meca venezolana, y de lidiar con el genio esquivo, complejo y contradictorio de los cineastas criollos (él mismo es prueba de ello), Marcano ha logrado recopilar más de 180 horas de material, divido en dos partes, que cuentan la historia en profundidad de una etapa quizá perdida y olvidada de nuestro quehacer cultural, la historia de la era prolífica del cine nacional. Una ‘edad de oro’ que muchos apuestan hoy en día que está regresando. Y en eso anda Sergio, a pesar de su talante pesimista, el cine venezolano es su norte. Esta es la película de las películas venezolanas más famosas y taquilleras de todos los tiempos. ¡No se la pierda!, próximamente en cualquier sala de cine con suficientes extinguidores de fuego.
Para ver el trailer de la cinta: http://www.youtube.com/watch?v=OeFFawsDbOA
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