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Estamos conscientes que este número está saliendo con unos cuantos días de retraso, eso se debió a algunos problemas técnicos que confrontamos con nuestros equipos, ni nos fuimos a la playa, ni a jugar al carnaval.
Ya que estamos en Carnaval y que últimamente existe una fuerte tendencia a exaltar todas las costumbres culturales y folclóricas latinoamericanas, quisiéramos compartir con nuestr@s lector@s algunas reflexiones referentes al tema del Carnaval como fenómeno cultural y sobre todo acerca de lo que a menudo consideramos “nuestro” o en otras ocasiones criticamos como producto de la “transculturización”.
Obviamente el Carnaval no es una manifestación cultural americana. Llegó a América con la conquista europea. Sin embargo, aquí, en este continente, ha tomado su propia identidad y ha florecido como no lo siguió haciendo en su propio lugar de origen.
Bien, hasta aquí creemos que todos deberíamos estar de acuerdo. Pareciera que todo el mundo coincide que el Carnaval de Río, el del Callao, el de Trinidad, el de Nueva Orleans y algunos otros que se celebran en América, con sus diferentes tendencias y rasgos, a veces más indígenas y en otros casos más africanos o europeos, son algo hermoso y algo para enorgullecerse. Sin embargo a menudo las mismas personas que celebran el carnaval se horrorizan cuando ven a otros celebrando Halloween porque consideran que se trata de un fenómeno propio de la globalización y de la transculturización.
Entonces nos preguntamos ¿qué hubiese pasado con el famosísimo carnaval de Río si esta costumbre no se hubiese “importado” desde Europa? Obviamente en su momento fue un símbolo de dominación y transculturización pero nuestros pueblos americanos, indios, negros y mestizos supieron asimilarlo para dar paso a una explosión cultural que se ha transformado en una referencia global.
¿Es el Carnaval un producto maléfico de la transculturización o no? ¿ha sido algo positivo o negativo?¿deberíamos sacarlo de nuestras tradiciones o estimular a la gente a que lo siga celebrando?¿debemos ser abiertos en el futuro a esta clase de intercambios culturales, aún cuando en algunas oportunidades lleguen de alguna manera por la dominación cultural de otros pueblos?
Para entender mejor lo que queremos plantear pongamos por ejemplo la música afrocaribeña, resultado de la legada por los esclavos negros a América. Nadie puede reivindicar el esclavismo, pero ahora estamos orgullosos de nuestra música y de nuestras tradiciones afrocaribeñas.
Los jóvenes latinoamericanos, sobre todo los que viven en los sectores populares de las grandes metrópolis, no escuchan ni hacen música folclórica latinoamericana, sino hacen Rap y se sienten identificados con la cultura Hip-hop. Eso es un fenómeno que aún cuando queramos, será imposible o muy difícil de revertir. Por más que transmitamos en nuestras emisoras de radio más música folclórica venezolana o latinoamericana, la influencia de otras culturas no es solamente inevitable, sino posiblemente enriquecedora, siempre y cuando no se limite a la simple imitación y sea asimilada para dar origen a un fenómeno original y autóctono.
En este editorial no pretendemos abordar profundamente un tema tan complejo como éste y con tantas facetas diferentes. Pero sí, siempre y cuando nuestr@s lector@s así lo deseen, abrir la discusión sobre este actual e interesante tema, acerca del cual creemos hay mucha confusión ideológica.
Hoy en día la mejor música europea es la que están haciendo los descendientes de los inmigrantes africanos que se establecieron en las grandes capitales europeas y el Carnaval trinitario de Londres se ha convertido en una de las atracciones turísticas y culturales más importantes de esta ciudad europea, en África se tocan ritmos brasileros y caribeños y los africanos los sienten como suyos.
Entonces, nos preguntamos, ¿Esta mal o bien celebrar Halloween en Venezuela? Y en todo caso ¿cómo deberíamos celebrarlo? Y ¿qué pasa con el Rap y la cultura Hip-hop? En fin sería bueno revisar algunos conceptos.
La discusión está abierta……