Desde hoy nos acompañará otro columnista que nos enorgullece.
Se trata de alguien que expone sus reflexiones con claridad y sin medias tintas: Gregorio J. Pérez Almeida, quien es “maestro normalista, de los de antes, y profesor de sociología y filosofía en el Instituto Pedagógico de Caracas desde 1978. Y, como debe sospecharse por el tiempo transcurrido, ya está jubilado. Logró obtener una maestría en Filosofía en la “universidad del futuro” que se quedó en el pasado. Nos referimos a la Universidad Simón Bolívar. Sin embargo, y gracias a un negro filósofo, llamado Eduardo Vásquez, aprendió que la filosofía ni es cosa de locos ni de desprendidos del mundo, ni es cosa de iniciados ni de conjurados. Sino una actitud serena y sincera, humilde y trabajadora, ante la vida y con los pies en el suelo. Y aprendió también que para filosofar hace falta la historia y la razón crítica. Pero como no sólo de filosofía vive el hombre, estuvo como diputado suplente por la Causa R y participó activamente en la rebelión cívico militar del 27 de noviembre de 1992. De vaina no lo mataron.
Hoy es militante de la esperanza y hace causa común con el Presidente Chávez y todo el que le siga la pista. Y si no es incondicional con el gobierno, mucho menos es partidario de dar un milímetro de oxígeno a los crápulas de la Cuarta República y a todo el que se le parezca, aunque se vista de rojo rojito.”
Recientemente publicamos artículos suyos en los que manifestaba su desacuerdo con algunos conceptos presidenciales. Hoy comienza su columna con ¿Revolución sin razón? “aceptando el reto del Presidente a debatir sin tapujos ni prejuicios, abiertamente, sobre lo que sea y/o será el socialismo en el siglo XXI”
Y el debate debe seguir. “Ya los motores cogieron calle” - precisó el presidente Chávez – “pensé que iba a ser mucho más complicado, o más difícil, o trabajoso activar esos motores, pero no, cogieron calle”. El breve y bello cuento, Mi barrio de Andreina Gutiérrez que hoy publicamos, da pie para que nuestros editores Donatella y Raúl, esbocen unas reflexiones urbanas (artículo El Barrio de Andreina en la sección Diseño del Hábitat) sobre el profundo sentido que ese cuento tiene en relación a uno de esos motores que cogieron calle, el de la Geometría del Poder.
Los editor@s