No es una casualidad que su paso por el mundo haya dejado una estela. Con mayor o menor contenido político, los protestatarios del mundo se identifican con él. Su figura es reconocida en todos los rincones del planeta. Su imagen es símbolo de rebeldía contra lo que está mal.
¡Y vaya que las cosas están mal para millones de seres humanos!
El pasado 8 de octubre el Gobierno Nacional, a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, decidió hacer un sencillo recordatorio del paso de ese hombre universal por los Andes venezolanos en 1952.
En el Collado del Cóndor (antes llamado Pico El Águila), punto vial más alto de Venezuela, develó una lámina de cristal cuya apariencia y contenido eran los que mostramos:
Los medios de comunicación hicieron caso omiso a un evento al que asistieron el Vicepresidente de la República, el Ministro de la Cultura, el embajador de Cuba y el Agregado Cultural de Argentina en Venezuela y otras personalidades.
Ni lo anunciaron antes ni lo reseñaron después. Sencillamente ese acto y ese sencillo monumento recordatorio no existieron.
Pero bastó un acto de vandalismo realizado cobardemente en la oscuridad de la noche para que, antes que inmediatamente, las emisoras de radio y televisión, y pocas horas después los medios impresos, agotaran sus espacios refiriéndose al hecho. Han hecho comparaciones de todo tipo y han sacado conclusiones absurdas como siempre lo hacen. Todo eso con olor a burla o con un dejo de triunfo.
¡La estela quedó totalmente destruida, pero no han triunfado para nada!
Obviamente, a siete fascistas, les molestaba el homenaje, como les molesta la imagen del Che y todo el proceso bolivariano. No pueden tumbar nada, ni abatir nada. No pueden hacer otra cosa que enfrentarse en la oscuridad contra un cristal transparente.
Allí en los Andes, estará para siempre, definitivamente, la estela del Che.
L@s editor@s