"Todo compromiso implica ver solo un trozo de la verdad". José Donoso
Este número pareciera estar signado por la crispación. Un tono inquietante y premonitorio inunda sus páginas. Los signos son ominosos y es el momento de preguntarse: ¿Es posible que el artista comprometido pueda conservar su independencia? Y por independencia nos referimos a esa libertad que nace de adentro, que se expresa espontáneamente, esa en la cual la voluntad del creador, sea cuentista, pintor o poeta, solo se somete al élan propio en un transportarse mas allá de las ideologías y los prejuicios. "¡Culturicemos la política y no politicemos la cultura!, exclama un ecuatoriano con sangre y, sobre todo, alma venezolana, quien, desde su larga trayectoria de pintor y teatrero contumaz, nos habla de su carrera, de su pasión, de haceres quijotescos rodando por los queridos predios de la UCV y su emblemática Aula Magna, los vaivenes de las políticas rectorales sometidas a temperamentos y humores, en zarandeos de cacicazgos mientras trata de llevar adelante su labor como un chichón, a menudo molesto, que trasciende la escena para sembrar una enseñanza. Somos bichos raros, nos dice Michel Balivo, "extrañas aves que vuelan en el tiempo" mientras Arnulfo Poyer nos ubica en la historia para hablarnos de la utopía girondina, otra experiencia que naufragó en la realidad. A pesar de todo Carlos Kalisnkoss arroja un soplo de esperanza para contarnos que ha tenido un sueño, mientras Gonzalo Briceño, con su optimismo irrenunciable, pone el dedo en la crisis y, de paso, nos regala una sonrisa. Por último, last but not least, la mirada andina a través del lente de Christian Márques y un Miguelón 56 que nos habla de ángeles con horario fijo y un frío de cuerpos protegidos por sí mismos.
Así, esta página dedicada al arte, pero comprometida con un proyecto de país, sigue los vaivenes de quienes colaboran con ella, a sus aires, como debe ser y, a pesar de humores y temores, se reconcilia con la especie a través de las palabras y los versos, el ansia de verse publicado y el colorido de sus reproducciones. Un buen ejemplo: La obra que adorna nuestra portada, sobria, mas bien sombría, revela una técnica depurada , pero, sobre todo, un contenido dramático y profundo que nos obliga a pensar junto a ese rostro sumido en el enigma.